TEATRÓSFERA · EL TEXTO CUANDO ENTRA EN ESCENA  

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Tirso de Molina

El burlador de Sevilla

3 jornadas · 28 personajes · 919 versos

Modo

Elenco

Don Diego Tenorio, viejo

Don Juan Tenorio, su hijo

Catalinón, lacayo

El Rey de Nápoles

El Duque Octavio

Don Pedro Tenorio, tío

El Marqués de la Mota

Don Gonzalo de Ulloa

El Rey de Castilla, Alfonso XI

Fabio, criado

Isabela, Duquesa

Tisbea, pescadora

Belisa, villana

Anfriso, pescador

Coridón, pescador

Gaseno, labrador

Batricio, labrador

Ripio, criado

Doña Ana de Ulloa

Aminta, labradora

Acompañamiento

Cantores

Guardas

Criados

Enlutados

Músicos

Pastores

Pescadores

Acto I

Isabela

Duque Octavio, por aquí podrás salir más seguro.

Juan

Duquesa, de nuevo os juro de cumplir el dulce sí.

Isabela

¿Mi gloria, serán verdades promesas y ofrecimientos, regalos y cumplimientos, voluntades y amistades?

Juan

Sí, mi bien.

Isabela

Quiero sacar una luz.

Juan

¿Pues, para qué?

Isabela

Para que el alma dé fe del bien que llego a gozar.

Juan

Mataréte la luz yo.

Isabela

¡Ah, cielo! Quién eres, hombre?

Juan

¿Quién soy? Un hombre sin nombre.

Isabela

¿Que no eres el duque?

Juan

No.

Isabela

¡Ah de palacio!

Juan

Detente. Dame, duquesa, la mano.

Isabela

No me detengas, villano. ¡Ah del rey! ¡Soldados, gente!

Rey

¿Qué es esto?

Isabela

¡Favor! ¡Ay, triste, que es el rey!

Rey

¿Qué es?

Juan

¿Qué ha de ser? Un hombre y una mujer.

Rey

Esto en prudencia consiste. ¡Ah de mi guarda! Prendé a este hombre.

Isabela

¡Ay, perdido honor!

Pedro

¿En tu cuarto, gran señor voces? ¿Quién la causa fue?

Rey

Don Pedro Tenorio, a vos esta prisión os encargo. Si ando corto, andad vos largo. Mirad quién son estos dos. Y con secreto ha de ser, que algún mal suceso creo; porque si yo aquí los veo, no me queda más que ver.

Pedro

Prendedle.

Juan

¿Quién ha de osar? Bien puedo perder la vida; mas ha de ir tan bien vendida que a alguno le ha de pesar.

Pedro

Matadle.

Juan

¿Quién os engaña? Resuelto en morir estoy, porque caballero soy. El embajador de España llegue solo, que ha de ser él quien me rinda.

Pedro

Apartad; a ese cuarto os retirad todos con esa mujer. Vanse los otros Ya estamos solos los dos; muestra aquí tu esfuerzo y brío.

Juan

Aunque tengo esfuerzo, tío, no le tengo para vos.

Pedro

Di quién eres.

Juan

Ya lo digo. Tu sobrino.

Pedro

¡Ay, corazón, que temo alguna traición! ¿Qué es lo que has hecho, enemigo? ¿Cómo estás de aquesta suerte? Dime presto lo que ha sido. ¡Desobediente, atrevido! Estoy por darte la muerte. Acaba.

Juan

Tío y señor, mozo soy y mozo fuiste; y pues que de amor supiste, tenga disculpa mi amor. Y pues a decir me obligas la verdad, oye y diréla. Yo engañé y gocé a Isabela la duquesa.

Pedro

No prosigas, tente. ¿Cómo la engañaste? Habla quedo, y cierra el labio.

Juan

Fingí ser el duque Octavio.

Pedro

No digas más. ¡Calla! ¡Baste! Perdido soy si el rey sabe este caso. ¿Qué he de hacer? Industria me ha de valer en un negocio tan grave. Di, vil, ¿no bastó emprender con ira y fiereza extraña tan gran traición en España con otra noble mujer, sino en Nápoles también, y en el palacio real con mujer tan principal? ¡Castíguete el cielo, amén! Tu padre desde Castilla a Nápoles te envió, y en sus márgenes te dio tierra la espumosa orilla del mar de Italia, atendiendo que el haberte recibido pagaras agradecido, y estás su honor ofendiendo. ¡Y en tan principal mujer! Pero en aquesta ocasión nos daña la dilación. Mira qué quieres hacer.

Juan

No quiero daros disculpa, que la habré de dar siniestra, mi sangre es, señor, la vuestra; sacadla, y pague la culpa. A esos pies estoy rendido, y ésta es mi espada, señor.

Pedro

Alzate, y muestra valor, que esa humildad me ha vencido. ¿Atreveráste a bajar por ese balcón?

Juan

Sí atrevo, que alas en tu favor llevo.

Pedro

Pues yo te quiero ayudar. Vete a Sicilia o Milán, donde vivas encubierto.

Juan

Luego me iré.

Pedro

¿Cierto?

Juan

Cierto.

Pedro

Mis cartas te avisarán en qué para este suceso triste, que causado has.

Juan

Para mí alegre dirás. Que tuve culpa confieso.

Pedro

Esa mocedad te engaña. Baja por ese balcón.

Juan

(Con tan justa pretensión, (Aparte) gozoso me parto a España).

Pedro

Ejecutando, señor, lo que mandó vuestra alteza, el hombre...

Rey

¿Murió?

Pedro

Escapóse de las cuchillas soberbias.

Rey

¿De qué forma?

Pedro

De esta forma: aun no lo mandaste apenas, cuando sin dar más disculpa, la espada en la mano aprieta, revuelve la capa al brazo, y con gallarda presteza, ofendiendo a los soldados y buscando su defensa, viendo vecina la muerte, por el balcón de la huerta se arroja desesperado. Siguióle con diligencia tu gente. Cuando salieron por esa vecina puerta, le hallaron agonizando como enroscada culebra. Levantóse, y al decir los soldados, "¡Muera, muera!", bañado con sangre el rostro, con tan heroica presteza se fue, que quedé confuso. La mujer, que es Isabela, que para admirarte nombro retirada en esa pieza, dice que fue el duque Octavio quien, con engaño y cautela, la gozó.

Rey

¿Qué dices?

Pedro

Digo lo que ella propia confiesa.

Rey

¡Ah, pobre honor! Si eres alma del hombre, ¿por qué te dejan en la mujer inconstante, si es la misma ligereza? ¡Hola!

Criado

¿Gran señor?

Rey

Traed delante de mi presencia esa mujer.

Pedro

Ya la guardia viene, gran señor, con ella.

Isabela

¿Con qué ojos veré al rey?

Rey

Idos, y guardad la puerta de esa cuadra. Di, mujer, ¿qué rigor, qué airada estrella te incitó, que en mi palacio, con hermosura y soberbia, profanases sus umbrales?

Isabela

Señor...

Rey

Calla, que la lengua no podrá dorar el yerro que has cometido en mi ofensa. ¿Aquél era del duque Octavio?

Isabela

Sí, señor.

Rey

No importan fuerzas, guardas, criados, murallas, fortalecidas almenas, para amor, que la de un niño hasta los muros penetra. Don Pedro Tenorio, al punto a esa mujer llevad presa a una torre, y con secreto haced que al duque le prendan; que quiero hacer que le cumpla la palabra, o la promesa.

Isabela

Gran señor, volvedme el rostro.

Rey

Ofensa a mi espalda hecha, es justicia y es razón castigalla a espaldas vueltas.

