Jornada Primera
JORNADA PRIMERA.
Salen doña Ana y Celia.
Hasta que venga mi hermano,
Celia, le hemos de esperar.
Pues eso será velar,
Porque él juzga que es temprano
La una, las dos; y á mi ver,
Aunque es grande ociosidad,
Viene á decir la verdad,
Pues viene al amanecer.
Mas por ahora ¿qué te dió
Esta gana de esperar,
Si te entras siempre á acostar
Tú, y le espero solo yo?
Has de saber, Celia mia,
Que aquesta noche ha fiado
De mí todo su cuidado;
Tanto de mi afecto fia.
Bien sabes tú que él salió
De Madrid dos años há,
Y á Toledo, donde está,
A una cobranza llegó,
Pensando luego volver;
Y así en Madrid me dejó,
Donde estando sola yo
Y poder ser vista y ver,
Me vió don Juan y le ví,
Y me solicitó amante,
A cuyo pecho constante
Atenta correspondí;
Cuando, ó por no ser tan llano
El pleito como juzgó,
O, lo cierto, porque no
Queria irse mi hermano;
Porque vive aquí una dama
De perfecciones tan sumas,
Que dicen que faltan plumas
Para alabarla á la fama,
De la cual enamorado,
Aunque no correspondido,
Por conseguirla, perdido,
En Toledo se ha quedado;
Y porque yo no estuviese
Sola en la corte sin él,
O porque á su amor cruel
De algun alivio le fuese,
Dispuso el que venga aquí
A vivir yo, y al instante
Dí cuenta á don Juan, que amante
Vino á Toledo tras mí;
Fineza á que agradecida
Toda el alma estar debiera,
Si ya (¡ay de mí!) no estuviera
Del empeño arrepentida;
Porque el amor, que es villano
En el trato y la bajeza,
Se ofende de la fineza...
Pero, volviendo á mi hermano,
Sábete que él ha inquirido,
Con obstinada porfía,
Qué motivo haber podia
Para no ser admitido,
Y ha hallado que es otro amor,
(Aunque yo no sé de quien,)
Sintiendo, mas que el desden,
Que otro gozase el favor:
Que como este fiero engaño
Es envidioso veneno,
Se siente el provecho ajeno
Mucho mas que el propio daño.
Sobornando (¡Oh vil costumbre
Que así la razon estraga,
Que es tan ciego amor, que paga
Porque le den pesadumbre!)
Una criada que era
De quien ella se fiaba,
En el estado que estaba
Su amor, con el fin que espera
Y con lo demas que pasa,
Supo de la infiel criada
Que estaba determinada
A salirse de su casa
Esta noche con su amante;
De que mi hermano furioso,
Como á quien está celoso
No hay peligro que le espante,
Con unos hombres trató
Que fingiéndose justicia
(¡Mira que astuta malicia!)
Prendan al que la robó,
Y que al pasar por aquí
Al galan y dama bella,
Como en depósito á ella
Me la entregasen á mí;
Y que luego al apartarse,
Como que acaso ellos van
Descuidados del galan,
Den lugar para escaparse;
Con lo cual claro se arguye
Que él se valdrá de los pies
Huyendo, pues piensa que es
La justicia de quien huye;
Y mi hermano, con la traza
Que su amor ha discurrido,
Sin riesgo habrá conseguido
Traer la dama á su casa;
Y en ella es bien fácil cosa
Galantearla abrasado,
Sin que él parezca culpado,
Ni ella pueda estar quejosa;
Porque si tanto despecho
Ella llegase á entender,
Visto es que ha de aborrecer
A quien tal daño le ha hecho,
Aquesto que te he contado,
Celia, tengo que esperar;
Mira ¿cómo puedo entrar
A acostarme sin cuidado?
Señora, nada me admira,
Que en amor no es novedad
Que se vista la verdad
Del color de la mentira;
Ni ¿quién habrá que se espante,
Si lo que es llega á entender
Temeridad de mujer
Ni resolucion de amante,
Ni de traidoras criadas,
Que eso en todo el mundo pasa,
Y quizá dentro de casa
Hay algunas calderadas?
Solo admirado me han,
Por las acciones que han hecho,
Los indicios que tu pecho
Da de olvidar á don Juan.
Y no sé porqué el cuidado
Das en trocar en olvido,
Cuando ni causa has tenido
Tú, ni don Juan te la ha dado.
Que él no me la da, es verdad;
Que no la tengo, es mentira.
¿De qué modo?
¿Qué te admira?
Es ciega la voluntad.
Tras mí, como sabes, vino
Amante y fino don Juan,
Quitándose de galan
Lo que se añade de fino,
Sin dejar á qué aspirar
A la ley del albedrio;
Porque si él es ya tan mio,
¿Qué tengo que desear?
Pero no es aquesta sola
La causa de mi despego,
Sino porque ya otro fuego
En mi pecho se acrisola.
Suelo en esta calle ver
Pasar á un galan mancebo,
Que si no es el mismo Febo,
Yo no sé qué pueda ser.
A este, ¡ay de mí! Celia mia,
No sé si es gusto ó capricho,
Y... pero ya te lo he dicho,
Sin saber lo que decia.
¿Lloras?
Pues ¿no he de llorar,
¡Ay de mí infelice! cuando
Conozco que estoy errando
Y no me puedo enmendar?
[Ap.] ¡Qué buenas nuevas me dan
Con esto que ahora he oido,
Para tener yo escondido
En su cuarto al tal don Juan!
Que habiendo notado el modo
Con que le trata enfadada,
Quiere hacer la tarquinada
Y dar al traste con todo.
Y ¿quién, señora, ha logrado
Tu amor?
Solo decir puedo
Que es un don Cárlos de Olmedo
El galan... Mas han llamado;
Mira quién es, que despues
Te hablaré, Celia.
¿Quién llama?
La justicia.
Esta es la dama;
Abre, Celia.
Entre quien es.
(Entran los embozados y doña Leonor.)
Señora, aunque yo no ignoro
El decoro de esta casa,
Pienso que el entrar en ella
Ha sido mas venerarla
Que ofenderla, y así os ruego
Que me tengais esta dama
Depositada, hasta tanto
Que se averigue la causa
Por qué le dió muerte á un hombre
Otro que la acompañaba;
Y perdonad, que á hacer vuelvo
Diligencias no escusadas
En tal caso [Vánse].
¿Qué es aquesto?
Celia, á aquesos hombres llama,
Que lleven esta mujer,
Que no estoy acostumbrada
A oir tales liviandades.
[Ap.] Bien la deshecha mi ama
Hace de querer tenerla.
Señora, en la boca el alma
Tengo ¡ay de mí! Si piedad
Mis tiernas lágrimas causan
En tu pecho [hablar no acierto]
Te suplico arrodillada,
Que ya que no de mi vida,
Tengas piedad de mi fama,
Sin permitir, puesto que
Ya una vez entré en tu casa,
Que á otra me lleven, á donde
Corra mayores borrascas
Mi opinion; que á ser mujer,
Como imaginas, liviana,
Ni á tí te hiciera este ruego,
Ni yo tuviera estas ansias.
A lástima me ha movido
Tu belleza y tu desgracia.
Bien dice mi hermano, Celia.
Es belleza sobrehumana,
Y si está así en la tormenta,
¿Cómo estará en la bonanza?
Alzad del suelo, señora,
Y perdonad si turbada
Del repentino suceso,
Poco atenta y cortesana
Me he mostrado, que ignorar
Quien sois pudo dar la causa
A la estrañeza; mas ya
Vuestra persona gallarda
Informa en vuestro favor
De suerte que toda el alma
Ofrezco para serviros.
Déjame besar tus plantas,
Bella deidad, cuyo templo,
Cuyo culto, cuyas aras
De mi deshecha fortuna
Son el asilo.
Levanta,
Y cuéntame qué sucesos
A tal desdicha te arrastran;
Aunque si eres tan hermosa,
No es mucho ser desdichada.
De la envidia que le tiene
No le arriendo la ganancia.
Señora, aunque la vergüenza
Me pudiera ser mordaza
Para callar mis desdichas
La que, como yo, se halla
En tan infeliz estado,
No tiene porqué callarlas;
Antes pienso que me abona
El hacer lo que me mandas,
Pues son tales los indicios
Que tengo de estar culpada,
Que por culpables que sean,
Son mas decentes sus causas;
Y así escúchame.
El silencio
Te responda.
[Ap.] ¡Cosa brava!
Relacion á media noche
Y con vela? ¡que no valga!
Si de mis sucesos quieres
Escuchar los tristes casos,
Con que ostentan mis desdichas
Lo poderoso y lo vario,
Escucha, por sí consigo
Que divirtiendo tu agrado,
Lo que fué trabajo propio
Sirva de ajeno descanso,
O porque en el desahogo
Hallen mis tristes cuidados
A la pena de sentirles
El alivio de contarlos.
Yo nací noble, este fué
De mi mal el primer paso,
Que no es pequeña desdicha
Nacer noble un desdichado;
Que aunque la nobleza sea
Joya de precio tan alto,
Es alhaja que en un triste
Solo sirve de embarazo;
Porque estando en un sujeto,
Repugnan como contrarios
Entre plebeyas desdichas
Haber respetos honrados.
Decirte que nací hermosa
Presumo que es escusado,
Pues lo atestiguan tus ojos,
Y lo prueban mis trabajos.
Solo diré... Aquí quisiera
No ser yo quien lo relato,
Pues en callarlo ó decirlo
Dos inconvenientes hallo:
Porque si digo que fuí
Celebrada por milagro
De discrecion, me desmiente
La necedad de contarlo;
Y si lo callo, no informo
De mí, y en un mismo caso
Me desmiento si lo afirmo,
Y lo ignoras si lo callo.
Pero es preciso al informe
Que de mis sucesos hago
Para que entiendas la historia,
Presuponer asentado
Que mi discrecion la causa
Fué principal de mi daño.
Inclinéme á los estudios
Desde mis primeros años,
Con tan ardientes desvelos,
Con tan ansiosos cuidados,
Que reduje á tiempo breve
Fatigas de mucho espacio.
Conmuté el tiempo industriosa
A lo intenso del trabajo,
De modo que en breve tiempo
Era el admirable blanco
De todas las atenciones,
De tal modo que llegaron
A venerar como infuso
Lo que fué adquirido lauro.
Era de mi patria toda
El objeto venerado
De aquellas adoraciones
Que forma el comun aplauso;
Y como lo que decia
Ni el rostro lo deslucia
Ni lo desairaba el garbo,
Llegó la supersticion
Popular á empeño tanto,
Que ya adoraban deidad
El ídolo que formaron.
Voló la fama parlera,
Discurrió reinos estraños,
Y en la distancia segura
Acreditó informes fallos.
La pasion se puso anteojos
De tan engañosos grados,
Que á mis moderadas prendas
Agrandaban los tamaños.
Víctima en mis aras eran,
Devotamente postrados,
Los corazones de todos
Con tan comprehensivo lazo,
Que habiendo sido el principio
Aquel culto voluntario,
Llegó despues la costumbre
Favorecida de tantos
A hacer como obligatorio
El festejo cortesano,
Y si alguno disentia
Paradojo ó avisado,
No se atrevia á proferirlo,
Temiendo que por estraño
Su dictámen no incurriese,
Siendo de todos contrario,
En la nota de grosero,
O en la censura de vano.
Entre estos aplausos yo,
Con la atencion zozobrando
Entre tanta muchedumbre,
Sin hallar seguro blanco,
No acertaba á amar á alguno
Viéndome amada de tantos.
Sin temor en los concursos
Defendia mi recato,
Con peligros del peligro
Y con el daño del daño.
Con una afable modestia
Igualando el agasajo,
Quitaba lo general
Lo sospechoso al agrado.
Mis padres en mi mesura
Vanamente asegurados,
Se descuidaron conmigo;
¡Qué dictámen tan errado!
Pues fué quitar por defuera
Las guardas y los candados
A una fuerza que en sí propia
Encierra tantos contrarios.
Y como tan neciamente
Conmigo se descuidaron,
Fué preciso hallarme el riesgo
Donde me perdió el cuidado.
Sucedió, pues, que entre muchos
Que de mi fama incitados
Contestar con mi persona
Intentaban mis aplausos,
Llegó acaso á verme, (¡ay cielos!
¿Cómo permitis tiranos
Que un afecto tan preciso
Se forjase de un acaso?)
Don Cárlos de Olmedo, un jóven
Forastero, mas tan claro
Por su orígen, que en cualquiera
Lugar que llegue á hospedarlo
Podrá no ser conocido,
Pero no ser ignorado.
Aquí que me des te pido
Licencia para pintarlo,
Por disculpar mis errores
O divertir mis cuidados,
O porque al ver de mi amor
Los extremos temerarios,
No te admire, que el que fué
Tanto, mereciere tanto.
Era su rostro un enigma
Compuesto de dos contrarios,
Que eran valor y hermosura,
Tan felizmente hermanados,
Que faltándole á lo hermoso
La parte de afeminado,
Hallaba lo mas perfecto
En lo que estaba mas falto;
Porque ajando las facciones
Con un varonil desgano
No consintió á la hermosura
Tener imperio asentado;
Tan remoto á la noticia,
Tan ageno del reparo,
Que aun no le debió lo bello
La atencion de despreciarlo:
Que como en mi nombre está
Lo hermoso como sobrado,
Es bueno para tenerlo
Y malo para ostentarlo.
Era el talle como suyo,
Que aquel talle y aquel garbo,
Aunque la naturaleza
A otro dispusiera darlo,
Solo le asentara bien
Al espíritu de Cárlos;
Que fué de su providencia
Esmero bien acertado
Dar un cuerpo tan gentil
A espíritu tan gallardo.
Gozaba un entendimiento
Tan sutíl, tan elevado,
Que la edad de lo entendido
Era un mentis de sus años.
Alma de estas perfecciones
Era el gentil desenfado
De un despejo tan airoso,
Un gusto tan cortesano,
Un recato tan amable,
Un tan atractivo agrado,
Que en el mas bajo descuido
Se hallaba el primor mas alto;
Tan humilde en los afectos,
Tan tierno en los agasajos,
Tan fino en las persuaciones,
Tan apacible en el trato,
Y en todo, en fin, tan perfecto,
Que ostentaba cortesano
Despojos de lo rendido
Por galas de lo alentado.
En los desdenes sufrido,
En los favores callado,
En los peligros resuelto
Y prudente en los acasos.
