TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

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Francisco Cascales · Poética teatral

Tablas poéticas

Tabla tercera: De la tragedia

PIERIO.- Dadme la diffinición de la tragedia, porque por ella sepa yo el officio del poeta trágico.

CASTALIO.- La tragedia es imitación de una actión illustre, entera y de justa grandeza, en suave lenguage dramático, para limpiar las passiones del ánimo por medio de la misericordia y miedo. Como yo lo digo lo dize Aristóteles. Ya avéis sabido qué cosa es imitación, y cómo la actión es una, entera y de justa grandeza, y en suave lenguage, que es el verso, y dramático, porque el trágico introduze siempre a otros hablando. Lo que de nuevo os conviene saber es cómo el poeta trágico, por medio de la misericordia y miedo, limpia los ánimos de las passiones, tratando su actión ilustre. La actión trágica es ilustre, magnífica, real y grande. Las cosas illustres, o son de personas buenas, o malas o medias. Déstas, solamente aquellas elige el trágico que son idóneas para mover a misericordia y miedo. Las actiones de los buenos no pueden causar terror y compassión, aunque más sean conduzidas a mísero y desastrado fin; porque no siendo por culpa o pecado suyo el infortunio o muerte que les suceda, será su fin de mal exemplo y será mal recibido de los oyentes, viendo que los buenos son castigados. Ni más ni menos, las actiones de los malos no produzen el effecto que buscamos de comiseración y terror, porque siendo malos, qualquier mal sucesso que les venga será tenido por justo y bueno; cuyo castigo no solamente moverá a lástima y horror, pero le alabarán y tendrán por bueno. Según esto, las personas que son en parte buenas y en parte malas son aptas para mover a misericordia y miedo; y es porque le parece al oyente que aunque el que padece merece pena, pero no tanta ni tan grave. Y esta justicia mezclada con el rigor y gravedad de la pena induze aquel horror y compassión que es necessario en la tragedia. Reliquum est (dize Aristóteles) ut ad haec maxime idoneus is habeatur, qui medius inter tales sit; is autem erit, qui nec virtute, nec iustitia antecellat, minimeque per vitium pravitatemve in ipsam infoelicitatem lapsus fuerit, verum humano quodam errore ex magna quidem existimatione, atque foelicitate quemadmodum Aedipus, Thyestes, caeterique ex huiusmodi generibus illustres viri. Si uno, siendo excelente en virtud y bondad, padece o es castigado, mueve a indignación contra la justicia de la tierra. Y si el facinoroso y malo padezca calamidad, siendo aquella calamidad y miseria por sus pecados, no es digno de conmiseración. Serálo, pues, aquel que padece por algún pecado hecho sin malicia, por imprudencia y por algún error humano. Dize el Filósofo en el tercero de la Ética que todas las cosas que los hombres hazen, o se an de llamar voluntarias, o no voluntarias. Voluntarias son las que provienen de la electión nuestra, no voluntarias son aquellas que hazemos forçados. Haze uno una cosa por fuerça de tres maneras: o compelido de la violencia, o por ignorancia, o por miedo de mayor mal. Esta división conviene a los poetas trágicos, para que sepan aptamente eligir y constituir la actión trágica; porque la actión violenta no pertenece a la tragedia, y la voluntaria mucho menos. Actión violenta es quando uno haze una cosa más de fuerça que de grado, como si un tirano me mandasse matar a mi padre, con tal que si le mato, quede yo salvo, y si no le mato, que yo muera. Voluntaria es quando maliciosamente y por culpa mía incurrí en la miseria que padezco. Ninguna destas actiones son dignas de compassión. Resta, pues, que sea aquella actión propria del trágico adonde por ignorancia padezco algún gran trabajo. Demás desto, se deve saber esta differencia de peccar ignorantemente, o por ignorancia. Ignorantemente pecaría, si un hombre gravemente enojado o beodo matasse a alguno, porque el enojado o beodo ignora por culpa suya lo que es justo y lo que conviene. Haze la cosa por ignorancia quien imprudentemente y sin saber que aquello que haze es malo, lo haze. Bien sabía Edipo que era grande delicto matar un hijo a su padre; pero quando le mató, ignoró ser aquél su padre. Estas y otras tales actiones toman los trágicos y las procuran imitar con gran cuidado, artificio. Otra cosa también se requiere en esta actión y persona trágica de que hablamos, que el pecado sea muy grave y enorme, y que cayga en la infelicidad de un alto grado de honor; porque si el pecado fuere leve y la miseria no grave, la comiseración también será poca, deviendo ser muy grande para que mueva los ánimos de los oyentes. Será, pues, grande, si la muerte que se intentare o cometiere fuere de hijo a padre, de hermano a hermano, de sobrino a tío, o al contrario; porque, siendo tanta la obligación de amor que se deven tener éstos, vendrá a ser gravíssimo el pecado y muy terrífico y comiserable; pero si matasse uno a su enemigo, poco terror y lástima podría causar. Aristóteles: Si hostis hostem obtruncet, obtruncatur usve sit, nequaquam miserabile illud orietur, &e. Y más abaxo: Perturbationes vero ipsae quando evenerint inter necessarios, veluti si frater fratrem, si filius patrem, mater filium, filius matrem, vel necet, vel necaturus sit, aut etiam tale quod facinus patret patratur usve sit, captandae sunt. Supuesto lo dicho, avéis de saber que ay quatro modos de actiones trágicas. El primero es quando uno comete el delito sabiendo lo que haze, como la Medea de Eurípides, que mató a sus hijos por tomar vengança de Iasón en ellos; modo cierto, simple y de poco artificio, y de menos conmiseración por ser conocida la maldad de quien la haze. El segundo modo es quando uno con ignorancia haze un pecado grave y después conoce la atrocidad del hecho por el parentesco que descubre y antes ignorava, como el Edipo de Sóphocles, que mató a su padre Layo no sabiendo que era su padre. El tercer modo es quando ignorantemente alguno va a acometer la maldad, y en el acometella reconoce y es avisado del pecado que intenta, y lo dexa de hazer. Sea exemplo desto la Ifigenia de Eurípides, que aviendo de sacrificar a su hermano Orestes, le reconoció, y reconocido, no le degüella. El quarto modo es quando uno, sabiendo la cosa, la acomete y no la acaba, lo qual (como dize Aristóteles) es grande absurdo, como cosa no trágica y agena de perturbación; y por otra parte, llena de maldad. Y por tanto, esta tal actión nadie la sigue, o alomenos es muy rara, como en la Antígone de Sóphocles, donde Hemon arremete a su padre Cleonte con la espada desnuda para matarle y no le mata. En fin, destos quatro modos, el mejor y más trágico es hazer el pecado con ignorancia. Después déste, acometer el pecado con ignorancia, y en reconociéndole, abstenerse dél. En tercer grado viene hazer el pecado con sabiduría. El quarto y peor modo es intentar el pecado con sabiduría dél y no effectuarle.