Pedro

Vamos, duquesa.

Isabela

(Mi culpa Aparte no hay disculpa que la venza, mas no será el yerro tanto si el duque Octavio lo enmienda).

Ripio

¿Tan de mañana, señor, te levantas?

Octavio

No hay sosiego que pueda apagar el fuego que enciende en mi alma amor. Porque, como al fin es niño, no apetece cama blanda, entre regalada holanda, cubierta de blanco armiño. Acuéstase. No sosiega. Siempre quiere madrugar por levantarse a jugar, que al fin como niño juega. Pensamientos de Isabela me tienen, amigo, en calma; que como vive en el alma, anda el cuerpo siempre en vela, guardando ausente y presente, el castillo del honor.

Ripio

Perdóname, que tu amor es amor impertinente.

Octavio

¿Qué dices, necio?

Ripio

Esto digo, impertinencia es amar como amas. ¿Vas a escuchar?

Octavio

Sí, prosigue.

Ripio

Ya prosigo. ¿Quiérete Isabela a ti?

Octavio

¿Eso, necio, has de dudar?

Ripio

No, mas quiero preguntar, ¿Y tú no la quieres?

Octavio

Sí.

Ripio

Pues, ¿no seré majadero, y de solar conocido, si pierdo yo mi sentido por quien me quiere y la quiero? Si ella a ti no te quisiera, fuera bien el porfialla, regalalla y adoralla, y aguardar que se rindiera; mas si los dos os queréis con una mesma igualdad, dime, ¿hay más dificultad de que luego os desposéis?

Octavio

Eso fuera, necio, a ser de lacayo o lavandera la boda.

Ripio

Pues, ¿es quien quiera una lavandriz mujer, lavando y fregatrizando, defendiendo y ofendiendo, los paños suyos tendiendo, regalando y remendando? Dando, dije, porque al dar no hay cosa que se le iguale, y si no, a Isabela dale, a ver si sabe tomar.

Criado

El embajador de España en este punto se apea en el zaguán, y desea, con ira y fiereza extraña, hablarte, y si no entendí yo mal, entiendo es prisión.

Octavio

¿Prisión? Pues, ¿por qué ocasión? Decid que entre.

Pedro

Quien así con tanto descuido duerme, limpia tiene la conciencia.

Octavio

Cuando viene vueselencia a honrarme y favorecerme, no es justo que duerma yo. Velaré toda mi vida. ¿a qué y por qué es la venida?

Pedro

Porque aquí el rey me envió.

Octavio

Si el rey mi señor se acuerda de mí en aquesta ocasión, será justicia y razón que por él la vida pierda. Decidme, señor, ¿qué dicha o qué estrella me ha guiado, que de mí el rey se ha acordado?

Pedro

Fue, duque, vuestra desdicha. Embajador del rey soy. De él os traigo una embajada.

Octavio

Marqués, no me inquieta nada. Decid, que aguardando estoy.

Pedro

A prenderos me ha enviado el rey. No os alborotéis.

Octavio

¿Vos por el rey me prendéis? Pues, ¿en qué he sido culpado?

Pedro

Mejor lo sabéis que yo, mas, por si acaso me engaño, escuchad el desengaño, y a lo que el rey me envió. Cuando los negros gigantes, plegando funestos toldos ya del crepúsculo huían, unos tropezando en otros, estando yo con su alteza, tratando ciertos negocios, porque antípodas del sol son siempre los poderosos, voces de mujer oímos, cuyos ecos medio roncos, por los artesones sacros nos repitieron "¡Socorro!" A las voces y al ruido acudió, duque, el rey propio, halló a Isabela en los brazos de algún hombre poderoso; mas quien al cielo se atreve sin duda es gigante o monstruo. Mandó el rey que los prendiera, quedé con el hombre solo. Llegué y quise desarmalle, pero pienso que el demonio en él formó forma humana, pues que, vuelto en humo, y polvo, se arrojó por los balcones, entre los pies de esos olmos, que coronan del palacio los chapiteles hermosos. Hice prender la duquesa, y en la presencia de todos dice que es el duque Octavio el que con mano de esposo la gozó.

Octavio

¿Qué dices?

Pedro

Digo lo que al mundo es ya notorio, y que tan claro se sabe, que a Isabela, por mil modos, [la tiene presa el rey]. Con vos, señor, o con otro, esta noche en el palacio, la habemos hallado todos.

Octavio

Dejadme, no me digáis tan gran traición de Isabela, mas... ¿si fue su amor cautela? Proseguid, ¿por qué calláis? (Mas, si veneno me dais Aparte a un firme corazón toca, y así a decir me provoca que imita a la comadreja, que concibe por la oreja, para parir por la boca. ¿Será verdad que Isabela, alma, se olvidó de mí para darme muerte? Sí, que el bien suena y el mal vuela. Ya el pecho nada recela, juzgando si son antojos, que por darme más enojos, al entendimiento entró, y por la oreja escuchó, lo que acreditan los ojos. Señor marqués, es posible que Isabela me ha engañado, y que mi amor ha burlado. Parece cosa imposible. ¡Oh mujer, ley tan terrible de honor, a quien me provoco a emprender! Mas ya no toco en tu honor esta cautela. ¿Anoche con Isabela hombre en palacio? Estoy loco.

Pedro

Como es verdad que en los vientos hay aves, en el mar peces, que participan a veces de todos cuatro elementos; como en la gloria hay contentos, lealtad en el buen amigo, traición en el enemigo, en la noche oscuridad, y en el día claridad, y así es verdad lo que digo.

Octavio

Marqués, yo os quiero creer, ya no hay cosa que me espante, que la mujer más constante es, en efecto, mujer. No me queda más que ver, pues es patente mi agravio.

Pedro

Pues que sois prudente y sabio elegid el mejor medio.

Octavio

Ausentarme es mi remedio.

Pedro

Pues sea presto, duque Octavio.

Octavio

Embarcarme quiero a España, y darle a mis males fin.

Pedro

Por la puerta del jardín, duque, esta prisión se engaña.

Octavio

¡Ah veleta, ah débil caña! A más furor me provoco, y extrañas provincias toco, huyendo de esta cautela. Patria, adiós. ¿Con Isabela hombre en palacio? Estoy loco.