Mira si con estas prendas,
Con otras mas que te callo,
Quedaría en la mas cuerda
Defensa para el recato.
En fin, yo le amé; no quiero
Cansar tu atencion, contando
De mi temerario empeño
La historia caso por caso;
Pues tu discrecion no ignora
De empeños enamorados,
Que es su ordinario principio
Desasosiego y cuidado,
Su medio, lances y riesgos,
Su fin, tragedias ó agravios.
Creció el amor en los dos
Recíproco, y deseando
Que nuestra feliz union
Lograda en tálamo casto
Confirmase de himeneo
El indisoluble lazo;
Y por acaso mi padre,
Que ya para darme estado
Andaba entre mis amantes
Los méritos regulando,
Atento á otras conveniencias
No nos fuese un embarazo,
Dispusimos esta noche
La fuga, y atropellando
El cariño de mi padre
Y de mi honor el recato,
Salí á la calle, y apénas
Daba los primeros pasos,
Entre cobardes recelos
De mi desdicha, fiando
La una mano á las basquiñas
Y á mi manto la otra mano,
Cuando á nosotros resueltos
Llegaron dos embozados.
“¿Qué gente?” dicen, y yo
Con el aliento turbado,
Sin reparar lo que hacia
¡Ay Cárlos! perdidos somos,
Dije, y apénas tocaron
Mis voces á sus oidos,
Cuando los dos arrancando
Los aceros, dijo el uno:
“¡Matadlo, don Juan, matadlo!
Que esa tirana que lleva
Es doña Leonor de Castro
Mi prima.” Sacó mi amante
El acero, y alentado,
Apénas la aguda punta
Llegó al pecho del contrario,
Cuando diciendo: ¡Ay de mí!
Dió en tierra; y viendo el fracaso
Dió voces el compañero,
A cuyo estruendo llegaron
Algunos; y aunque pudiera
La fuga salvar á Cárlos,
Por no dejarme en el riesgo
Se detuvo temerario,
De modo que la justicia,
Que acaso andaba rondando,
Llegó á nosotros; y aunque
Segunda vez obstinado
Intentaba defenderse,
Persuadido de mi llanto
Rindió la espada á mi ruego,
Mucho mas que á sus contrarios.
Prendiéronle, en fin, y á mí,
Como á ocasion del estrago,
Viendo que el que queda muerto
Era don Diego de Castro,
Mi primo, en tu noble casa,
Señora, depositaron
Mi persona y mis desdichas,
Donde en un punto me hallo
Sin crédito, sin honor,
Sin consuelo, sin descanso,
Sin aliento, sin alivio,
Y finalmente esperando
La ejecucion de mi muerte
En la sentencia de Cárlos.
[Aunque pase la modestia La vergüenza de contarlo]
[Fuese bueno ó fuese malo]
[Porque suele en tales casos Hacer publicar secretos El cuidado de guardarlos]
[Ap.] ¡Cielos! que es esto que escucho!
Al mismo que yo idolatro
Es al que quiere Leonor.
¡Oh! que presto que ha vengado
Amor á don Juan! ay triste!
Señora, vuestros cuidados
Siento, como es justo. Celia,
Lleva esta dama á mi cuarto,
Miéntras yo á mi hermano espero.
Venid, señora.
Tus pasos
Sigo (¡ay de mí!) pues es fuerza
Obedecer á los hados.
(Vánse Celia y doña Leonor.)
Si de Cárlos la gala y bizarría
Pudo por sí mover á mi cuidado,
¿Cómo parecerá, siendo envidiado,
Lo que solo por sí bien parecia?
Si sin triunfo rendirle pretendia,
Sabiendo ya que vive enamorado,
¿Qué victoria será verle apartado
De quien ántes por suyo le tenia?
Pues perdone don Juan, que aunque yo quiera
Pagar su amor, que á olvido ya condeno,
¿Cómo podré, si ya en mi pena fiera
Introducen los celos su veneno?
Que es Cárlos, mas galan, y aunque no fuera,
Tiene de mas galan el ser ageno.
(Salen don Cárlos con la espada desnuda y Castaño.)
Señora, si en vuestro amparo
Hallan piedad las desdichas,
Lograd el triunfo mayor
Siendo amparo de las mias.
Siguiendo viene mis pasos
No ménos que la justicia,
Y como huir de ella es
Generosa cobardía,
Al asilo de esos pies
Mi acosado aliento aspira,
Aunque si ya perdí el alma
Poco me importa la vida.
A mí sí me importa mucho,
Y así, señora, os suplica
Mi miedo que me escondais
Debajo de las basquiñas.
Calla, necio!
Pues ¿será
La primer vez, si lo miras,
Esta que los sacristanes
A los delincuentes libran?
(Ap.) Cárlos es, válgame el cielo!
La ocasion á la medida
Del deseo se me viene
De obligar con bizarrías
Su amor, sin hacer ultrage
A mi presuncion altiva;
Pues amparándole aquí
Con generosas caricias,
Cubriré lo enamorada
Con visos de compasiva;
Y sin dejar la altivez
Que en mi decoro es precisa,
Podré, sin rendirme yo,
Obligarle á que se rinda;
Que aunque sé que ama á Leonor,
¿Qué voluntad hay tan fina
En los hombres, que si ven
Que otra ocasion los convida,
La dejen por la que quieren?
Pues alto, amor, ¿qué vacilas,
Si de que puede mudarse
Tengo el ejemplo en mi misma?
Caballero, las desgracias
Suelen del valor ser hijas
Y cebo de las piedades,
Y así, si las vuestras libran
En mí su alivio, cobrad
La respiracion perdida,
Y en esta cuadra que cae
A un jardin entrad á prisa,
Antes que venga un hermano
Que tengo, y con la malicia
De veros conmigo solo,
Otro riesgo os aperciba.
No quisiera yo, señora,
Que el amparo de mi vida
A vos os costara un susto.
¿Ahora en aquesto miras?
¡Cuerpo de quien me parió!
Nada á mí me desanima;
Venid, que aquí hay una pieza
Que nunca mi hermano pisa,
Por ser en la que se guardan
Alhajas que en las visitas
De cumplimiento me sirven,
Como son alfombras, sillas
Y otras cosas; y ademas
De aquesto, tiene salida
A un jardin, por sí algo hubiere;
Y porque nada os aflija,
Venid y os lo mostraré;
Pero ántes será precisa
Diligencia el que yo cierre
La puerta, porque advertida
Salga en llamando mi hermano.
Señor qué cosa tan rica,
Y qué dama tan bizarra;
¿No hubieras (pese á mis tripas,
Que claro es que ha de pesarlas,
Pues se han de quedar vacias)
Enamorado tú á aquesta,
Y no á aquella pobrecita
De Leonor, cuyo caudal
Son cuatro bachillerías?
Vive Dios, villano!...
Vamos.
(Ap.) Amor, pues que tú me brindas
Con la dicha, no le niegues
Despues el logro á la dicha.
(Vánse. Salen don Rodrigo y Hernando.)
¿Qué me dices, Hernando?
Lo que pasa,
Que mi señora se salió de casa.
¿Y con quién no has sabido?
¿Cómo puedo
Si, como sabes tú, todo Toledo,
Y cuantos á él llegaban
Su belleza é ingenio celebraban?
Con lo cual conocerse no podia
Cual festejo era amor, cual cortesía,
En que no sé si tú culpado has sido,
Pues festejarla tanto has permitido,
Sin advertir que aunque era recatada,
Es fuerte la ocasion y el verse amada,
Y que es fácil que amante é importuno
Entre los otros le agradase alguno.
Hernando, no me apures la paciencia,
Que aqueste ya no es tiempo de advertencia.
¡Oh fiera! ¿quién diria
De aquella mesurada hipocresía,
De aquel punto y recato que mostraba
Que liviandad tan grande se encerraba
En su pecho alevoso?
¡Oh mujeres! ¡Oh monstruo venenoso!
Quién en vosotras fia,
Si con igual locura y osadía,
Con la misma medida
Se pierde la ignorante y la entendida!
Pensaba yo, hija vil, que tu belleza,
Por la incomodidad de mi pobreza,
Con tu ingenio seria
Lo que mas alto dote te daria,
Y ahora en lo que has hecho
Conozco que es mas daño que provecho;
Pues el ser conocida y celebrada
Y por nuevo milagro festejada,
Me sirve, hecha la cuenta,
Solo de que se sepa mas tu afrenta.
Pero ¿cómo á la queja se abalanza
Primero mi valor, que á la venganza?
Pero ¿cómo (ay de mí!) si en lo que lloro
La afrenta sé y el agresor ignoro?
Y así ofendido, sin saber me quedo
Ni cómo ni de quién vengarme puedo.
Señor, aunque no sé con evidencia
Quien pudo de Leonor causar la ausencia,
Por el rumor que habia
De los muchos festejos que le hacia,
Tengo por caso llano
Que la llevó don Pedro de Arellano.
Pues si don Pedro fuera,
Dí ¿qué dificultad hallar pudiera
En que yo por mujer se la entregara,
Sin que tan grande afrenta me causara?
Señor, como eran tantos los que amaban
A Leonor y su mano deseaban,
Y á tí te la han pedido,
Temeria no ser el elegido;
Que todo enamorado es temeroso
Y nunca juzga que será el dichoso;
Y aunque usando tal medio
Le alabo yo el temor y no el remedio,
Sin duda por quitar la contingencia
Se quiso asegurar con el ausencia;
Y así, señor, si tomas mi consejo,
Tú estás cansado y viejo,
Don Pedro es mozo, rico y alentado,
Y, sobre todo, el mal ya está causado,
Pórtate con él cuerdo, cual conviene,
Y ofrécele lo mismo que él se tiene.
Díle que vuelva á casa á Leonor bella,
Y luego al punto cásale con ella;
Él vendrá en ello, pues no habrá quien huya
Lo que ha de resultar en honra suya;
Y con lo que te ordeno
Vendrás á hacer antídoto el veneno.
Oh Hernando! qué tesoro es tan preciado
Un fiel amigo ó un leal criado!
Buscar á mi ofensor al punto elijo,
Por convertirlo de enemigo en hijo.
Si, señor, el remedio es bien se aplique,
Antes que el mal, que pasa, se publique.
Vánse. Sale doña Leonor retirándose de don Juan.
Espera, hermosa homicida;
¿De quién huyes? ¿quién te agravia?
¿Qué harás de quien te aborrece,
Si así á quien te adora tratas?
Mira que ultrajas huyendo
Los mismos triunfos que alcanzas;
Pues siendo el vencido yo,
Tú me vuelves las espaldas,
Y que haces que se ejerciten
Dos acciones encontradas,
Tú huyendo de quien te quiere,
Yo siguiendo á quien me mata.
Caballero, ó lo que sois,
Si apénas en esta casa
(Que aun su dueño ignoro) acabo
De poner la infeliz planta,
¿Cómo quereis que yo pueda
Escuchar vuestras palabras,
Si de ellas entiendo solo
El asombro que me causan?
Y así si, como sospecho,
Me juzgais otra, os engaña
Vuestra pasion; deteneos,
Y conoced, mas cobrada
La atencion, que no soy yo
La que vos buscais.
¡Oh ingrata!
Solo eso falta, que finjas,
Para no escuchar mis ansias,
Como que mi amor tuviera
Condicion tan poco hidalga,
Que en escuchar mis lamentos
Tu decoro peligrara;
Pues bien para asegurarte
Las esperiencias pasadas
Bastaban de nuestro amor,
En que viste veces tantas
Que las olas de mi llanto,
Cuando mas crespas llegaban
A querer con los deseos.
De amor anegar las playas,
Era márgen tu respeto
Al mar de mis esperanzas.
Ya he dicho que no soy yo,
Caballero, y esto basta.
Idos ó yo llamaré
A quien oyendo esas ansias,
Las premie por verdaderas,
O las castigue por falsas.
Escucha.
No tengo qué.
Pues, vive el cielo, tirana,
Que forzada me has de oir,
Si no quieres voluntaria,
Y ha de escucharme grosero
Quien de lo atento se cansa.
(Cógela el brazo)
¿Qué es esto? ¡Cielos, valedme!
En vano á los cielos llamas,
Que mal puede hallar piedad
Quien siempre piedad le falta.
¡Ay de mí! ¿no hay quién socorra
Mi inocencia?....
(Salen Cárlos y doña Ana deteniéndole).
Tente, aguarda; (á don Cárlos)
Que yo veré lo que ha sido
Sin que tú al peligro salgas,
Si es que mi hermano ha venido.
Señora, esa voz el alma
Me a atravesado, perdona....
La puerta tengo cerrada,
Y así de no ser mi hermano
Segura estoy; mas me causa
Inquietud el que no sea,
(Ap.)--Y Cárlos halle á su dama.
Pero si ella está en mi cuarto
Y Celia fué á acompañarla,
¿Qué ruido puede ser este?
Y á oscuras toda la cuadra
Está....¿Quien vá?
Yo, señora;
¿Qué me preguntas?
Doña Ana,
Mi bien, señora, ¿por qué
Con tanto rigor me tratas?
¿Estas eran las promesas?
¿Estas eran las palabras
Que me distes en Madrid
Para alentar mi esperanza?
¿Si obediente á tus preceptos,
De tus rayos salamandra,
Girasol de tu semblante,
Clicie de tus luces claras,
Dejé solo por servirte
El regalo de mi casa,
El respeto de mi padre,
Y el cariño de mi patria?
Si tú, sino de amorosa,
De atenta y de cortesana,
Diste con tácito agrado
A entender lo que bastaba
Para que supiese yo
Que era ofrenda mi esperanza
Admitida en el sagrado
Sacrificio de tus aras,
¿Cómo ahora tan esquiva
Con tanto rigor me tratas?
¿Qué es esto que escucho, cielos?
¿No es este don Juan de Várgas
Que mi ingratitud condena
Y sus finezas ensalza?
Pues ¿quién aquí le ha traido?
Señora, escucha....
[Desconociéndole] Hombre, aparta,
Yo te he dicho que me dejes.
Escucha, hermosa doña Ana,
Mira que don Cárlos soy
A quien tu piedad ampara.
Don Cárlos ha dicho, ¡cielos!
Y hasta en el habla jurara
Que es don Cárlos, y es que como
Tengo á Cárlos en el alma,
Todos Cárlos me parecen,
Cuando él (¡ay prenda adorada!)
En la prision estará.
Señora....
Dª. Leo. Apartad, que basta
Deciros que me dejeis.