PIERIO.- Ya sé que dan materia a la tragedia los casos terríficos y comiserables; y que la fábula que no moviere a misericordia y terror no pertenece al poeta trágico. Sé también que fuera de la fábula, las costumbres, sentencia y dictión son comunes a todo género de poesía, de que arriba avéis hablado largamente. Ya me parece que los preceptos destas generales partes los sabré yo acomodar. Tras esto, ¿qué se sigue?

CASTALIO.- Deteneos un poco aquí, por vida mía, antes que passemos adelante y dezidme si tenéis algo que dudar.

PIERIO.- No se me offrece nada, y deve ser por no tener bien entendida esta materia; porque esto que avéis preceptado conforma con lo que vulgarmente se dize, que la tragedia a de acabar en muerte y la comedia, no.

CASTALIO.- No es del todo verdadera essa opinión, porque aunque por la mayor parte la tragedia a de acabar en muerte o en otra qualquier gran infelicidad, no es siempre esto necessario, que también puede tener un fin felice y alegre. La fábula trágica tiene tres divisiones. Primeramente, ay fábula simple y doble. Simple, quando de un alto y excelente grado se viene a una gran miseria; y éste es el más verdadero y trágico caso de todos. Y engáñanse los que otra cosa piensan, como se engañaron los que antiguamente reprehendieron al poeta Eurípides porque siempre acabava sus tragedias en infelicidad. Affírmalo Aristóteles: Quam ob rem illi quidem decipiuntur ob id ipsum quo Euripidem damnant qui in tragoedijs suis illud observat, earumque plures in infoelicitate terminentur, id quod omne ex arte est. Llámase doble aquella tragedia donde ay mudança de infelicidad en felicidad, no en una persona, sino en diversas, quando un vando principal de la tragedia, de prosperidad cae en miseria, y otro, de miseria en prosperidad, como en la Ulissea de Homero, donde Ulisses, de muchos trabajos viene a suma gloria, y los galanes de Penélope, de felicidad a suma miseria. Y acabar la tragedia en prosperidad no es de doctos poetas, sino de hombres que miran y tienen respeto al gusto del teatro, y no al oficio del poeta. Que el fin alegre no es proprio de la tragedia, sino de la comedia. Aristóteles: Huic sane proprias tribuit theatralis imperitia. Quippe vates hanc auram sequuntur componentes quidem ad vota spectatorum, caeterum voluptas illa non tragoediae, sed comoediae propria est. De otro modo es doble también la fábula quando en ella ay personas ilustres y humildes, como el Amphitrión de Plauto. Y a ésta llaman algunos tragicomedia, pero falsamente; porque la poesía scénica no abraça más que a la tragedia y comedia. Y si la fábula tiene materia trágica, acabando en felicidad, será tragedia doble; y si tiene materia cómica con personas graves y humildes, será comedia doble; y desta manera es el Amphitrión de Plauto.

PIERIO.- ¿Cómo descansáis aí y no me dezis essotras dos particiones?

CASTALIO.- Porque no hazen a nuestro propósito; y porque tratando arriba de la fábula, las declaramos quando diximos que la fábula era simple y compuesta, patética y morata: simple, la que no tiene reconocimientos ni casos inopinados; compuesta, la que los tiene; patética, en la que más se señalan las passiones del ánimo; morata, en la que se descubre más las costumbres.

PIERIO.- ¡Válame Dios! Luego según esso no son comedias las que cada día nos representan Cisneros, Velázquez, Alcaraz, Ríos, Santander, Pinedo y otros famosos en el arte histriónica; porque todas, o las más, llevan pesadumbres, revoluciones, agravios, desagravios, bofetadas, desmentimientos, desafíos, cuchilladas y muertes, que aunque las aya en el contexto de la fábula, como no concluyan con ellas, son tenidas por comedias.

CASTALIO.- Ni son comedias ni sombra dellas. Son unos hermafroditos, unos monstruos de la poesía. Ninguna de essas fábulas tiene materia cómica, aunque más acabe en alegría.

PIERIO.- A lo menos llamarse han tragicomedias.

CASTALIO.- ¡Quita allá! ¿No os e dicho poco a el vicio de las tragedias dobles y comedias dobles?

PIERIO.- ¿Luego serán comedias dobles?

CASTALIO.- Ni por pensamiento; por que la comedia doble es aquella que lleva algunos príncipes y personas ilustres, juntamente con las humildes; pero a de tener sugeto cómico y acontecimientos de donde se pueda sacar la risa y pasatiempo.

PIERIO.- Llamémoslas, pues, tragedias dobles; ya que el cuerpo de toda la fábula es trágico y para en felicidad.

CASTALIO.- Apretáisme de manera que no os puedo negar esso. En fin, son tragedias dobles, que es tanto como dezir malas tragedias. Y aun este nombre les doy de mala gana, porque tienen muy poco de sugeto trágico con que se a de mover a misericordia y miedo.

PIERIO.- ¿Pues tan faltos son de entendimiento los poetas de España, que no aciertan a hazer una buena comedia?

CASTALIO.- ¿Faltos de entendimiento? Absit. Antes, en caudal de entendimiento se aventajan a las demás naciones. Pero los poetas estrangeros (digo), los que son de algún nombre, estudian el arte poética y saben por ella los preceptos y observaciones que se guardan en la épica, en la trágica, en la cómica, en la lýrica y en otras poesías menores. Y de aquí vienen a no errar ellos, y a conocer tan fácilmente nuestras faltas. ¿Entre nosotros, qué poeta ay, aun de los más famosos (excepto siempre los doctos), que nos diga qué cosa es soneto y qué obligaciones tiene? Sacadme desta materia, que me ponéis los bolos para murmurar, siendo cosa tan fuera de mi costumbre.

PIERIO.- Pues bolved a tratar de vuestra tragedia, aunque bien poco os deve faltar, estando, como están, declaradas las partes essenciales della y su diffinición.

CASTALIO.- No olvidemos aquella consideración del gran Peripatético: Universa vero Tragoedia partim solutione continetur; quae extra sunt, & aliqua praeterea quae intra habentur, plerunque connexio continet, reliqua vero solutio. Toda la tragedia el poeta la a de considerar dividida en dos partes: en connexión y solución. La connexión abraça buena parte de la actión principal y la mayor parte de los episodios; y la solución lo demás, aunque el poeta a de prescrivirse y asignarse una meta o término hasta donde vaya en crecimiento la fábula. Que para dezillo breve, es quando se trueca la fortuna de la persona fatal, de felicidad en miseria, o al contrario. Hasta llegar a esta mutación se llama connexión; y della al remate de la tragedia se llama solución. Quatro géneros de tragedias ay, como sabernos: de un modo, compuesta, patética y morata. Mire el poeta de qué género es la tragedia que escrive, y haga copia de las cosas tocantes al genero de su fábula, y arrímese siempre al género en que más bien y más felicemente escrive, y aquél siga, si quiere merecer el aplauso del teatro. Para que uno sea excelentíssimo trágico, a de saber igualmente hazer qualquiera destos quatro géneros de tragedias, docta, galana y artificiosamente. Será menos perfecto el que tuviere excelencia en el un género no más.

PIERIO.- Galán precepto es este de la connexión y solución.

