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Ovidio · Antigüedad clásica

Amores — Libro 2, Elegía Tercera

español

¡Ay de mí! pues guardas mi señora, tú que no eres ni hombre, ni mujer, tú que no puedes conocer los placeres que saborean juntamente dos amantes! El que primero mutiló vergonzosamente la infancia, merecia sufrir á su vez el mismo suplicio. Serias más complaciente, más sensible á mis ruegos, si hubieras amado á alguna mujer. No estás hecho para montar á caballo, para llevar las pesadas armas, para cargar tu mano con la belicosa lanza. Es menester ser hombre para esto; tú, renuncia á todo acto viril. No sigo otras banderas que las de tu señora. A ella es á quien debes servir; aprovecha sus buenas gracias. Si tú la pierdes, ¿para qué servirias? Su figura, su edad, invitan al placer: su belleza no debe marchitarse y perecer en perezoso abandono. Por severo que parezcas, ella no necesita mucho para engañarte. Lo que han resuelto dos amantes, jamás deja de tener efecto: pero como es más fácil valerse de los ruegos, te dirigimos los nuestros, mientras aun tienes tiempo de complacernos.

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Por su autor
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Dónde vive
Erótica

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Autor
Ovidio (-43–17) · Wikidata Q7198
Título
Amores — Libro 2, Elegía Tercera
Lengua
español
Época
Antigüedad clásica
Sala
Erótica
Identificador
amores-libro-2-elegia-tercera--ovidio
Cita recomendada
Ovidio, «Amores — Libro 2, Elegía Tercera», Poetósfera, poetosfera.com/p/amores-libro-2-elegia-tercera--ovidio.html

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