Si acaso estais enojada,
Porque hasta aquí os he seguido,
Perdonad, pues fué la causa
Solamente el evitar
Si algun daño os amenaza.
¡Válgame Dios! lo que á Cárlos
Se parece!
En fin, ingrata
¿Con tal rigor me desprecias?
(Sale Celia con luz.)
A ver si está aquí mi Ama;
Para sacar á don Juan
Que oculto dejé en su cuadra
Vengo; mas ¿qué es lo que veo?
¿Qué es esto? ¡el cielo me valga!
¿Cárlos no es este que miro?
Esta es Leonor, ó me engaña
La aprension....
¿Don Juan aquí?
¡Aliento y vida me faltan!
¿Aquí don Cárlos de Olmedo?
Sin duda que de doña Ana
Es amante, y que por él,
Aleve, inconstante y falsa
Me trata á mí con desden.
¡Cielos! en aquesta casa
Cárlos, cuando amante yo
En la prision le lloraba!
En una cuadra escondido,
Y á mí, pensando que hablaba
Con otra, decirme amores!
Sin duda que de esta dama
Es amante; pero ¿cómo
(Si es ilusion lo que pasa
Por mí) si á él llevaron preso,
Y quedé depositada?
Yo toda soy un abismo
De penas.
Don Juan á doña Ana.--¡Fácil, liviana!
¿Estos eran los desdenes,
Tener dentro de tu casa
Oculto un hombre? (¡Ay de mí!)
¿Por esto me desdeñabas?
Pues ¡vive el cielo, traidora!
Que pues no puede mi saña
Vengar en tí mi desprecio,
Porque aquella ley tirana
Del respeto á las mujeres
De mis rigores te salva,
Me he de vengar en tu amante.
Detente, don Juan, aguarda.
Son tantas las confusiones
En que mi pecho batalla,
Que en su varia confusion
El discurso se embaraza,
Y por discurrirlo todo,
No acierto á discurrir nada.
¿Aquí Leonor? ¡cielos! ¿cómo?
¡Detente!
¡Aparta, tirana!
Que á tu amante he de dar muerte.
Señora, mi señor llama.
¿Qué dices, Celia? ¡Ay de mi!
Caballeros si mi fama
Os mueve, debaos aquí
El ver que no soy culpada
Aquí en la entrada de alguno
A esconderos, que palabra
Os doy de daros lugar
De que averigüeis mañana
La causa de vuestras dudas;
Pues si aquí mi hermano os halla
Mi vida y mi honor peligran.
En mí bien asegurada
Está la obediencia, puesto
Que debo estar á tus plantas,
Como á amparo de mi vida.
Y en mí que no quiero, ingrata,
Aunque ofendido me tienes,
Cuando eres tú quien lo mandas,
Que á otro, porque te obedece,
Le quedes mas obligada.
Yo os estimo la atencion.
Celia, tú en distintas cuadras
Oculta á los dos, supuesto
Que no es posible que salga
Hasta la mañana alguno.
Ya poco término falta.
Don Juan, conmigo venid.
Tú, señora, á esa fantasma
Entrala donde quisieres.
(Vánse Celia y don Juan)
Caballero, en esta cuadra
Os entrad.
Ya os obedezco.
¡Oh quiera el cielo que salga
De tan grande confusión! (Váse)
Leonor, tambien retirada
Puedes estar.
Yo, señora,
Aunque no me lo mandaras,
Me ocultara mi vergüenza. [Váse]
¿Quién vío confusiones tantas
Como en tan breve discurso
De tan pocas horas pasan?
¡Apénas estoy en mí!
(Sale Celia.)
Señora, ya en mi posada
Está, ¿qué quieres ahora?
A abrir á mi hermano baja,
Que es lo que ahora importa, Celia.
Ella está tan asustada,
Que se olvida de saber
Cómo entró don Juan en casa;
Mas ya pasado el aprieto
No faltará una patraña
Que decir, y echar la culpa
A alguna de las criadas;
Que es cierto que donde hay muchas
Se peca de confianza;
Pues unas á otras se culpan
Y unas por otras se salvan. (Váse.)
¡Cielos! en qué empeño estoy!
De Cárlos enamorada,
Perseguida de don Juan,
Con mi enemiga en mi casa,
Con criadas que me venden
Y mi hermano que me aguarda.
Pero él llega; disimulo.
(Sale don Pedro.)
Señora, querida hermana,
Qué bien tu amor se conoce,
Y qué bien mi afecto pagas,
Pues te halló despierta el sol
Y te ve vestida el alba.
¿Dónde tienes á Leonor?
En mi cuadra retirada
Mande que estuviese, en tanto,
Hermano, que tu llegabas.
Mas ¿cómo tan tarde vienes?
Porque al salir de su casa
La conoció un deudo suyo,
A quien con una estocada
Dejó Cárlos casi muerto,
Y yo viendo alborotada
La calle, aunque no sabian
Quien era y quien la llevaba,
Para que aquel alboroto
No declarara la causa,
Hice que de los criados
Dos al herido cargaran,
Como de piedad movidos,
Hasta llevarle á su casa,
Miéntras otros á Leonor
Y á Cárlos presos llevaban,
Para entregártela á tí,
Y hasta dejar sosegada
La calle venir no quise.
Fue atencion muy bien lograda,
Pues escusaste mil riesgos
Solo con esta tardanza.
Eres en todo discreta;
Y pues Leonor sosegada
Está, si á tí te parece,
No será bien inquietarla,
Que para que oiga mis penas
Teniéndola yo en mi casa
Sobrado tiempo me queda;
Que no es amante el que trata
Primero de sus alivios,
Que no del bien de su dama;
Y tambien para que tú
Te recojas, que ya basta
Por aliviar mis desvelos
La mala vida que pasas.
Hermano, yo por servirte
Muchos mas riesgos pasara,
Pues somos los dos tan uno,
Y como tan propias trata
Tus penas el alma, que
Imagino al contemplarlas
Que tu desvelo y el mio
Nacen de una misma causa.
De tu fineza lo creo.
[Ap.] ¡Si entendieras mis palabras!
Vámonos á recoger,
Si es que quien ama descansa.
Voy á sosegarme un poco,
Si es que sosiega quien ama.
[Ap.] Amor, si industrias alientas,
Anima mis esperanzas.
[Ap.] Amor, si tu eres cautelas.
A mis cautelas ampara. (Vánse.)
Jornada Segunda
JORNADA SEGUNDA.
(Salen don Cárlos y Castaño.)
Castaño, yo estoy sin mí.
Y yo, que en todo te sigo,
Tan solo he estado conmigo
Aquel rato que dormí.
¿Sabes lo que me ha pasado?
Mas juzgo que sueño fué.
Si es sueño, muy bien lo sé,
Y yo tambien he soñado
Y dormido como dama;
Pues los vestidos, señor,
Que me dió al salir Leonor
Son quien me sirvió de cama.
¿Galas suyas á llevarlas
Anoche Leonor te dió?
Sí, señor, y las lió;
¿No era preciso liarlas?
¿Dónde las tienes?
Allí,
Y en cama quiero rompellas,
Que pues las cargué á ellas,
Ellas me carguen á mí.
Yo he visto (pierdo el sentido)
En esta casa á Leonor.
Aqueso será señor,
Que quien bueyes ha perdido...
Y así tù que en tus amores
Te desvanece el furor,
Como has perdido á Leonor,
Se te aparecen Leonores.
Mas dime ¿qué te pasò
Con aquella dama bella?
Que así Dios se duela de ella
Como de mí se dolió;
Porque viendo que contigo
Empezaba á discurrir,
Me traté yo de dormir
Por escusar un testigo.
Castaño, aquella es malicia;
Pero lo que pasó fué
Que, como sabes, entré
Huyendo de la justicia;
Que ella atenta y cortesana
Ampararme prometió,
Y en esta cuadra me entró,
Y me dijo que era hermana
De don Pedro de Arellano,
Y que aquí oculto estaria;
Porque si acaso venia,
No me encontrara su hermano;
Y con tanta bizarría
Me hizo una y otra promesa,
Que con ser tal su belleza,
Es mayor su cortesía.
Y discreta y lisonjera
Alabándome, añadió
Cosas que á ser vano yo
A otro afecto atribuyera;
Pero son quimeras vanas
De jóvenes, y altiveces,
Que en viendo damas corteses
Luego las juzgan livianas;
Y sus malicias erradas
En su mismo mal contentas,
Si no las ven desatentas,
No las tienen por honradas.
Y a un pensar tan desigual,
Y a un no indigno del desden,
Nunca ellas obran mas bien
Que cuando las tratan mal;
Pues al que se desvanece
Con cualquiera presuncion
Le hace daño la atencion,
Y es porque no la merece.
Pero, volvieondo al suceso
De lo que á mí me pasó,
Ella me favoreció,
Castaño, con grande exceso.
Yo mi historia le conté,
Y ella con discreto modo
Quedó de ajustado todo,
Con tal que yo aquí me esté,
Diciendo que no me diese
Cuidado, que ella lo hacia
Por el riesgo que tenia,
Si yo en público saliese.
Condicion para mí que
Imposible hubiera sido,
A no haberme sucedido
Lo que ahora te diré.
Estando de esta manera
Oímos, al parecer,
Dar voces una mujer
En otra cuadra de afuera;
Y aunque doña Ana impedir
Que yo saliese quería,
Venciéndola mi porfía
Por fuerza hube de salir.
Sacó una luz al rumor
Una criada, y con ella
Conocer á Leonor bella
Pude.
¿A quién?
A mi Leonor.
Castaño. ¿A Leonor?--¿Háslo soñado?
Hay tan grande bobería!
Yo por loco te tenia,
Pero no tan rematado.
De oirlo solo me espanto;
Señor, vete poco á poco;
Mira, muy bueno es ser loco,
Mas no es bueno serlo tanto.
La locura es conveniente
Por las entradas de mes,
Con la luna, un si es no es,
Cuando ayude á ser valiente;
Mas no, señor, de manera
Que oyendo esos desatinos
Te me atizben los vecinos
Porque saben la tontera.
¡Pícaro! si no estuviera
Donde estoy...
Tente, señor,
Que yo tambien vi á Leonor.
¿A dónde?
En tu faltriquera,
Pintada con mil primores,
Y que era viva entendí,
Porque luego que la ví
Le salieron los colores;
Y aunque de razon escasa
No me resolvió la duda,
Yo pensé, viéndola muda,
Que estaba puesta la pasa.
¡Qué friolera!
¿Qué? ¿te enfadas?
Si viva me pareció,
Algunas he visto yo
Que están vivas y pintadas.
Si en belleza es sol Leonor,
¿Para qué afeites queria?
Pues si es sol, ¿cómo podia
Estar sin el resplandor?
Mas si á Leonor viste, dí,
¿Qué determinas hacer?
Quiero esperar hasta ver
Qué causa la trajo aquí.
Pues si piadosa mi estrella
Aquí la dejó venir,
¿A dónde tengo de ir
Si aquí me la dejo á ella?
Y así es mejor esperar
De todo resolucion,
Para ver si hay ocasion
De volvérmela á llevar.
Bien dices; mas hácia acá,
Señor, viene enderezada
Una, al parecer, criada
De esta casa.
¿Qué querrá?
(Sale Celia)
Caballero, mi señora
Os ordena que al jardin
Os retireis luego, á fin
De que ha de salir ahora
A esta cuadra mi señor,
Y no será bien que os vea.
Aquesto es porque no sea
Que él de aquí vea á Leonor.
Decidle que mi obediencia
Le responde.
Vuelvo á irme.
Oye vuesté, y ¿querrá oirme?
¿Qué he de oir?
De penitencia.
Por cierto, lindos cuidados
Se tiene el muy socarron.
Pues digo, ¿no es confesion
El decirte mis pecados?
No á mi afecto se abalance,
Que son lances escusados.
Si nos tienes encerrados,
¿No te he de querer de lance?
Ya he dicho que no me quiera.
Pues ¿que quiere tu rigor?
Si de mi encierro y tu amor
No me puedo hacer afuera.
Mas ¿siendo criada te engreis?
¿Criada á mí el muy estropajo?
Calla, que aqueste agasajo
Es porque no te descries.
Yo me voy, que es fuerza, y luego
Si no es juego, volveré.
Juego es; mas bien sabe usté
Que tiene vueltas el juego.
(Salen doña Leonor y doña Ana.)
¿Cómo la noche has pasado,
Leonor?
Decirte, señora,
Que no me lo preguntaras
Quisiera.
¿Por qué? (Ap.) ¡Ah! penosa
Atencion, que me precisas
A agradar á quien me enoja!
Porque si me lo preguntas
Es fuerza que te responda
Que la pasé bien ó mal,
Y en cualquiera de estas cosas
Encuentro un inconveniente;
Pues mis penas y tus honras
Están tan mal avenidas,
Que si te respondo ahora
Que mal, será grosería,
Y que bien, será lisonja.
Leonor, tu ingenio y tu cara
El uno á otro se malogran,
Que quien es tan entendida
Es lástima que sea hermosa.
Como tú estás tan segura
De que aventajas á todas
Las hermosuras, te muestras
Fácilmente cariñosa
En alabarlas; porque
Quien no compite no estorba.
Leonor, y de tus cuidados
¿Cómo estás?
Como quien toca,
Náufrago entre la borrasca
De las olas procelosas,
Ya con la quilla el abismo,
Y va el cielo con la popa.
[Ap.] ¿Cómo le preguntaré,
Pues está el alma medrosa,
A qué vino anoche Cárlos?
Mas ¿qué temo, si me ahoga,
Despues de tantos tormentos,
De los celos la ponzoña?
Leonor, ¿en qué te suspendes?
Quisiera saber... perdona,
Que, pues, ya mi amor te dije,
Fuera cautela notoria
Querer no mostrar cuidado
De aquello que tu no ignoras
Que es preciso que le tenga;
Y así pregunto, señora,
Pues sabes ya que yo quiero
A Cárlos, y que su esposa
Soy, ¿cómo entró anoche aquí?
Deja que no te responda
A esa pregunta tan presto.
¿Por qué?
Porque quiero ahora.
Que te diviertas oyendo
Cantar.
Mejor mis congojas
Se divirtieran sabiendo
Esto que es lo que me importa
Y así...
Con decirte que
Fué una contingencia sola
Te respondo. Mas mi hermano
Viene.
Pues que yo me esconda
Será preciso.
Antes no,
Que ya yo de tu persona
Le dí cuenta, porque pueda
Aliviarte en tus congojas;
Que al fin los hombres mejor
Diligencian estas cosas,
Que nosotras.