CASTALIO.- ¿Sabéis qué tanto? Que estas dos partes hazen una o diferente la tragedia, aunque sean hechas de un mismo argumento muchas. Pero deste punto yo trataré más extensamente luego en la comedia.

PIERIO.- A lo que yo veo, toda la fuerça y difficultad de constituir bien la fábula está en la connexión, que acabada éssa, lo demás, ello se va cayendo de su estado hasta dar en el centro.

CASTALIO.- Señor, no, no es assí esso. Oíd al eruditíssimo Robortelo: Multum est in utraque elaborandum. Multi enim Poetae sunt qui apte connectunt, sed parum apte postea solvunt Fabulam. Mucho se a de trabajar en estas dos partes, porque muchos poetas ay que atan bien y desatan mal. A esto haze famosíssimamente aquel lugar de Cicerón en el primer libro de las Epístolas familiares ad Q. fratrem: Illud te ad extremum, & oro, & hortor, ut tanquam Poeta boni, & actores industrij solent sic tu in extrema parte, & conclusione muneris, ac negotij tui diligentissimus sis; ut hic tertius annus imperij tui tanquam tertius actus perfectissimus, atque ornatissimus fuisse videatur. «Finalmente (dize) te ruego, hermano, y exorto que como los buenos poetas y representantes curiosos suelen, assí tú en la extrema parte y conclusión de tu cargo seas diligentíssimo; de manera que este tercero año de tu imperio, como el tercer acto, parezca a todos muy perfecto y muy gallardo.» ¿No avéis oído dezir, Pierio, «El mejor bocado para la postre»? Assí a de ser la fábula, que si fue buena en la connexión, sea mucho mejor en la solución, por que muchas vezes acaece perderse toda la hermosura de la fábula por andar floxo el poeta en la solución.

PIERIO.- Mucho me encaxa esso, pero la autoridad de Cicerón en parte parece manca y aun impugnamente.

CASTALIO.- ¿Cómo, o dónde?

PIERIO.- Dízele a su hermano que le importa mucho acabar bien su officio, como lo hazen los buenos poetas, que hazen mejor que todos los demás el acto tercero. Éste no es el último. ¿Vos no lo veis?

CASTALIO.- Tres maneras hallo de divisiones acerca de la fábula: una, como vamos aora diziendo, connexión y solución; otra en cinco actos, inventada por los gramáticos para distinctión y claridad del poema, pero no mira esta división a la essencia de la fábula; otra es prótasis, epítasis y catástrofe. Assí también entre nosotros se divide aora la fábula en tres jornadas: la primera, donde se entabla la fábula; la segunda, el aumento della con nuevos casos; la tercera, la que propriamente llamamos solución. Cicerón, pues, consideró estas tres jornadas o actos, y assí contó el tercero por último, como lo es.

PIERIO.- Agora se me a venido al pensamiento (no sé si es muy a propósito) cómo en España no se representan tragedias. ¿Es, por ventura, porque tratan de cosas tristes, y somos más inclinados a cosas alegres?

CASTALIO.- Muy a proposito avéis dudado, y yo quería ya venir a las partes quantitativas de la tragedia y me avía olvidado esse punto. En el escrivir la tragedia, aun los que saben bien el arte andan con mucho tiento, y assí por no caer en las manos de los detractores, rehúsan este género de poesía. Que el tratar cosas tristes no puede ser causa de esso, pues dexamos arriba provado que la tragedia deleita por medio de la imitación. Que aunque es verdad que quando veis un toro en el cosso que arrebata al hombre y lo arroja una vez y otra sobre los cuernos, y a puras cornadas le haze pedaços, este acto visto y oído causa gran dolor y lástima. Hazed vos a un pintor excelente que os pinte un lienço desse acto, y veréis quanto contento recibís de ver todo esso pintado al vivo como passó. Assí, quando vos pintáis y escrivís el desastre o la muerte del otro, la imitación bien hecha del caso satisfaze y agrada infinito a nuestro entendimiento. Y si hablamos destotro contento más material, que procede de causas ridículas, el trágico también puede traerlas algunas vezes con que entretenga a los oyentes. Y estos entretenimientos llama Horacio sátyros, aunque no son tan humildes como los de la comedia.

El trágico poeta, que por premio

de su obra un cabrón glorioso lleva,

introduxo los sátyros desnudos,

salva la gravedad de la tragedia,

porque, aunque grave, conoció ser justo

entretener con agradables juegos

al bien bevido, alegre y libre oyente.

Y más abaxo prosigue:

No es digna de arrojar ligeros versos

la tragedia; mas quando libres sátyros

introduxere, haga diferencia,

como haze la matrona grave,

si es sacada a dançar en el sarao.

Pisones, quando escrivo algunas gracias

de sátyros, no hablo solamente

palabras proprias y desadornadas,

a cada cosa dándole su nombre;

ni de los trágicos colores graves

tanto me aparto, que de ver no se eche

quánto difieren el criado Davo

y Phitia osada, que robó el dinero

a su amo Simón, personas cómicas,

y aquélla del satýrico Sileno,

ministro del dios Baco y ayo suyo.

PIERIO.- Ya no os queda más que tratar que las partes quantitativas de la tragedia.

CASTALIO.- A essas las llama Aristóteles prólogo, episodio, éxodo, choro. Prólogo es una parte de la tragedia donde se arma y asienta la fábula, abriendo las çanjas y fundamentos de la actión que se imita. Episodio es lo que se representa entre choro y choro. Éxodo es la última parte de la tragedia, después del qual no puede haver choro. El choro, unas vezes cantava, otras hablava. Quando cantava, cantavan todos; quando hablava, uno del choro, no más. A vezes se dividía el choro en dos partes, y se iva la una y quedava la otra. El choro contenía quinze personas, y a vezes se repartían en tres bandos de cinco en cinco. Este choro, ya era estable, ya mudable; quiero dezir que ya cantava andando, ya parado. El officio del choro era lo que dize dél nuestro Horacio:

Haga las partes y el officio el choro

de un buen varón: no cante entre acto y acto

sino cosa que importe y sea a propósito.

A los buenos socorra; a los amigos

aconseje; componga los airados;

ame los virtuosos y devotos;

alabe mucho de una pobre mesa

los escassos manjares; encomiende

la justicia divina, humanas leyes;

abra las puertas de la paz tranquila;

guarde el secreto encomendado; ruegue

a los dioses, humilde, que se trueque

la próspera fortuna de los malos

con la mala y adversa de los buenos.

Y con esto baste, que lo de los actos y scenas y personas en la comedia, se dirá; pues son comunes a entrambos estos dos poemas.

PIERIO.- No avéis dicho de quánto tiempo a de ser la actión trágica, ni quánto a de durar su representación.