Tisbea

Yo, de cuantas el mar, pies de jazmín y rosas, en sus riberas besa, con fugitivas olas, sola de amor exenta, como en ventura sola, tirana me reservo de sus prisiones locas. Aquí donde el sol pisa soñolientas las ondas, alegrando zafiros las que espantaba sombras, por la menuda arena, unas veces aljófar, y átomos otras veces del sol, que así le adora, oyendo de las aves las quejas amorosas, y los combates dulces del agua entre las rocas, ya con la sutil caña, que el débil peso dobla del tierno pececillo, que el mar salado azota, o ya con la atarraya, que en sus moradas hondas prende en cuantos habitan aposentos de conchas, seguramente tengo que en libertad se goza el alma, que amor áspid no le ofende ponzoña. En pequeñuelo esquife, ya en compañía de otras, tal vez al mar le peino la cabeza espumosa. Y cuando más perdidas querellas de amor forman, como de todos río envidia soy de todas. Dichosa yo mil veces, Amor, pues me perdonas, si ya por ser humilde no desprecias mi choza. Obeliscos de paja mi edificio coronan, nidos, si no a cigüeñas, a tortolillas locas. Mi honor conservo en pajas como fruta sabrosa, vidrio guardado en ellas para que no se rompa. De cuantos pescadores con fuego Tarragona de piratas defiende en la argentada costa, desprecio soy, encanto, a sus suspiros sorda, a sus ruegos terrible, a sus promesas roca. Anfriso, a quien el cielo, con mano poderosa, prodigó un cuerpo y alma dotado en gracias todas, medido en las palabras, liberal en las obras, sufrido en los desdenes, modesto en las congojas, mis pajizos umbrales, que heladas noches ronda, a pesar de los tiempos las mañanas remoza, pues con los ramos verdes, que de los olmos corta, cubiertos amanecen de flores sin lisonjas. Ya con vigüelas dulces, y sutiles zampoñas, músicas me consagra, y todo no le importa, porque en tirano imperio vivo de amor señora, que halla gusto en sus penas, y en sus infiernos gloria. Todas por él se mueren, y yo, todas las horas, le mato con desdenes, de amor condición propia; querer donde aborrecen, despreciar donde adoran, que si le alegran muere, y vive si le oprobian. En tan alegre día, segura de lisonjas, mis juveniles años amor no los malogra; que en edad tan florida, Amor, no es suerte poca, no ver, tratando en redes, las tuyas amorosas. Pero, necio discurso, que mi ejercicio estorbas, en él no me diviertas en cosa que no importa. Quiero entregar la caña al viento, y a la boca del pececillo el cebo. ¡Pero al agua se arrojan dos hombres de una nave, antes que el mar la sorba, que sobre el agua viene, y en un escollo aborda! Como hermoso pavón hacen las velas ola, adonde los pilotos todos los ojos pongan. Las olas va escarbando, y ya su orgullo y pompa casi la desvanece, agua un costado toma. Hundióse, y dejó al viento la gavia, que la escoja para morada suya, que un loco en gavias mora.

Tisbea
Un hombre al otro aguarda, que dice que se ahoga. ¡Gallarda cortesía, en los hombros le toma! Anquises le hace Eneas si el mar está hecho Troya. Ya nadando, las aguas con valentía corta, y en la playa no veo quien lo ampare y socorra. Daré voces. ¡Tirso, Anfriso, Alfredo, hola! Pescadores me miran, plega a Dios que me oigan, mas milagrosamente ya tierra los dos toman, sin aliento el que nada, con vida el que le estorba.

Catalinon

¡Válgame la Cananea, y qué salado es el mar! Aquí puede bien nadar el que salvarse desea, que allá dentro es desatino donde la muerte se fragua. Donde Dios juntó tanta agua ¿no juntara tanto vino? Agua, y salada. Extremada cosa para quien no pesca. Si es mala aun el agua fresca, ¿qué será el agua salada? ¡Oh, quién hallara una fragua de vino, aunque algo encendido! Si del agua que he bebido hoy escapo, no más agua. Desde hoy abrenuncio de ella, que la devoción me quita tanto, que aun agua bendita no pienso ver, por no vella. ¿Ah señor! Helado y frío está. ¿Si estará ya muerto? Del mar fue este desconcierto, y mío este desvarío. ¡Mal haya aquél que primero pinos en el mar sembró y el que sus rumbos midió con quebradizo madero! ¡Maldito sea el vil sastre que cosió el mar que dibuja con astronómica aguja, causando tanto desastre! ¡Maldito sea Jasón, y Tifis maldito sea! Muerto está. No hay quien lo crea. ¡Mísero Catalinón! ¿Qué he de hacer?

Tisbea

Hombre, ¿qué tienes?

Catalinon

En desventura iguales, pescadora, muchos males, y falta de muchos bienes. Veo, por librarme a mí, sin vida a mi señor. Mira si es verdad.

Tisbea

No, que aun respira.

Catalinon

¿Por dónde, por aquí?

Tisbea

Sí, pues, ¿por dónde...?

Catalinon

Bien podía respirar por otra parte.

Tisbea

Necio estás.

Catalinon

Quiero besarte las manos de nieve fría.

Tisbea

Ve a llamar los pescadores que en aquella choza están.

Catalinon

¿Y si los llamo, ¿vendrán?

Tisbea

Vendrán preso, no lo ignores. ¿Quién es este caballero?

Catalinon

Es hijo aqueste señor del camarero mayor del rey, por quien ser espero antes de seis días Conde en Sevilla, a donde va, y adonde su alteza está, si a mi amistad corresponde.

Tisbea

¿Cómo se llama?

Catalinon

Don Juan Tenorio.

Tisbea

Llama mi gente.

Catalinon

Ya voy.

Tisbea

Mancebo excelente, gallardo, noble y galán. Volved en vos, caballero.

Juan

¿Dónde estoy?

Tisbea

Ya podéis ver, en brazos de una mujer.

Juan

Vivo en vos, si en el mar muero. Ya perdí todo el recelo que me pudiera anegar, pues del infierno del mar salgo a vuestro claro cielo. Un espantoso huracán dio con mi nave al través, para arrojarme a esos pies, que abrigo y puerto me dan, y en vuestro divino oriente renazco, y no hay que espantar, pues veis que hay de amar a mar una letra solamente.

Tisbea

Muy grande aliento tenéis para venir sin aliento, y tras de tanto tormento, mucho contento ofrecéis; pero si es tormento el mar, y son sus ondas crueles, la fuerza de los cordeles, pienso que os hacen hablar. Sin duda que habéis bebido del mar la ración pasada, pues por ser de agua salada con tan grande sal ha sido. Mucho habláis cuando no habláis, y cuando muerto venís, mucho al parecer sentís, plega a Dios que no mintáis. Parecéis caballo griego, que el mar a mis pies desagua, pues venís formado de agua, y estáis preñado de fuego. Y si mojado abrasáis, estando enjuto, ¿qué haréis? Mucho fuego prometéis, plega a Dios que no mintáis.

Juan

A Dios, zagala, pluguiera que en el agua me anegara, para que cuerdo acabara, y loco en vos no muriera; que el mar pudiera anegarme entre sus olas de plata, que sus límites desata, mas no pudiera abrasarme. Gran parte del sol mostráis, pues que el sol os da licencia, pues sólo con la apariencia, siendo de nieve abrasáis.

Tisbea

Por más helado que estáis, tanto fuego en vos tenéis, que en este mío os ardéis, plega a Dios que no mintáis.

Catalinon

Ya vienen todos aquí.

Tisbea

Y ya está tu fuego vivo.

Juan

Con tu presencia recibo el aliento que perdí.

Coridon

¿Qué nos mandas?

Tisbea

Coridón, Anfriso, amigos...

Coridon

Todos buscamos por varios modos esta dichosa ocasión. Di qué nos mandas, Tisbea, que por labios de clavel no lo habrás mandado a aquél que idolotrarte desea, apenas, cuando al momento, sin reservar llanto, o sierra, surque el mar, are la tierra, tale el fuego y pare el viento.

Tisbea

¡Oh, qué mal me parecía estas lisonjas ayer, y hoy echo en ellas de ver que sus labios no mentían! Estando, amigos, pescando sobre este peñasco, vi hundirse una nave allí, y entre las olas nadando dos hombres, y compasiva di voces que nadie oyó; y en tanta aflicción llegó libre de la furia esquiva del mar, sin vida a la arena, de éste en los hombros cargado, un hidalgo, ya anegado; y envuelta en tan triste pena, a llamaros envié.

Anfriso

Pues aquí todos estamos, manda que en tu gusto hagamos, lo que pensado no fue.

Tisbea

Que a mi choza los llevemos quiero, donde guarecidos reparemos sus vestidos y a ellos los regalemos, que mi padre gusta mucho de esta debida piedad.

Catalinon

Extremada es su beldad.

Juan

Escucha aparte.

Catalinon

Ya escucho.

Juan

Si te pregunta quién soy, di que no sabes.

Catalinon

¿A mí quieres advertirme aquí lo que he de hacer?

