TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

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Lope de Vega

Fuenteovejuna

3 jornadas · 27 personajes · 2,529 versos

Modo

Jornada Primera

ACTO PRIMERO

(Salen el COMENDADOR, FLORES y ORTUÑO, criados.)

Comendador

¿Sabe el maestre que estoy
en la villa?

Flores

Ya lo sabe.

Ortuño

Está, con la edad, más grave.

Comendador

Y ¿sabe también que soy
Fernán Gómez de Guzmán?

Flores

Es muchacho, no te asombre.

Comendador

Cuando no sepa mi nombre,
¿no le sabrá el que me dan
de comendador mayor?

Ortuño

No falta quien le aconseje
que de ser cortés se aleje.

Comendador

Conquistará poco amor.
Es llave la cortesía
para abrir la voluntad;
y para la enemistad
la necia descortesía.

Ortuño

Si supiese un descortés
cómo lo aborrecen todos
--y querrían de mil modos
poner la boca a sus pies--,
antes que serlo ninguno,
se dejaría morir.

Flores

¡Qué cansado es de sufrir!
¡Qué áspero y qué importuno!
Llaman la descortesía
necedad en los iguales,
porque es entre desiguales
linaje de tiranía.
Aquí no te toca nada:
que un muchacho aun no ha llegado
a saber qué es ser amado.

Comendador

La obligación de la espada
que se ciñó, el mismo día
que la cruz de Calatrava
le cubrió el pecho, bastaba
para aprender cortesía.

Flores

Si te han puesto mal con él,
presto le conocerás.

Ortuño

Vuélvete, si en duda estás.

Comendador

Quiero ver lo que hay en él.

(Sale el MAESTRE DE CALATRAVA y acompañamiento.)

Maestre

Perdonad, por vida mía,
Fernán Gómez de Guzmán;
que agora nueva me dan
que en la villa estáis.

Comendador

Tenía
muy justa queja de vos;
que el amor y la crianza
me daban más confianza,
por ser, cual somos los dos,
vos maestre en Calatrava,
yo vuestro comendador
y muy vuestro servidor.

Maestre

Seguro[1], Fernando, estaba
de vuestra buena venida.
Quiero volveros a dar
los brazos.

[1] Seguro, descuidado, ajeno.

Comendador

Debéisme honrar;
que he puesto por vos la vida
entre diferencias tantas,
hasta suplir vuestra edad
el pontífice.

Maestre

Es verdad.
Y por las señales santas
que a los dos cruzan el pecho,
que os lo pago en estimaros,
y como a mi padre honraros.

Comendador

De vos estoy satisfecho.

Maestre

¿Qué hay de guerra por allá?

Comendador

Estad atento, y sabréis,
la obligación que tenéis.

Maestre

Decid que ya lo estoy, ya.

Comendador

Gran maestre don Rodrigo
Téllez Girón, que a tan alto
lugar os trajo el valor
de aquel vuestro padre claro,
que, de ocho años, en vos
renunció su maestrazgo,
que después por más seguro
juraron y confirmaron
reyes y comendadores,
dando el pontífice santo
Pío segundo sus bulas,
y después las suyas Paulo
para que don Juan Pacheco,
gran maestre de Santiago,
fuese vuestro coadjutor:
ya que es muerto, y que os han dado
el gobierno sólo a vos,
aunque de tan pocos años,
advertid que es honra vuestra
seguir en aqueste caso
la parte de vuestros deudos;
porque muerto Enrique cuarto,
quieren que al rey don Alonso
de Portugal, que ha heredado,
por su mujer, a Castilla,
obedezcan sus vasallos;
que aunque pretende[2] lo mismo,
por Isabel, don Fernando,
gran príncipe de Aragón,
no con derecho tan claro
a vuestros deudos; que, en fin,
no presumen que hay engaño
en la sucesión de Juana[3],
a quien vuestro primo hermano
tiene agora en su poder.
Y así vengo a aconsejaros
que juntéis los caballeros
de Calatrava en Almagro,
y a Ciudad Real toméis,
que divide como paso
a Andalucía y Castilla,
para mirarlas a entrambas[4].
Poca gente es menester,
porque tienen por soldados
solamente sus vecinos
y algunos pocos hidalgos,
que defienden a Isabel
y llaman rey a Fernando.
Será bien que deis asombro,
Rodrigo, aunque niño, a cuantos
dicen que es grande esa cruz
para vuestros hombros flacos.
Mirad los condes de Urueña,
de quien venís, que mostrando
os están desde la fama
los laureles que ganaron;
los marqueses de Villena,
y otros capitanes, tantos,
que las alas de la fama
apenas pueden llevarlos.
Sacad esa blanca espada,
que habéis de hacer, peleando,
tan roja como la cruz;
porque no podré llamaros
maestre de la cruz roja
que tenéis al pecho, en tanto
que tenéis la blanca espada;
que una al pecho y otra al lado,
entrambas han de ser rojas;
y vos, Girón soberano,
capa del templo inmortal
de vuestros claros pasados.

Cueva, privado del rey Enrique IV y amante de la reina.

[2] El original, pretenden.

[3] Juana la Beltraneja, hija, según se supuso, de D. Beltrán de la

[4] El original, entrambos.

Maestre

Fernán Gómez, estad cierto
que en esta parcialidad,
porque veo que es verdad,
con mis deudos me concierto.
Y si importa, como paso,
a Ciudad Real mi intento,
veréis que como violento
rayo sus muros abraso.
No porque es muerto mi tío,
piensen de mis pocos años
los propios y los extraños
que murió con él mi brío.
Sacaré la blanca espada,
para que quede su luz
de la color de la cruz,
de roja sangre bañada.
Vos, ¿adónde residís?
¿Tenéis algunos soldados?

Comendador

Poco, pero mis criados;
que si dellos os servís,
pelearán como leones.
Ya veis que en Fuente Ovejuna
hay gente humilde, y alguna
no enseñada en escuadrones,
sino en campos y labranzas.

Maestre

¿Allí residís?

Comendador

Allí
de mi encomienda escogí
casa entre aquestas mudanzas.
Vuestra gente se registre;
que no quedará vasallo.

Maestre

Hoy me veréis a caballo,
poner la lanza en el ristre.

(Vanse, y salen PASCUALA y LAURENCIA.)

Laurencia

¡Mas que nunca acá volviera!

Pascuala

Pues a la he que pensé
que cuando te lo conté,
más pesadumbre te diera.

Laurencia

¡Plega al cielo que jamás
le vea en Fuente Ovejuna!

Pascuala

Yo, Laurencia, he visto alguna
tan brava, y pienso que más;
y tenía el corazón
brando como una manteca.

Laurencia

Pues ¿hay encina tan seca
como esta mi condición?

Pascuala

Anda ya; que nadie diga:
de esta agua no beberé.

Laurencia

¡Voto al sol que lo diré,
aunque el mundo me desdiga!
¿A qué efeto fuera bueno
querer a Fernando yo?
¿Casarme con él?

Pascuala

No.

Laurencia

Luego la infamia condeno.
¡Cuántas mozas en la villa,
del comendador fiadas,
andan ya descalabradas!

Pascuala

Tendré yo por maravilla
que te escapes de su mano.

Laurencia

Pues en vano es lo que ves,
porque ha que me sigue un mes,
y todo, Pascuala, en vano.
Aquel Flores, su alcahuete,
y Ortuño, aquel socarrón,
me mostraron un jubón,
una sarta y un copete.
Dijéronme tantas cosas
de Fernando, su señor,
que me pusieron temor;
mas no serán poderosas
para contrastar mi pecho.

Pascuala

¿Dónde te hablaron?

Laurencia

Allá
en el arroyo, y habrá
seis días.

Pascuala

Y yo sospecho
que te han de engañar, Laurencia.

Laurencia

¿A mí?

Pascuala

Que no, sino al cura.

Laurencia

Soy, aunque polla, muy dura
yo para su reverencia.
Pardiez, más precio poner,
Pascuala de madrugada,
un pedazo de lunada[5]
al huego para comer,
con tanto zalacatón[6]
de una rosca que yo amaso,
y hurtar a mi madre un vaso
del pegado canjilón[7];
y más precio al mediodía
ver la vaca entre las coles,
haciendo mil caracoles
con espumosa armonía;
y concertar, si el camino
me ha llegado a causar pena,
casar una berenjena
con otro tanto tocino;
y después un pasa-tarde,
mientras la cena se aliña,
de una cuerda de mi viña,
que Dios de pedrisco guarde;
y cenar un salpicón
con su aceite y su pimienta,
y irme a la cama contenta,
y al «inducas tentación»
rezalle mis devociones,
que cuantas raposerías,
con su amor y sus porfías,
tienen estos bellacones;
porque todo su cuidado,
después de darnos disgusto,
es anochecer con gusto
y amanecer con enfado.

[5] Lunada, pernil.

[6] Zalacatón, trozo de pan.

[7] Vasija untada de pez.

Pascuala

Tienes, Laurencia, razón;
que en dejando de querer,
más ingratos suelen ser
que al villano el gorrión.
En el invierno, que el frío
tiene los campos helados,
decienden de los tejados,
diciéndole «tío, tío»,
hasta llegar a comer
las migajas de la mesa;
mas luego que el frío cesa,
y el campo ven florecer,
no bajan diciendo «tío»,
del beneficio olvidados,
mas saltando en los tejados,
dicen: «judío, judío».
Pues tales los hombres son:
cuando nos han menester
somos su vida, su ser,
su alma, su corazón;
pero pasadas las ascuas,
las tías somos judías,
y en vez de llamarnos tías,
anda el nombre de las pascuas[8].

[8] Nombre de las pascuas, «putas, bellacas, alcahuetas». (Correas, Vocabulario.)

Laurencia

No fiarse de ninguno.

Pascuala

Lo mismo digo, Laurencia.

(Salen MENGO y BARRILDO y FRONDOSO.)

Frondoso

En aquesta diferencia
andas, Barrildo, importuno.

Barrildo

A lo menos aquí está
quien nos dirá lo más cierto.

Mengo

Pues hagamos un concierto
antes que lleguéis allá,
y es, que si juzgan por mí,
me dé cada cual la prenda,
precio de aquesta contienda.

Barrildo

Desde aquí digo que sí.
Mas si pierdes, ¿qué darás?

Mengo

Daré mi rabel de boj,
que vale más que una troj,
porque yo le estimo en más.

Barrildo

Soy contento.

Frondoso

Pues lleguemos.
Dios os guarde, hermosas damas.

Laurencia

¿Damas, Frondoso, nos llamas?

Frondoso

Andar al uso queremos:
al bachiller, licenciado;
al ciego, tuerto; al bisojo,
bizco; resentido, al cojo,
y buen hombre al descuidado.
Al ignorante, sesudo;
al mal galán, soldadesca;
a la boca grande, fresca,
y al ojo pequeño, agudo.
Al pleitista, diligente;
gracioso, al entremetido[9];
al hablador, entendido,
y al insufrible, valiente.
Al cobarde, para poco;
al atrevido, bizarro;
compañero, al que es un jarro,
y desenfadado, al loco.
Gravedad, al descontento;
a la calva, autoridad;
donaire, a la necedad,
y al pie grande, buen cimiento.
Al buboso, resfriado;
comedido, al arrogante;
al ingenioso, constante;
al corcovado, cargado.
Esto [al] llamaros imito,
damas, sin pasar de aquí;
porque fuera hablar así
proceder en infinito.

[9] El original, al gracioso, entremetido.

Laurencia

Allá en la ciudad, Frondoso,
llámase por cortesía
de esa suerte; y a fe mía,
que hay otro más riguroso
y peor vocabulario
en las lenguas descorteses.

Frondoso

Querría que lo dijeses.

Laurencia

Es todo a esotro contrario:
al hombre grave, enfadoso;
venturoso, al descompuesto[10];
melancólico, al compuesto,
y al que reprehende, odioso.
Importuno al que aconseja;
al liberal, moscatel[11];
al justiciero, cruel,
y al que es piadoso, madeja[12].
Al que es constante, villano;
al que es cortés, lisonjero;
hipócrita, al limosnero,
y pretendiente, al cristiano.
Al justo mérito, dicha;
a la verdad, imprudencia;
cobardía, a la paciencia,
y culpa, a lo que es desdicha.
Necia, a la mujer honesta;
mal hecha, a la hermosa y casta,
y a la honrada... Pero basta;
que esto basta por respuesta.

moscatel.

[10] Descompuesto, audaz, atrevido.

[11] Moscatel, hombre pesado e importuno. El original, liberal, al

[12] Madeja, hombre flojo y dejado.

Mengo

Digo que eres el dimuño.