CASTALIO.- Dígolo, pues, con Aristóteles: Tragoediae quidem intra unius potissimum solis, vel paulo plus, minusve periodum actio est. «La acción trágica, dize, (y lo mismo entended de la comedia) es actión de un día, poco más o menos.» Esta ley la veréis observada en los latinos y los griegos, assí cómicos como trágicos. De tal manera, que quien más larga actión a tomado, a sido de dos días. Siendo esto assí, ¿no os reýs de nuestras comedias? Que entre otras, me acuerdo aver oýdo una de San Amaro, que hizo un viaje al Paraíso donde se estuvo dozientos años, y después quando bolvió a cabo de dos siglos hallava otros lugares, otras gentes, otros trages y costumbres. ¿Qué mayor disparate de que esto? Otros ay que hazen una comedia de una corónica entera; yo la e visto de la pérdida de España y restauración della.

PIERIO.- Bien se ve que tomando el poeta una actión tan larga, lleva las cosas muy atropelladas, corriéndolas al galope sin dar lugar al ingenio. Pero también me parece que es poco tiempo un día y dos días.

CASTALIO.- No es, si bien lo consideráis. Porque como el trágico y el cómico hazen verdadera imitación, pues no meten narraciones como el heroico, que habla de su persona propria, sino que introduzen personages que van representando las cosas activamente como ellas se suelen hazer; de aquí viene que la comedia y la tragedia no pueden abraçar actión grande ni tienen licencia de dexar lagunas y espacios entre el principio de la actión primaria y su fin. Y siendo la actión principal corta, fuera de que puede ser imitada y representada con descanso y a sabor del ingenio poético, se pueden traer con facilidad episodios para ornamento de la poesía y delectación de los oyentes. Quando el poeta se estendiesse a una actión, quando mucho de diez días (aunque será ecceder del precepto de Aristóteles), paréceme que se podría sufrir. Porque si, como dizen algunos maestros de la poesía, de una epopeia se pueden hazer y sacar veinte tragedias y comedias, y la epopeia (quando menos) comprehende tiempo de un año, luego haziendo la prorrata del tiempo, no será mucho dar diez días a una tragedia o a una comedia. A quien no le pareciere bien esta razón, téngase a las crines de la ley, que más vale errar con Aristóteles que acertar conmigo. El tiempo que ha de durar en su representación una comedia o tragedia es tres horas, poco más o menos. Y si os parece, con esto demos fin a la tragedia.

PIERIO.- Me parece y me agrada, como me pesara de aver perdido por corto lo que al presente e ganado por importuno.

Tabla quarta: De la comedia

PIERIO.- A lo que yo imagino, ancho campo tenéis donde correr agora en la comedia, que es lo más praticable que tenemos de la poesía y adonde más exercitados están los poetas españoles.

CASTALIO.- Si no uvieran precedido tantas cosas dichas de la poesía in genere, sin duda sudáramos agora, y no poco. Pero con las premissas que tenemos, seré más breve de lo que vos pensáis, aunque no dexaré cosa que a la essencia de la fábula cómica convenga.

PIERIO.- Pues ¿qué cosa es la comedia?

CASTALIO.- La comedia es imitación dramática de una entera y justa actión humilde y suave, que por medio del passatiempo y risa, limpia el alma de los vicios.

PIERIO.- Ya como estoy medio enseriado, casi me atreveré a declarar buena parte desta diffinición. Que sea imitación la comedia consta, porque no sería poesía si le faltasse la imitación. Que sea dramática, véese claro, pues el poeta cómico nunca habla él proprio, sino que siempre introduze otros que hablen. Que sea de una actión, ¿quién lo duda? Pues queda dicho que no a de tomar el poeta a imitar sino sola una actión y que ésta no a de ser simple, sino compuesta de otras actiones accessorias que llaman episodios, insertos en la principal de tal manera que todas juntas miren a un mismo blanco, y acabada la principal, queden todas acabadas. Que sea entera, también lo entiendo; queréis dezir que conste de principio, medio y fin. Que sea justa, es que tenga justa y competente grandeza la obra poética. Que sea humilde y suave, pienso yo nos obligáis en esso a que la comedia se haga con estilo humilde, fácil y agradable.

CASTALIO.- Parad un poco. Hasta aquí avíades andado hecho otro Horacio. En las dos últimas propriedades de la comedia, que son humilde y suave, aunque no os puedo reprehender, no os devo alabar. Verdad es que el lenguage de la comedia a de ser humilde y familiar, poco más de como comúnmente se habla. Pero ser humilde la actión de la comedia dize que tenga personas humildes. De modo que las personas que constituyen la fábula cómica son gente popular, que a lo sumo sean soldados y mercaderes, y antes de aquí abaxo que de aquí arriba. Y siendo la actión de officiales, truhanes, moços, esclavos, rameras, alcahuetas, ciudadanos y soldados, será también el lenguage ordinario, conviniente en fin a esta gente. Será suave, no sólo por ser la frasis fácil y agradable, sino principalmente porque la comedia a de ser compuesta en verso, que es la cosa más suave que pueden oír nuestras orejas.

PIERIO.- Aquí se me ofrecen dos cosas. La una, que pues vos avéis dicho atrás que ay imitación poética sin verso, ¿cómo dezís agora que esta poesía es suave porque se a de componer en verso? La otra, que Plauto hizo su Amphitrión no sólo con cavalleros illustres, pero aun con dioses. Y yo sé que entre los romanos huvo comedias pretextatas y trabeatas, que eran de gente principal y illustre. ¿Cómo agora dezís que las personas cómicas an de ser humildes?

CASTALIO.- A lo primero digo que aunque no es forçoso el verso para que la poesía sea poesía, ayuda mucho para el ornato y suavidad del poema. Y qual sabéis, lo que yo trato desde el principio es de la poesía métrica, y no de la otra, como menos usada y menos agradable. A lo segundo digo que para ser una comedia perfecta, a de ser actión de gente humilde. Y sin Aristóteles, lo dize también la razón; porque si el fin de la comedia es limpiar el alma de los vicios por medio del passatiempo y risa, los hechos de los principales y nobles cavalleros no pueden induzir risa. ¿Pues quién? Los hombres humildes: el truhán, la alcahueta, el moço, el vegete, el padre engañado, el hijo engañador, la dama taymada, el amante novato. Los acontecimientos déstos, y sus contiendas y porfías mueven a contento a los oyentes. Si un príncipe es burlado, se agravia y offende; la offensa pide vengança, la vengança causa alborotos y fines desastrados. Todo lo qual es puramente trágico. Según esto, la gente baxa es la que engendra la risa. Siendo, pues (como dixe), el fin de la poesía cómica desengañar el mundo con actiones ridículas, síguese que la comedia a de ser actión de gente humilde, y quanto más se levantare a mayores, tanto peor será la comedia. ¿Sabéis con qué passaría yo y lo llevaría no mal? Con que la principal actión sea de gente humilde, aunque los episodios fuessen de cavalleros illustres, como lo hizo Homero en su Ulissea, que la principal actión fue illustre y muchos episodios de gente humilde, hasta introduzir porcarizos.

PIERIO.- ¿Qué nos queda de la diffinición, a mí por entender, y a vos por interpretar?