Juan

Muerto voy por la hermosa pescadora. Esta noche he de gozalla.

Catalinon

¿De qué suerte?

Juan

Ven y calla.

Coridon

Anfriso, dentro de un hora los pescadores prevén que cantan y bailan.

Anfriso

Vamos, y esta noche nos hagamos rajas, y paños también.

Juan

Muerto soy.

Tisbea

¿Cómo, si andáis?

Juan

Ando en pena, como veis.

Tisbea

Mucho habláis.

Juan

Mucho encendéis.

Tisbea

Plega a Dios que no mintáis.

Rey

¿Cómo os ha sucedido en la embajada, comendador mayor?

Gonzalo

Hallé en Lisboa al rey don Juan tu primo, previniendo treinta naves de armada.

Rey

¿Y para dónde?

Gonzalo

Para Goa me dijo, mas yo entiendo que a otra empresa más fácil apercibe; a Ceuta, o Tánger pienso que pretende cercar este verano.

Rey

Dios le ayude, y premie el cielo de aumentar su gloria. ¿Qué es lo que concertasteis?

Gonzalo

Señor, pide a Cerpa, y Mora, y Olivencia, y Toro, y por eso te vuelve a Villaverde, al Almendral, a Mértola, y Herrera entre Castilla y Portugal.

Rey

Al punto se firman los conciertos, don Gonzalo; mas decidme primero cómo ha ido en el camino, que vendréis cansado, y alcanzado también.

Gonzalo

Para serviros, nunca, señor, me canso.

Rey

¿Es buena tierra Lisboa?

Gonzalo

La mayor ciudad de España. Y si mandas que diga lo que he visto de lo exterior y célebre, en un punto en tu presencia te podré un retrato.

Rey

Gustaré de oíllo. Dadme silla.

Gonzalo

Es Lisboa una octava maravilla. De las entrañas de España, que son las tierras de Cuenca, nace el caudaloso Tajo, que media España atraviesa. Entra en el mar Oceano, en las sagradas riberas de esta ciudad por la parte del sur; mas antes que pierda su curso y su claro nombre hace un cuarto entre dos sierras donde están de todo el orbe barcas, naves, caravelas. Hay galeras y saetías, tantas que desde la tierra para una gran ciudad adonde Neptuno reina. A la parte del poniente, guardan del puerto dos fuerzas, de Cascaes y Sangián, las más fuertes de la tierra. Está de esta gran ciudad, poco más de media legua, Belén, convento del santo conocido por la piedra y por el león de guarda, donde los reyes y reinas, católicos y cristianos, tienen sus casa perpetuas. Luego esta máquina insigne, desde Alcántara comienza una gran legua a tenderse al convento de Jabregas. En medio está el valle hermoso coronado de tres cuestas, que quedara corto Apeles cuando pintarlas quisiera, porque miradas de lejos parecen piñas de perlas, que están pendientes del cielo, en cuya grandeza inmensa se ven diez Romas cifradas en conventos y en iglesias, en edificios y calles, en solares y encomiendas, en las letras y en las armas, en la justicia tan recta, y en una Misericordia, que está honrando su ribera, y pudiera honrar a España, y aun enseñar a tenerla. Y en lo que yo más alabo de esta máquina soberbia, es que del mismo castillo, en distancia de seis leguas, se ven sesenta lugares que llega el mar a sus puertas, uno de los cuales es el Convento de Olivelas, en el cual vi por mis ojos seiscientas y treinta celdas, y entre monjas y beatas, pasan de mil y doscientas. Tiene desde allí a Lisboa, en distancia muy pequeña, mil y ciento y treinta quintas, que en nuestra provincia Bética llaman cortijos, y todas con sus huertos y alamedas. En medio de la ciudad hay una plaza soberbia, que se llama del Ruzio, grande, hermosa, y bien dispuesta, que habrá cien años y aun más que el mar bañaba su arena, y agora de ella a la mar, hay treinta mil casas hechas, que perdiendo el mar su curso, se tendió a partes diversas. Tiene una calle que llaman Rúa Nova, o calle nueva, donde se cifra el oriente en grandezas y riquezas, tanto que el rey me contó que hay un mercader en ella, que por no poder contarlo, mide el dinero a fanegas. El terrero, donde tiene Portugal su casa regia tiene infinitos navíos, varados siempre en la tierra, de solo cebada y trigo, de Francia y Ingalaterra. Pues, el palacio real, que el Tajo sus manos besa, es edificio de Ulises, que basta para grandeza, de quien toma la ciudad nombre en la latina lengua, llamándose Ulisibona, cuyas armas son la esfera, por pedestal de las llagas, que, en la batalla sangrienta, al rey don Alfonso Enríquez dio la majestad inmensa. Tiene en su gran Tarazana diversas naves, y entre ellas las naves de la conquista, tan grandes, que de la tierra miradas, juzgan los hombres que tocan en las estrellas. Y lo que de esta ciudad te cuento por excelencia, es, que estando sus vecinos comiendo, desde las mesas, ven los copos del pescado que junto a sus puertas pescan que, bullendo entre las redes, vienen a entrarse por ellas. Y sobre todo el llegar cada tarde a su ribera más de mil barcos cargados de mercancías diversas, y de sustento ordinario, pan, aceite, vino y leña, frutas de infinita suerte, nieve de sierra de Estrella, que por las calles a gritos, puesta sobre las cabezas, la venden; mas, ¿qué me canso?, porque es contar las estrellas, querer contar una parte de la ciudad opulenta. Ciento y treinta mil vecinos tiene, gran señor, por cuenta, y por no cansarte más, un rey que tus manos besa.

Rey

Más estimo, don Gonzalo, escuchar de vuestra lengua esa relación sucinta, que haber visto su grandeza. ¿Tenéis hijos?

Gonzalo

Gran señor, una hija hermosa y bella, en cuyo rostro divino se esmeró naturaleza.

Rey

Pues yo os la quiero casar de mi mano.

Gonzalo

Como sea tu gusto, digo, señor, que yo la acepto por ella; pero ¿quién es el esposo?

Rey

Aunque no está en esta tierra, es de Sevilla, y se llama don Juan Tenorio.

Gonzalo

Las nuevas voy a llevar a doña Ana. [que ilustre esposo le espera].

Rey

Id en buena hora, y volved, Gonzalo, con la respuesta.

Juan

Esas dos yeguas prevén, pues acomodadas son.

Catalinon

Aunque soy Catalinón, soy, señor, hombre de bien, que no se dijo por mí, "Catalinón es el hombre," que sabes que aquese nombre me asienta al revés aquí.

Juan

Mientras que los pescadores van de regocijo y fiesta, tú las dos yeguas apresta, que de sus pies voladores, solo nuestro engaño fío.

Catalinon

¿Al fin pretendes gozar a Tisbea?

Juan

Si el burlar es hábito antiguo mío, ¿qué me preguntas, sabiendo mi condición?

Catalinon

Ya sé que eres castigo de las mujeres.

Juan

Por Tisbea estoy muriendo, que es buena moza.

Catalinon

Buen pago a su hospedaje deseas.

Juan

Necio, lo mismo hizo Eneas con la reina de Cartago.

Catalinon

Los que fingís y engañáis las mujeres de esa suerte, lo pagaréis en la muerte.

Juan

¡Qué largo me lo fiáis! Catalinón con razón te llaman.

Catalinon

Tus pareceres sigue, que en burlar mujeres quiero ser Catalinón. Ya viene la desdichada.

Juan

Vete, y las yeguas prevén.

Catalinon

Pobre mujer, harto bien te pagamos la posada.

Tisbea

El rato que sin ti estoy estoy ajena de mí.