Barrildo

Soncas[13] que lo dice mal.

[13] Soncas, a fe, en verdad.

Mengo

Apostaré que la sal
la echó el cura con el puño.

Laurencia

¿Qué contienda os ha traído
si no es que mal lo entendí?

Frondoso

Oye, por tu vida.

Laurencia

Di.

Frondoso

Préstame, Laurencia, oído.

Laurencia

Como prestado, y aun dado.
Desde agora os doy el mío.

Frondoso

En tu discreción confío.

Laurencia

¿Qué es lo que habéis apostado?

Frondoso

Yo y Barrildo contra Mengo.

Laurencia

¿Qué dice Mengo?

Barrildo

Una cosa
que, siendo cierta y forzosa,
la niega.

Mengo

A negarla vengo,
porque yo sé que es verdad.

Laurencia

¿Qué dice?

Barrildo

Que no hay amor.

Laurencia

Generalmente, es rigor.

Barrildo

Es rigor y es necedad.
Sin amor, no se pudiera
ni aun el mundo conservar.

Mengo

Yo no sé filosofar;
leer, ¡ojalá supiera!
Pero si los elementos
en discordia eterna viven,
y de los mismos reciben
nuestros cuerpos alimentos,
cólera y melancolía,
flema y sangre, claro está.

Barrildo

El mundo de acá y de allá,
Mengo, todo es armonía.
Armonía es puro amor,
porque el amor es concierto.

Mengo

Del natural, os advierto
que yo no niego el valor.
Amor hay, y el que entre sí
gobierna todas las cosas,
correspondencias forzosas
de cuanto se mira aquí;
y yo jamás he negado
que cada cual tiene amor
correspondiente a su humor,
que le conserva en su estado.
Mi mano al golpe que viene
mi cara defenderá;
mi pie, huyendo, estorbará
el daño que el cuerpo tiene.
Cerraránse mis pestañas
si al ojo le viene mal,
porque es amor natural.

Pascuala

Pues ¿de qué nos desengañas?

Mengo

De que nadie tiene amor
mas que a su misma persona.

Pascuala

Tú mientes, Mengo, y perdona;
porque ¿es [mentira][14] el rigor
con que un hombre a una mujer,
o un animal quiere y ama
su semejante?

[14] El original, materia.

Mengo

Eso llama
amor propio, y no querer.
¿Qué es amor?

Laurencia

Es un deseo
de hermosura.

Mengo

Esa hermosura
¿por qué el amor la procura?

Laurencia

Para gozarla.

Mengo

Eso creo.
Pues ese gusto que intenta,
¿no es para él mismo?

Laurencia

Es así.

Mengo

Luego, ¿por quererse a sí
busca el bien que le contenta?

Laurencia

Es verdad.

Mengo

Pues de ese modo
no hay amor, sino el que digo,
que por mi gusto le sigo,
y quiero dármele en todo.

Barrildo

Dijo el cura del lugar
cierto día en el sermón
que había cierto Platón
que nos enseñaba a amar;
que éste amaba el alma sola
y la virtud de lo amado.

Pascuala

En materia habéis entrado
que, por ventura, acrisola
los caletres de los sabios
en sus academias y escuelas.

Laurencia

Muy bien dice, y no te muelas,
en persuadir sus agravios.
Da gracias, Mengo, a los cielos,
que te hicieron sin amor.

Mengo

¿Amas tú?

Laurencia

Mi propio honor.

Frondoso

Dios te castigue con celos.

Barrildo

¿Quién gana?

Pascuala

Con la quistión
podéis ir al sacristán,
porque él o el cura os darán
bastante satisfación.
Laurencia no quiere bien,
yo tengo poca experiencia.
¿Cómo daremos sentencia?

Frondoso

¿Qué mayor que ese desdén?

(Sale FLORES.)

Flores

Dios guarde a la buena gente.

Pascuala

Este es del comendador
criado.

Laurencia

¡Gentil azor!
¿De adónde bueno, pariente?

Flores

¿No me veis a lo soldado?

Laurencia

¿Viene don Fernando acá?

Flores

La guerra se acaba ya,
puesto que[15] nos ha costado
alguna sangre y amigos.

[15] Puesto que, aunque.

Frondoso

Contadnos cómo pasó.

Flores

¿Quién lo dirá como yo,
siendo mis ojos testigos?
Para emprender la jornada
de esta ciudad, que ya tiene
nombre de Ciudad-Real,
juntó el gallardo maestre
dos mil lucidos infantes
de sus vasallos valientes
y trecientos de a caballo
de seglares y de freiles;
porque la cruz roja obliga
cuantos al pecho la tienen,
aunque sean de orden sacro;
mas contra moros, se entiende.
Salió el muchacho bizarro
con una casaca verde,
bordada de cifras de oro,
que sólo los brazaletes
por las mangas descubrían,
que seis alamares prenden.
Un corpulento bridón,
rucio rodado, que al Betis
bebió el agua, y en su orilla
despuntó la grama fértil;
el codón labrado en cintas
de ante, y el rizo copete
cogido en blancas lazadas,
que con las moscas de nieve
que bañan la blanca piel
iguales labores teje.
A su lado Fernán Gómez,
vuestro señor, en un fuerte
melado, de negros cabos,
puesto que con blanco bebe[16].
Sobre turca jacerina,
peto y espaldar luciente,
con naranjada las saca (?),
que de oro y perlas guarnece.
El morrión, que coronado
con blancas plumas, parece
que del color naranjado
aquellos azares vierte;
ceñida al brazo una liga
roja y blanca, con que mueve
un fresno entero por lanza,
que hasta en Granada le temen.
La ciudad se puso en arma;
dicen que salir no quieren
de la corona real,
y el patrimonio defienden.
Entróla bien resistida,
y el maestre a los rebeldes
y a los que entonces trataron
su honor injuriosamente
mandó cortar las cabezas,
y a los de la baja plebe,
con mordazas en la boca,
azotar públicamente.
Queda en ella tan temido
y tan amado, que creen
que quien en tan pocos años
pelea, castiga y vence,
ha de ser en otra edad
rayo del Africa fértil,
que tantas lunas azules
a su roja cruz sujete.
Al comendador y a todos
ha hecho tantas mercedes,
que el saco de la ciudad
el de su hacienda parece.
Mas ya la música suena:
recebilde alegremente,
que al triunfo, las voluntades
son los mejores laureles.

tienen alguna señal blanca en el hocico, de la cual se infiere que
serán buenos y leales.» (Diccionario de Autoridades, de 1726.)

[16] «Frase que se entiende de los caballos, para dar a entender que

(Salen el COMENDADOR y ORTUÑO; MÚSICOS;

JUAN ROJO y ESTEBAN, ALONSO, alcaldes.)

(Cantan.)

_Sea bien venido

el comendadore

de rendir las tierras

y matar los hombres.

¡Vivan los Guzmanes!

¡Vivan los Girones!

Si en las paces blando,

dulce en las razones.

Venciendo moricos,

fuertes como un roble,

de Ciudad-Reale

viene vencedore;

que a Fuente Ovejuna

trae los sus pendones.

¡Viva muchos años,

viva Fernán Gómez!_

Comendador

Villa, yo os agradezco justamente
el amor que me habéis aquí mostrado.

Alonso

Aun no muestra una parte del que siente.
Pero, ¿qué mucho que seáis amado,
mereciéndolo vos?

Esteban

Fuente Ovejuna
y el regimiento[17] que hoy habéis honrado,
que recibáis os ruega y importuna
un pequeño presente, que esos carros
traen, señor, no sin vergüenza alguna,
de voluntades y árboles bizarros,
más que de ricos dones. Lo primero
traen dos cestas de polidos barros;
de gansos viene un ganadillo entero,
que sacan por las redes las cabezas,
para cantar vueso valor guerrero.
Diez cebones en sal, valientes piezas,
sin otras menudencias y cecinas;
y más que guantes de ámbar, sus cortezas.
Cien pares de capones y gallinas,
que han dejado viudos a sus gallos
en las aldeas que miráis vecinas.
Acá no tienen armas ni caballos,
no jaeces bordados de oro puro,
si no es oro el amor de los vasallos.
Y porque digo puro, os aseguro
que vienen doce cueros, que aun en cueros
por enero podéis guardar un muro,
si de ellos aforráis vuestros guerreros,
mejor que de las armas aceradas;
que el vino suele dar lindos aceros.
De quesos y otras cosas no excusadas
no quiero daros cuenta: justo pecho
de voluntades que tenéis ganadas;
y a vos y a vuestra casa, buen provecho.

[17] Regimiento, el concejo municipal.

Comendador

Estoy muy agradecido.
Id, regimiento, en buen hora.

Alonso

Descansad, señor, agora,
y seáis muy bien venido;
que esta espadaña que veis
y juncia a vuestros umbrales,
fueran perlas orientales,
y mucho más merecéis,
a ser posible a la villa.

Comendador

Así lo creo, señores.
Id con Dios.

Esteban

Ea, cantores,
vaya otra vez la letrilla.

(Cantan.)

_Sea bien venido

el comendadore

de rendir las tierras

y matar los hombres._

(Vanse.)

Comendador

Esperad vosotras dos.

Laurencia

¿Qué manda su señoría?

Comendador

¡Desdenes el otro día,
pues, conmigo! ¡Bien por Dios!

Laurencia

¿Habla contigo, Pascuala?

Pascuala

Conmigo no, tirte ahuera[18].

[18] Tirte ahuera, ¡anda allá!

Comendador

Con vos hablo, hermosa fiera,
y con esotra zagala.
¿Mías no sois?

Pascuala

Sí, señor;
mas no para casos tales.

Comendador

Entrad, pasad los umbrales;
hombres hay, no hayáis temor.

Laurencia

Si los alcaldes entraran
(que de uno soy hija yo),
bien huera entrar; mas si no...

Comendador

Flores...

Flores

Señor...

Comendador

¿Qué reparan
en no hacer lo que les digo?

Flores

Entra, pues.

Laurencia

No nos agarre.

Flores

Entrad; que sois necias.

Pascuala

Arre;
que echaréis luego el postigo.

Flores

Entrad; que os quiere enseñar
lo que trae de la guerra.

COMENDADOR [Aparte a ORTUÑO.]

Si entraron. Ortuño, cierra.

Laurencia

Flores, dejadnos pasar.

Ortuño

¿También venís presentadas
con lo demás?

Pascuala

¡Bien a fe!
Desvíese, no le dé...

Flores

Basta; que son extremadas.

Laurencia

¿No basta a vueso señor
tanta carne presentada?

Ortuño

La vuestra es la que le agrada.

Laurencia

Reviente de mal dolor.

(Vanse.)

Flores

¡Muy buen recado llevamos!
No se ha de poder sufrir
lo que nos ha de decir
cuando sin ellas nos vamos.

Ortuño

Quien sirve se obliga a esto.
Si en algo desea medrar,
o con paciencia ha de estar,
o ha despedirse de presto.

(Vanse los dos y salgan el REY DON FERNANDO, la REINA

DOÑA ISABEL, MANRIQUE y acompañamiento.)

Isabel

Digo, señor, que conviene
el no haber descuido en esto,
por ver a Alfonso en tal puesto,
y su ejército previene.
Y es bien ganar por la mano
antes que el daño veamos;
que si no lo remediamos,
el ser muy cierto está llano.

Rey

De Navarra y de Aragón
está el socorro seguro,
y de Castilla procuro
hacer la reformación
de modo, que el buen suceso
con la prevención se vea.

Isabel

Pues vuestra majestad crea
que el buen fin consiste en esto.

Manrique

Aguardando tu licencia
dos regidores están
de Ciudad Real: ¿entrarán?

Rey

No les nieguen mi presencia.

(Salen dos REGIDORES de Ciudad Real.)

REGIDOR 1.º

Católico rey Fernando,

a quien ha enviado el cielo,

desde Aragón a Castilla,

para bien y amparo nuestro:

en nombre de Ciudad Real

a vuestro valor supremo

humildes nos presentamos,

el real amparo pidiendo.

A mucha dicha tuvimos

tener título de vuestros;

pero pudo derribarnos

deste honor el hado adverso.

El famoso don Rodrigo

Téllez Girón, cuyo esfuerzo

es en valor extremado,

aunque es en la edad tan tierno,

maestre de Calatrava,

él, ensanchar pretendiendo

el honor de la encomienda,

nos puso apretado cerco.

Con valor nos prevenimos,

a su fuerza resistiendo,

tanto, que arroyos corrían

de la sangre de los muertos.

Tomó posesión, en fin;

pero no llegara a hacerlo,

a no le dar Fernán Gómez

orden, ayuda y consejo.