CASTALIO.- Nada. Porque de camino avemos dicho que el fin de la comedia es induzir buenas costumbres y expurgar los vicios por medio de la risa, con que se da fin a la diffinición. Siendo, pues, éste su fin, su materia será todo acontecimiento apto y bueno para mover a risa. Y el officio del poeta cómico será deleitar y mover a los oyentes con ridículas actiones. Tras esto se sigue lo ordinario, que es la fábula, costumbre, sentencia, dictión. Desto tampoco será menester tirar lexos la barra, como cosa tan repetida y común a todas las poesías. La fábula es una, entera y de justa grandeza. Esto ni más ni menos importa a la fábula cómica, que no pueda el cómico abraçar más que una actión de una persona fatal (persona fatal es aquella a quien principalmente mira la comedia), y esta actión deve ir acompañada de otras para ornato y engrandecimiento suyo, atadas con ella con los lazos del verisímil possible y necessario, y de tal modo entre sí vinculadas, que si una parte déstas se quitasse o mudasse, quede el todo desbaratado y manco. Assí que la fábula cómica consta de la principal actión y de episodios, que es lo mismo que emos dicho de la epopeia y de la tragedia.

PIERIO.- Dadme por mi gusto agora un exemplo de la comedia donde se conozca distincto y separado el hecho principal de los episodios.

CASTALIO.- Que me plaze. Veis aquí todo el contexto de la Andria terenciana en general. Cremes, un ciudadano honrado de Athenas, tenía dos hijas: la una, tenía por perdida o muerta; la otra, prometió de dársela por muger a Pámphilo, hijo de Simón. Después, hallando que Pámphilo andava enamorado de una donzella tenida por forastera y por hermana de Chrisis ramera (aunque en efeto era la encubierta hija de Cremes), estorva el casamiento. Y las bodas que se aparejavan se desbaratan. Cremes rehúsa que Pámphilo se case con su hija, que pensava ser única y sola. Simón finge que porfía en que el casamiento venga a effecto, y con esto tienta el ánimo del hijo, si rehúsa el casarse por estar enamorado de la hermanilla putativa de Chrisis. Pámphilo, viéndose apretado del padre, no sabe qué hazerse, que aunque le respeta, le parece cosa dura dexar la muchacha que ama. Al fin, por consejo de Davo, obedeciendo al padre, promete casarse con harto miedo y peligro. Simón, su padre, se torna a ver con Cremes, y el casamiento que avía intentado de falso lo efectúa, quedando assentado entre los dos. El mismo Davo, pariendo la muchacha que se dezía Gliceria, haze de manera que Cremes despida al desposado, y Pámphilo salga de peligro. En tanto, no cessando Simón de procurar la execución del matrimonio, Critón viene de Andro a Athenas, y descubriendo el hecho, dize que Gliceria es Passíbula, hija de Cremes, tenida por muerta; y reconocido esto, se desposa con Pámphilo. Ay en esta comedia no pocos episodios. La actión primaria es fingir Simón de querer casar a su hijo Pámphilo con la hija de Cremes, por ver si está enamorado; Pámphilo rehusarlo, y por no desagradar al padre, obedecerle por consejo de Davo, y después que ve Simón que su hijo consiente, hazer verdadero el casamiento falso. Todo esto es de la fábula. Fuera de la fábula son estos episodios. Al principio, la declaración que se haze de la vida passada y presente de Pámphilo, y las causas porqué Cremes rehúsa al yerno; luego, las cosas que cuentan de Chrisis; luego, el amor de Carino; luego, los aparejos del parto; luego, el tormento de Davo; y en fin, la venida de Critón a descubrir que Gliceria es la hija perdida de Cremes, llamada Passíbula. Ya avéis visto asidos y hermanados los episodios con la principal actión, de tal suerte, que no se puede quitar ni mudar parte ninguna sin quedar el todo destruido. También avéis visto distinctos los episodios del argumento. ¿Queréis más acerca desto?

PIERIO.- Un escrúpulo me queda. En el título o inscripción dessa comedia se dize que fue de Menandro, poeta cómico griego. ¿Cómo vos y todos la llamáis el Andria de Terencio? Que aunque Anguilara traduxo a Ovidio en las Metamorfoses, la traductión se dize de Anguilara, y las Metamorfoses de Ovidio; y assí corre esta cuenta por los demás traductores. En la misma manera, se deve llamar esta Andria de Menandro, y traductión de Terencio.

CASTALIO.- Según lo que vamos tratando, la fábula contiene actión principal y episodios. La actión principal que vos halláis en otro poeta la devéis guardar y retener entera, porque ya el argumento es público, y no es lícito alteralle. Los episodios con que crece y se adorna la comedia podéis variallos libremente, y si ay unos en Terencio, fingir vos otros. Y también, pues la fábula se divide en connexión y solución, aquel mismo argumento lo podéis vos atar y desatar de otra manera de como está en Terencio. Lo mismo hizo Terencio con el Andria y con las otras que de los argumentos de Menandro compuso.

PIERIO.- Y se dexa entender esso bien, que assí como de un mismo evangelio haze un predicador un sermón con una disposición y solución, y otro con otra, y otro con otra differente, assí muchos poetas de un mismo argumento de Terencio o de Menandro podrán hazer differentes comedias, y cada uno se podrá llamar dueño y autor de la que hizo. Y aun es una prueva de ingenios no mala, pues la competencia es piedra aguzadera, donde se afilan los entendimientos y caudales de cada uno. Huelgo de saber essa traça para hazer mío lo que fue ageno, sin que ningún malévolo me pueda acusar el hurto.

CASTALIO.- Fuera de que Horacio nos enseña esso en su Arte, en Terencio lo vemos a vista de ojos, cuyo prólogo dize en el Heautontimorumeno:

Ex integra Graeca integram Comoediam,

hodie sum acturus Heautontimorumenon,

duplexque ex argumento facta est simplici.

«Oy (dize el prólogo) os tengo de representar la comedia Heautontimorumeno entera, sacada de otra entera griega, la qual se a hecho doble de argumento simple.» Es de ver lo que varían en esto, o por mejor dezir desvarían los comentadores. Dize Guidon que es doble porque tiene dos viejos y dos moços; dize Servio que es doble porque fue hecha en dos lenguas, griega y latina. Y quien más me espanta es Iulio César Scaligero, varón doctíssimo, el qual declara este lugar en el principio del Hipercrético desta manera: «Esta comedia se representó en las fiestas megalenses, y assí la mitad desta comedia se recitó el día de la fiesta por la tarde, y la noche se gastó en los juegos; y la otra mitad se representó al alba. Hízose una como si se hicieran dos.» Hasta aquí es de Scaligero. ¡Válame Dios, y qué de caminos ay para errar! Ni con estas interpretaciones se prueva el intento del prólogo, ni la verdad de la cosa. Ciertos poetas murmuravan de Terencio, diziendo que aquella comedia y otras que hazía eran agenas, sacadas, en effecto, de Menandro, y que por el mismo caso no merecía gloria ninguna. Defiéndele Caliopio diziendo: «Verdad es que el argumento desta comedia y el de Menandro es uno, pero la comedia es otra por la diferencia que tiene de los episodios y traça.» Y assí dize más abaxo: «Novam esse ostendi. Ya os e provado que es nueva, porque aunque es el argumento de Menandro, por la nueva connexión y solución que yo le e dado, es nueva y por consequencia mía, y no de Menandro.» De la misma manera se defiende en el Andria:

Menander fecit Andriam, & Perinthiam,

qui utramvis norit, ambas ipse noverit;

non ita dissimili sunt argumento, tamen

dissimili sunt oratione factae, ac stilo.