Juan

Por lo que finges ansí, ningún crédito te doy.

Tisbea

¿Por qué?

Juan

Porque si me amaras mi alma favorecieras.

Tisbea

Tuya soy.

Juan

Pues, di, ¿qué esperas? ¿O en qué, señora, reparas?

Tisbea

Reparo en que fue castigo de amor el que he hallado en ti.

Juan

Si vivo, mi bien, en ti, a cualquier cosa me obligo, aunque yo sepa perder en tu servicio la vida, la diera por bien perdida, y te prometo de ser tu esposo.

Tisbea

Doy desigual a tu ser.

Juan

Amor es rey que iguala con justa ley la seda con el sayal.

Tisbea

Casi te quiero creer, mas sois los hombres traidores.

Juan

¿Posible es, mi bien, que ignores mi amoroso proceder? Hoy prendes con tus cabellos mi alma.

Tisbea

Ya a ti me allano, bajo la palabra y mano de esposo.

Juan

Juro, ojos bellos, que mirando me matáis, de ser vuestro esposo.

Tisbea

Advierte, mi bien, que hay Dios y que hay muerte.

Juan

¡Qué largo me lo fiáis! Ojos bellos, mientras viva yo vuestro esclavo seré, ésta es mi mano y mi fe.

Tisbea

No seré en pagarte esquiva.

Juan

Ya en mí mismo no sosiego.

Tisbea

Ven, y será la cabaña del amor que me acompaña, tálamo de nuestro fuego. Entre estas cañas te esconde, hasta que tenga lugar.

Juan

¿Por dónde tengo de entrar?

Tisbea

Ven, y te diré por dónde.

Juan

Gloria al alma, mi bien, dais.

Tisbea

Esa voluntad te obligue, y si no, Dios te castigue.

Juan

¡Qué largo me lo fiáis!

Coridon

Ea, llamad a Tisbea, y las zagalas llamad, para que en la soledad el huésped la corte vea.

Anfriso

¡Tisbea, Lucindo, Antandra! No vi cosa más cruel, triste y mísero de aquél que en su fuego es salamandra. Antes que el baile empecemos, a Tisbea prevengamos.

Belisa

Vamos a llamarla.

Coridon

Vamos.

Belisa

A su cabaña lleguemos.

Coridon

¿No ves que estará ocupada con los huéspedes dichosos, de quien hay mil envidiosos?

Anfriso

Siempre es Tisbea envidiada.

Belisa

Cantad algo mientras viene, porque queremos bailar.

Anfriso

¿Cómo podrá descansar cuidado que celos tiene?

Musicos

"A pescar sale la niña, tendiendo redes, y en lugar de pececillos, las almas prende."

Tisbea

¡Fuego, fuego, que me quemo, que mi cabaña se abrasa! Repicad a fuego, amigos, que ya dan mis ojos agua. Mi pobre edificio queda hecho otra Troya en las llamas, que después que faltan Troyas, quiere amor quemar cabañas; mas si amor abrasa peñas, con gran ira, fuerza extraña, mal podrán de su rigor reservarse humildes pajas. ¡Fuego, zagales, fuego, agua, agua! Amor, clemencia, que se abrasa el alma. Ay choza, vil instrumento de mi deshonra, y mi infamia, cueva de ladrones fiera, que mis agravios amparas. Rayos de ardientes estrellas en tus cabelleras caigan, porque abrasadas estén, si del viento mal peinadas. ¡Ah falso huésped, que dejas una mujer deshonrada! Nube que del mar salió, para anegar mis entrañas. ¡Fuego, zagales, fuego, agua, agua! Amor, clemencia, que se abrasa el alma. Yo soy la que hacía siempre de los hombres burla tanta. ¡Que siempre las que hacen burla, vienen a quedar burladas! Engañóme el caballero debajo de fe y palabra de marido, y profanó mi honestidad y mi cama. Gozóme al fin, y yo propia le di a su rigor las alas, en dos yeguas que crié, con que me burló y se escapa. Seguidle todos, seguidle, mas no importa que se vaya, que en la presencia del rey tengo de pedir venganza. ¡Fuego, zagales, fuego, agua, agua! Amor, clemencia, que se abrasa el alma.

Coridon

Seguid al vil caballero.

Anfriso

Triste del que pena y calla, mas vive el cielo que en él me he de vengar de esta ingrata. Vamos tras ella nosotros, porque va desesperada, y podrá ser que ella vaya buscando mayor desgracia.

Coridon

Tal fin la soberbia tiene, su locura y confianza paró en esto.

Anfriso

Al mar se arroja.

Coridon

Tisbea, detente y para.

Tisbea

¡Fuego, zagales, fuego, agua, agua! Amor, clemencia, que se abrasa el alma.

Acto II

Rey

¿Que esto pasa?

Tenorio

Señor, esto me escribe de Nápoles don Pedro, que le hallaron con dama en el palacio; y apercibe remedio en este caso.

Rey

¿Y le dejaron con vida?

Tenorio

Por don Pedro, señor, vive, que, sin que se supiese, le ausentaron; y la dama, inocente de este agravio agresor hizo de esto al duque Octavio, y ya en Sevilla está.

Rey

Sí; mas qué haremos con Gonzalo de Ulloa, que le había tratado el casamiento?

Tenorio

Bien podremos poner remedio, pues el tiempo envía ocasión, y en la mano la tenemos; que el duque Octavio remediar podría el yerro de don Juan, pues que su casa a la de don Gonzalo llega, y pasa.

Rey

No me parece mal, como no inquiete al duque la pasión que de Isabela, con el amor que tuvo, nos promete, en cuya confusión hoy se desvela. Pues la ocasión tenemos del copete, asirla, que es ligera y siempre vuela; y viene a ser aquéste el mejor medio que a dos casos como éstos da remedio. Y ¿adónde esté ese loco?

Tenorio

Jamás niego a vuestra alteza cosa que pretenda saber; y cuando aquí pende el sosiego de don Juan, y con esto el yerro enmienda, por quien se acabe el encendido fuego que él comenzó, es ya justo que lo entienda, señor. Tu alteza, ya en Sevilla asiste, y así encubierto está mientras se viste.

Rey

Pues decidle que de ella salga al punto, que pienso que es travieso, y la pasea, porque el remedio de esto venga junto.

Tenorio

A Lebrija se irá.

Rey

Mi enojo vea en el destierro.

Tenorio

Quedará difunto cuando lo sepa.

Rey

Lo que digo sea sin falta.

Tenorio

El duque Octavio es el que viene.

Rey

Decid que llegue, que licencia tiene.

Octavio

A esos pies, gran señor, un peregrino mísero y desterrado, ofrece el labio, juzgando por más fácil el camino en vuestra gran presencia, el duque Octavio. Huyendo vengo el fiero desatino de una mujer, el no pensado agravio de un caballero, que la causa ha sido de que así a vuestros pies haya venido.

Rey

Ya, duque Octavio, sé vuestra inocencia, y al rey escribiré que os restituya en vuestro estado, puesto que el ausencia que hicisteis, algún daño os atribuya. Yo os casaré en Sevilla, con licencia del rey, y con perdón y gracia suya que puesto que Isabela un ángel sea, mirando la que os doy, ha de ser fea. Comendador mayor de Calatrava es Gonzalo de Ulloa, un caballero a quien el moro por temor alaba, que siempre es el cobarde lisonjero. Éste tiene una hija, en quien bastaba en dote la virtud, que considero, después de la beldad, que es maravilla y el sol de las estrellas de Sevilla. Ésta quiero que sea vuestra esposa.

Octavio

Cuando yo este viaje le emprendiera sólo a eso, mi suerte era dichosa, sabiendo yo que vuestro gusto fuera.