El queda en la posesión,

y sus vasallos seremos,

suyos, a nuestro pesar,

a no remediarlo presto.

Rey

¿Dónde queda Fernán Gómez?

REGIDOR 1.º

En Fuente Ovejuna creo,
por ser su villa, y tener
en ella casa y asiento.
Allí, con más libertad
de la que decir podemos,
tiene a los súbditos suyos
de todo contento ajenos.

Rey

¿Tenéis algún capitán?

REGIDOR 2.°

Señor, el no haberle es cierto,
pues no escapó ningún noble
de preso, herido o de muerto.

Isabel

Ese caso no requiere
ser despacio remediado;
que es dar al contrario osado
el mismo valor que adquiere;
y puede el de Portugal,
hallando puerta segura,
entrar por Extremadura
y causamos mucho mal.

Rey

Don Manrique, partid luego,
llevando dos compañías;
remediad sus demasías,
sin darles ningún sosiego.
El conde de Cabra ir puede
con vos; que es Córdoba osado,
a quien nombre de soldado
todo el mundo le concede;
que éste es el medio mejor
que la ocasión nos ofrece.

Manrique

El acuerdo me parece
como de tan gran valor.
Pondré límite a su exceso,
si el vivir en mí no cesa.

Isabel

Partiendo vos a la empresa,
seguro está el buen suceso.

(Vanse todos y salen LAURENCIA y FRONDOSO.)

Laurencia

A medio torcer los paños,
quise, atrevido Frondoso,
para no dar que decir,
desviarme del arroyo;
decir a tus demasías
que murmura el pueblo todo,
que me miras y te miro,
y todos nos traen sobre ojo.
Y como tú eres zagal,
de los que huellan, brioso,
y excediendo a los demás,
vistes bizarro y costoso,
en todo el lugar no hay moza,
o mozo en el prado o soto,
que no se afirme diciendo
que ya para en uno somos;
y esperan todos el día
que el sacristán Juan Chamorro
nos eche de la tribuna,
en dejando los piporros[19].
Y mejor sus trojes vean
de rubio trigo en agosto
atestadas y colmadas,
y sus tinajas de mosto,
que tal imaginación
me ha llegado a dar enojo:
ni me desvela ni aflige,
ni en ella el cuidado pongo.

[19] Instrumento de música, llamado también bajón.

Frondoso

Tal me tienen tus desdenes,
bella Laurencia, que tomo,
en el peligro de verte,
la vida, cuando te oigo.
Si sabes que es mi intención
el desear ser tu esposo,
mal premio das a mi fe.

Laurencia

Es que yo no sé dar otro.

Frondoso

¿Posible es que no te duelas
de verme tan cuidadoso,
y que imaginando en ti,
ni bebo, duermo ni como?
¿Posible es tanto rigor
en ese angélico rostro?
¡Viven los cielos que rabio!

Laurencia

Pues salúdate[20], Frondoso.

[20] Saludar, usar de ciertas fórmulas (hacer cruces con saliva, etcétera), pretendiendo curar la rabia y otros males.

Frondoso

Ya te pido yo salud,
y que ambos, como palomos,
estemos, juntos los picos,
con arrullos sonorosos,
después de damos la Iglesia...

Laurencia

Dilo a mi tío Juan Rojo;
que aunque no te quiero bien,
ya tengo algunos asomos.

Frondoso

¡Ay de mí! El señor es éste.

Laurencia

Tirando viene a algún corzo.
Escóndete en esas ramas.

Frondoso

Y ¡con qué celos me escondo!

(Sale el COMENDADOR.)

Comendador

No es malo venir siguiendo
un corcillo temeroso,
y topar tan bella gama.

Laurencia

Aquí descansaba un poco
de haber lavado unos paños;
y así, al arroyo me tomo,
si manda su señoría.

Comendador

Aquesos desdenes toscos
afrentan, bella Laurencia,
las gracias que el poderoso
cielo te dió, de tal suerte,
que vienes a ser un monstruo.
Mas si otras veces pudiste
huir mi ruego amoroso,
agora no quiere el campo,
amigo secreto y solo;
que tú sola no has de ser
tan soberbia, que tu rostro
huyas al señor que tienes,
teniéndome a mí en tan poco.
¿No se rindió Sebastiana,
mujer de Pedro Redondo,
con ser casadas entrambas,
y la de Martín del Pozo,
habiendo apenas pasado
dos días del desposorio?

Laurencia

Esas, señor, ya tenían,
de haber andado con otros,
el camino de agradaros;
porque también muchos mozos
merecieron sus favores.
Id con Dios, tras vueso corzo;
que a no veros con la cruz,
os tuviera por demonio,
pues tanto me perseguís.

Comendador

¡Qué estilo tan enfadoso!
Pongo la ballesta en tierra,
...[21]
y a la práctica de manos
reduzgo melindres.

[21] Falta un verso para el romance, pero no para el sentido.

Laurencia

¡Cómo!
¿Eso hacéis? ¿Estáis en vos?

(Sale FRONDOSO y toma la ballesta.)

Comendador

No te defiendas.

FRONDOSO [Aparte.]

Si tomo
la ballesta, ¡vive el cielo
que no la ponga en el hombro!

Comendador

Acaba, ríndete.

Laurencia

¡Cielos,
ayudadme agora!

Comendador

Solos
estamos; no tengas miedo.

Frondoso

Comendador generoso,
dejad la moza, o creed
que de mi agravio y enojo
será blanco vuestro pecho,
aunque la cruz me da asombro.

Comendador

¡Perro, villano!...

Frondoso

No hay perro.
Huye, Laurencia.

Laurencia

Frondoso,
mira lo que haces.

Frondoso

Vete.

(Vase.)

Comendador

¡Oh, mal haya el hombre loco,
que se desciñe la espada!
Que, de no espantar medroso
la caza, me la quité.

Frondoso

Pues, pardiez, señor, si toco
la nuez[22], que os he de apiolar.

[22] Botón con que se disparaba la ballesta.

Comendador

Ya es ida. Infame, alevoso,
suelta la ballesta luego.
Suéltala, villano.

Frondoso

¿Cómo?
Que me quitaréis la vida.
Y advertid que amor es sordo,
y que no escucha palabras
el día que está en su trono.

Comendador

Pues ¿la espa[l]da ha de volver
un hombre tan valeroso
a un villano? Tira, infame,
tira, y guárdate; que rompo
las leyes de caballero.

Frondoso

Eso no. Yo me conformo
con mi estado, y pues me es
guardar la vida forzoso,
con la ballesta me voy.

Comendador

¡Peligro extraño y notorio!
Mas yo tomaré venganza
del agravio y del estorbo.
¡Que no cerrara con él!
¡Vive el cielo, que me corro!

ACTO SEGUNDO

Jornada Segunda

ACTO SEGUNDO DE FUENTE OVEJUNA

(Salen ESTEBAN y REGIDOR 1.°)

Esteban

Así tenga salud, como parece,
que no se saque más agora el pósito.
El año apunta mal, y el tiempo crece,
y es mejor que el sustento esté en depósito,
aunque lo contradicen más de trece.

REGIDOR 1.°

Yo siempre he sido, al fin, de este propósito,
en gobernar en paz esta república.

Esteban

Hagamos de ello a Fernán Gómez súplica.
No se puede sufrir que estos astrólogos,
en las cosas futuras ignorantes[23],
nos quieran persuadir con largos prólogos
los secretos a Dios sólo importantes.
¡Bueno es que, presumiendo de teólogos,
hagan un tiempo el que[24] después y antes!
Y pidiendo el presente lo importante,
al más sabio veréis más ignorante.
¿Tienen ellos las nubes en su casa
y el proceder de las celestes lumbres?
¿Por dónde ven lo que en el cielo pasa,
para damos con ello pesadumbres?
Ellos en [el] sembrar nos ponen tasa:
daca el trigo, cebada y las legumbres,
calabazas, pepinos y mostazas...
Ellos son, a la fe, las calabazas.
Luego cuentan que muere una cabeza,
y después viene a ser en Transilvania;
que el vino será poco, y la cerveza
sobrará por las partes de Alemania;
que se helará en Gascuña la cereza,
y que habrá muchos tigres en Hircania.
Y al cabo, al cabo, se siembre o no se siembre,
el año se remata por diciembre.

[23] El original, y ignorantes.

[24] El que será después y fué antes.

(Salen el licenciado LEONELO y BARRILDO.)

Leonelo

A fe que no ganéis la palmatoria[25],
porque ya está ocupado el mentidero.

para que aplicase los castigos.

[25] Al muchacho que llegaba primero a la escuela le daban la palmeta

Barrildo

¿Cómo os fué en Salamanca?

Leonelo

Es larga historia.

Barrildo

Un Bártulo seréis.

Leonelo

Ni aun un barbero.
Es, como digo, cosa muy notoria
en esta facultad lo que os refiero.

Barrildo

Sin duda que venís buen estudiante.

Leonelo

Saber he procurado lo importante.

Barrildo

Después que vemos tanto libro impreso,
no hay nadie que de sabio no presuma.

Leonelo

Antes que ignoran más siento por eso,
por no se reducir a breve suma;
porque la confusión, con el exceso,
los intentos resuelve en vana espuma;
y aquel que de leer tiene más uso,
de ver letreros sólo está confuso.
No niego yo que de[26] imprimir el arte
mil ingenios sacó de entre la jerga,
y que parece que en sagrada parte
sus obras guarda y contra el tiempo alberga;
éste las distribuye y las reparte.
Débese esta invención a Gutemberga,
un famoso tudesco de Maguncia,
en quien la fama su valor renuncia.
Mas muchos que opinión tuvieron grave,
por imprimir sus obras la perdieron;
tras esto, con el nombre del que sabe,
muchos sus ignorancias imprimieron.
Otros, en quien la baja envidia cabe,
sus locos desatinos escribieron,
y con nombre de aquel que aborrecían,
impresos por el mundo los envían.

[26] El original, del.

Barrildo

No soy de esa opinión.

Leonelo

El ignorante
es justo que se vengue del letrado.

Barrildo

Leonelo, la impresión es importante.

Leonelo

Sin ella muchos siglos se han pasado,
y no vemos que en éste se levante
un Jerónimo santo, un Agustino.
...[27].

[27] Falta un verso para la octava.

Barrildo

Dejadlo y asentaos, que estáis mohino.

(Salen JUAN ROJO y otro labrador.)

Juana

ROJO

No hay en cuatro haciendas para un dote,
si es que las vistas han de ser al uso;
que el hombre que es curioso es bien que note
que en esto el barrio y vulgo anda confuso.

Labrador

¿Qué hay del comendador? No os alborote.

Juana

ROJO

¡Cuál a Laurencia en ese campo puso!

Labrador

¿Quién fué cual él tan bárbaro y lascivo?
Colgado le vea yo del aquel olivo.

(Salen el COMENDADOR, ORTUÑO y FLORES.)

Comendador

Dios guarde la buena gente.

Regidor

¡Oh, señor!

Comendador

Por vida mía,
que se estén.

Vusiñoría,
adonde suele se siente,
que en pie estaremos muy bien.

[ESTEBAN] ALCALDE

Comendador

Digo que se han de sentar.

Esteban

De los buenos es honrar,
que no es posible que den
honra los que no la tienen.

Comendador

Siéntense; hablaremos algo.

Esteban

¿Vió vusiñoría el galgo?

Comendador

Alcalde, espantados vienen
esos criados de ver
tan notable ligereza.

Esteban

Es una extremada pieza.
Pardiez, que puede correr
o de un cobarde en quistión[29].

[al][28] lado de un delincuente

[28] El original, a un.

[29] Quistión, cuestión, tormento.

Comendador

Quisiera en esta ocasión
que le hiciérades pariente[30]
a una liebre que por pies
por momentos se me va.

[30] Hacer pariente, juntar, reunir.

Esteban

Sí haré, par Dios. ¿Dónde está?

Comendador

Allá vuestra hija es.

Esteban

¡Mi hija!

Comendador

Sí.

Esteban

Pues ¿es buena
para alcanzada de vos?

Comendador

Reñilda, alcalde, por Dios.

Esteban

¿Cómo?

Comendador

Ha dado en darme pena.
Mujer hay, y principal,
de alguno que está en la plaza,
que dió, a la primera traza,
traza de verme.

Esteban

Hizo mal;
y vos, señor, no andáis bien
en hablar tan libremente.

Comendador

¡Oh, qué villano elocuente!
¡Ah, Flores!, haz que le den
la Política, en que lea
de Aristóteles.