«Menandro (dize) compuso la Andria y Perinthia. Quien supiere el argumento de la una o de la otra entenderá las dos; casi no se differencian en el argumento, pero tienen differente traça y estilo.» ¿Veis cómo aquellos intérpretes (salva su buena opinión) erraron el golpe? De aquí sacaremos tres conclusiones. La primera, que la fábula se compone de argumento simple y episodios. La segunda, que el argumento una vez notorio y público no se puede mudar, y los episodios sí, a beneplácito del poeta. La tercera, que con nuevos episodios y nueva connexión y solución, viene a ser nueva la comedia o qualquier otro poema.

PIERIO.- También me diréis que la fábula cómica es morata y es patética, y que es simple y compuesta, y que es de un modo y doble. En esto concuerda con la tragedia.

CASTALIO.- Assí es. Y repitiéndolo sumariamente: Fábula morata es donde particularmente se pintan las costumbres, y la cómica más que ninguna lo es por lo poco que tiene de casos lastimosos. Patética es donde las passiones del ánimo se manifiestan más. Fábula de un modo es quando en la comedia no se halla persona que no sea cómica. Y doble es aquella en que juntamente con las personas humildes se introduzen heroicas y divinas.

PIERIO.- De suerte que para la perfectión de la comedia importa que todas sean personas humildes. Ya os e oído antes tratar desto y lo entiendo bien; mas pregunto: ¿No será doble también si la actión en parte fuere trágica y en parte cómica, como si en ella uviesse desgracias y acabasse en felicidad, y a esta tal la llamaríamos tragicomedia?

CASTALIO.- Si otra vez tomáis en la boca este nombre, me enojaré mucho. Digo que no ay en el mundo tragicomedia, y si el Amphitrión de Plauto se a intitulado assí, creed que es título impuesto inconsideradamente. ¿Vos no sabéis que son contrarios los fines de la tragedia y de la comedia? El trágico mueve a terror y misericordia; el cómico mueve a risa. El trágico busca casos terríficos para conseguir su fin; el cómico trata acontecimientos ridículos. ¿Cómo queréis concertar estos Heráclitos y Demócritos? ¡Desterrad, desterrad de vuestro pensamiento la monstruosa tragicomedia, que es impossible en ley del arte averla! Bien os concederé yo que casi quantas se representan en essos teatros son dessa manera; mas no me negaréis vos que son hechas contra razón, contra naturaleza y contra el arte.

PIERIO.- ¿Pues no me dixistes poco a que algunas vezes podría recebir la comedia personas illustres, como fuesse en algunos episodios y no en la actión principal?

CASTALIO.- No dixe que lo hiziérades, sino que si lo hiziéssedes, passaría por ello. Mas no permití que estos personages graves alboroten la comedia, sino que sean huéspedes pacíficos y sin ruido. Y más os digo de nuevo que aun de las personas humildes ay algunas que no las admite la comedia.

PIERIO.- Ya es mucho ponernos en pretina. ¿Y quáles son éssas?

CASTALIO.- Guarda (amigo Pierio) la comedia cierta estrecha clausura que no permite salir al tablado donzellas, casadas, ni viejos de mal exemplo. Dize Minturno y dize Cinthio en sus poéticas que el cómico no deve introduzir donzellas, porque la comedia por la mayor parte es lasciva, y en ella intervienen alcahuetas, rameras, truhanes y otras semejantes personas de torpe y deshonesto trato. Y assí parece que no conviene al decoro de una donzella muchacha conversar con esta gente, tanto más por ser hijas de padres humildes, las cuales no tienen costumbre de hablar en público, porque ponen en juizio su honor, y en sospecha su fama. Al contrario es en la tragedia, que las donzellas son illustres y muy señoras, y se traen consigo essa licencia de parlar con todos, sin perjuizio de su opinión. Principalmente que les es lícito tratar amores, de donde resulte algún trabajo y perturbación grande, como cosa anexa a la tragedia. Y si a caso la comedia admite alguna donzella libre, es siendo tenida por esclava; y éstas al fin son reconocidas de sus padres y dadas en casamiento a sus amantes. Tampoco deven entrar en la comedia mugeres casadas, digo tocadas de passión amorosa, porque ultra de ser de mal exemplo, de sus amores se siguen zelos, escándalos y muertes; todo lo qual es trágico y contrario al fin de la comedia. Finalmente, viejos casados amantes no han de salir en la comedia, porque causan con sus amores risa, deshonor de las proprias mugeres y hijos. Pero si el tal viejo fuere soltero, no le excluymos, pues sin perjuizio de parte causa contento y risa con su requiebro y amor. De los viejos honestos no hablo aquí, que déssos es muy propria la comedia.

PIERIO.- La tercera división os falta, que es ser la fábula simple y compuesta. Simple es la cómica fábula que no tiene reconocimientos, ni casos inopinados, ni mutaciones de fortuna; y compuesta la que los tiene. ¿No es esto ansí? Si no me e olvidado, esto deve de ser.

CASTALIO.- Esso es, y los exemplos dello arriba están dados. Y síguense las costumbres; éstas an de ser buenas, convinientes, constantes e iguales. De todo esto queda hecho discurso proprio en su lugar; acudiréis allá quando os faltare la memoria. Aquí se consideran las propriedades y condiciones de las personas y naciones.

PIERIO.- A lo menos, descrividme brevemente las personas cómicas, o citadme lugares donde yo lo vaya a ver.