Rey

Hospedaréis al duque, sin que cosa en su regalo falte.

Octavio

Quien espera en vos, señor, saldrá de premios lleno. Primero Alfonso sois, siendo el onceno.

Ripio

¿Qué ha sucedido?

Octavio

Que he dado el trabajo recibido, conforme me ha sucedido, desde hoy por bien empleado. Hablé al rey, vióme y honróme, César con él César fui, pues vi, peleé y vencí, y ya hace que esposa tome de su mano, y se prefiere a desenojar al rey en la fulminada ley.

Ripio

Con razón el nombre adquiere de generoso en Castilla. ¿Al fin te llegó a ofrecer mujer?

Octavio

Sí, amigo, y mujer de Sevilla, que Sevilla da, si averiguarlo quieres, porque de oíllo te asombres, si fuertes y airosos hombres, también gallardas mujeres. Un manto tapado, un brío, donde un puro sol se esconde, si no es en Sevilla, adónde se admite? El contento mío es tal que ya me consuela en mi mal.

Catalinon

Señor, detente, que aquí está el duque, inocente sagitario de Isabela, aunque mejor le diré capricornio.

Juan

Disimula.

Catalinon

Cuando le vende, le adula.

Juan

Como a Nápoles dejé por enviarme a llamar con tanta prisa mi rey, y como su gusto es ley, no tuve, Octavio, lugar de despedirme de vos de ningún modo.

Octavio

Por eso, don Juan amigo, os confieso, que hoy nos juntamos los dos en Sevilla.

Juan

¿Quién pensara, duque, que en Sevilla os viera; vos Puzol, vos la Ribera, desde Parténope clara dejáis? Aunque es un lugar Nápoles tan excelente, por Sevilla solamente se puede, amigo, dejar.

Octavio

Si en Nápoles os oyera, y no en la parte en que estoy, del crédito que ahora os doy sospecho que me riera. Mas, llegándola a habitar, es, por lo mucho que alcanza corta, cualquier alabanza que a Sevilla queráis dar, ¿quién es el que viene allí?

Juan

El que viene es el marqués de la Mota.

Octavio

Descortés es fuerza ser.

Juan

Si de mí al hubiereis menester, aquí espada y brazo está.

Catalinon

(Y si importa gozará Aparte en su nombre otra mujer, que tiene buena opinión).

Octavio

De vos estoy satisfecho.

Catalinon

Si fuere de algún provecho, señores, Catalinón, vuarcedes continuamente me hallarán para servillos.

Ripio

¿Y dónde?

Catalinon

En los Pajarillos, tabernáculo excelente.

Mota

Todo hoy os ando buscando, y no os he podido hallar. ¿Vos, don Juan, en el lugar, y vuestro amigo penando en vuestra ausencia?

Juan

Por Dios, amigo, que me debéis esa merced que me hacéis.

Catalinon

(Como no le entreguéis vos Aparte moza o cosa que lo valga, bien podéis fiaros de él, que en cuanto a esto es cruel, tiene condición hidalga).

Juan

¿Qué hay de Sevilla?

Mota

Está ya toda esta corte mudada.

Juan

¿Mujeres?

Mota

Cosa juzgada.

Juan

¿Inés?

Mota

A Bejel se va.

Juan

Buen lugar para vivir la que tan dama nació.

Mota

El tiempo la desterró a Bejel.

Juan

Irá a morir. ¿Constanza?

Mota

Es lástima vella lampiña de frente y ceja, llámala el portugués vieja, y ella imagina que bella.

Juan

Sí, que velha en portugués suena "vieja" en castellano. ¿Y Teodora?

Mota

Este verano se escapó del mal francés por un río de sudores, y está tan tierna y reciente que anteayer me arrojó un diente envuelto entre muchas flores.

Juan

¿Julia, la del Candilejo?

Mota

Ya con sus afeites lucha.

Juan

¿Véndese siempre por trucha?

Mota

Ya se da por abadejo.

Juan

¿El barrio de Cantarranas tiene buena población?

Mota

Ranas las más de ellas son.

Juan

¿Y viven las dos hermanas?

Mota

Y la mona de Tolú de su madre Celestina, que les enseña doctrina.

Juan

¡Oh, vieja de Belcebú! ¿Cómo la mayor está?

Mota

Blanca, y sin blanca ninguna. Tiene un santo a quien ayuna.

Juan

¿Agora en vigilias da?

Mota

Es firme y santa mujer.

Juan

¿Y esotra?

Mota

Mejor principio tiene; no desecha ripio.

Juan

Buen albañir quiere ser. Marqués, ¿qué hay de perros muertos?

Mota

Yo y don Pedro de Esquivel dimos anoche uno cruel, y esta noche tengo ciertos otros dos.

Juan

Iré con vos, que también recorreré ciertos nidos que dejé en güevos para los dos. ¿Qué hay de terrero?

Mota

No muero en terrero, que enterrado me tiene mayor cuidado.

Juan

¿Cómo?

Mota

Un imposible quiero.

Juan

Pues, ¿no os corresponde?

Mota

Sí, me favorece y me estima.

Juan

¿Quién es?

Mota

Doña Ana, mi prima, que es recién llegada aquí.

Juan

Pues, ¿dónde ha estado?

Mota

En Lisboa, con su padre en la embajada.

Juan

¿Es hermosa?

Mota

Es extremada, porque en doña Ana de Ulloa se extremó Naturaleza.

Juan

¿Tan bella es esa mujer? ¡Vive Dios que la he de ver!

Mota

Veréis la mayor belleza que los ojos del sol ven.

Juan

Casaos, si es tan extremada.

Mota

El rey la tiene casada y no se sabe con quién.

Juan

¿No os favorece?

Mota

Y me escribe.

Catalinon

(No prosigas, que te engaña Aparte el gran burlador de España).

Juan

Quien tan satisfecho vive de su amor, ¿desdichas teme? Sacadla, solicitadla, escribidla, y engañadla, y el mundo se abrase y queme.

Mota

Agora estoy esperando la postrer resolución.

Juan

Pues no perdáis la ocasión, que aquí os estoy aguardando.

Mota

Ya vuelvo.

Catalinon

Señor cuadrado, o señor redondo, adiós.

Criado

Adiós.

Juan

Pues solos los dos, amigo, habemos quedado, los pasos sigue al marqués, que en el palacio se entró.

Mujer

Ce, ¿a quién digo?

Juan

¿Quién llamó?

Mujer

Si sois prudente y cortés, y su amigo, dadle luego al marqués este papel; mirad que consiste en él de una señora el sosiego.

Juan

Digo que se lo daré, soy su amigo y caballero.

Mujer

Basta, señor forastero, adiós.

Juan

Ya la voz se fue. ¿No parece encantamiento esto que agora ha pasado? A mí el papel ha llegado por la estafeta del viento. Sin duda que es de la dama que el marqués me ha encarecido. Venturoso en esto he sido. Sevilla a voces me llama el burlador, y el mayor gusto que en mí puede haber es burlar una mujer y dejarla sin honor. Vive Dios que le he de abrir, pues salí de la plazuela. Mas ¿si hubiese otra cautela? Gana me da de reír. Ya está abierto el papel, y que es suyo es cosa llana, porque aquí firma doña Ana. Dice así: "Mi padre infiel en secreto me ha casado, sin poderme resistir. No sé si podré vivir, porque la muerte me ha dado. Si estimas, como es razón, mi amor y mi voluntad, y si tu amor fue verdad, muéstralo en esta ocasión. Porque veas que te estimo, ven esta noche a la puerta, que estará a las once abierta, donde tu esperanza, primo, goces, y el fin de tu amor. Traerás, mi gloria, por señas de Leonorilla y las dueñas una capa de color. Mi amor todo de ti fío, y adiós." ¡Desdichado amante! ¿Hay suceso semejante? Ya de la burla me río. Gozaréla, vive Dios, con el engaño y cautela que en Nápoles a Isabela.