Dices bien;
Mas no sé qué me alborota.
(Sale don Pedro)
Mas ¡cielos! ¿qué es lo que miro?
¿Este es tu hermano, señora?
Yo soy, hermosa Leonor;
¿Qué os admira?
¡Ay de mí! toda
Soy de mármol... ¡Ah fortuna!
Que así mis males dispongas,
Que á la casa de don Pedro
Me traigas!
Leonor hermosa,
Segura estais en mi casa,
Porque aunque sea á la costa
De mil vidas, de mil almas,
Sabré librar vuestra honra
Del riesgo que la amenaza.
Vuestra atencion generosa
Estimo, señor don Pedro.
Señora, ya que las olas
De vuestra airada fortuna
En esta playa os arrojan,
No habeis de decir que en ella
Os falta quien os socorra.
Yo, señora, he sido vuestro,
Y aunque siempre desdeñosa
Me habeis tratado, el desden
Mas mi fineza acrisola,
Que es muy garboso donaire
El ser fino á toda costa.
Ya en mi casa estais, y así
Solo tratamos ahora
De agradaros y serviros,
Pues sois dueño de ella toda.
Divierte á Leonor, hermana.
Celia.
¿Qué mandais, señora?
Di á Clori y Laura que canten.
Y tú, pues ya será hora
De lo que tengo dispuesto,
Porque mi industria engañosa
Se logre, saca á don Cárlos
A aquesa reja, de forma
Que nos mire, y que no todo
Lo que conferimos oiga.
De este modo lograré
El que la pasion celosa
Empiece á entrar en su pecho;
Que aunque los celos blasonan
De que avivan el amor,
Es su operacion muy otra
En quien se ve como dama,
O se mira como esposa;
Pues en la esposa despecha
Lo que en la dama enamora.
¿No vas á decir que canten?
Voy á decir ambas cosas.
Mas con todo, Leonor bella,
Dadme licencia que rompa
Las leyes de mi silencio
Con mis quejas amorosas:
Que no siente los cordeles
Quien el dolor no pregona.
¿Qué defecto en mi amor visteis
Que siempre tan desdeñosa
Me tratásteis? ¿Era ofensa
Mi adoracion decorosa?
Y si amaros fué delito,
¿Cómo otro la dicha goza,
E igualándonos la culpa
La pena no nos conforma?
¿Cómo, si es ley el denden
En vuestra beldad, forzosa
En mí la ley se ejecuta,
Y en el otro se deroga?
¿Qué tuvo para con vos
Su pasion de mas airosa,
De mas bien vista su pena,
Que siendo una misma cosa
En mí os pareció culpable,
Y en el otro meritoria?
Si él os pareció mas digno,
¿No supliera en mi persona
Lo que de galan me falta,
Lo que de amante me sobra?
Mas sin duda mi fineza
Es quien el premio me estorba,
Que es quien la merece ménos
Quien siempre la dicha logra;
Mas yo os he de adorar
Eternamente; ¿qué importa
Que vos me negueis el premio?
Pues es fuerza que conozca
Que me concedeis por fino
Lo que os negais de piadosa.
Permitid, señor don Pedro,
Ya que me haceis tantas honras,
Que os suplique por quien sois
Me hagais la mayor de todas,
Y sea que ya que veis
Que la fortuna me postra,
No apureis mas mi dolor,
Pues me basta á mí por soga
El cordel de mi vergüenza
Y el peso de mis congojas.
Y puesto que en el estado
Que veis que tienen mis cosas,
Tratarme de vuestro amor
Es una accion tan impropia,
Que ni es bien decirlo vos,
Ni justo que yo lo oiga,
Os suplico que callais;
Y si es venganza que toma
Vuestro amor de mi desden,
Elegidla de otra forma,
Que para que estais vengado
Hay en mis penas de sobra.
(Salen á una reja don Cárlos, Celia y Castaño, y hablan aparte.)
Hasta aquí podeis salir,
Que aunque mandó mi señora
Que os retiraseis, yo quiero
Haceros esta lisonja,
De que desde aquesta reja
Oigais una primorosa
Música, que á cierta dama,
Aquien mi señor adora,
Ha dispuesto. Aquí os quedad.
Oiga usted.
No puedo ahora.
(Váse y sale por el otro lado)
Fuése y cerrónos la puerta,
Y dejónos como monjas
En reja, solo nos falta
Una escucha que nos oiga.
Pero, señor, vive Dios,
Que es cosa muy pegajosa
Tu locura, pues á mí
Se me ha pegado.
(Llega y mira)
¿En qué forma?
En que escucho los cencerros,
Y aun los cuernos se me antoja
De los bueyes que perdimos.
(Llega don Cárlos)
¡Qué miro! ¡amor me socorra!
Leonor, doña Ana y don Pedro
Son; ¿ves como no era cosa
De ilusion el que aquí estaba?
Y de que esté ¿no te enojas?
No, hasta saber cómo vino;
Que si yo en la casa propia
Estoy, sin estar culpado,
¿Cómo quieres que suponga
Culpa en Leonor? ántes juzgo
Que la fortuna piadosa
La condujo á donde estoy.
Muy reposado enamoras,
Pues no sueles ser tan cuerdo;
Mas si hallando golpe en bola,
La ocasion el tal don Pedro
La cogiese por la cola,
¡Estariamos muy buenos!
¡Calla, Castaño, la boca!
Que es muy bajo quien sin causa
De la dama á quien adora
Se da á entender que la ofende,
Pues en su aprension celosa,
¿Qué mucho que ella le agravie,
Cuando él así se deshonra?
Mas escucha que ya templan.
Cantad, pues.
Vaya de solfa.
Coro 1º.--¿Cuál es la pena mas grave
Que en las penas de amor cabe?
Voz 1ª.--El carecer de favor
Será la pena mayor,
Puesto que es el mayor mal.
Coro 1º.--No es tal.
Voz 1ª.--Si es tal.
Coro 2º.--Pues ¿cuál es?
Voz 2ª.--Son los desvelos
A que ocasionan los celos,
Que es un dolor sin igual.
Coro 2º.--No es tal.
Voz 2ª.--Si es tal.
Coro 1º.--Pues ¿cuál es?
Voz 3ª.--Es la impaciencia
A que ocasiona la ausencia,
Que es un letargo mortal.
Coro 1º.--No es tal.
Voz 3ª.--Si es tal.
Coro 2º.--Pues ¿cuál es?
Voz 4ª.--Es el cuidado
Con que se goza lo amado,
Que nunca es dicha cabal.
Coro 2º.--No es tal.
Voz 4ª.--Si es tal.
Coro 1º.--Pues ¿cuál es?
Voz 5ª.--Mayor se infiere
No gozar á quien me quiere,
Cuando es el amor igual.
Coro 1º.--No es tal.
Voz 1ª.--Si es tal.
Coro 2º.--Tú que ahora has respondido,
Conozco que solo has sido
Quien las penas de amor sabe.
Coro 1º.--¿Cuál es la pena mas grave
Que en las penas de amor cabe?
Leonor, la razon primera
De las que han cantado aquí
Es mas fuerte para mí;
Pues si bien se considera
Es la pena mas severa
Que puede dar el amor
La carencia del favor,
Que es su término fatal.
No es tal.
Si es tal.
Yo, hermano, de otra opinion
Soy, que si se llega á ver,
El mayor mal viene á ser
Una celosa pasion;
Pues fuera de la razon
De que del bien se carece,
Con la envidia se padece
Otra pena mas mortal.
No es tal.
Si es tal.
Aunque se halla mi sentido
Para nada, he imaginado
Que el carecer de lo amado
No es amor correspondido;
Pues con juzgarse querido,
Cuando del bien se carece,
El ansia de gozar crece,
Y con ella crece el mal.
No es tal.
Si es tal.
¡Ay Castaño! yo dijera
Que de amor en los desvelos
Son el mayor mal los celos,
Si á tanerlos me atreviera;
Mas, pues quiere amor que muera,
Muera de solo temerlos,
Sin llegar á padecerlos,
Pues este es sobrado mal.
No es tal.
Si es tal.
Señor, el mayor pesar
Conque el amor nos baldona,
Es querer una fregona
Y no tener qué la dar;
Pues si llego á enamorar,
Corrido y confuso quedo,
Que conseguirlo no puedo
Por la falta de caudal.
-No es tal.
Si es tal.
El dolor mas importuno
Que da amor en sus ensayos,
Es tener doce lacayos
Sin regalarme ninguno,
Y tener perpetuo ayuno
Cuando estar harta debiera,
Esperando costurera
Los alivios del dedal.
No es tal.
Si es tal.
Leonor, si no te divierte
La música, al jardin vamos,
Quizá tu fatiga en él
Se aliviará.
¿Qué descanso
Puede tener la que solo
Tiene por alivio el llanto?
Vamos, divino imposible.
Haz, Celia, lo que he mandado,
Que yo te mando un vestido,
Si se nos logra el engaño.
(Vánse doña Ana, doña Leonor y don Pedro.)
Eso sí es mandar con modo,
Aunque esto de: Yo te mando,
Cuando los amos lo dicen,
No viene á hacer mucho al caso;
Pues están siempre tan hechos,
Que si acaso mandan algo,
Para dar luego se escusan,
Y dicen á los criados
Que lo que mandaron, no
Fué manda, sino mandato.
Pero vaya de tramoya:
Yo llego á la puerta y abro,
Supuesto que ya don Juan,
Que era mi mayor cuidado,
Con la llave que le dí
Estuvo tan avisado
Que, sin que yo lo calase,
Se salió paso entre paso
Por la puerta del jardin,
Y mi señora ha tragado
Que fué otra de las criadas
Quien le dió entrada en su cuarto.
Gracias á mi hipocresía
Y á unos juramentos falsos
Que sobre el caso me eché
Con tanto desembarazo,
Ella quedó tan segura,
Que ahora me ha encomendado
Lo que allá dirá el enredo;
Yo llego... Señor don Cárlos.
¿Qué quieres, Celia? ¡Ay de mí!...
A ver si habeis escuchado
La música vine.
Sí,
Y te estimo el agasajo.
Mas, dime, Celia, ¿á qué vino
Aquella dama que ha estado
Con doña Ana y con don Pedro?
Ya picó el pez: largo el trapo.
Aquella dama, señor...
Mas yo no puedo contarlo,
Si primero no me dais
La palabra de callarlo.
Yo te la doy... ¿A qué vino?
Temo, señor, que es pecado
Descubrir vidas ajenas.
Mas supuesto que tú has dado
En que lo quieres saber,
Y yo en que no he de contarlo,
Vaya; mas sin que lo sepas...
Y sabe que aquel milagro
De belleza es una dama
A quien adora mi amo,
Y anoche, yo no sé cómo
Ni cómo no, entró en su cuarto.
El la enamora y regala;
Con qué fin, yo no lo alcanzo,
Ni yo en conciencia pudiera
Afirmarte, que ello es malo,
Que puede ser que la quiera
Para ser fraile descalzo.
Y perdona, que no puedo
Decir lo que has preguntado,
Que estas cosas mejor es
Que las sepas de otros labios.
(Váse Celia.)
Castaño, ¿no has oido aquesto?
Cierta es mi muerte y mi agravio.
Pues si ella no nos lo ha dicho,
¿Cómo puedo yo afirmarlo?
-¡Cielos! ¿qué es esto que escucho?
¿Es ilusion, es encanto
Lo que ha pasado por mí?
¿Quién soy? ¿en dónde me hallo?
¿No soy yo quien de Leonor
La beldad idolatrando
La solicité tan fino,
La serví tan recatado,
Que en premio de mis finezas
Conseguí favores tantos?
Y por ùltimo, seguro
De alcanzar su blanca mano,
Y de ser solo el dichoso
Entre tantos desdichados,
¿No salió anoche conmigo,
Su casa y padre dejando,
Reduciendo á mí la dicha
Que solicitaban tantos?
¿No la llevó la justicia?
Pues ¿cómo ¡ay de mí! la hallo
Tan sosegada en la casa
De don Pedro de Arellano,
Que amante la solicita?
Y yo... Mas ¿cómo no abraso
Antes estos labios, que
Pronunciar yo mis agravios?
Mas ¡cielos! ¿Leonor no pudo
Venir por algun acaso
A esta casa, sin tener
Culpa de lo que ha pasado,
Pues prevenirlo no pudo?
Y que don Pedro, llevado
De la ocasion de tener
En su poder el milagro
De la perfeccion, pretenda,
Como mozo y alentado,
Lograr la ocasion felice
Que la fortuna le ha dado,
Sin que Leonor corresponda
A sus intentos osados?
Bien puede ser que así sea;
Mas ¿cumplo yo con lo honrado,
Consintiendo que á mi dama
La festeje mi contrario,
Y que con tanto lugar
Como tenerla á su lado
La enamore y solicite,
Y que haya de ser tan bajo
Yo, que lo mire y lo sepa
Y no intente remediarlo?
Eso no, ¡viven los cielos!
Sígueme, vamos, Castaño,
Y saquemos á Leonor
A pesar de todos cuantos
La quisieren defender.
Señor ¿estás dado al diablo?
¿No ves que hay en esta casa
Una tropa de lacayos,
Que sin que nadie lo sepa
Nos darán un sepan cuantos,
Y andarán descomedidos
Por andar muy bien criados?
Cobarde! ¿aqueso me dices?
Aunque vibre el cielo rayos,
Y aunque iras el cielo esgrima,
Y el abismo aborte espantos,
Me la tengo de llevar.
Ahora ¡sus! si ha de ser, vamos;
Y luego de aquí á la horca,
Que será el segundo paso.
(Salen don Rodrigo y don Juan)
Don Juan, pues vos sois su amigo,
Reducidle á la razon,
Pues por aquesta ocasion
Os quise traer conmigo;
Que pues vos sois el testigo
Del daño que me causó
Cuando á Leonor me llevó,
Podreis con desembarazo
Hablar en aqueste caso
Con mas llaneza que yo.
Ya de todo os he informado,
Y en un caso tan severo
Siempre lo trata el tercero
Mejor que no el agraviado;
Que al que es noble y nació honrado,
La afrenta, por mas que sienta,
Le impide, aunque ese es el medio,
La vergüenza del remedio,
El remedio de la afrenta.
D. Juan.-Señor don Rodrigo, yo,
Por la ley de caballero,
Os prometo reducir
A vuestro gusto á don Pedro,
A que él juzgó que está llano,
Porque tampoco no quiero
Vender por fineza mia
A lo que es mérito vuestro.