CASTALIO.- Començando de los viejos, unos son avisados, otros necios, otros benignos y corteses, otros avaros y duros, otros severos y graves, otros dissolutos y luxuriosos. Quál sea la costumbre del avisado y grave, en el Andria, Simón y Cremes os lo mostrarán; quál del avisado para otro y ciego para sí, en el Heautontimorumeno, Cremes; quál del ignorante, Teurópides en la Mostelaría; quál del benigno y cortés, Micioa en los Adelfos; quál del avaro y áspero, Demea y más Eudión en la Aulularia; quál del desordenado y lascivo, Cremes en el Formión; pero mucho más Philoxenes en las Báchides, y Demeneto en la Asinaria. Y porque el viejo vitupera de buena gana las cosas presentes, alaba las passadas, reprehende a los mancebos y se jacta demasiado de sí mesmo, este vicio a los viejos del Heautontimorumeno se atribuye. De las costumbres del joven modesto, séaos claro exemplo Pámphilo en el Andria y Lisíteles en el Trinnumo. Del dissoluto y desordenadamente dado a mugeres, Mnesílocho y Pistóclero y Lesbónico y Calidoro y Dinareo de Plauto. Y porque el hombre en llegando a la edad de varon procura riquezas y honor, los affectos de un mercadante están expressos en la comedia deste nombre en la persona de Stico y del ambicioso guerrero en el Amphitrión; assí como del vanaglorioso y fanfarrón soldado, en el Soldado de Plauto y en el Trasón de Terencio. Y del rústico simple, en Cremes, hermano de la muchacha forçada por Cherea en el Eunucho. Y cierto como en Plauto hallaréis declarados los affectos de los aldeanos, assí los de los nobles en los Cavalleros y en los Acárnicos y en los Azores de Aristóphanes. Y en el Truculento de Plauto veréis el lenguage proprio que conviene a los ciudadanos y a los rústicos y a los soldados. Cómo sean differentes las costumbres del amo y del criado, Cremilo y Carión os lo darán a entender en Plauto. Del siervo astuto, traydor, vinoso y mordaz, exemplo os sea Davo, Siro, Pseudolo, Crisolo, Palestrión, Epidico; assí como del bueno y fiel, Sosia en el Andria, y Geta en los Adelfos; del burlador chocarrero, Gnatón y Antótrogo y Panículo. Quáles sean las costumbres de la madre de familias honrada, sobervia y dura, en el Asinaria de Plauto y en el Formión de Terencio se muestra; assí como de la modesta y discreta en el Heautontimorumeno y Hecira. Quál sea la diligencia y cuydado de la aya, en el Formión. Quál deva ser la muger con su marido, en Pinacia lo descrive Plauto. Quán lisongeras, astutas, traydoras y desvergonçadas sean las rameras, lo dan a entender bien Fronesia en el Truculento, y Thaida en el Eunuco. Y no son dessemejantes sus criadas. Y si bien las moças de las madres de familias no son tan malas, con todo esso se muestran maliciosas (porque la raça de los criados es ya tal de su naturaleza) y muchas vezes deshonestas y enamoradas, como es Stephania en el Sticho. ¿Qué diremos del alcahuete? Quál sea su natural ingenio y vida, aptíssimamente los pinta Terencio en los Adelfos, y Plauto en el Pseudolo. ¿Qué diremos de la alcahueta? Quán taymada sea, artificiosa, vellaca, peladora de los amantes, induzidora de las mugeres a la luxuria, en el Curculión, en la Cistelaria y la Persa se os enseña. Quánto sea el amor del padre al hijo, Menedemo os lo declara en el Heautontimorumeno, assí como Sóstrada el amor de la madre. Que las suegras sean terribles y malacondicionadas, en la Hecira se ve. Del amor y obediencia del hijo al padre, Pámphilo os dará claro exemplo en el Andria, y Eschino en los Adelfos. Ni más ni menos se an de reconocer las qualidades de las naciones para que dellas se haga verdadera imitación. Las costumbres van con la naturaleza del lugar, que varios paýses, varias maneras de hombres produzen. Conviene, pues, tener noticia de lo que se a escrito de diversas gentes y naciones para pintarlos conforme a su opinión. Dizen que los griegos son naturalmente vanos; los italianos, sobervios; los sicilianos, agudos; los franceses, leves; los flamencos, pacíficos y benignos; los españoles, arrogantes, y los africanos, cautelosos. Y en una misma nación suele aver differentes costumbres. Si consideráis los españoles, los castellanos son senzillos y graves; los andaluzes, lenguaces y presumptuosos; los valencianos, fogosos y grandes servidores de damas; los catalanes, arriscados y montaraces, los vizcaýnos, cortos y linajudos; los portugueses, amantes, derretidos, altaneros y apar de Deus. Y esto baste de las costumbres por agora.

PIERIO.- De la sentencia ya sé que fuera de la tragedia, a quien más sirve es a la comedia; porque, como ésta mira principalmente a las costumbres y es un espejo de la vida humana, usa en muchas ocasiones sentencias endereçadas a este fin. Y sé también que no a de dezir sentencias quienquiera de la comedia, sino gente de experiencia o docta. Bueno sería que a un rústico le oyéssemos consejos sacados de las entrañas de la filosofía, o discurrir largamente diziendo el cauteloso trato de la corte. De la dictión, también me parece que avéis tratado en su lugar lo que basta. Y si ay algo más, como tanto lo desseo saber, lo oiré de muy buena gana.

CASTALIO.- No sé qué os diga más de la dictión, sólo que el estilo más humilde y lenguage menos affectado conviene a la comedia, aunque algunas vezes también ella se engríe y pone de puntillas, como ni más ni menos la tragedia se suele humillar algunas vezes. Horacio:

La comedia no deve ser tratada

en el trágico estilo, y la tragedia

de Thiestes no sufre versos cómicos:

cada materia tiene lugar proprio.

A vezes la comedia la voz alça

y el enojado Cremes por la boca

echa espuma, y a vezes suele el trágico

en humildes razones lamentarse.

Quando anda pobre y desterrado Telefo

y Peleo no dize no palabras

fanfarronas y largas de pie y medio,

si pretende mover los coraçones

de los oyentes con su tierno llanto.

Y esto dexado aquí, passemos al fin de la comedia, que es mover a risa, y sepamos esto como lo a de alcançar el cómico. Comedia (como dize Antonio Riccobono): In humiliore est genere, & in materia peiorum personarum versatur, non simpliciter, sed in eo vitij genere quod ridiculum est. Y Aristóteles dize que: Ridiculum est peccatum quoddain ex turpitudine sine dolore. De aquí sacamos que la materia cómica haze mover a risa y que la risa es una burla sin dolor de alguna cosa torpe y fea. No tomo yo la risa y ir aquel contento que recebimos quando encontramos a nuestro amigo, o hallamos buenos a nuestros hijos y muger, o quando nos embían algún presente. Estotra es una risa maliciosa, aguda, ingeniosa, fundada en la fealdad y torpeza agena, assí de cosas como de palabras. Los motes que consisten en las palabras, de muchos lugares se pueden sacar. Sácanse de la equivocación, como quando el cavallero Plautino diziendo a un alcahuete: «¿Dónde hallaré yo a Gorgojo?» Responde el otro:

En el trigo haré yo que tú halles

no un gorgojo no más, pero quinientos.

También está la risa en el fingir el nombre, como el mismo Plauto. Y los demás exemplos que traxere serán suyos y algunos de Terencio. Sirva esto para escusarme deste trabajo:

¿Qué temes?

Que daño en Epidaño no me venga.

Y:

¿Por dicha tú eres médico?

Con una letra más dirás mi nombre.

Según esso, sin duda eres mendigo.

En latín tiene más gracia, porque se semejan más medicus y mendicus. También con la mutación de las sýlabas se engendra el donayre:

¿Llámase, pues, Calicia? No. ¿Calíope?

No. ¿Calínico? No. ¿Caliclémida?

No. ¿Calímaco? No. Agora lo acierto.

¿Llámase Caro o llámase Cármida?

Esse es su nombre.

Y respondiendo, no al entendimiento, sino a las palabras:

Yo me alegro se aumente por mi causa

de tus hijos el número.

A mí me pesa de tener más hijos

con ayuda de otro.