Catalinon

Ya el marqués viene.

Juan

Los dos aquesta noche tenemos que hacer.

Catalinon

¿Hay engaño nuevo?

Juan

¡Extremado!

Catalinon

No lo apruebo. Tú pretendes que escapemos una vez, señor, burlados; que el que vive de burlar, burlado habrá de escapar pagando tantos pecados de una vez.

Juan

¿Predicador te vuelves, impertinente?

Catalinon

La razón hace al valiente.

Juan

Y al cobarde hace el temor. El que se pone a servir, voluntad no ha de tener, y todo ha de ser hacer, y nada ha de ser decir. Sirviendo, jugando estás, y si quieres ganar luego, haz siempre, porque en el juego quien más hace, gana más.

Catalinon

Y también quien hace y dice topa y pierde en cualquier parte.

Juan

Esta vez quiero avisarte porque otra vez no te avise.

Catalinon

Digo que de aquí adelante lo que me mandes haré, y a tu lado forzaré un tigre y un elefante; guárdese de mí un prior que si me mandas que calle, y le fuerce, he de forzalle sin réplica, mi señor.

Juan

Calla, que viene el marqués.

Catalinon

¿Pues, ha de ser el forzado?

Juan

Para vos, marqués me han dado un recado harto cortés, por esa reja, sin ver el que me lo daba allí. Sólo en la voz conocí que me lo daba mujer. Dícete al fin, que a las doce vayas secreto a la puerta, que estará a esperando abierta, donde tu esperanza goce la posesión de tu amor, y que llevases por señas de Leonorilla y las dueñas, una capa de color.

Mota

¿Qué decís?

Juan

Que este recado de una ventana me dieron, sin ver quién.

Mota

Con él pusieron sosiego en tanto cuidado. ¡Ay, amigo, sólo en ti mi esperanza renaciera! Dame esos pies.

Juan

Considera que no está tu prima en mí. ¿Eres tú quien ha de ser quien la tiene de gozar, y me llegas a abrazar los pies?

Mota

Es tal el placer que me ha sacado de mí. ¡Oh sol, apresura el paso!

Juan

Ya el sol camina al ocaso.

Mota

Vamos, amigo, de aquí, y de noche nos pondremos; loco voy.

Juan

Bien se conoce, mas yo bien sé que a las doce harás mayores extremos.

Mota

¡Ay, prima del alma, prima, que quieres premiar mi fe!

Catalinon

(¡Vive Cristo que no dé Aparte una blanca por su prima!)

Diego

¡Don Juan!

Catalinon

Tu padre te llama.

Juan

¿Qué manda vueseñoría?

Diego

Verte más cuerdo quería, más bueno, y con mejor fama. ¿Es posible que procuras todas las horas mi muerte?

Juan

¿Por qué vienes de esa suerte?

Diego

Por tu trato, y tus locuras. Al fin el rey me ha mandado que te eche de la ciudad, porque está de una maldad con justa causa indignado. Que aunque me lo has encubierto, ya en Sevilla el rey lo sabe, cuyo delito es tan grave, que a decírtelo no acierto. ¿En el palacio real traición, y con un amigo? Traidor, Dios te dé el castigo que pide delito igual. Mira que aunque al parecer Dios te consiente, y aguarda, tu castigo no se tarda, y que castigo ha de haber para los que profanáis su nombre, y que es juez fuerte Dios en la muerte.

Juan

¿En la muerte? ¿Tan largo me lo fiáis? De aquí allá hay larga jornada.

Diego

Breve te ha de parecer.

Juan

Y la que tengo de hacer, pues a su alteza le agrada, agora, ¿es larga también?

Diego

Hasta que el injusto agravio satisfaga el duque Octavio, y apaciguados estén en Nápoles de Isabela los sucesos que has causado, en Lebrija retirado, por tu traición y cautela, quiere el rey que estés agora, pena a tu maldad ligera.

Catalinon

(Si el caso también supiera Aparte de la pobre pescadora, más se enojara el buen viejo).

Diego

Pues no te venzo y castigo con cuanto hago y cuanto digo, a Dios tu castigo dejo.

Catalinon

Fuése el viejo enternecido.

Juan

Luego las lágrimas copia, condición de viejos propia, vamos, pues ha anochecido, a buscar al marqués.

Catalinon

Vamos, y al fin gozarás su dama.

Juan

Ha de ser burla de fama.

Catalinon

Ruego al cielo que salgamos de ella en paz.

Juan

¡Catalinón, en fin!

Catalinon

Y tú, señor, eres langosta de las mujeres; ¡y con público pregón! Porque de ti se guardara, cuando a noticia viniera de la que doncella fuera, fuera bien se pregonara: "Guárdense todos de un hombre, que a las mujeres engaña, y es el burlador de España."

Juan

Tú me has dado gentil nombre.

Musicos

"El que un bien gozar espera cuando espera desespera."

Juan

¿Qué es esto?

Catalinon

Música es.

Mota

Parece que habla conmigo el poeta. ¿Quién es?

Juan

Amigo.

Mota

¿Es don Juan?

Juan

¿Es el marqués?

Mota

¿Quién puede ser sino yo?

Juan

Luego que la capa vi que érades vos conocí.

Mota

Cantad, pues don Juan llegó.

Musicos

"El que un bien gozar espera cuando espera desespera."

Juan

¿Qué casa es la que miráis?

Mota

De don Gonzalo de Ulloa.

Juan

¿Dónde iremos?

Mota

A Lisboa.

Juan

¿Cómo, si en Sevilla estáis?

Mota

¿Pues aqueso os maravilla? ¿No vive con gusto igual lo peor de Portugal en lo mejor de Sevilla?

Juan

¿Dónde viven?

Mota

En la calle de la Sierpe, donde ves a Adán vuelto en portugués; que en aqueste amargo valle con bocados solicitan mil levas; que aunque dorados, en efecto, son bocados con que las vidas nos quitan.

Catalinon

Ir de noche no quisiera por esa calle cruel, pues lo que de día en miel de noche lo dan en cera. Una noche, por mi mal, la vi sobre mí vertida, y hallé que era corrompida la cera de Portugal.

Juan

Mientras a la calle vais, yo dar un perro quisiera.

Mota

Pues cerca de aquí me espera un bravo.

Juan

Si me dejáis, señor marqués, vos veréis cómo de mí no se escapa.

Mota

Vamos, y poneos mi capa para que mejor lo deis.

Juan

Bien habéis dicho; venid y me enseñaréis la casa.

Mota

Mientras el suceso pasa, la voz y el habla fingid. ¿Veis aquella celosía?

Juan

Ya la veo.

Mota

Pues llegad, y decid "Beatriz," y entrad.

Juan

¿Qué mujer?

Mota

Rosada, y fría.

Catalinon

Será mujer cantimplora.

Mota

En Gradas os aguardamos.

Juan

Adiós, marqués.

Catalinon

¿Dónde vamos?

Juan

Adonde la burla agora; ejecute.

Catalinon

No se escapa nadie de ti.

Juan

El trueco adoro.

Catalinon

Echaste la capa al toro.

Juan

No, el toro me echó la capa.

Mota

La mujer ha de pensar que soy yo.

Musico

¡Qué gentil perro!

Mota

Esto es acertar por yerro.

Musico

Todo este mundo es errar, que está compuesto de errores.