Y pues, porque no se niegue
No le avisamos, entremos
A la sala. Mas ¿qué miro?
¿Aquí don Cárlos de Olmedo
Con quien anoche reñí?
¡Ah ingrata doña Ana! ¡ah fiero
Basilisco!
(Sale Celia)
¡Jesucristo!
Don Juan de Várgas y un viejo,
Señor, y te han visto ya.
No importa, que nada temo.
Aquí don Cárlos está,
Y para lo que traemos
Que tratar, grande embarazo
Será.
(A don Cár.) Señor, reza el credo
Porque estos pienso que vienen
Para darnos pan de perro;
Pues sin duda que ya saben
Que fuistes quien á don Diego
Hirió, y se llevó á Leonor.
No importa, ya estoy resuelto
A cuanto me sucediere.
Don Cárlos, don Juan y yo
Cierto negocio traemos,
Que precisamente ahora
Se ha de tratar con don Pedro,
Y así, si no es embarazo
A lo que venis, os ruego
Nos deis lugar, perdonando
El estorbo, que los viejos
Con los mozos, y mas cuando
Son tan bizarros y atentos
Como vos, esta licencia
Nos tomamos.
D. Cár. (Ap.)--Vive el cielo,
Que aun ignora don Rodrigo
Que sor de su agravio el dueño.
D. Juan. (Ap.)--No sé, vive el cielo, como
Viendo á don Cárlos contengo
La cólera que me incita.
Don Cárlos, pues el empeño
Mirais en que está mi ama
Si llega su hermano á veros,
Que os escondais os suplico.
Tienes razón, vive el cielo,
Que si aquí me ve su hermano,
La honra de doña Ana arriesgo;
Y habiéndome ella amparado,
Es infamia; mas ¿qué puedo
Hacer yo en aqueste caso?
Ello no hay otro remedio;
Ocúltome, que el honor
De doña Ana es lo primero;
Y despues saldré á vengar
Mis agravios y mis celos.
Señor, por Dios, que te escondas
Antes que salga don Pedro.
Señor don Rodrigo, yo
Estoy (perdonad si os tengo
Vergüenza, que vuestras canas
Dignas son de este respeto)
Sin que don Pedro lo sepa,
En su casa, y así os ruego
Que me dejéis ocultar
Antes que él salga, que el riesgo
Que un honor puede correr
Me obliga...
¡Qué esto consiento!
¿Qué mas claro ha de decir?
Que aquel basilisco fiero
Do doña Ana aquí le trae.
¡Oh, pese á mi sufrimiento,
Que no le quito la vida!
Pero ajustar el empeño
Es ántes de don Rodrigo,
Pues le di palabra de ello;
Que despues yo volveré,
Puesto que la llave tengo
Del jardin, y tomaré
La venganza que deseo.
Don Cárlos, nada me admira:
Mozo he sido, aunque estoy viejo;
Vos sois mozo, y es preciso
Que deis sus frutos al tiempo;
Y supuesto que decis
Que os es preciso esconderos,
Haced vos lo que convenga,
Que yo la causa no inquiero
De cosas que no me tocan.
Pues á Dios.
Guardeos el cielo.
Vamos á prisa. A Dios gracias,
Que se ha excusado este aprieto;
Y vos, señor, esperad
Miéntras aviso á mi dueño.
Un Etna llevo en el alma.
Un volcan queda en mi pecho.
(Vánse don Carlos, Celia y Castaño)
Veis aquí cómo es el mundo:
A mí me agravia don Pedro,
Don Cárlos le agravia á él,
Y no faltará un tercero
Tambien que agravie á don Cárlos;
Y es que lo permite el cielo
En castigo de las culpas,
Y dispone que paguemos
Con males que recibimos
Los males que habemos hecho.
Estoy tan fuera de mí
De haber visto manifiesto
Mi agravio, que no sé cómo
He de sosegar el pecho
Para hablar en el negocio
De que he de ser medianero,
Que quien ignora los suyos,
Mal hablará en los ajenos.
(Sale don Cárlos á la reja.)
Ya que fué fuerza ocultarme
Por el debido respeto
De doña Ana, como á quien
El amparo y vida debo,
Desde aquí quiero escuchar,
Pues sin ser yo visto puedo,
A qué vino don Rodrigo,
Que entre mil dudas el pecho,
Astrólogo de mis males,
Me pronostica los riesgos.
(Sale don Pedro.)
Señor don Rodrigo, ¿vos
En mi casa? Mucho debo
A la ocasion que aquí os trae,
Pues que por ella merezco
Que vos me hagais tantas honras.
Yo las recibo, don Pedro,
De vos, y ved si es verdad,
Pues á vuestra casa vengo
Por la honra que me falta.
Don Juan, amigo, no es nuevo
El que vos honreis mi casa.
Tomad entambos asiento,
Y decid ¿cómo venis?
Yo vengo al servicio vuestro;
Y pues á lo que venimos
Dilacion no admite, empiezo:
Don Pedro, vos no ignorais,
Como tan gran caballero,
Las muchas obligaciones
Que teneis de parecerlo.
Esto supuesto, el señor
Don Rodrigo tiene un duelo
Con voz.
¿Conmigo, don Juan?
Holgárame de saberlo.
¡Válgame Dios, qué será!
Don Pedro, ved que no es tiempo
Este de haceros de nuevas;
Y si acaso decis eso
Por la cortes atencion
Que debeis á mi respeto,
Yo estimo la cortesía
Y la atencion os dispenso.
Vos amante de Leonor
La solicitásteis ciego,
Pudiendo haberos valido
De mí, y con indignos medios
La sacasteis de mi casa,
Cosa que....Pero no quiero
Reñir ahora el delito,
Que ya no tiene remedio,
Pues cuando os busco piadoso
No es bien reñiros severo;
Y como lo mas se enmiende
Yo os perdonaré lo menos.
Supuesto esto, ja sabeis
Vos que no hay sangre en Toledo
Que pueda exceder la mia;
Y siendo esto todo cierto,
¿Qué dificultad podeis
Hallar para ser mi yerno?
Y si es falta el estar pobre
Y vos rico, fuera bueno
Responder eso, si yo
Os tratara el casamiento
Con Leonor; mas pues vos fuísteis
El que la eligió primero,
Y os pusísteis en estado
Que ha de ser preciso hacerlo,
No he tenido yo la culpa
De lo que fué arrojo vuestro.
Yo sé que está en vuestra casa,
Y sabiéndolo no puedo
Sufrir que esté en ella sin que
Le deis de esposo al momento
La mano.
¡Válgame Dios!
¿Qué puedo en tan grande empeño
Responder á don Rodrigo?
Pues si que la tengo niego,
Es fácil que él lo averigüe,
Y asi la verdad confieso
De que la sacó don Cárlos,
Se la dará á él, y yo pierdo,
Si pierdo á Leonor, la vida;
Y si el casarme concedo
Puede ser que me desaire
Leonor; ¡quién hallara un medio
Conque poder dilatarlo!
¿De qué, amigo, estáis suspenso?
¿Cuando la proposicion
Resulta en decoro vuestro?
¿Cuando el señor don Rodrigo,
Tan reportado y tan cuerdo
Os convida con la dicha
De haceros felice dueño
De la beldad de Leonor?
Lo primero que protesto,
Señor don Rodrigo, es que
Tanto la beldad venero
De Leonor, que puesto que
Sabeis ya mis galanteos,
Quiero que esteis persuadido
Que nunca pudo mi pecho
Mirarla con otros ojos
Ni hablarla con otro intento,
Que el de ser feliz con ser
Su esposo. Y esto supuesto,
Sabed que Leonor anoche
Supo [aun fingir no acierto]
Que estaba mala mi hermana
A quien con cariño tierno
Estima, y vino á mi casa
A verla sola, creyendo
Que vos tardariais mas
Con la diversion del juego;
Hízole algo tarde, y como
Temió que hubieseis ya vuelto,
Como sin licencia vino,
Despachamos á saberlo
Un criado de los mios,
Y aqueste volviò diciendo
Que ya estabais vos en casa,
Y que habiais echando ménos
A Leonor, por cuya causa
Haciendo justos estremos
La buscabais ofendido;
Ella temerosa, oyendo
Aquesto, volver no quiso.
Este es en suma el suceso,
Que ni yo saqué á Leonor,
Ni pudiera, pretendiendo
Para esposa su beldad,
Proceder tan desatento
Que para mirarme en él
Manchara ántes el espejo.
Y para que no juzgueis
Que esta es escusa que invento
Por no venir á casarme,
Mi fe ó palabra os empeño
De ser su esposo al instante,
Como Leonor venga en ello;
Y en esto conocereis
Que no tengo impedimento
Para llegar á ser suyo,
Mas de que no la merezco.
¿No escuchas esto, Castaño?
La vida y el juicio pierdo!
La vida es la novedad,
Que lo del juicio no es nuevo.
Don Pedro, á lo que habeis dicho
Hacer réplica no quiero,
Sobre si pudo ó no ser
Como decis el suceso;
Pero siéndole ya á todos
Notorios vuestros festejos,
Sabiendo que Leonor falta
Y no la busco, y sabiendo
La he hallado en vuestra casa,
Nunca queda satisfecho
Mi honor, si vos os no casais;
Y en lo que me habeis propuesto
De si Leonor querrá ó no,
Eso no es impedimento,
Pues ella tener no puede
Mas gusto que mi precepto:
Y así llamadla y vereis
Cuan presto lo gusta.
Temo,
Señor, que Leonor se asuste,
Y así os suplico deis tiempo
De que ántes se lo proponga
Mi hermana, porque supuesto
Que yo estoy llano á casarme
Y que por dicha lo tengo,
¿Qué importa que se difiera
De aquí á mañana, que es tiempo
En que les puedo avisar
A mis amigos y deudos,
A que asistan á mis bodas,
Y tambien porque llevemos
A Leonor á vuestra casa,
Donde se haga el casamiento?
Bien decis; pero sabed
Que ya quedamos en eso,
Y que es Leonor vuestra esposa.
Dicha mia es el saberlo.
Pues, hijo, á Dios, que tambien
Hacer de mi parte quiero
Las prevenciones.
Señor,
Vamos os iré sirviendo.
No ha de ser, y así quedaos,
Que habeis menester el tiempo.
Yo tengo de acompañaros.
No hareis tal.
Ya os obedezco.
Don Pedro, quedad con Dios.
Id con Dios, don Juan. Yo quedo
Tan confuso que no sé
Si es pesar ó si es contento,
Si es fortuna ó es desaire
Lo que me está sucediendo.
Don Rodrigo con Leonor
Me ruega, yo á Leonor tengo;
El caso está en tal estado
Que yo escusarme no puedo
De casarme, solamente
Es á Leonor á quien temo,
No sea que lo resista;
Mas puede ser que ella viendo
El estado de las cosas
Y de su padre el precepto,
Venga en ser mia... Yo voy.
Amor, ablanda su pecho. [Váse]
(Salen don Cárlos y Castaño)
No debo de estar en mí,
Castaño, pues estoy muerto.
Don Rodrigo ¡ay de mí! juzga
Que á Leonor sacó don Pedro
Y se le viene á ofrecer,
Y él muy falso y placentero
Viene en casarse con ella,
Sin ver el impedimento
De que se salió con otro.
¿Qué quieres? El tal sugeto
Es marido convenible
Y no repara en pucheros.
El vió volando esta garza
Y quiso matarla al vuelo;
Con que si él ya la cazó.
Ya para tí volaverunt.
Yo estoy tan sin mí, Castaño,
Que aun á discurrir no acierto
Lo que hará en aqueste caso.
Yo te daré un buen remedio
Para que quedes vengado:
Doña Ana es rica, y yo pienso
Que revienta por ser novia;
Enamórala, y con eso
Te vengas de cuatro y ocho,
Y dejas aqueste necio
Mucho peor que endiablado,
Encuñadado in æternum.
Por cierto ¡gentil venganza!
¿Mal te parece el consejo?
Tú no debes de saber
Lo que es un cuñado, un suegro,
Una madrastra, una tia,
Un escribano, un ventero,
Una mula de alquiler
Ni un albacea, que pienso
Que del infierno el mejor
Y mas bien cobrado censo
No llega ni á su zapato.
¡Ay de mí infeliz! ¿qué puedo
Hacer en aqueste caso?
¡Ay Leonor! si yo te pierdo,
Pierdo la vida tambien.
No pierdas ni aun un cabello:
Sino vamos á buscarla,
Que en el tribunal supremo
De su gusto quizá se
Revocará este decreto.
¿Y si la fuerza su padre?
¿Qué es forzarla? pues el viejo
¿Está ya para Tarquino?
Vamos á buscarla luego,
Que como ella diga nones,
No hará pares con don Pedro.
Bien dices, Castaño; vamos.
Vamos, y deja lamentos,
Que se alarga la jornada,
Si aquí mas nos detemos.
Jornada Tercera
JORNADA TERCERA.
(Salen Celia y Leonor.)
Celia, yo me he de matar
Si tú salir no me dejas
De esta casa ò de este encanto.
Repórtate, Leonor bella,
Y mira por tu opinion.
¿Qué opinion quieres que tenga,
Celia, quien de oir acaba
Unas tan infaustas nuevas,
Como que quiere mi padre,
Porque con engaño piensa
Que don Pedro me sacó,
Que yo ¡ay Dios! su esposa sea?
Y esto cae sobre haber
Antes díchome tú mesma
Que Cárlos (¡ah falso amante!)
A doña Ana galantea,
Y que con ella pretende
Casarse, que es quien pudiera,
Como mi esposo, librarme
Del rigor de esta violencia.
Con que estando en este estado
No les quedan á mis penas
Ni asilo que las socorra,
Ni amparo que las defienda.
Verdad es que se lo dije,
Y á don Cárlos con la mesma
Tramoya tengo confuso;
Porque mi ama me ordena
Que yo despeche á Leonor,
Para que á su hermano quiera,
Y ella se quede con Cárlos;
Y yo, viéndola resuelta,
Por la manda del vestido
Ando haciendo estas quimeras.
Que ingrato Cárlos te deja
Y mi señor te idolatra,
Y que tu padre desea
Hacerte su esposa, y que
Está el caso de manera
Que si dejas de casarte,
Pierdes honra y conveniencia;
¿No es mejor pensarlo bien
Y resolverte discreta
A lograr aquesta boda,
Que es lástima que se pierda?