Esteban

Señor,
debajo de vuestro honor
vivir el pueblo desea.
Mirad que en Fuente Ovejuna
hay gente muy principal.

Leonelo

¿Vióse desvergüenza igual?

Comendador

Pues ¿he dicho cosa alguna
de que os pese, regidor?

Regidor

Lo que decís es injusto;
no lo digáis, que no es justo
que nos quitéis el honor.

Comendador

¿Vosotros honor tenéis?
¡Qué freiles de Calatrava!

Regidor

Alguno acaso se alaba
de la cruz que le ponéis,
que no es de sangre tan limpia.

Comendador

Y ¿ensucióla yo juntando
la mía a la vuestra?

Regidor

Cuando
que el mal más tiñe que alimpia.

Comendador

De cualquier suerte que sea,
vuestras mujeres se honran.

Esteban

Esas palabras deshonran[31];
las o[t]ras[32], no hay quien las crea.

[31] El original, les honran.

[32] El original, obras.

Comendador

¡Qué cansado villanaje!
¡Ah! Bien hayan las ciudades;
que a hombres de calidades
no hay quien sus gustos ataje;
allá se precian casados
que visiten sus mujeres.

Esteban

No harán; que con esto quieres
que vivamos descuidados.
En las ciudades hay Dios,
y más presto quien castiga.

Comendador

Levantaos de aquí.

Esteban

¿Que diga
lo que escucháis por los dos?

Comendador

Salí de la plaza luego;
no quede ninguno aquí.

Esteban

Ya nos vamos.

Comendador

Pues no ansí.

Flores

Que te reportes te ruego.

Comendador

Querrían hacer corrillo
los villanos en mi ausencia.

Ortuño

Ten un poco de paciencia.

Comendador

De tanta me maravillo.
Cada uno de por sí
se vayan hasta sus casas.

Leonelo

¡Cielo! ¿Que por esto pasas?

Esteban

Ya yo me voy por aquí.

(Vanse.)

Comendador

¿Qué os parece de esta gente?

Ortuño

No sabes disimular
que no quiere[s][33] escuchar
el disgusto que se siente.

[33] El original, quieren.

Comendador

Estos ¿se igualan conmigo?

Flores

Que no es aqueso igualarse.

Comendador

Y el villano ¿ha de quedarse
con ballesta y sin castigo?

Flores

Anoche pensé que estaba
a la puerta de Laurencia,
y a otro, que su presencia
y su capilla imitaba,
de oreja a oreja le di
un beneficio famoso.

Comendador

¿Dónde estará aquel Frondoso?

Flores

Dicen que anda por ahí.

Comendador

¡Por ahí se atreve a andar
hombre que matarme quiso!

Flores

Como el ave sin aviso,
o como el pez, viene a dar
al reclamo o al anzuelo.

Comendador

¡Que a un capitán cuya espada
tiemblan Córdoba y Granada,
un labrador, un mozuelo
ponga una ballesta al pecho!
El mundo se acaba, Flores.

Flores

Como eso pueden amores.

Ortuño

Y pues que vive, sospecho
que grande amistad le debes.

Comendador

Yo he disimulado, Ortuño;
que si no, de punta a puño,
antes de dos horas breves,
pasara todo el lugar;
que hasta que llegue ocasión
al freno de la razón
hago la venganza estar.--
¿Qué hay de Pascuala?

Flores

Responde
que anda agora por casarse.

Comendador

¿Hasta allá quiere fiarse?...

Flores

En fin, te remite donde
te pagarán de contado.

Comendador

¿Qué hay de Olalla?

Ortuño

Una graciosa
respuesta.

Comendador

Es moza briosa.
¿Cómo?

Ortuño

Que su desposado
anda tras ella estos días
celoso de mis recados,
y de que con tus criados
a visitalla venías;
pero que si se descuida,
entrarás como primero.

Comendador

¡Bueno, a fe de caballero!
Pero el villanejo cuida...

Ortuño

Cuida, y anda por los aires.

Comendador

¿Qué hay de Inés?

Flores

¿Cuál?

Comendador

La de Antón.

Flores

Para cualquier ocasión
ya ha ofrecido sus donaires.

Háblela por el corral,
por donde has de entrar si quieres.

Comendador

A las fáciles mujeres
quiero bien y pago mal.
Si éstas supiesen, ¡oh, Flores!,
estimarse en lo que valen...

Flores

No hay disgustos que se igualen
a contrastar sus favores.
Rendirse presto desdice
de la esperanza del bien;
mas hay mujeres también,
porque el filósofo dice
que apetecen a los hombres
como la forma desea
la materia; y que esto sea
así, no hay de que te asombre.

Comendador

Un hombre de amores loco
huélgase que a su accidente
se le rindan fácilmente,
mas después las tiene en poco,
y el camino de olvidar
al hombre más obligado
es haber poco costado
lo que pudo desear.

(Sale CIMBRANOS, soldado.)

[CIMBRANOS], SOLDADO

¿Está aquí el comendador?

Ortuño

¿No le ves en tu presencia?

[CIMBRANOS], SOLDADO

¡Oh, gallardo Fernán Gómez!

Trueca la verde montera

en el blanco morrión

y el gabán en armas nuevas,

que el maestre de Santiago,

y el conde de Cabra cercan

a don Rodrigo Girón,

por la castellana reina,

en Ciudad Real; de suerte

que no es mucho que se pierda

lo que en Calatrava sabes

que tanta sangre le cuesta.

Ya divisan con las luces,

desde las altas almenas,

los castillos y leones

y barras aragonesas.

Y aunque el rey de Portugal

honrar a Girón quisiera,

no hará poco en que el maestre

a Almagro con vida vuelva.

Ponte a caballo, señor;

que sólo con que te vean,

se volverán a Castilla.

No Prosigas; Tente, Espera

-

Haz, Ortuño, que en la plaza

toquen luego una trompeta.

¿Qué soldados tengo aquí?

Ortuño

Pienso que tienes cincuenta.

Comendador

Pónganse a caballo todos.

[CIMBRANOS], SOLDADO

Si no caminas apriesa,

Ciudad Real es del rey.

Comendador

No hayas miedo que lo sea.

[Vanse.]

(Salen MENGO y LAURENCIA y PASCUALA, huyendo.)

Pascuala

No te apartes de nosotras.

Mengo

Pues ¿a qué tenéis temor?

Laurencia

Mengo, a la villa es mejor
que vamos unas con otras
(pues que no hay hombre ninguno),
por que no demos con él.

Mengo

¡Que este demonio cruel
nos sea tan importuno!

Laurencia

No nos deja a sol ni a sombra.

Mengo

¡Oh! Rayo del cielo baje,
que sus locuras ataje.

Laurencia

Sangrienta fiera le nombra;
arsénico y pestilencia
del lugar.

Mengo

Hanme contado
que Frondoso, aquí en el prado,
para librarte, Laurencia,
le puso al pecho una jara.

Laurencia

Los hombres aborrecía,
Mengo; mas desde aquel día
los miro con otra cara.
¡Gran valor tuvo Frondoso!
Pienso que le ha de costar
la vida.

Mengo

Que del lugar
se vaya, será forzoso.

Laurencia

Aunque ya le quiero bien,
eso mismo le aconsejo;
mas recibe mi consejo
con ira, rabia y desdén;
y jura el comendador
que le ha de colgar de un pie.

Pascuala

¡Mal garrotillo le dé!

Mengo

Mala pedrada es mejor.
¡Voto al sol, si le tirara
con la que llevo al apero,
que al sonar el crujidero,
al casco se la encajara!
No fué Sábalo, el romano,
tan vicioso por jamás.

Laurencia

Heliogábalo dirás,
más que una fiera inhumano.

Mengo

Pero Galván, o quién fué,
que yo no entiendo de historia;
mas su cativa memoria
vencida de éste se ve.
¿Hay hombre en naturaleza
como Fernán Gómez?

Pascuala

No;
que parece que le dió
de una tigre la aspereza.

(Sale JACINTA.)

Jacinta

Dadme socorro, por Dios,
si la amistad os obliga.

Laurencia

¿Qué es esto, Jacinta amiga?

Pascuala

Tuyas lo somos las dos.

Jacinta

Del comendador criados,
que van a Ciudad Real,
más de infamia natural
que de noble acero armados,
me quieren llevar a él.

Laurencia

Pues Jacinta, Dios te libre;
que cuando contigo es libre,
conmigo será cruel. (Vase.)

Pascuala

Jacinta, yo no soy hombre
que te puedo defender. (Vase.)

Mengo

Yo sí lo tengo de ser,
porque tengo el ser y el nombre.
Llégate, Jacinta, a mí.

Jacinta

¿Tienes armas?

Mengo

Las primeras
del mundo.

Jacinta

¡Oh, si las tuvieras!

Mengo

Piedras hay, Jacinta, aquí.

(Salen FLORES y ORTUÑO.)

Flores

¿Por los pies pensabas irte?

Jacinta

Mengo, ¡muerta soy!

Mengo

Señores...
¡A estos pobres labradores!...

Ortuño

Pues ¿tú quieres persuadirte
a defender la mujer?

Mengo

Con los ruegos la defiendo;
que soy su deudo y pretendo
guardalla, si puede ser.

Flores

Quitalde luego la vida.

Mengo

¡Voto al sol, si me emberrincho,
y el cáñamo me descincho,
que la llevéis bien vendida!

(Salen el COMENDADOR y CIMBRANOS.)

Comendador

¿Qué es eso? ¡A cosas tan viles
me habéis de hacer apear!

Flores

Gente de este vil lugar
(que ya es razón que aniquiles,
pues en nada te da gusto)
a nuestras armas se atreve.

Mengo

Señor, si piedad os mueve
de suceso tan injusto,
castigad estos soldados,
que con vuestro nombre agora
roban una labradora
y dadme licencia a mí
que se la pueda llevar.

[a] esposo y padres honrados;

Comendador

Licencia les quiero dar...
para vengarse de ti.
Suelta la honda.

Mengo

¡Señor!...

Comendador

Flores, Ortuño, Cimbranos,
con ella le atad las manos.

Mengo

¿Así volvéis por su honor?

Comendador

¿Qué piensan Fuente Ovejuna
y sus villanos de mí?

Mengo

Señor, ¿en qué os ofendí,
ni el pueblo en cosa ninguna?

Flores

¿Ha de morir?

Comendador

No ensuciéis
las armas, que habéis de honrar
en otro mejor lugar.

Ortuño

¿Qué mandas?

Comendador

Que lo azotéis.
Llevadle, y en ese roble
le atad y le desnudad,
y con las riendas...

Mengo

¡Piedad!
¡Piedad, pues sois hombre noble!

Comendador

Azotalde hasta que salten
los hierros de las correas.

Mengo

¡Cielos! ¿A hazañas tan feas
queréis que castigos falten?

(Vanse.)

Comendador

Tú, villana, ¿por qué huyes?
¿Es mejor un labrador
que un hombre de mi valor?

Jacinta

¡Harto bien me restituyes
el honor que me han quitado
en llevarme para ti!

Comendador

¿En quererte llevar?

Jacinta

Sí;
porque tengo un padre honrado,
que si en alto nacimiento
no te iguala, en las costumbres
te vence.

Comendador

Las pesadumbres
y el villano atrevimiento
no tiemplan bien un airado.
Tira por ahí.

Jacinta

¿Con quién?

Comendador

Conmigo.

Jacinta

Míralo bien.

Comendador

Para tu mal lo he mirado.
Ya no mía, del bagaje
del ejército has de ser.

Jacinta

No tiene el mundo poder
para hacerme, viva, ultraje.

Comendador

Ea, villana, camina.

Jacinta

¡Piedad, señor!

Comendador

No hay piedad.

Jacinta

Apelo de tu crueldad
a la justicia divina.

(Llévanla y vanse, y salen LAURENCIA y FRONDOSO.)

Laurencia

¿Cómo así a venir te atreves,
sin temer tu daño?

Frondoso

Ha sido
dar testimonio cumplido
de la afición que me debes.
Desde aquel recuesto vi
salir al comendador,
y fiado en tu valor,
todo mi temor perdí.
Vaya donde no le vean
volver.

Laurencia

Tente en maldecir,
porque suele más vivir
al que la muerte desean.

Frondoso

Si es eso, viva mil años,
y así se hará todo bien,
pues deseándole bien
estarán ciertos sus daños.
Laurencia, deseo saber
si vive en ti mi cuidado,
y si mi lealtad ha hallado
el puerto de merecer.
Mira que toda la villa
ya para en uno nos tiene;
y de cómo a ser no viene,
la villa se maravilla.
Los desdeñosos extremos
deja, y responde no o sí.