Y otros cien mil lugares ay para motejar con palabras. La risa que consiste en las obras es toda festiva narración, toda befa, toda burla sin pesadumbre, en la qual se pintan las costumbres y actiones de los hombres. Entre otros muchos lugares para provocar a risa que nace de las cosas es la similitud:

Semejante a la tierra es la ramera,

que no puede sin muchos manejarse.

Y:

Semejante a la espina es la ramera,

que a quien quiera que toca le haze daño.

Y con la refutación:

Puñadas cenará quien aquí entrare.

Ya e cenado en mi casa, yo me buelvo.

Y con la alusión:

Vida áspera es la mía.

¿Pues qué, comes espinas?

Y con el retornar las palabras:

Yo te vi harto niño, siendo niño,

Yo te veo harto grande, siendo grande.

Y con la conjectura:

Creo no tiene dedos en las manos.

¿Porqué lo crees? ¿Porqué? Porque

le veo llevar en las orejas los anillos.

Y con fingida paciencia:

Cargaréte de coces.

Agora desembarco, estoy cansado,

no e de cargar mi nave en buenos días.

Y:

¿Qué harás quando se entre el enemigo?

Irme e saliendo atrás.

Innumerables son los lugares del motejar, pero con todo esso os quiero dezir una manera de partición no menos importante. La torpeza, si es con dolor, provoca a misericordia. Y assí el cómico solamente considera aquel vicio torpe y feo que engendra risa. Siendo, pues, sin dolor, o son cosas del cuerpo, o del ánimo, o extrínsecas. Si del cuerpo, es de tres maneras: Una es verdadera, como Tersite que tenía los ojos saltados, la frente arrugada, la nariz larga y tuerta, las cejas cerdosas, la boca grande y torcida, las quixadas salidas, el cuello largo y delgado, corcobado, pançudo y çanquivano. Un hombre desta fealdad, ¿a quién no hará reýr con su rostro y talle? Fingida, como quando uno coxea remedando a algún coxo. Fortuita, como quando uno cae repentinamente y se queda en alguna postura fea sin hazerse daño. Si la cosa es del ánimo, también es de las mismas tres maneras: Verdadera, como uno que llevava acuestas una arca, y después de aver encontrado con ella malamente a Catón, le dixo: «¡guarda!». Fingida, quando Catón, fingiendo ignorar que llevasse otra cosa el palanquín, replicó: «¿Pues traes otra arca de que me guarde?» Fortuita, como quando nos acontece, sin pensar, descubrir nuestro pensamiento en alguna palabra o obra. Finalmente, las cosas extrínsecas son destas tres maneras: Verdadera, como quando salís de vuestra casa sin gorra o sombrero y queriendo hazer cortesía al que encontráis, vais a echar mano y no halláis de qué. Fingida, quando os vestís de ropas inusitadas para hazer reir. Fortuita, quando a uno se le caen los balones y descubre las partes baxas. Como a un cura de Paulenca, que yendo unos caniculares sin balones, acabando de dezir la missa conventual, quitándose el alba, se alçó tras ella las faldas de la camisa y emplaçó al pueblo.

PIERIO.- No me digáis más por agora. Dexadme reýr un rato esse caso fortuito, que rebiento de risa.

CASTALIO.- Ni yo os pienso dezir más acerca della; y si desseáis más, leed a Vicencio Madio, leed a Antonio Riecobono, leed a Castelvetro, leed a Trissino, leed a Minturno, y no olvidéis a nuestro Pinciano.

PIERIO.- Yo me contento con lo que avéis dicho de los lugares de la risa. Algún día por curiosidad veré los autores citados. Agora acordaos que reservastes para la comedia el tratar de los actos, scenas y personas.

CASTALIO.- ¿Que no me queréis perdonar nada? Pero poco importa, que bien breve es. Las partes quantitativas de la poesía scénica son: prólogo, proposición, aumento y mutación. El prólogo (no trato agora del que usava la comedia antigua) sirve para preparar los ánimos de los oyentes a que tengan atención y silencio, y miren con buenos ojos la comedia; y para defender al autor de alguna calumnia, faltas y descuydos que le murmuran, o para explicar algunas cosas intrincadas que podrían impedir la noticia de la fábula. En la proposición, o primera jornada, se entabla el argumento de la comedia. En el aumento, o segunda jornada, crece con diversos enredos y acontecimientos quanto puede ser. En la mutación, o tercera jornada, se desata el nudo de la fábula y acaba. Estas tres jornadas que e dicho, las dividen otros en cinco actos, y cada acto en cinco scenas; algunas vezes más, y menos scenas.

PIERIO.- ¿La comedia nueva tiene choro?

CASTALIO.- No que sea forçoso; si alguno lo quisiere usar, guardará la orden del choro trágico. La persona que representa no deve salir al teatro más que cinco vezes, ni an de hablar juntamente más que cinco personas, aunque Horacio no concede más que tres, quando mucho quatro.

No tenga más ni menos de cinco actos

la fábula que quiere ser oýda,

y oýda, muchas vezes demandada.

Y más abaxo:

No hablen juntas más que tres personas

si otra sale, o escuche, o consigo hable.

PIERIO.- ¿Cómo dezís esso? Pues salir muchos, ni es contra el fin de la comedia ni contra la imitación, fin general de la poesía.

CASTALIO.- An observado los cómicos con la experiencia, que hablando juntas más de quatro o cinco personas, todo lo demás es confusión y trápala; y con esta limitación quitan muchos inconvinientes, sino es que hablan los quatro o cinco y los demás callan. Pero ¿para qué han de salir más de cinco?

PIERIO.- ¿Para qué? Para una rebelión, para un exército, para qualquier factión de guerra.

CASTALIO.- Sí, para alguna dessas ocasiones será menester mucha gente. Pero ni la tragedia ni la comedia admite guerras, porque en el tablado no se puede hazer verdadera imitación de un exército. ¿No veis vos que imitar es representar al vivo las cosas como suelen o deven passar? ¿Pues cómo sacaréis al tablado dos exércitos? Fuera de que guerras no es sugeto de la poesía scénica, sino de la heroica.

PIERIO.- ¿Sabéis de qué no avéis tratado aquí ni en la tragedia? Del verso que les compete.

CASTALIO.- La respuesta desso serán las azeytunas de la comedia. Entre los latinos los trímetros, que constan de jambos solos y algunas vezes mixtos, sirven a la poesía scénica por ser versos más acomodados al lenguage que entre nosotros hablamos. Pero entre los vulgares no ay verso que al jámbico corresponda. Los italianos usan verso suelto, ya enteros, ya conrrotos. Yo pienso que nuestras redondillas son muy aptas para esta poesía, por ser verso menos suave que el italiano, pues no recibe sino muy poco ornato; que como es tan breve una quintilla, apenas ay en ella lugar para el concepto, quanto más para los epítetos y flores. Y las consonancias son pocas, lo que no es en una octava ni en una estancia de canción. Esto me parece.

Expediente

Autor
Francisco Cascales
Fuente
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: Tablas poéticas, visor HTML, fragmento _2.htm#I_24_
Cita recomendada
Francisco Cascales, «Tablas poéticas», Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/estudio-tablas-poeticas.html