Y hallarás, si lo ejecutas,
Mas de tres mil congruencias;
Pues sueldas con esto solo
De tu crédito la quiebra,
Obedeces á tu padre,
Das gusto á tu parentela,
Premias á quien te idolatra
Y de Don Cárlos te vengas.
(A Leo).--Pues, señora, si conoces
¿Qué dices, Celia? Primero
Que yo de don Pedro sea,
Verás de su eterno alcázar
Fugitivas las estrellas;
Primero romperá el mar
La no violada obediencia
Que á sus desvocadas olas
Impone freno de arena;
Primero aquese fogoso
Corazon de las esferas,
Turbará el órden con que
El cuerpo del orbe alienta;
Primero trocado el órden
Que guarda naturaleza,
Congelará el fuego copos,
Brotará el yelo centellas;
Primero que yo de Cárlos,
Aunque ingrato me desprecia,
Deje, de ser, de mi vida
Seré verdugo yo mesma;
Primero que yo de amarle
Deje...
Los primeros deja,
Y vamos á lo segundo,
Que pues estás tan resuelta,
No te quiero aconsejar,
Sino saber lo que intentas.
Intento, amiga, que tú,
Pues te he fiado mis penas,
Me des lugar para irme.
De aquí, porque cuando vuelva
Mi padre aquí no me halle
Y me haga casar por fuerza;
Que yo me iré desde aquí
A buscar en una celda
Un rincon que me sepulte,
Donde llorar mis tragedias
Y donde sentir mis males.
Lo que de mi vida resta;
Que quizás allí escondida
No sabrá de mí mi estrella.
Sí, pero sabrá de mí
La mia, y por darte puertas,
Vendrá á estrellarse conmigo
Mi señor, cuando lo sepa,
Y seré yo la estrellada,
Por no ser tú la estrellera.
Amiga, haz esto por mí,
Y seré tu esclava eterna,
Por ser la primera cosa
Que te pido.
Aunque lo sea,
Que á la primera que haga
Pagaré con las setenas.
Pues, vive el cielo! enemiga,
Que si salir no me dejas,
He de matarme y matarte.
Cel. (Ap.)--Chispas! y qué rayos echa!
Mas ¿qué fuera, Jesus mio,
Si aquí conmigo envistiera?
¿Qué haré? Pues si no la dejo
Ir, y á ser señora llega
De casa, ¿quién duda que
Le tengo de pagar esta?
Y si la dejo salir,
Con mi amo habrà la mesma
Dificultad. Hora bien,
Mejor es entretenerla
Y avisar á mi señor
De lo que su dama intenta,
Que sabiéndolo, es preciso
Que salga él á defenderla,
Y yo quedo bien con ambos;
Pues con esta estratagema
Ella no queda ofendida,
Y él obligado me queda.
Y en hacerlo tan resuelta
Estás, ve á ponerte el manto,
Que yo guardaré la puerta.
(A Leo.)--Señora, si has dado en eso
La vida, Celia, me has dado.
Soy de corazon muy tierna,
Y no puedo ver llorar
Sin hacerme una manteca.
A ponerme el manto voy.
(Váse Leonor.)
Anda, pues, y vuelve á priesa,
Que te espero. No haré tal,
Sino cerraré la puerta
E iré á avisar á Marsilio
Que se le va Melisendra. (Váse.)
(Sale don Juan.)
Con la llave del jardin
Que dejó en mi poder Celia,
Para ir á lograr mis dichas
Quiero averiguar mis penas.
¡Qué mal dije averiguar,
Pues á lo que es evidencia
No se puede llamar duda!
Pluguiera á Dios estuvieran
Mis celos y mis agravios
En estado de sospecha!
Mas ¿cómo me atrevo, cuando
Es contra mi honor mi ofensa,
Sin ser cierta mi venganza,
Hacer mi deshonra cierta?
Si solo basta á ofenderme
La presuncion, ¿cómo piensa
Mi honor que puede en mi agravio
La duda ser evidencia,
Cuando la evidencia misma
Del agravio en la nobleza,
Siendo certidumbre falsa,
Se hace duda verdadera?
Que como al honor le agravia
Solamente la suspecha,
Hará cierta su deshonra
Quien la verdad juzga incierta
Pues si es así, ¿cómo yo
Imagino que hay quien pueda
Ofenderme, si aun en duda
No consiento que me ofenda?
Aquí oculto esperaré
A que mi contrario venga,
Que quien del estado en que
Está su correspondencia
Duda, que vendrá de noche
Quien de dia sale y entra.
Yo quiero entrar á esperarlo;
Honor, mi venganza alienta. (Váse.)
[Salen don Cárlos y Castaño con un envoltorio.]
Por mas que he andado la casa,
No he podido dar con ella,
Y vengo desesperado.
Pues, señor, ¿de ver no echas
Que están las puertas cerradas
Que á esotro cuarto atraviesan,
Por el temor de doña Ana,
De que su hermano te vea,
O porque á Leonor no atisbes?
Y para haceros por fuerza
Casar, doña Ana y su hermano
Nos han cerrado entre puertas?
Castaño, yo estoy resuelto
A que don Rodrigo sepa
Que soy quien sacó á su hija,
Y quien ser su esposo espera;
Que pues por pensar que fué
Don Pedro, dársela intenta,
Tambien me la dará á mí
Cuando la verdad entienda
De que fuí quien la robó.
Famosamente lo piensas;
Pero ¿cómo has de salir,
Si doña Ana es centinela
Que no se duerme en las pajas?
Fácil, Castaño, me fuera
El salir contra su gusto,
Que no estoy yo de manera
Que tengan lugar de ser
Tan comedidas mis penas.
Solo lo que me embaraza
Y mi valor desalienta
Es el irme de su casa
Dejando á Leonor en ella,
Donde á cualquier novedad
Puede importar mi presencia;
Y así he pensado que tú
Salgas, pues aunque te vean
No hará ninguno el reparo
En tí que en mí hacer pudiera;
Y este papel que ya escrito
Traigo, con que le doy cuenta
A don Rodrigo de todo,
Le llevas.
¡Ay santa Tecla!
Pues ¿cómo quieres que vaya?
Y ves aquí que me pesca
En la calle la justicia
Por cómplice en la tormenta
De la herida de don Diego,
Y aunque tú el agresor seas,
Porque te ayudé en el ruido,
Pague in solidum la ofensa.
Este es mi gusto, Castaño.
Sí, mas no es mi conveniencia.
Vive el cielo, que has de ir.
Señor, ¿y es muy buena cuenta,
Por cumplir el juramento
De que el viva, que yo muera?
¿Ahora burlas, Castaño?
Antes ahora son veras.
¿Qué es esto, infame? ¿tú tratas
De apurarme la paciencia?
Vive Dios, que has de ir ó aquí
Te he de matar!
Señor, suelta,
Que eso es muy ejecutivo,
Y en esotro hay contingencia;
Dame el papel que yo iré.
Tómalo y mira que vuelvas
A priesa, por el cuidado
En que estoy.
Dame licencia,
Señor, de contarte un cuento,
Que viene aquí como piedra
En el ojo de un vicario,
Que debe de ser cantera.
Salió un hombre á torear,
Y á otro un caballo pidió,
El cual, aunque lo sintió,
No se lo pudo negar.
Salió, y el dueño al mirallo,
No pudiéndolo sufrir,
Le enviò un recaudo á decir
Que le cuidase el caballo,
Porque valia un tesoro;
Y el otro muy sosegado
Respondió: Aquese recado
No viene á mí, sino al toro.
Tú eres así ahora que
Me remites á un paseo,
De donde, aunque lo deseo,
No sé yo si volveré.
Y lo que me causa risa,
Aun estando tan penoso,
Es que siendo tan dudoso,
Me mandas que venga á prisa;
Y asì ahora te digo
Como el otro toreador,
Que ese recado, señor,
Le envies á don Rodrigo.
(Sale Celia.)
Señor don Cárlos, mi ama
Os suplica vais á verla
Al jardin luego al instante,
Que tiene cierta materia
Que tratar con vos, que importa,
Decid que ya á obedecerla
Voy. (A Cast.)--Has tù lo que he mandado.
(Vánse don Cárlos y Celia)
Yo bien no hacerlo quisiera,
Si me valiera contigo
El hacer yo la deshecha.
¡Válgame Dios! ¿Con qué traza
Yo á don Rodrigo le diera
Aqueste papel sin que él
Ni alguno me conociera?
Quien fuera aquí Garatusa,
De quien en las Indias cuentan
Que hacía muchos prodigios;
Que yo, como nací en ellas
Le he sido siempre devoto
Como á santo de mi tierra.
¡Oh tú, cualquier que hayas sido!
¡Oh tú, cualquiera que seas!
Bien esgrimas abanico
O bien arrastres contera,
Inspírame alguna traza
Que de Calderon parezca,
Con qué salir de este empeño.
Pero ¡tate! en mi conciencia,
Que ya he topado el enredo.
Leonor me dió unas polleras
Y unas joyas que trajese,
Cuando quiso ser Elena
De este Páris boquirubio,
Y las tengo aquí bien cerca,
Que me han servido de cama;
Pues si yo me visto de ellas
¿Habrá en Toledo tapada
Que á mí en garbo se parezca?
Pues hora bien, yo las saco;
Vayan estos trapos fuera.
Lo primero aprisionar
Me conviene la melena,
Porque quitará mil vidas
Si le doy tantica suelta.
Con este paño pretendo
Abrigarme la mollera;
Si como quiero la pongo,
Será gloria ver mi pena.
Ahora entran las basquiñas.
¡Jesus! y qué rica tela!
No hay duda que me está bien,
Porque como soy morena
Me está del cielo lo azul.
Y esto ¿qué es? Joyas son estas;
No me las quiero poner,
Que ahora voy de revuelta.
Un serenero he topado
En aquesta faltriquera;
Tambien me le he de plantar:
Cúbrame esta pechuguera.
El soliman me hace falta,
Pluguiese á Dios y le hubiera,
Que una manica de gato
Sin duda me la pusiera;
Pero no, que es un ingrato,
Y luego en cara me diera.
¿La color? No me hace al caso,
Que en este empeño de fuerza
Me han de salir mil colores,
Por ser dama de vergüenza.
¿Qué les parece, señoras,
Este encaje de Valencia?
Ni puesta con sacristanes
Pudiera estar mas bien puesta.
Es cierto que estoy hermosa;
¡Dios me guarde, que estoy bella!
Cualquier cosa me está bien,
Porque el molde es rara pieza.
Quiero acabar de aliñarme,
Que aun no estoy dama perfecta:
Los guantes, aquesto sí,
Porque las manos no vean,
Que han de ser las de Jacob,
Con que á Esaú me parezca.
El manto lo vale todo;
Échomele en la cabeza.
¡Válgame Dios! cuánto encubre
Esta telilla de seda,
Que ni hay foso que así guarde,
Ni muro que así defienda,
Ni ladron que tanto encubra,
Ni paje que tanto mienta,
Ni gitano que así engañe,
Ni logrero que así venda.
Un trasunto el abanillo
Es de mi garbo y belleza;
Pero si me da tanto aire,
¿Qué mucho á mí se parezca?
Dama habrá en el auditorio
Que diga á su compañera:
Mariquita, aqueste bobo
Al tapado representa.
Pues atencion, mis señoras,
Que es paso de la comedia,
No piensen que son embustes
Fraguados acá en mi idea,
Que yo no quiero engañarlas,
Ni ménos á Vue Excelencia.
Ya estoy armado, y ¿quién duda
Que en el punto que me vean
Me sigan cuatro mil lindos,
De aquesos que galantean
A salga lo que saliere,
Y que á bulto se amartelan,
No de la belleza que es,
Sino de la que ellos piensan?
Vaya, pues, de damería,
Menudo el paso, derecha
La estatura, airoso de brio,
Inclinada la cabeza
Un si es no es al un lado,
La mano en el manto envuelta,
Con el un ojo recluso
Y con el otro de fuera;
Y vamos ya, que encerrada
Se malogra mi belleza.
Temor llevo de que alguno
Me enamore.
(Quítase capa, espada y sombrero.)
(Va á salir y encuentra á don Pedro.)
Leonor bella,
¿Vos con manto y á estas horas?
Oh! qué bien me dijo Celia
De que irse á un convento quiere!
¿A dónde vais con tal priesa?
[Ap.] ¡Vive Dios! que por Leonor
Me tiene; yo la he hecho buena
Si él me quiere descubrir.
¿De qué estais, Leonor, suspensa?
¿A dónde vas Leonor mia?
(Ap.) ¿Oigan lo que Leonores?
Mas, pues por Leonor me traga,
Yo quiero fingir ser ella,
Que quizá atiplando el habla,
No me entenderá la letra.
¿Por qué no me hablais, señora?
¿Aun no os merece respuesta
Mi amor? ¿Por qué de mi casa
Os quereis ir? ¿Es ofensa
El adoraros tan fino,
El amaros tan devéras,
Que sabiendo que á otro amais,
Está mi atencion tan cierta
De vuestras obligaciones,
Vuestro honor y vuestras prendas,
Que casarme determino,
Sin que ningun riesgo tema?
Que en vuestra capacidad
Bien sé que tendrá mas fuerza,
Para mirar por vos misma,
La obligacion que la estrella.
¿Es posible que no os mueve
Mi afecto ni mi nobleza,
Mi hacienda ni mi persona
A verme ménos severa?
¿Tan indigno soy, señora,
Y doy caso que lo sea,
No me darán algun garbo
La gala de mis finezas?
¿No es mejor para marido,
Si lo consideras cuerda,
Quien no galan os adora,
Que quien galan os desprecia?
(Ap.) ¡Gran cosa es el ser rogada!
Ya no me admira que sean
Tan soberbias las mujeres;
Porque no hay que ensoberbezca
Cosa como el ser rogadas.
Ahora bien, de vuelta y media
He de poner á este tonto.
La causa por qué me voy,
Pero ya decirla es fuerza:
Yo me voy porque me mata
De hambre aquí vuestra miseria;
Porque vos sois un cuitado,
Vuestra hermana es una suegra,
Las criadas unas tías,
Los criados unos bestias;
Y yo de aquesto enfadada
En casa una pastelera
A merendar garapiñas
Voy.
(A d. Ped.)--Don Pedro, negar quisiera
(Ap.) ¡Qué palabras son estas!