Laurencia

Pues a la villa y a ti
respondo que lo seremos.

Frondoso

Deja que tus plantas bese
por la merced recibida,
pues el cobrar nueva vida
por ella es bien que confiese.

Laurencia

De cumplimientos acorta;
y para que mejor cuadre,
habla, Frondoso, a mi padre,
pues es lo que más importa,
que allí viene con mi tío;
y fía que ha de tener
ser, Frondoso, tu mujer,
buen suceso.

Frondoso

En Dios confío.

(Escóndese.)

(Salen ESTEBAN, alcalde, y el REGIDOR.)

[ESTEBAN], ALCALDE

Fué su término de modo,

que la plaza alborotó:

en efeto, procedió

muy descomedido en todo.

No hay a quien admiración

sus demasías no den;

la pobre Jacinta es quien

pierde por su sinrazón.

Regidor

Ya [a] los Católicos Reyes,
que este nombre les dan ya,
presto España les dará
la obediencia de sus leyes.
Ya sobre Ciudad Real,
contra el Girón que la tiene,
Santiago a caballo viene
por capitán general.
Pésame; que era Jacinta
doncella de buena pro.

[ESTEBAN], ALCALDE

Luego a Mengo le azotó.

Regidor

No hay negra bayeta o tinta
como sus carnes están.

[ESTEBAN], ALCALDE

Callad; que me siento arder,

viendo su mal proceder,

y el mal nombre que le dan.

Yo ¿para qué traigo aquí

este palo sin provecho?

Regidor

Si sus criados lo han hecho,
¿de qué os afligís ansí?

[ESTEBAN], ALCALDE

¿Queréis más, que me contaron

que a la de Pedro Redondo

un día, que en lo más hondo

de este valle la encontraron,

después de sus insolencias,

a sus criados la dió?

Regidor

Aquí hay gente: ¿quién es?

Frondoso

Yo,
que espero vuestras licencias.

Regidor

Para mi casa, Frondoso,
licencia no es menester;
debes a tu padre el ser,
y a mí otro ser amoroso.
Hete criado, y te quiero
como a hijo.

Frondoso

Pues señor,
fiado en aquese amor,
de ti una merced espero.
Ya sabes de quién soy hijo.

Esteban

¿Hate agraviado ese loco
de Fernán Gómez?

Frondoso

No poco.

Esteban

El corazón me lo dijo.

Frondoso

Pues señor, con el seguro
del amor que habéis mostrado,
de Laurencia enamorado,
el ser su esposo procuro.
Perdona si en el pedir
mi lengua se ha adelantado;
que he sido en decirlo osado,
como otro lo ha de decir.

Esteban

Vienes, Frondoso, a ocasión
que me alargarás la vida
por la cosa más temida
que siente mi corazón.
Agradezco, hijo, al cielo
que así vuelvas por mi honor,
y agradézcole a tu amor
la limpieza de tu celo.
Mas como es justo, es razón
dar cuenta a tu padre de esto;
sólo digo que estoy presto,
en sabiendo su intención;
que yo dichoso me hallo
en que aqueso llegue a ser.

Regidor

De la moza el parecer
tomad antes de acetallo.

[ESTEBAN], ALCALDE

No tengáis de eso cuidado,

que ya el caso está dispuesto:

antes de venir a esto,

entre ellos se ha concertado.

--En el dote, si advertís,

se puede agora tratar;

que por bien os pienso dar

algunos maravedís.

Frondoso

Yo dote no he menester;
de eso no hay que entristeceros

Regidor

Pues que no la pide en cueros
lo podéis agradecer.

Esteban

Tomaré el parecer de ella;
si os parece, será bien.

Frondoso

Justo es; que no hace bien
quien los gustos atropella.

Esteban

¡Hija! ¡Laurencia!...

Laurencia

Señor...

Esteban

Mirad si digo bien yo.
¡Ved qué presto respondió!--
Hija Laurencia, mi amor,
a preguntarte ha venido
(apártate aquí) si es bien
que a Gila, tu amiga, den
a Frondoso por marido,
que es un honrado zagal,
si le hay en Fuente Ovejuna...

Laurencia

¿Gila se casa?

Esteban

Y si alguna
le merece y es su igual.

Laurencia

Yo digo, señor, que sí.

Esteban

Sí; mas yo digo que es fea
y que harto mejor se emplea
Frondoso, Laurencia, en ti.

Laurencia

¿Aun no se te han olvidado
los donaires con la edad?

Esteban

¿Quiéresle tú?

Laurencia

Voluntad
le he tenido y le he cobrado,
pero por lo que tú sabes...

Esteban

¿Quieres tú que diga sí?

Laurencia

Dilo tú, señor, por mí.

Esteban

¿Yo? Pues tengo yo las llaves,
hecho está.--Ven, buscaremos
a mi compadre en la plaza.

Regidor

Vamos.

Esteban

Hijo, y en la traza
del dote, ¿qué le diremos?
Que yo bien te puedo dar
cuatro mil maravedís.

Frondoso

Señor, ¿eso me decís?
Mi honor queréis agraviar.

Esteban

Anda, hijo; que eso es
cosa que pasa en un día:
que si no hay dote, a fe mía
que se echa menos después.

(Vanse, y quedan FRONDOSO y LAURENCIA.)

Laurencia

Di, Frondoso, ¿estás contento?

Frondoso

¡Cómo si lo estoy! ¡Es poco,
pues que no me vuelvo loco
de gozo, del bien que siento!
Risa vierte el corazón
por los ojos de alegría,
viéndote, Laurencia mía,
en tal dulce posesión.

[Vanse.]

(Salen el MAESTRE, el COMENDADOR, FLORES

y ORTUÑO.)

Comendador

Huye, señor, que no hay otro remedio.

Maestre

La flaqueza del muro lo ha causado,
y el poderoso ejército enemigo.

Comendador

Sangre les cuesta y infinitas vidas.

Maestre

Y no se alabarán que en sus despojos
pondrán nuestro pendón de Calatrava,
que a honrar su empresa y los demás bastaba.

Comendador

Tus desinios, Girón, quedan perdidos.

Maestre

¿Qué puedo hacer, si la fortuna, ciega,
a quien hoy levantó mañana humilla?

(Dentro.)

¡Vitoria por los reyes de Castilla!

Maestre

Ya coronan de luces las almenas,
y las ventanas de las torres altas
entoldan con pendones vitoriosos.

Comendador

Bien pudieran, de sangre que les cuesta.
A fe que es más tragedia que no fiesta.

Maestre

Yo vuelvo a Calatrava, Fernán Gómez.

Comendador

Y yo a Fuente Ovejuna, mientras tratas
o seguir esta parte de tus deudos,
o reducir la tuya al Rey Católico.

Maestre

Yo te diré por cartas lo que intento.

Comendador

El tiempo ha de enseñarte.

Maestre

¡Ah, pocos años,
sujetos al rigor de sus engaños!

(Sale la boda. MÚSICOS, MENGO, FRONDOSO,

LAURENCIA, PASCUALA, BARRILDO,

ESTEBAN y ALCALDE [JUAN ROJO].)

Músicos

_¡Vivan muchos años
los desposados!
¡Vivan muchos años!_

Mengo

A fe, que no os ha costado
mucho trabajo el cantar.

Barrildo

Supiéraslo tú trovar
mejor que él está trovado.

Frondoso

Mejor entiende de azotes
Mengo que de versos ya.

Mengo

Alguno en el valle está,
para que no te alborotes,
a quien el comendador...

Barrildo

No lo digas, por tu vida;
que este bárbaro homicida
a todos quita el honor.

Mengo

Que me azotasen a mí
cien soldados aquel día...
sola una honda tenía;
...[34]
pero que le hayan echado
una melecina[35] a un hombre,
que, aunque no diré su nombre,
todos saben que es honrado,
llena de tinta y de chinas,
¿cómo se puede sufrir?

[34] Falta un verso.

[35] Melecina, lavativa.

Barrildo

Haríalo por reír.

Mengo

No hay risa con melecinas;
que aunque es cosa saludable...
yo me quiero morir luego.

Frondoso

Vaya la copla, te ruego,
si es la copla razonable.

Mengo

Vivan muchos años juntos
los novios, ruego a los cielos,
y por envidia ni celos
ni riñan ni anden en puntos.
Lleven a entrambos difuntos,
de puro vivir cansados.
¡Vivan muchos años!

¡Maldiga el cielo el poeta,
que tal coplón arrojó!

[FRONDOSO][36]

[36] El original, Mengo.

Barrildo

Fué muy presto...

Mengo

Pienso yo
una cosa de esta seta[37].
¿No habéis visto un buñolero,
en el aceite abrasando
pedazos de masa echando
hasta llenarse el caldero?
¿Que unos le salen hinchados,
otros tuertos y mal hechos,
ya zurdos y ya derechos,
ya fritos y ya quemados?
Pues así imagino yo
un poeta componiendo,
la materia previniendo
que es quien la masa le dió.
Va arrojando verso aprisa
al caldero del papel,
confiado en que la miel
cubrirá la burla y risa.
Mas poniéndolo en el pecho,
apenas hay quien los tome;
tanto que sólo los come
el mismo que los ha hecho.

[37] Seta, secta.

Barrildo

Déjate ya de locuras;
deja los novios hablar.

Laurencia

Las manos nos da a besar.

JUAN [ROJO]

Hija, ¿mi mano procuras?
Pídela a tu padre luego
para ti y para Frondoso.

Esteban

Rojo, a ella y a su esposo
que se la dé el cielo ruego,
con su larga bendición.

Frondoso

Los dos a los dos la echad.

JUAN [ROJO]

Ea, tañed y cantad,
pues que para en uno son.

Músicos

_Al val de Fuente Ovejuna
la niña en cabellos baja;
el caballero la sigue
de la Cruz de Calatrava.
Entre las ramas se esconde,
de vergonzosa y turbada;
fingiendo que no le ha visto,
pone delante las ramas.
«¿Para qué te ascondes,
niña gallarda?
Que mis linces deseos
paredes pasan.»
Acercóse él caballero,
y ella, confusa y turbada,
hacer quiso celosías
de las intrincadas ramas;
mas como quien tiene amor
los mares y las montañas
atraviesa fácilmente,
la dice tales palabras:
«¿Para qué te ascondes,
niña gallarda?
Que mis linces deseos
paredes pasan.»_

(Salen el COMENDADOR, FLORES, ORTUÑO y

CIMBRANOS.)

Comendador

Estése la boda queda,
y no se alborote nadie.

JUAN [ROJO]

No es juego aqueste, señor,
y basta que tú lo mandes.
¿Quieres lugar? ¿Cómo vienes
con tu belicoso alarde?
¿Venciste? Mas ¿qué pregunto?

Frondoso

¡Muerto soy! ¡Cielos, libradme!

Laurencia

Huye por aquí, Frondoso.

Comendador

Eso no; prendelde, atalde.

JUAN [ROJO]

Date, muchacho, a prisión.

Frondoso

Pues ¿quieres tú que me maten?

JUAN [ROJO]

¿Por qué?

Comendador

No soy hombre yo
que mato sin culpa a nadie;
que si lo fuera, le hubieran
pasado de parte a parte
esos soldados que traigo.
Llevarle mando a la cárcel,
donde la culpa que tiene
sentencie su mismo padre.

Pascuala

Señor, mirad que se casa.

Comendador

¿Qué me obliga a que se case?
¿No hay otra gente en el pueblo?

Pascuala

Si os ofendió perdonadle,
por ser vos quien sois.

Comendador

No es cosa,
Pascuala, en que yo soy parte.
Es esto contra el maestre
Téllez Girón, que Dios guarde;
es contra toda su orden,
es su honor, y es importante
para el ejemplo, el castigo;
que habrá otro día quien trate
de alzar pendón contra él,
pues ya sabéis que una tarde
al comendador mayor
(¡qué vasallos tan leales!)
puso una ballesta al pecho.

Esteban

Supuesto que el disculparle
ya puede tocar a un suegro,
no es mucho que en causas tales
se descomponga con vos
un hombre, en efecto, amante;
porque si vos pretendéis
su propia mujer quitarle,
¿qué mucho que la defienda?

Comendador

Majadero sois, alcalde.

Esteban

Por vuestra virtud, señor.

Comendador

Nunca yo quise quitarle
su mujer, pues no lo era.

Esteban

Si quisistes...--Y esto baste;
que reyes hay en Castilla
que nuevas órdenes hacen
con que desórdenes quitan.
Y harán mal cuando descansen
de las guerras, en sufrir
en sus villas y lugares
a hombres tan poderosos
por traer cruces tan grandes;
póngasela el rey al pecho,
que para pechos reales
es esa insignia y no más.

Comendador

¡Hola! La vara quitalde.

Esteban

Tomad, señor, norabuena.

Comendador

Pues con ella quiero dalle,
como a caballo brioso.

Esteban

Por señor os sufro. Dadme.

Pascuala

¡A un viejo de palos das!

Laurencia

Si le das porque es mi padre,
¿qué vengas en él de mí?

Comendador

Llevalda, y haced que guarden
su persona diez soldados.

(Vase él y los suyos.)

Esteban

Justicia del cielo baje. (Vase.)

Pascuala

Volvióse en luto la boda. (Vase.)

Barrildo

¿No hay aquí un hombre que hable?

Mengo

Yo tengo ya mis azotes,
que aun se ven los cardenales
sin que un hombre vaya a Roma.
Prueben otros a enojarle.

JUAN [ROJO]

Hablemos todos.

Mengo

Señores,
aquí todo el mundo calle.
Como ruedas de salmón
me puso los atabales.

ACTO TERCERO

Jornada Tercera

ACTO TERCERO DE FUENTE OVEJUNA

(Salen ESTEBAN, ALONSO y BARRILDO.)

Esteban

¿No han venido a la junta?

Barrildo

No han venido.

Esteban

Pues más apriesa nuestro daño corre.

Barrildo

Ya está lo más del pueblo prevenido.

Esteban

Frondoso con prisiones en la torre,
y mi hija Laurencia en tanto aprieto,
si la piedad de Dios no los socorre...

(Salen JUAN ROJO y el REGIDOR.)

Juana

¿De qué dais voces, cuando importa tanto
a nuestro bien, Esteban, el secreto?

Esteban

Que doy tan pocas es mayor espanto.

(Sale MENGO.)

Mengo

También vengo yo a hallarme en esta junta.

Esteban

Un hombre cuyas canas baña el llanto,
labradores honrados, os pregunta
qué obsequias[38] debe hacer toda esa gente
a su patria sin honra, ya perdida.
Y si se llaman honras justamente,
¿cómo se harán, si no hay entre nosotros
hombre a quien este bárbaro no afrente?
Respondedme: ¿hay alguno de vosotros
que no esté lastimado en honra y vida?
¿No os lamentáis los unos de los otros?
Pues si ya la tenéis todos perdida,
¿a qué aguardáis? ¿Qué desventura es ésta?

[38] Obsequias, funerales.

Juana

La mayor que en el mundo fué sufrida.
Mas pues ya se publica y manifiesta
que en paz tienen los reyes a Castilla
y su venida a Córdoba se apresta,
vayan dos regidores a la villa,
y echándose a sus pies pidan remedio.

Barrildo

En tanto que Fernando, aquel que humilla
a tantos enemigos, otro medio
será mejor[39], pues no podrá, ocupado,
hacemos bien, con tanta guerra en medio.

tanto que Fernando humilla a tantos enemigos.»

[39] La frase está construída como si hubiese escrito el autor: «En

Regidor

Si mi voto de vos fuera escuchado,
desamparar la villa doy por voto.

Juana

¿Cómo es posible en tiempo limitado?

Mengo

A la fe, que si entiendo el alboroto,
que ha de costar la junta alguna vida.

Regidor

Ya, todo el árbol de paciencia roto,
corre la nave de temor perdida.
La hija quitan con tan gran fiereza
a un hombre honrado, de quien es regida
la patria en que vivís, y en la cabeza
la vara quiebran tan injustamente.
¿Qué esclavo se trató con más bajeza?

Juana

¿Qué es lo que quieres tú que el pueblo intente?

Regidor

Morir, o dar la muerte a los tiranos,
pues somos muchos, y ellos poca gente.

Barrildo

¡Contra el señor las armas en las manos!

Esteban

El rey solo es señor después del cielo,
y no bárbaros hombres inhumanos.
Si Dios ayuda nuestro justo celo,
¿qué nos ha de costar?

Mengo

Mirad, señores
que vais en estas cosas con recelo.
Puesto que[40] por los simples labradores
estoy aquí, que más injurias pasan,
más cuerdo represento sus temores.

[40] Aunque.

Juana

Si nuestras desventuras se compasan,
para perder las vidas, qué aguardamos
Las casas y las viñas nos abrasan:
tiranos son; a la venganza vamos.

(Sale LAURENCIA, desmelenada.)

Laurencia

Dejadme entrar, que bien puedo
en consejo de los hombres;
que bien puede una mujer,
si no a dar voto a dar voces.
¿Conocéisme?

Esteban

¡Santo cielo!
¿No es mi hija?

Juana

¿No conoces
A Laurencia?

Laurencia

Vengo tal,
que mi diferencia os pone
en contingencia quién soy.

Esteban

¡Hija mía!

Laurencia

No me nombres
tu hija.

Esteban

¿Por qué, mis ojos?
¿Por qué?

Laurencia

Por muchas razones,
y sean las principales,
porque dejas que me roben
tiranos sin que me vengues,
traidores sin que me cobres.
Aun no era yo de Frondoso,
para que digas que tome,
como marido, venganza;
que aquí por tu cuenta corre;
que en tanto que de las bodas
no haya llegado la noche,
del padre, y no del marido,
la obligación presupone;
que en tanto que no me entregan
una joya, aunque la compren,
no ha de correr por mi cuenta
las guardas ni los ladrones.
Llevóme de vuestros ojos
a su casa Fernán Gómez:
la oveja al lobo dejáis,
como cobardes pastores.
¿Qué dagas no vi en mi pecho?
¡Qué desatinos enormes,
qué palabras, qué amenazas,
y qué delitos atroces,
por rendir mi castidad
a sus apetitos torpes!
Mis cabellos, ¿no lo dicen?
¿No se ven aquí los golpes,
de la sangre y las señales?
¿Vosotros sois hombres nobles?
¿Vosotros padres y deudos?
¿Vosotros, que no se os rompen
las entrañas de dolor,
de verme en tantos dolores?
Ovejas sois, bien lo dice
de Fuente Ovejuna el nombre.
Dadme unas armas a mí,
pues sois piedras, pues sois bronces,
pues sois jaspes, pues sois tigres...
--Tigres no, porque feroces
siguen quien roba sus hijos,
matando los cazadores
antes que entren por el mar
y por sus ondas se arrojen.
Liebres cobardes nacistes;
bárbaros sois, no españoles.
Gallinas, ¡vuestras mujeres
sufrís que otros hombres gocen!
Poneos ruecas en la cinta.
¿Para qué os ceñís estoques?
¡Vive Dios, que he de trazar
que solas mujeres cobren
la honra de estos tiranos,
la sangre de estos traidores,
y que os han de tirar piedras,
hilanderas, maricones,
amujerados, cobardes,
y que mañana os adornen
nuestras tocas y basquiñas,
solimanes y colores!
A Frondoso quiere ya,
sin sentencia, sin pregones,
colgar el comendador
del almena de una torre;
de todos hará lo mismo;
y yo me huelgo, medio-hombres,
por que quede sin mujeres
esta villa honrada, y torne
aquel siglo de amazonas,
eterno espanto del orbe.

Esteban

Yo, hija, no soy de aquellos
que permiten que los nombres
con esos títulos viles.
Iré solo, si se pone
todo el mundo contra mí.

Juana

Y yo, por más que me asombre
la grandeza del contrario.

Regidor

Muramos todos.

Barrildo

Descoge
un lienzo al viento en un palo,
y mueran estos inormes[41].

[41] Inorme, forma anticuada de «enorme».

Juana

¿Qué orden pensáis tener?

Mengo

Ir a matarle sin orden.
Juntad el pueblo a una voz;
que todos están conformes
en que los tiranos mueran.

Esteban

Tomad espadas, lanzones,
ballestas, chuzos y palos.

Mengo

¡Los reyes nuestros señores
vivan!

Todos

¡Vivan muchos años!

Mengo

¡Mueran tiranos traidores!

Todos

¡Traidores tiranos mueran!

(Vanse todos.)

Laurencia

Caminad, que el cielo os oye.
--¡Ah mujeres de la villa!
¡Acudid, por que se cobre
vuestro honor, acudid todas!

(Salen PASCUALA, JACINTA y otras mujeres)

Pascuala

¿Qué es esto? ¿De qué das voces?

Laurencia

¿No veis cómo todos van
a matar a Fernán Gómez,
y hombres, mozos y muchachos,
furiosos, al hecho corren?
¿Será bien que solos ellos
de esta hazaña el honor gocen,
pues no son de las mujeres
sus agravios los menores?

Jacinta

Di, pues, ¿qué es lo que pretendes?

Laurencia

Que puestas todas en orden,
acometamos a un hecho
que dé espanto a todo el orbe.
Jacinta, tu grande agravio,
que sea cabo[42]; responde
de una escuadra de mujeres.

[42] Cabo, el jefe.

Jacinta

No son los tuyos menores.

Laurencia

Pascuala, alférez serás.

Pascuala

Pues déjame que enarbole
en un asta la bandera:
verás si merezco el nombre.

Laurencia

No hay espacio para eso,
pues la dicha nos socorre:
bien nos basta que llevemos
nuestras tocas por pendones.

Pascuala

Nombremos un capitán.

Laurencia

Eso no.

Pascuala

¿Por qué?

Laurencia

Que adonde
asiste mi gran valor,
no hay Cides ni Rodamontes.

(Vanse.)

(Sale FRONDOSO, atadas las manos; FLORES,

ORTUÑO, CIMBRANOS y el COMENDADOR.)

Comendador

De ese cordel que de las manos sobra
quiero que le colguéis, por mayor pena.

Frondoso

¡Qué nombre, gran señor, tu sangre cobra!

Comendador

Colgadle luego en la primera almena.

Frondoso

Nunca fué mi intención poner por obra
tu muerte entonces.

Flores

Grande ruido suena.

(Ruido suene.)

Comendador

¿Ruido?

Flores

Y de manera que interrumpen
tu justicia, señor.

Ortuño

Las puertas rompen.

(Ruido.)

Comendador

¡La puerta de mi casa, y siendo casa
de la encomienda!

Flores

El pueblo junto viene.

JUAN (Dentro.)

Rompe, derriba, hunde, quema, abrasa.

Ortuño

Un popular motín mal se detiene.

Comendador

¡El pueblo contra mí!

Flores

La furia pasa
tan adelante, que las puertas tiene
echadas por la tierra.

Comendador

Desatalde.
Templa, Frondoso, ese villano alcalde.

Frondoso

Yo voy, señor; que amor les ha movido.

(Vase.)

MENGO (Dentro.)

¡Vivan Fernando y Isabel, y mueran

los traidores!

Flores

Señor, por Dios te pido
que no te hallen aquí.

Comendador

Si perseveran,
este aposento es fuerte y defendido.
Ellos se volverán.

Flores

Cuando se alteran
los pueblos agraviados, y resuelven,
nunca sin sangre o sin venganza vuelven.

Comendador

En esta puerta, así como rastrillo,
su furor con las armas defendamos.

FRONDOSO (Dentro.)

¡Viva Fuente Ovejuna!

Comendador

¡Qué caudillo!
Estoy porque a su furia acometamos.

Flores

De la tuya, señor, me maravillo.

Esteban

Ya el tirano y los cómplices miramos.
¡Fuente Ovejuna, y los tiranos mueran!

(Salen todos.)

Comendador

Pueblo, esperad.

Todos

Agravios nunca esperan.

Comendador

Decídmelos a mí, que iré pagando
a fe de caballero esos errores.

Todos

¡Fuente Ovejuna! ¡Viva el rey Fernando!
¡Mueran malos cristianos y traidores!

Comendador

¿No me queréis oír? Yo estoy hablando;
yo soy vuestro señor.

Todos

Nuestros señores
son los Reyes Católicos.

Comendador

Espera.

Todos

¡Fuente Ovejuna, y Fernán Gómez muera!

(Vanse, y salen las mujeres armadas.)

Laurencia

Parad en este puesto de esperanzas
soldados atrevidos, no mujeres.

Pascuala

¿Lo[s] que mujeres son en las venganzas,
en él beban su sangre es bien que esperes?

Jacinta

Su cuerpo recojamos en las lanzas.

Pascuala

Todas son de esos mismos pareceres.

ESTEBAN (Dentro.)

¡Muere, traidor comendador!

Comendador

Ya muero.
¡Piedad, Señor, que en tu clemencia espero!

BARRILDO (Dentro.)

Aquí está Flores.

Mengo

Dale a ese bellaco;
que ese fué el que me dió dos mil azotes.

FRONDOSO (Dentro.)

No me vengo si el alma no le saco.

Laurencia

No excusamos entrar.