Y qué estilo tan ageno
Del ingenio y la belleza
De doña Leonor. Señora,
Mucho estraña mi fineza
Oiros dar de mi familia
Unas tan indignas quejas;
Que si quereis deslucirme
Bien podeis de otra manera,
Y no con tales palabras,
Que á vos misma mal os dejan.
Digo que me matan de hambre;
¿Es aquesto lengua griega?
No es griega, señora, pero
No entiendo en vos esa lengua.
Pues si no entendeis así,
Entended de esta manera.
(Quiere irse.)
Tened, que no habeis de iros,
Ni es bien que yo lo consienta,
Porque á vuestro padre he dicho
Que estais aquí, y así es fuerza
En cualquiera tiempo darle
De vuestra persona cuenta.
Que cuando vos no querais
Casaros, haciendo entrega
De vos quedaré bien puesto,
Viendo que la resistencia
De casarse, de mi parte
No está, sino de la vuestra.
Don Pedro, vos sois un necio,
Y esta es ya mucha licencia
De querer vos impedir
A una mujer de mis prendas
Que salga á matar su hambre.
[Ap.] ¡Posible es, cielos, que aquestas
Son palabras de Leonor!
Vive Dios, que pienso que ella
Se finge necia, por ver
Si con esto me despecha,
Y me dejo de casar.
¡Cielos! que así me aborrezca!
Y que conociendo aquesto
¿Esté mi pasion tan ciega
Que no pueda reducirse?
Bella Leonor, ¿qué aprovecha
El fingiros necia, cuando
Sé yo que sois tan discreta?
Pues ántes á enamorarme
Sirve mas la diligencia,
Viendo el primor y cordura
De saber fingiros necia.
(Ap.) ¡Notable aprieto, por Dios!
Yo pienso que aquí mi fuerza....
Mejor es mudar de estilo
Para ver si así me deja.
Don Pedro, yo soy mujer
Que sé bien dónde me aprieta
El zapato, y pues he visto
Que dura vuestra fineza
A pesar de mis desaires,
Yo quiero dar una vuelta
Y mudarme al otro lado,
Siendo aquesta noche mesma
Vuestra esposa.
¿Qué decis,
Señora?
Que seré vuestra
Como dos y dos son cuatro.
No lo digais tan á priesa,
No me mate la alegría,
Ya que no pudo la pena.
Pues no, señor, no os murais
Por amor de Dios, siquiera
Hasta dejarme un muchacho
Para que herede la hacienda.
¿Pues eso mirais, señora?
No sabeis que toda es vuestra?
¡Válgame Dios! yo me entiendo:
Bueno será tener prendas.
Esa será dicha mia.
Mas, señora, ¿hablais de véras
O me entreteneis la vida?
Pues ¿soy yo farandulera?
Palabra os doy de casarme,
Si ya no es que por vos queda.
¿Por mí? ¿tal decis, señora?
¿Qué apostamos que si llega
El caso queda por vos?
No así agravieis mi fineza!
Pues dadme palabra aquí
De que si os haceis afuera
No me habeis de hacer á mí
Algun daño.
Que os lo ofrezca
¿Qué importa, supuesto que
Es imposible que pueda
Desistirse mi cariño?
Mas permitid que merezca
De que quereis ser mi esposa
Vuestra hermosa mano en prendas.
(Ap.) Llegó el caso de Jacob.
(A d. Ped.)--Catad aquí toda entera.
Pues ¿con guante me la dais?
Sí, porque la tengo enferma.
Pues ¿qué teneis en las manos?
Hiciéronme mal en ellas
En una visita un dia,
Y ni han bastado recetas
De hieles ni jaboncillos
Para que á su albura vuelvan.
(Dentro don Juan.)
¡Muere á mis manos, traidor!
Oye! ¿qué voz es aquella?
(Dentro don Cárlos.)
Tú morirás á las mias,
Pues buscas tu muerte en ellas!
¡Vive Dios, que es en mi casa!
(Salen riñendo don Cárlos y don Juan, y doña Ana deteniéndolos.)
Caballeros, deteneos;
Mas mi hermano... ¡yo estoy muerta!
Mas ¿si por mí se acuchillan
Los que mi beldad festejan?
¿En mi casa y á estas horas
Con tan grande desvergüenza
Acuchillarse dos hombres?
Mas yo vengaré esta ofensa
Dándoles muerte, y mas cuando
Es don Cárlos quien pelea.
¿Quién pensara (¡ay infelice!)
Que aquí mi hermano estuviera?
Don Pedro está aquí, y por él
A mí nada se me diera;
Pero se arriesga doña Ana,
Que es solo por quien me pesa.
[Ap.] Aquí ha sido la de Orán;
Mas yo apagaré la vela,
Quizá con esto tendré
Lugar de tomar la puerta,
Que es solo lo que me importa.
(Apaga Castaño la vela y riñen todos.)
Aunque hayais muerto la vela
Por libraros de mis iras,
Poco importa, que aunque sea
A oscuras sabré mataros.
Famosa ocasion es esta
De que yo libre á doña Ana;
Pues por ampararme atenta
Está arriesgada su vida.
(Sale Leonor con manto.)
¡Ay Dios! aquí dejé á Celia,
Y ahora solo escucho espadas,
Y voy pisando tinieblas.
¿Qué será? ¡Válgame Dios!
Pero lo que fuere sea,
Pues á mí solo me importa
Ver si topo con la puerta.
(Topa á don Cárlos.)
Esta es sin duda doña Ana.
Señora, venid á priesa
Y os sacaré de este riesgo.
¿Qué esto? un hombre me lleva;
Mas como de aquí me saque,
Con cualquiera voy contenta,
Que si él me tiene por otra,
Cuando en la calle me vea
Podrá dejarme ir á mí
Y volver á socorrerla.
No tengo cuidado yo
De que sepa la pendencia
Mi hermano, y mas cuando ha visto
Que es don Cárlos quien pelea,
Y diré que es por Leonor;
Solamente me atormenta
El que se arriesgue don Cárlos.
¡Oh quién toparlo pudiera
Para volverlo á esconder!
¡Quien mi honor agravia, muera!
¡Que haya yo perdido el tino
Y no tope con la puerta!
Mas aquí juzgo que está.
¡Jesus! ¿qué es esto? Alacena
En que me he dado de hocicos
Y quebrado dos docenas
De vidrios y de redomas,
Que envidiando mi belleza
Me han pegado redomazo.
Ruido he sentido en la puerta,
Sin duda alguna se va
Don Juan porque no lo vean
Ni lo conozca mi hermano,
Y ya dos solos pelean.
¿Cuál de ellos será don Cárlos?
(Llega doña Ana á don Juan)
La puerta sin duda es esta,
Vamos, señora, de aquí.
[Váse don Cárlos con Leonor]
Morirás á mi violencia.
Mi hermano es aquel, y aqueste
Sin duda es Cárlos. Apriesa,
Señor, yo os ocultaré.
Esta es doña Ana, é intenta
Ocultarme de su hermano;
Preciso es obedecerla.
[Váse doña Ana con don Juan.]
¿Dónde os ocultais, traidores,
Que mi espada no os encuentra?
¡Hola! traed una luz.
(Sale Celia con luz.)
Señor ¿qué voces son estas?
¿Qué ha de ser? Pero ¡qué miro!
Hallando abierta la puerta
Se fueron; mas si Leonor
(Que sin duda entró por ella
Aquí don Cárlos) está
En casa, ¿qué me da pena?
Mas bien será averiguar
Cómo entró. Tú, Leonor, entra
A recogerte, que voy
A que aquí tu padre venga,
Porque quiero que esta noche
Queden nuestras bodas hechas.
[Ap.] Tener hechas las narices
Es lo que ahora quisiera.
[Váse Castaño y cierra don Pedro la puerta.]
Encerrar quiero á Leonor
Por si acaso fué cautela
Haberme favorecido.
Yo la encierro por de fuera,
Porque si acaso lo finge
Se haga la burla ella mesma.
Yo me voy á averiguar
Quien fuese el que por mis puertas
Le dió entrada á mi enemigo,
Y por qué era la pendencia
Con Cárlos y el embozado.
Y pues ántes que los viera,
Los vió mi hermana y salió
Con ellos, saber es fuerza
Cuándo á reñir empezaron
Dónde ó cómo estaba ella.
(Váse don Pedro y sale don Rodrigo con Hernando)
Esto, Hernando, he sabido,
Que don Diego está herido,
Y que lo hirió quien á Leonor llevaba,
Cuando en la calle estaba;
Por él la conoció y quitarla quiso,
Con que le fué preciso
Reñir, y la pendencia ya trabada,
El que á Leonor llevaba, una estocada
Le dió de que quedó casi difunto
Y luego al mismo punto
Cargado hasta su casa le llevaron,
Donde luego que entraron,
En sí volvió don Diego;
Pero advirtiendo luego
En los que le llevaron apiadados,
Conoció de don Pedro ser criados;
Porque sin duda, Hernando, fué el llevalle
Por escusar el ruido de la calle.
Mira qué bien viene esto que ha pasado,
Con lo que esta mañana me ha afirmado,
De que Leonor fué solo á ver su hermana,
Y que yo me detenga hasta mañana
Para ver si Leonor casarse quiere,
De donde bien se infiere
Que de no hacerlo trata,
Y que con estas largas lo dilata.
Mas yo vengo resuelto,
Que á esto á su casa he vuelto,
A apretarle de suerte
Que ha de casarse, ó le he de dar la muerte.
Harás muy bien, señor, que la dolencia
De honor se ha de curar con diligencia;
Porque el que lo dilata neciamente
Viene á quedarse enfermo eternamente.
(Sale don Cárlos con Leonor tapada)
No teneis ya que temer,
Doña Ana hermosa, el peligro.
¡Cielos! que me traiga Cárlos
Pensando [ah fiero enemigo!]
Que soy doña Ana? ¿Qué mas
Claros busco los indicios
De que la quiere?
D. Cár. (Ap.)--¿En qué empeño
Me he puesto, cielos divinos!
Que por librar á doña Ana
Dejo á Leonor en peligro.
¿A dónde podré llevarla
Para que pueda mi brio
Volver luego por Leonor?
Pero hácia aquí un hombre miro.
¿Quién va?
¿Es don Cárlos?
Yo soy.
(Ap.) ¡Válgame Dios! don Rodrigo
Es, ¿á quién podré mejor
Encomendar el asilo
Y el amparo de doña Ana?
Que con su edad y su juicio
La compondrá con su hermano
Con decencia, y yo me quito
De aqueste embarazo, y vuelvo
A ver si puedo atrevido
Sacar mi dama. Señor
Don Rodrigo, en un conflicto
Estoy, y vos podeis solo
Sacarme de él.
¿En qué os sirvo,
Don Cárlos?
Aquesta dama
Que traigo, señor, conmigo
Es la hermana de don Pedro,
Y en un lance fué preciso
El salirse de su casa,
Por correr su honor peligro.
Yo ya veis que no es decente
Tenerla, y así os suplico
La tengais en vuestra casa,
Miéntras yo á otro empeño asisto.
Don Cárlos, yo la tendré;
Claro está que no es bien visto
Tenerla vos, y á su hermano
Hablaré, si sois servido.
Hareisme mucho favor,
Y así yo me voy. (Váse)
[Ap.] ¿Qué miro?
¡A mi padre me ha entregado!
Hernando, yo he discurrido
Y voy á ver á don Pedro,
Pues Cárlos hizo lo mismo,
Que él sacándole á su hermana,
Que ya por otros indicios
Sabia yo que la amaba,
Valerme de este motivo,
Tratando de que la case,
Porque ya como de hijo
Debo mirar por su honor,
Y él quizá mas reducido,
Viendo en peligro su honor,
Querrà remediar el mio.
Bien has dicho, y me parece
Buen modo de constreñirlo
El no entregarle á su hermana,
Hasta que él haya cumplido
Con lo que te premetió.
Pues yo entro; venid conmigo,
Señora, y nada temais
De riesgo, que yo me obligo
A sacaros bien de todo.
[Ap.] A casa de mi enemigo
Me vuelve á meter mi padre,
Y ya es preciso seguirlo,
Pues descubrirme no puedo.
Pero allí á don Pedro miro.
Vos, señora, con Hernando
Os quedad en este sitio,
Miéntras hablo á vuestro hermano.
(Ap.) ¡Cielos! vuestro influjo impio
Mudad, ó dadme la muerte;
Pues me será mas benigno
Un fin breve, aunque es atroz,
Que un prolongado martirio.
Pues yo me quiero llegar.
(Sale don Pedro.)
Que saber no haya podido
Mi enojo quien en mi casa
Le dió entrada á mi enemigo,
Ni haya encontrado á mi hermana,
Mas buscarla determino
Hácia el jardin, que quizá
Temerosa del ruïdo
Se vino hácia aquesta cuadra.
Yo voy; pero don Rodrigo
Está aquí; á buen tiempo viene,
Pues que ya Leonor me ha dicho
Que gusta de ser mi esposa.
Seais, señor, bien venido,
Que á no haber venido vos,
En aqueste instante mismo
Habia yo de buscaros.
La diligencia os estimo.
Sentémonos, que tenemos
Mucho que hablar.
(Ap.) Ya colijo,
Que á lo que podrá venir
Resultará en gusto mio.
Bien habreis congeturado
Que lo que puede, don Pedro,
A vuestra casa traerme
Es el honor, pues le tengo
Fiado á vuestra palabra;
Que aunque sois tan caballero,
Miéntras no os casais está
A peligro siempre expuesto;
Y bien veis que no es alhaja
Que puede en un noble pecho
Permitir la contingencia,
Porque es un cristal tan terso
Que sino le quiebra el golpe,
Le empeña solo el aliento.
Esto habreis pensado vos,
Y hareis bien en pensar esto;
Pues tambien esto me trae...
Mas no es esto á lo que vengo
Principalmente, porque
Quiero con vos tan atento
Proceder, que conozcais
Que teniendo de por medio
El cuidado de mi hija
Y de mi honor el empeño,
Con tanta cortesania
Procedo con vos, que puedo
Hacer mi honor accesorio
Por poner primero el vuestro,
Ved si puedo hacer por vos
Mas, aunque tambien concedo
Que esta es conveniencia mia;
Que habiendo de ser mi yerno,
El quereros ver honrado
Resultará en mi provecho.
Ved vos cuán celoso soy
De mi honor, y con qué estremo
Sabré celar mi opinion,
Cuando así la vuestro celo.
Supuesto esto, ya sabeis
Vos que don Cárlos de Olmedo,
De mas del lustre heredado
De su noble nacimiento...