Pascuala

No te alborotes.
Bien es guardar la puerta.

BARRILDO (Dentro.)

No me aplaco.
¡Con lágrimas agora, marquesotes!

Laurencia

Pascuala, yo entro dentro; que la espada
no ha de estar tan sujeta ni envainada.

(Vase.)

BARRILDO [Dentro.]

Aquí está Ortuño.

FRONDOSO [Dentro.]

Córtale la cara.

(Sale FLORES huyendo, y MENGO tras él.)

Flores

¡Mengo, piedad!, que no soy yo el culpado.

Mengo

Cuando ser alcahuete no bastara,
bastaba haberme el pícaro azotado.

Pascuala

Dánoslo a las mujeres, Mengo, para...
Acaba por tu vida.

Mengo

Ya está dado;
que no le quiero yo mayor castigo.

Pascuala

Vengaré tus azotes.

Mengo

Eso digo.

Jacinta

¡Ea, muera el traidor!

Flores

¡Entre mujeres!

Jacinta

¿No le viene muy ancho?

Pascuala

¿Aqueso lloras?

Jacinta

Muere, concertador de sus placeres.

Pascuala

¡Ea, muera el traidor!

Flores

¡Piedad, señoras!

(Sale ORTUÑO huyendo de LAURENCIA.)

Ortuño

Mira que no soy yo...

Laurencia

Ya sé quién eres.--
Entrad, teñid las armas vencedoras
en estos viles.

Pascuala

Moriré matando.

Todas

¡Fuente Ovejuna, y viva el rey Fernando!

(Vanse, y salen el REY DON FERNANDO y la REINA DOÑA ISABEL, y DON MANRIQUE, maestre.)

Manrique

De modo la prevención
fué, que el efeto esperado
llegamos a ver logrado
con poca contradición.
Hubo poca resistencia;
y supuesto que la hubiera,
sin duda ninguna fuera
de poca o ninguna esencia.
Queda el de Cabra ocupado
en conservación del puesto,
por si volviere dispuesto
a él el contrario osado.

Rey

Discreto el acuerdo fué,
y que asista es conveniente,
y reformando la gente,
el paso tomado esté.
Que con eso se asegura
no podernos hacer mal
Alfonso, que en Portugal
tomar la fuerza procura.
Y el de Cabra es bien que esté
en ese sitio asistente,
y como tan diligente,
muestras de su valor dé;
porque con esto asegura
el daño que nos recela,
y como fiel centinela,
el bien del reino procura.

(Sale FLORES, herido.)

Flores

Católico rey Fernando,
a quien el cielo concede
la corona de Castilla,
como a varón excelente;
oye la mayor crueldad
que se ha visto entre las gentes
desde donde nace el sol
hasta donde se oscurece.

Rey

Repórtate.

Flores

Rey supremo,
mis heridas no consienten
dilatar el triste caso,
por ser mi vida tan breve.
De Fuente Ovejuna vengo,
donde, con pecho inclemente,
los vecinos de la villa
a su señor dieron muerte.
Muerto Fernán Gómez queda
por sus súbditos aleves;
que vasallos indignados
con leve causa se atreven.
El título de tirano
le acumula todo el plebe,
y a la fuerza de esta voz
el hecho fiero acometen;
y quebrantando su casa,
no atendiendo a que se ofrece
por la fe de caballero
a que pagará a quien debe,
no sólo no le escucharon,
pero con furia impaciente
rompen el cruzado pecho
con mil heridas crueles,
y por las altas ventanas
le hacen que al suelo vuele,
adonde en picas y espadas
le recogen las mujeres.
Llévanle a una casa muerto,
y, a porfía, quien más puede
mesa su barba y cabello
y apriesa su rostro hieren.
En efeto fué la furia
tan grande que en ellos crece,
que las mayores tajadas
las orejas a ser vienen.
Sus armas borran con picas
y a voces dicen que quieren
tus reales armas fijar,
porque aquéllas les ofenden.
Saqueáronle la casa,
cual si de enemigos fuese,
y gozosos entre todos
han repartido sus bienes.
Lo dicho he visto escondido,
porque mi infelice suerte
en tal trance no permite
que mi vida se perdiese;
y así estuve todo el día
hasta que la noche viene,
y salir pude escondido
para que cuenta te diese.
Haz, señor, pues eres justo,
que la justa pena lleven
de tan riguroso caso
los bárbaros delincuentes:
mira que su sangre a voces
pide que tu rigor prueben.

Rey

Estar puedes confiado
que sin castigo no queden.
El triste suceso ha sido
tal, que admirado me tiene,
y que vaya luego un juez
que lo averigüe conviene,
y castigue a los culpados
para ejemplo de las gentes.
Vaya un capitán con él,
por que seguridad lleve;
que tan grande atrevimiento
castigo ejemplar requiere;
y curad a este soldado
de las heridas que tiene.

(Vanse, y salen los labradores y labradoras, con la cabeza de Fernán Gómez en una lanza.)

Músicos

_¡Muchos años vivan
Isabel y Fernando,
y mueran los tiranos!_

Barrildo

Diga su copla Frondoso.

Frondoso

Ya va mi copla a la fe;
si le faltare algún pie,
enmiéndelo el más curioso.
«¡Vivan la bella Isabel,
pues que para en uno son,
él con ella, ella con él!
A los cielos San Miguel
lleve a los dos de las manos.
¡Vivan muchos años,
y mueran los tiranos!»

Laurencia

Diga Barrildo.

Barrildo

Ya va;
que a fe que la he pensado.

Pascuala

Si la dices con cuidado,
buena y rebuena será.

Barrildo

«¡Vivan los reyes famosos
muchos años, pues que tienen
la vitoria, y a ser vienen
nuestros dueños venturosos!
Salgan siempre vitoriosos
de gigantes y de enanos,
y ¡mueran los tiranos!»

Músicos

¡Muchos años vivan!, etc.

Laurencia

Diga Mengo.

Frondoso

Mengo diga.

Mengo

Yo soy poeta donado.

Pascuala

Mejor dirás lastimado
el envés de la barriga.

Mengo

«Una mañana en domingo
me mandó azotar aquél,
de manera que el rabel
daba espantoso respingo;
pero agora que los pringo,
¡vivan los reyes cristiánigos,
y mueran los tiránigos!»

¡Vivan muchos años!

Esteban

Quita la cabeza allá.

Mengo

Cara tiene de ahorcado.

(Saca un escudo JUAN ROJO con las armas [reales])

Regidor

Ya las armas han llegado.

Esteban

Mostrá las armas acá.

Juana

¿Adónde se han de poner?

Regidor

Aquí, en el ayuntamiento.

Esteban

¡Bravo escudo!

Barrildo

¡Qué contento!

Frondoso

Ya comienza a amanecer,
con este sol, nuestro día.

Esteban

¡Vivan Castilla y León,
y las barras de Aragón,
y muera la tiranía!
Advertid, Fuente Ovejuna,
a las palabras de un viejo;
que el admitir su consejo
no ha dañado vez ninguna.
Los reyes han de querer
averiguar este caso,
y más tan cerca del paso
y jornada que han de hacer.
Concertaos todos a una
en lo que habéis de decir.

Frondoso

¿Qué es tu consejo?

Esteban

Morir
diciendo Fuente Ovejuna,
y a nadie saquen de aquí.

Frondoso

Es el camino derecho.
Fuente Ovejuna lo ha hecho.

Esteban

¿Queréis responder así?

Todos

Sí.

Esteban

Ahora[43], pues; yo quiero ser
agora el pesquisidor,
para ensayarnos mejor
en lo que habemos de hacer.
Sea Mengo el que esté puesto
en el tormento.

[43] El original, agora.

Mengo

¿No hallaste
otro más flaco?

Esteban

¿Pensaste
que era de veras?

Mengo

Di presto.

Esteban

¿Quién mató al comendador?

Esteban

Perro, ¿si te martirizo?

Mengo

Aunque me matéis, señor.

Esteban

Confiesa, ladrón.

Mengo

Confieso.

Esteban

Pues ¿quién fué?

Mengo

Fuente Ovejuna.

Esteban

Dadle otra vuelta.

Mengo

Es ninguna.

Esteban

Cagajón para el proceso.

(Sale el REGIDOR.)

Regidor

¿Qué hacéis de esta suerte aquí?

Frondoso

¿Qué ha sucedido, Cuadrado?

Regidor

Pesquisidor ha llegado.

Esteban

Echá todos por ahí.

Regidor

Con él viene un capitán.

Esteban

Venga el diablo: ya sabéis
lo que responder tenéis.

Regidor

El pueblo prendiendo van,
sin dejar alma ninguna.

Esteban

Que no hay que tener temor.
¿Quién mató al comendador,
Mengo?

Mengo

¿Quién? Fuente Ovejuna.

(Vanse, y salen el MAESTRE y UN SOLDADO.)

Maestre

¡Que tal caso ha sucedido!
Infelice fué su suerte.
Estoy por darte la muerte
por la nueva que has traído.

Soldado

Yo, señor, soy mensajero,
y enojarte no es mi intento.

Maestre

¡Que a tal tuvo atrevimiento
un pueblo enojado y fiero!
Iré con quinientos hombres,
y la villa he de asolar;
en ella no ha de quedar
ni aun memoria de los hombres.

Soldado

Señor, tu enojo reporta;
porque ellos al rey se han dado,
y no tener enojado
al rey es lo que te importa.

Maestre

¿Cómo al rey se pueden dar,
si de la encomienda son?

Soldado

Con él sobre esa razón
podrás luego pleitear.

Maestre

Por pleito ¿cuándo salió
lo que él[44] le entregó en sus manos?
Son señores soberanos,
y tal reconozco yo.
Por saber que al rey se han dado
me reportará mi enojo,
y ver su presencia escojo
por lo más bien acertado;
que puesto que tenga culpa
en casos de gravedad,
en todo mi poca edad
viene a ser quien me disculpa.
Con vergüenza voy; mas es
honor quien puede obligarme,
y importa no descuidarme
en tan honrado interés.

[44] El pueblo.

(Vanse; sale LAURENCIA sola.)

Laurencia soneto

Amando, recelar daño en lo amado,
nueva pena de amor se considera;
que quien en lo que ama daño espera
aumenta en el temor nuevo cuidado.
El firme pensamiento desvelado,
si le aflige el temor, fácil se altera;
que no es a firme fe pena ligera
ver llevar el temor el bien robado.
Mi esposo adoro; la ocasión que veo
al temor de su daño me condena,
si no le ayuda la felice suerte.
Al bien suyo se inclina mi deseo:
si está presente, está cierta mi pena;
si está en ausencia, está cierta mi muerte.

(Sale FRONDOSO.)

Frondoso

¡Mi Laurencia!

Laurencia

¡Esposo amado!
¿Cómo a estar aquí te atreves?

Frondoso

¿Esas resistencias debes
a mi amoroso cuidado?

Laurencia

Mi bien, procura guardarte,
porque tu daño recelo.

Frondoso

No quiera, Laurencia, el cielo
que tal llegue a disgustarte.

Laurencia

¿No temes ver el rigor
que por los demás sucede,
y el furor con que procede
aqueste pesquisidor?
Procura guardar la vida.
Huye, tu daño no esperes.

Frondoso

¿Cómo que procure quieres
cosa tan mal recibida?
¿Es bien que los demás deje
en el peligro presente
y de tu vista me ausente?
No me mandes que me aleje;
porque no es puesto en razón
que, por evitar mi daño,
sea con mi sangre extraño
en tan terrible ocasión.

Voces parece que he oído,
y son, si yo mal no siento,
de alguno que dan tormento.
Oye con atento oído.

(Voces dentro.)

(Dice dentro el JUEZ, y responden.)

Juez

Decid la verdad, buen viejo.

Frondoso

Un viejo, Laurencia mía,
atormentan.

Laurencia

¡Qué porfía!

Esteban

Déjenme un poco.

Juez

Ya os dejo.
Decid, ¿quién mató a Fernando?

Laurencia

Tu nombre, padre, eternizo[45].
...

[45] Falta un verso para la redondilla, pero no para el sentido.

Frondoso

¡Bravo caso!

Juez

Ese muchacho
aprieta. Perro, yo sé
que lo sabes. Di quién fué.
¿Callas? Aprieta, borracho.

Niño

Fuente Ovejuna, señor.

Juez

¡Por vida del rey, villanos,
que os ahorque con mis manos!
¿Quién mató al comendador?

Frondoso

¡Que a un niño le den tormento
y niegue de aquesta suerte!

Laurencia

¡Bravo pueblo!

Frondoso

Bravo y fuerte.

Juez

Esa mujer al momento
en ese potro tened.
Dale esa mancuerda luego.

Laurencia

Ya está de cólera ciego.

Juez

Que os he de matar, creed,
en este potro, villanos.
¿Quién mató al comendador?

Pascuala

Fuente Ovejuna, señor.

Juez

¡Dale!

Frondoso

Pensamientos vanos.

Laurencia

Pascuala niega, Frondoso.

Frondoso

Niegan niños: ¿qué te espantas?

Juez

Parece que los encantas.
¡Aprieta!

Pascuala

¡Ay cielo piadoso!

Juez

¡Aprieta, infame! ¿Estás sordo?

Juez

Traedme aquél más rollizo;
ese desnudo, ese gordo.

Laurencia

¡Pobre Mengo! El es sin duda.

Frondoso

Temo que ha de confesar.

Mengo

¡Ay, ay!

Juez

Comienza a apretar.

Mengo

¡Ay!

Juez

¿Es menester ayuda?

Mengo

¡Ay, ay!

Juez

¿Quién mató, villano,
al señor comendador?

Mengo

¡Ay, yo lo diré, señor!

Juez

Afloja un poco la mano.

Frondoso

El confiesa.

Juez

Al palo aplica
la espalda.

Mengo

Quedo; que yo
lo diré.

Juez

¿Quién lo mató?

Mengo

Señor, Fuente Ovejunica.

Juez

¿Hay tan gran bellaquería?
Del dolor se están burlando.
En quien estaba esperando,
niega con mayor porfía.
Dejaldos; que estoy cansado.

Frondoso

¡Oh, Mengo, bien te haga Dios!
Temor que tuve de dos,
el tuyo me le ha quitado.

(Salen con MENGO, BARRILDO y el REGIDOR.)

Barrildo

¡Vítor, Mengo!

Regidor

Y con razón.

Barrildo

¡Mengo, vítor!

Frondoso

Eso digo.

Mengo

¡Ay, ay!

Barrildo

Toma, bebe, amigo.
Come.

Mengo

¡Ay, ay! ¿Qué es?

Barrildo

Diacitrón.

Mengo

¡Ay, ay!

Frondoso

Echa de beber.

Barrildo

...Ya va[46].

[46] Falta el principio del verso.

Frondoso

Bien lo cuela. Bueno está.

Laurencia

Dale otra vez a comer.

Mengo

¡Ay, ay!

Barrildo

Esta va por mí.

Laurencia

Solemnemente lo embebe.

Frondoso

El que bien niega bien bebe.

Regidor

¿Quieres otra?

Mengo

¡Ay, ay! Sí, sí.

Frondoso

Bebe, que bien lo mereces.

Laurencia

A vez por vuelta las cuela.

Frondoso

Arrópale, que se hiela.

Barrildo

¿Quieres más?

Mengo

Sí, otras tres veces.
¡Ay, ay!

Frondoso

Si hay vino pregunta.

Barrildo

Sí hay: bebe a tu placer;
que quien niega ha de beber.
¿Qué tiene?

Mengo

Una cierta punta[47].
Vamos; que me arromadizo.

hacer antes un gesto de desagrado.

[47] Punta, sabor agrio del vino. Mengo ha debido

Frondoso

Que [beba][48], que éste es mejor.
¿Quién mató al comendador?

[48] El original, lea.

Mengo

Fuente Ovejunica lo hizo.

(Vanse.)

Frondoso

Justo es que honores le den.
Pero decidme, mi amor,
¿quién mató al comendador?

Laurencia

Fuente Ovejuna, mi bien.

Frondoso

¿Quién le mató?

Laurencia

Dasme espanto.
Pues Fuente Ovejuna fué.

Frondoso

Y yo ¿con qué te maté?

Laurencia

¿Con qué? Con quererte tanto.

(Vanse, y salen el REY y la REINA y MANRIQUE [luego].)

Isabel

No entendí, señor, hallaros
aquí, y es buena mi suerte.

Rey

En nueva gloria convierte
mi vista el bien de miraros.
Iba a Portugal de paso,
y llegar aquí fué fuerza.

Isabel

Vuestra majestad le tuerza,
siendo conveniente el caso.

Rey

¿Cómo dejáis a Castilla?

Isabel

En paz queda, quieta y llana.

Rey

Siendo vos la que la allana
no lo tengo a maravilla.

(Sale DON MANRIQUE.)

Manrique

Para ver vuestra presencia
el maestre de Calatrava,
que aquí de llegar acaba,
pide que le deis licencia.

Isabel

Verle tenía deseado.

Manrique

Mi fe, señora, os empeño,
que, aunque es en edad pequeño,
es valeroso soldado.

([Vase, y] sale el MAESTRE.)

Maestre

Rodrigo Téllez Girón,
que de loaros no acaba,
maestre de Calatrava,
os pide, humilde, perdón.
Confieso que fuí engañado,
y que excedí de lo justo
en cosas de vuestro gusto,
como mal aconsejado.
El consejo de Fernando
y el interés me engañó,
injusto fiel; y ansí, yo
perdón, humilde, os demando.
Y si recebir merezco
esta merced que suplico,
desde aquí me certifico
en que a serviros me ofrezco,
y que en aquesta jornada
de Granada, adonde vais,
os prometo que veáis
el valor que hay en mi espada;
donde sacándola apenas,
dándoles fieras congojas,
plantaré mis cruces rojas
sobre sus altas almenas;
y más quinientos soldados
en serviros emplearé,
junto con la firma y fe
de en mi vida disgustaros.

Rey

Alzad, maestre, del suelo;
que siempre que hayáis venido
seréis muy bien recibido.

Maestre

Sois de afligidos consuelo.

Isabel

Vos, con valor peregrino,
sabéis bien decir y hacer.

Maestre

Vos sois una bella Ester,
y vos un Jerjes divino.

(Sale MANRIQUE.)

Manrique

Señor, el pesquisidor
que a Fuente Ovejuna ha ido,
con el despacho ha venido
a verse ante tu valor.

Rey

Sed juez de estos agresores.

Maestre

Si a vos, señor, no mirara,
sin duda les enseñara
a matar comendadores.

Rey

Eso ya no os toca a vos.

Isabel

Yo confieso que he de ver
el cargo en vuestro poder,
si me lo concede Dios.

(Sale el JUEZ.)

Juez

A Fuente Ovejuna fuí
de la suerte que has mandado,
y con especial cuidado
y diligencia asistí.
Haciendo averiguación
del cometido delito,
una hoja no se ha escrito
que sea en comprobación;
porque conformes a una,
con un valeroso pecho,
en pidiendo quién lo ha hecho,
responden: «Fuente Ovejuna».
Trecientos he atormentado
con no pequeño rigor,
y te prometo, señor,
que más que esto no he sacado.
Hasta niños de diez años
al potro arrimé, y no ha sido
posible haberlo inquirido
ni por halagos ni engaños.
Y pues tan mal se acomoda
el poderlo averiguar,
o los has de perdonar,
o matar la villa toda.
Todos vienen ante ti
para más certificarte:
de ellos podrás informarte.

Rey

Que entren, pues vienen, les di.

(Salen los dos ALCALDES, FRONDOSO, las mujeres y los villanos que quisieren.)

Laurencia

¿Aquestos los reyes son?

Frondoso

Y en Castilla poderosos.

Laurencia

Por mi fe, que son hermosos:
¡bendígalos San Antón!

Isabel

¿Los agresores son éstos?

Alcalde Esteban

Fuente Ovejuna, señora,
que humildes llegan agora
para serviros dispuestos.
La sobrada tiranía
y el insufrible rigor
del muerto comendador,
que mil insultos hacía,
fué el autor de tanto daño.
Las haciendas nos robaba
y las doncellas forzaba,
siendo de piedad extraño.

Frondoso

Tanto, que aquesta zagala,
que el cielo me ha concedido,
en que tan dichoso he sido
que nadie en dicha me iguala,
cuando conmigo casó,
aquella noche primera,
mejor que si suya fuera,
a su casa la llevó;
y a no saberse guardar
ella, que en virtud florece,
ya manifiesto parece
lo que pudiera pasar.

Mengo

¿No es ya tiempo que hable yo?
Si me dais licencia, entiendo
que os admiraréis, sabiendo
del modo que me trató.
Porque quise defender
una moza de su gente,
que con término insolente
fuerza la querían hacer,
aquel perverso Nerón,
de manera me ha tratado,
que el reverso me ha dejado
como rueda de salmón.
Tocaron mis atabales
tres hombres con tal porfía,
que aun pienso que todavía
me duran los cardenales.
Gasté en este mal prolijo,
por que el cuero se me curta,
polvos de arrayán y murta
más que vale mi cortijo.

Alcalde Esteban

Señor, tuyos ser queremos.
Rey nuestro eres natural,
y con título de tal
ya tus armas puesto habemos.
Esperamos tu clemencia,
y que veas, esperamos,
que en este caso te damos
por abono la inocencia.

Rey

Pues no puede averiguarse
el suceso por escrito,
aunque fué grave el delito,
por fuerza ha de perdonarse.
Y la villa es bien se quede
en mí, pues de mí se vale,
hasta ver si acaso sale
comendador que la herede.

Frondoso

Su majestad habla, en fin,
como quien tanto ha acertado.
Y aquí, discreto senado,
FUENTE OVEJUNA da fin.

Indice

Páginas.

Acto primero 13

Acto segundo 61

Acto tercero 109

Nota del Transcriptor:

Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.

Se han corregido los errores obvios de imprenta.

Se han eliminado las páginas en blanco.

Elenco vivo 27 personajes · 2,529 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por vecindad en el diálogo (la obra no marca escenas).

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
398102J1, J2, J3J1Frondoso, Mengo, Pascuala
392115J1, J2, J3J1Flores, Esteban, Laurencia
24676J1, J2, J3J1Laurencia, Frondoso, Barrildo
24668J1, J2, J3J1Comendador, Regidor, Laurencia
23375J1, J2, J3J1Laurencia, Mengo, Comendador
22941J1, J2, J3J1Comendador, Ortuño, Laurencia
11223J1, J2, J3J1Comendador, Laurencia, Frondoso
10844J1, J2, J3J1Laurencia, Mengo, Comendador
8316J1, J3J1Isabel, Laurencia, Manrique
7540J1, J2, J3J1Mengo, Frondoso, Laurencia
6218J3J3Frondoso, Mengo, Laurencia
5624J2, J3J2Esteban, Frondoso, Mengo
4120J1, J2, J3J1Comendador, Flores, Mengo
389J2J2Barrildo, Comendador, Esteban
3211J1, J3J1Rey, Laurencia, Frondoso
3118J2, J3J2Comendador, Mengo, Laurencia
314J2, J3J2Barrildo, Mengo, Frondoso
306J1, J3J1Rey, Isabel, Laurencia
2711J2, J3J2Esteban, Barrildo, Mengo
192J3J3Frondoso, Rey, Laurencia
102J1J1Comendador, Laurencia, Flores
97J3J3Comendador, Laurencia, Esteban
83J3J3Maestre, Frondoso, Laurencia
81J3J3Frondoso, Alcalde Esteban, Rey
32J2J2Comendador, Leonelo, Barrildo
11J3J3Flores, Rey, Pascuala
11J3J3Juez, Frondoso, Laurencia

Partitura métrica 21 cambios de medida

La música estructural de la comedia: cada tramo es un parlamento, su ancho son sus versos y su color, la medida que La Báscula reconoce. Lope recomendaba décimas para las quejas, sonetos para los que aguardan, romances para las relaciones y redondillas para el amor: aquí se ve dónde cambia. Versión de medida, no de estrofa (romance y redondilla comparten el octosílabo); la estrofa viene después. Pulsa un tramo para ir al pasaje.

Jornada Primera
Jornada Segunda
Jornada Tercera

octosílabos 85 % · endecasílabos 9 % · silva 0 % · mixto 5 %

Los poemas del teatro 1 soneto

Lope recomendaba el soneto «para los que aguardan». Éstos son los parlamentos de catorce endecasílabos que La Báscula reconoce dentro de la obra: poemas completos que viven en escena. (Cuando la casa abra el soneto de teatro en El Sonetario, vivirán también allá, enlazados, no duplicados.)

Expediente

Autor
Lope de Vega (1562–1635)
Obra
Fuenteovejuna
Jornadas
3
Personajes
27
Versos
2,529
Versificación
octosílabos 85 % · endecasílabos 9 % · silva 0 % · mixto 5 % medida por La Báscula
Fuente
Gutenberg #60198
Estructura
fuenteovejuna.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Lope de Vega, Fuenteovejuna, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/fuenteovejuna.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.