(Ap.) A don Cárlos me ha nombrado;
¿Dónde irá á parar aquesto?
Y el no hablar de que me case...
Sin duda sabe el suceso
De que la sacó don Cárlos.
¡Hoy la vida y honra pierdo!
El color habeis perdido,
Y no me admiro, que oyendo
Cosas tocantes á honor,
No fuerais noble ni cuerdo
Ni honrado, sino mostráreis
Ese noble sentimiento.
Mas pues de lances de amor
Teneis en vos el ejemplo,
Y que vuestra propia culpa
Honesta el delito ageno,
No teneis de qué admiraros
De lo mismo que habeis hecho.
(Sale doña Ana al paño.)
Don Rodrigo con mi hermano
Está; desde aquí pretendo
Escuchar á lo que vino,
Que como á don Cárlos tengo
Oculto, y lo vió mi hermano,
Todo lo dudo y lo temo.
Digo, pues que aunque ya vos
Enterado estareis de esto,
Don Cárlos á vuestra hermana
Hizo lícitos festejos,
Correspondióle doña Ana;
No fué mucho, pues lo mesmo
Sucedió á Leonor con vos.
(Ap.) ¿Qué es esto? [¡válgame el cielo!]
¿Don Cárlos quiere á mi hermana?
¿Cómo llegar á saberlo
Ha podido don Rodrigo?
Digo, por no deteneros
Con lo mismo que sabeis,
Que viéndose en el aprieto
De haberlo ya visto vos
Y de estar con él riñendo,
La sacó de vuestra casa.
¿Qué es lo que decis?
Lo mesmo
Que vos sabeis y lo propio
Que hicísteis vos; pues es bueno
Que me hicierais vos á mí
La misma ofensa, yo cuerdo
Venga á tratarlo, y que vos
(Sin ver que permita el cielo
Que veamos por nosotros
La ofensa que á otros hacemos)
Os mostrais tan alterado.
Tomad, hijo, mi consejo,
Que en las dolencias de honor
No todas veces son buenos,
Ni bastan solo süaves,
Los medicamentos recios,
Que ántes suelen hacer daño;
Pues cuando está malo un miembro,
El experto cirujano
No luego le aplica el hierro
Y corta lo dolorido,
Sino que aplica primero
Los remedios lenitivos;
Que acudir á los cauterios
Es cuando se reconoce
Que ya no hay otro remedio.
Hagamos lo mismo acá:
Don Cárlos me ha hablado de ello.
Doña Ana se fué con él,
Y yo en mi poder la tengo.
Ellos lo han de hacer sin vos,
Pues ¿no es mejor, si han de hacerlo,
Que sea con vuestro gusto,
Haciendo cuerdo y atento
Voluntario lo preciso?
Que es industria del ingenio
Vestir la necesidad
De los visos del afecto.
Aqueste es mi parecer,
Ahora consultad cuerdo
A vuestro honor, y vereis
Si os está bien el hacerlo.
Y en cuanto á lo que á mí toca,
Sabed que vengo resuelto
A que os caseis esta noche;
Pues no hay por qué deteneros.
Cuando vengo de saber
Que á mi sobrino don Diego
Dejásteis herido anoche,
Porque llegó à conoceros,
Y á Leonor quiso quitaros.
Ved vos cuan mal viene aquesto
De que vos no la sacasteis.
Y en suma, este es largo cuento,
Pues solo con que os caseis
Queda todo satisfecho.
Dª. Ana.-Temblando estoy qué responde
Mi hermano; mas yo no encuentro
Qué razon pueda mover
A fingir estos enredos
A don Rodrigo.
Señor,
Digo, en cuanto á lo primero,
Que el decir que no saqué
A Leonor, fué fingimiento,
Que me debió decoroso
Mi honor y vuestro respeto,
Y pues solo con casarme
Dices que quedo bien puesto,
A la beldad de Leonor
Oculta aquel aposento,
Y ahora en vuestra presencia
Le daré de esposo y dueño
La mano; pero sabed
Que me habeis de dar primero
A doña Ana, para que
Siguiendo vuestro consejo
La despose con don Cárlos
Al instante. [Ap.] Pues con esto
Seguro de este enemigo
De todas maneras quedo.
¡Oh, qué bien que se conoce
Vuestra nobleza y talento!
Voy á que entre vuestra hermana,
Y os doy las gracias por ello.
(Sale doña Ana)
No hay para que, don Rodrigo,
Pues para dar las que os debo
Estoy yo muy prevenida.
Y á tí, hermano, aunque merezco
Tu indignacion, te suplico
Que examines por tu pecho
Las violencias del amor,
Y perdonarás con esto
Mis yerros, si es que lo son
Siendo tan dorados yerros.
Alza del suelo, doña Ana,
Que hacerse tu casamiento
Con mas decencia pudiera,
Y no poniendo unos medios
Tan indecentes.
Dejad
Aqueso, que ya no es tiempo
De reprension, enviad
Un criado de los vuestros
Que á buscar vaya á don Cárlos.
No hay que enviarlo, supuesto
Que como á mi esposo, oculto
Dentro mi cuarto le tengo.
Pues sácale luego al punto.
¡Con qué gusto te obedezco!
Que al fin mi amante porfia
Ha logrado sus deseos! [Váse]
Celia.
[Sale esta.]
¿Qué me mandas?
Toma
La llave de ese aposento
Y avisa á Leonor que salga.
¡Oh amor! que al fin de mi anhelo
Has dejado que se logren
Mis amorosos intentos!
Pues me tienen por doña Ana,
Entrarme quiero allá dentro
Y librarme de mi padre,
Que es el mas próximo riesgo;
Que despues para librarme
De la instancia de don Pedro,
No faltarán otros modos.
Mas subir á un hombre veo
La escalera. ¿Quién será?
[Salen don Cárlos]
A todo trance resuelto
Vengo á sacar á Leonor
De este indigno cautiverio;
Que supuesto que doña Ana,
Está ya libre de riesgo,
No hay por qué esconder la cara
Mi valor, y ¡vive el cielo!
Que la tengo de llevar,
O he de salir de aquí muerto.
[Pasa don Cárlos junto á Leonor]
Cárlos es [válgame Dios!]
Y de cólera tan ciego
Va que no reparó en mí;
Pues ¿á qué vendrá, supuesto
Que me llevó á mí, pensando
Que era yo doña Ana? ¡Ah cielos!
¡Que me hayais puesto en aquesto!
¡Que estos ultrages consiento!
Mas si acaso conoció
Que dejaba en el empeño
A su dama y á librarla
Viene ahora.... Yo me acerco
Para escuchar lo que dice.
Don Pedro, cuando yo entro
En casa de mi enemigo,
Mal puedo usar de lo atento.
Vos me teneis....Mas ¿qué miro?
¿Don Rodrigo aquí?
Teneos,
Don Cárlos, y sosegaos,
Porque ya todo el empeño
Está ajustado, ya viene
En vuestro gusto don Pedro;
Y pues á él se lo debeis,
Desde el agradecimiento,
Que yo el parabien os dé
De veros felice dueño
De la beldad que adorais,
Que goceis siglos eternos.
[Ap.] ¿qué es esto? Sin duda ya
Se sabe todo el suceso,
Porque Castaño el papel
Debió de dar ya, y sabiendo
Don Rodrigo que fui yo
Quién la sacó, quiere cuerdo
Portarse y darme á Leonor;
Y sin duda ya don Pedro,
Viendo tanto desengaño,
Se desiste del empeño.
Señor, palabras me faltan
Para poder responderos;
Mas válgame lo dichoso
Para disculpar lo necio;
Que en tan no esperada dicha,
Como la que yo merezco,
Si no me volviera loco,
Estuviera poco cuerdo.
Mirad, si os lo dije yo...
Quiérela con grande estremo.
¡Qué es esto, cielos! ¡qué escucho!
¡Qué parabienes son estos,
Ni qué dichas de don Cárlos!
Aunque debierais atento
Averos de mí valido,
Supuesto que gusta de ello
Don Rodrigo, cuyas canas
Como de padre venero,
Yo me tengo por dichoso
En que tan gran caballero
Se sirva de honrar mi casa.
Ya no tengo sufrimiento;
No ha de casarse el traidor.
(Sale doña Leonor con manto.)
Señora, á muy lindo tiempo
Venis; mas ¿por qué os habeis
Otra vez el manto puesto?
Aquí está ya vuestro esposo.
Don Cárlos, los cumplimientos
Basten ya: dadle la mano
A doña Ana.
¿A quién? ¿qué es esto?
A doña Ana vuestra esposa.
¿De qué os turbais?
¡Vive el cielo!
Que este es engaño y traicion.
¿Yo á doña, Ana?
(Ap.) ¡Albricias, cielos!
Que ya desprecia á doña Ana!
Don Rodrigo ¿qué es aquesto?
¿Vos de parte de don Cárlos
No venisteis al concierto
De mi hermana?
Claro está,
Y fué porque Cárlos mesmo
Me entregó á mí vuestra hermana
Que la llevaba, diciendo
Que la sacaba, porque
Corria su vida riesgo.
Señora, ¿no fué esto así?
Sí, señor, y yo confieso
Que soy esposa de Cárlos,
Como vos vengais en ello.
Muy mal, señora doña Ana,
Habeis hecho en exponeros
A tan público desaire,
Como por fuerza he de haceros;
Pero pues vos me obligais
A que os hable poco atento,
Quien me busca exasperado,
Me quiere sufrir grosero,
Si mejor á vos que á alguno
Os consta que yo no puedo
Dejar de ser de Leonor.
¿De Leonor? ¿qué? ¿cómo es esto?
¿Qué Leonor?
De vuestra hija.
¿De mi hija? Bien por cierto,
Cuando es de don Pedro esposa.
Antes que logre el intento
Le quitaré yo la vida.
Ya es mucho mi sufrimiento,
Pues en mi presencia os sufro
Que atrevido y desatento
A mi hermana desaireis,
Y pretendais á quien quiero.
(Empuñan las espadas, y sale doña Ana con don Juan de la mano, y por la otra puerta Celia y Castaño de dama.)
A tus pies mi esposo y yo,
Hermano... pero ¿qué veo?
A don Juan es á quien traigo!
Que, en el rostro el ferreruelo,
No le habia conocido.
Doña Ana, pues ¿cómo es esto?
Señor, aquí está Leonor.
¡Oh hermoso divino dueño!
Allá vereis la belleza;
Mas yo no puedo de miedo
Moverme; pero mi amo
Está aquí, ya nada temo,
Porque él me defenderá.
Yo dudo lo que estoy viendo.
Don Cárlos, pues ¿no es doña Ana
Esta dama que vos mesmo
Me entregasteis, y con quien
Os casais?
Es manifiesto
Engaño, que yo á Leonor
Solamente es á quien quiero.
Acabe este desengaño
Con mi pertinaz intento;
Y pues el ser de don Juan
Es ya preciso, yo esfuerzo
Cuanto puedo que le estimo,
Que en efecto es ya mi dueño.
Don Rodrigo, ¿qué decis?
¿Qué Cárlos? Que no lo entiendo,
Y solo sé que don Juan,
Desde Madrid, en mi pecho
Tuvo el dominio absoluto
De todos mis pensamientos.
Don Pedro, yo á vuestros pies
Estoy.
Yo soy el que debo
Alegrarme, pues con vos
Uno la amistad al deudo,
Y así porque nuestras bodas
Se hagan en un mismo tiempo,
Dadle la mano á doña Ana,
Que yo á Leonor se la ofrezco.
[Llégase á Castaño]
Antes os daré mil muertes!
Miren aquí si soy bello,
Pues por mí quieren matarse!
Dame, soberano objeto
De mi rendido albedrío,
La mano.
Sí, que os la tengo,
Para dárosla mas blanca,
Un año en guantes de perro.
(Descúbrese Leonor)
Tente, Cárlos, que yo quedo
Demas, y seré tu esposa;
Que aunque me hiciste desprecios,
Soy yo de tal condicion,
Que mas te estimo por ellos.
¡Mi bien, Leonor! ¡que tú eras!
¿Qué es esto? ¿por dicha sueño?
Leonor está aquí y allí.
No sino, que viene á cuento
Lo de: Nos sois vos Leonor.
Pues ¿quién eres tú, portento,
Que por Leonor te he tenido?
(Descúbrese Castaño)
No soy sino el perro muerto
De quien se hicieron los guantes.
La risa tener no puedo
Del embuste de Castaño.
Mataréte: ¡vive el cielo!
¿Por qué? si cuando te dí
Palabra de casamiento,
Que ahora estoy llano á cumplirte,
Quedamos en un concierto,
De que si por tí quedaba,
No me harias mal; y puesto
Que ahora queda por tí,
Y que yo estoy llano á hacerlo,
No faltes tú, pues que yo
No falto á lo que prometo.
¿Cómo estas así, Castaño,
Y en tal traje?
Este es el cuento,
Que por llevar el papel,
Que aun aquí guardado tengo,
En que á don Rodrigo dabas
Cuenta de todo el enredo,
Y de que á Leonor llevaste,
Para llevarlo sin riesgo
De encontrar á la justicia,
Me puse estos faldamentos;
Y don Pedro enamorado
De mi talle y de mi aseo,
De mi gracia y de mi garbo,
Me encerró en este aposento.
Mirad, señor don Rodrigo,
Si es verdad que soy el dueño
De la beldad de Leonor,
Y si ser su esposa debo.
Como se case Leonor
Y quede mi honor sin riesgo,
Lo demas no importa nada;
Y así, don Cárlos, me alegro
De haber ganado tal hijo.
Tan corrido, vive el cielo,
De lo que me ha sucedido
Estoy, que ni hablar acierto;
Mas disimular importa,
Que ya no tiene remedio
El caso. Yo doy por bien
La burla que se me ha hecho,
Porque se case mi hermana
Con don Juan.
La mano ofrezco
Y tambien con ella el alma.
Y yo, señora, la acepto,
Porque vivo muy seguro
De pagaros con lo mesmo
Tú, Leonor mia, la mano
Me da.
En mí, Cárlos, no es nuevo,
Porque siempre ha sido tuya.
Dime, Celia, algun requiebro,
Y mira si á mano tienes
Una mano.
No la tengo,
Que la dejé en la cocina;
Pero ¿bastaráte un dedo?
Daca, que es el dedo malo,
Pues es él con quien encuentro.
Y aquí, altísimos señores,
Aquí, senado discreto
“Los empeños de una casa”
Dan fin. Perdonad sus yerros.