Mota

El alma en las horas tengo, y en sus cuartos me prevengo para mayores favores. ¡Ay, noche espantosa y fría, para que largos los goce, corre veloz a las doce, y después no venga el día!

Musico

¿Adónde guía la danza?

Mota

Cal de la Sierpe guiad.

Musico

¿Qué cantaremos?

Mota

Cantad lisonjas a mi esperanza.

Musicos

"El que un bien gozar espera, cuando espera desespera."

Ana

¡Falso, no eres el marqués! ¡Que me has engañado!

Juan

Digo que lo soy.

Ana

Fiero enemigo, mientes, mientes.

Gonzalo

La voz es de doña Ana la que siento.

Ana

¿No hay quien mate este traidor homicida de mi honor?

Gonzalo

¿Hay tan grande atrevimiento? "Muerto honor" dijo, ¡ay de mí!; y es su lengua tan liviana, que aquí sirve de campana.

Ana

¡Matadle!

Juan

¿Quién está aquí?

Gonzalo

La barbacana caída de la torre de ese honor que has combatido, traidor, donde era alcaide la vida.

Juan

Déjame pasar.

Gonzalo

¿Pasar? Por la punta de esta espada.

Juan

Morirás.

Gonzalo

No importa nada.

Juan

Mira que te he de matar.

Gonzalo

¡Muere, traidor!

Juan

De esta suerte muero yo.

Catalinon

Si escapo de ésta, no más burlas, no más fiesta.

Gonzalo

¡Ay, que me has dado la muerte! Mas, si el honor me quitaste, ¿de qué la vida servía?

Juan

¡Huye!

Gonzalo

Aguarda, que es sangría, con que el valor me aumentaste; mas no es posible que aguarde... Seguirále mi furor, que es traidor, y el que es traidor es traidor porque es cobarde.

Mota

Presto las doce darán y mucho don Juan se tarda, ¡fiera pensión del que aguarda!

Juan

¿Es el marqués?

Mota

¿Es don Juan?

Juan

Yo soy, tomad vuestra capa.

Mota

¿Y el perro?

Juan

Funesto ha sido; al fin, marqués, muerto ha habido.

Catalinon

Señor, del muerto te escapa.

Mota

¿Burlásteisla?

Juan

Sí, burlé.

Catalinon

(Y aun a vos os ha burlado).

Juan

Caro la burla ha costado.

Mota

Yo, don Juan, lo pagaré, porque estará la mujer quejosa de mí.

Juan

Las doce darán.

Mota

Como mi bien goce nunca llegue a amanecer.

Juan

Adiós, marqués.

Catalinon

Muy bien lance el desdichado hallará.

Juan

Huyamos.

Catalinon

Señor, no habrá aguilita que me alcance.

Mota

Vosotros os podéis ir todos a casa, que yo he de ir solo.

Musico

Dios crió las noches para dormir.

Voces

¿Vióse desdicha mayor, y vióse mayor desgracia?

Mota

¡Válgame Dios! Voces oigo en la plaza del alcázar. ¿Qué puede ser a estas horas? Un hielo me baña el alma. Desde aquí parece todo una Troya que se abrasa, porque tantas hachas juntas paren gigantes de llamas. Mas una escuadra de luces se acerca a mí, ¿Por qué anda el fuego emulando al sol, dividiéndose en escuadras? Quiero preguntar lo que es.

Diego

¿Qué gente?

Mota

Gente que aguarda saber de aqueste alboroto la ocasión.

Diego

Ésta es la capa que dijo el comendador en las postreras palabras. Préndanle.

Mota

¿Prenderme a mí?

Diego

Volved la espada a la vaina, que la mayor valentía es no tratar de las armas.

Mota

¿Cómo al marqués de la Mota hablan ansí?

Diego

Dad la espada, que el rey os manda prender.

Mota

¡Vive Dios!

Rey

En toda España no ha de caber, ni tampoco en Italia, si va a Italia.

Diego

Señor, aquí está el marqués.

Mota

¿Vuestra alteza a mí me manda prender?

Rey

Llevadle y ponedle la cabeza en una escarpia. ¿En mi presencia te pones?

Mota

¡Ah, glorias de amor tiranas, siempre en el pasar ligeras como en el vivir pesadas! Bien dijo un sabio, que había entre la boca y la taza peligro; mas el enojo del rey me admira y espanta. ¿No sabré por qué voy preso?

Diego

¿Quién mejor sabrá la causa que vueseñoría?

Mota

¿Yo?

Diego

Vamos.

Mota

Confusión extraña.

Rey

Fulmínesele el proceso al marqués luego, y mañana le cortarán la cabeza. Y al comendador, con cuanta solemnidad y grandeza se da a las personas sacras y reales, el entierro se haga; en bronce y piedra párea, un sepulcro con un bulto le ofrezcan, donde en mosaicas labores, góticas letras den lenguas a su venganza. Y entierro, bulto y sepulcro quiero que a mi costa se haga; ¿dónde doña Ana se fue?

Diego

Fuése al sagrado doña Ana de mi señora la reina.

Rey

Ha de sentir esta falta Castilla. Tal capitán ha de llorar Calatrava.

Musicos

"Lindo sale el sol de Abril, por trébol y torongil; y aunque le sirva de estrella, Aminta sale más bella."

Batricio

Sobre esta alfombra florida, adonde en campos de escarcha el sol sin aliento marcha con su luz recién nacida, os sentad, pues no convida al tálamo el sitio hermoso.

Aminta

Cantadle a mi dulce esposo favores de mil en mil.

Musicos

"Lindo sale el sol de Abril, por trébol y torongil; y aunque le sirva de estrella, Aminta sale más bella."

Gaseno

Ya, Batricio, os he entregado el alma y ser en mi Aminta.

Batricio

Por eso se baña y pinta de más colores el prado. Con deseos la he ganado, con obras le he merecido.

Musicos

Tal mujer y tal marido viva juntos años mil. "Lindo sale el sol de Abril, por trébol y torongil; y aunque le sirva de estrella, Aminta sale más bella."

Batricio

No sale así el sol de oriente como el sol que al alba sale, que no hay sol que al sol se iguale de sus niñas y su fuente, a este sol claro y luciente que eclipsa al sol su arrebol; y ansí cantadle a mi sol motetes de mil en mil. "Lindo sale el sol de Abril, por trébol y torongil; y aunque le sirva de estrella, Aminta sale más bella."

Aminta

Batricio, aunque lo agradezco, falso y lisonjero estás; mas si tus rayos me das por ti ser luna merezco. Tú eres el sol por quien crezco, después de salir menguante, para que al Alba te cante la salva en tono sutil. "Lindo sale el sol de Abril, por trébol y torongil; y aunque le sirva de estrella, Aminta sale más bella."

Catalinon

Señores, el desposorio huéspedes ha de tener.

Gaseno

A todo el mundo ha de ser este contento notorio. ¿Quién viene?

Catalinon

Don Juan Tenorio.

Gaseno

¿El viejo?

Catalinon

No ése, don Juan.

Belisa

Será su hijo el galán.

Batricio

Téngolo por mal agüero; que galán y caballero quitan gusto, y celos dan. Pues, quién noticia les dio de mis bodas?

Catalinon

De camino pasa a Lebrija.

Batricio

Imagino que el demonio le envió; mas ¿de qué me aflijo yo? Vengan a mis dulces bodas del mundo las gentes todas; mas, con todo, un caballero en mis bodas... Mal agüero.

Gaseno

Venga el Coloso de Rodas, venga el Papa, el Preste Juan, y don Alfonso el onceno con su corte, que en Gaseno ánimo y valor verán. Montes en casa hay de pan, Guadalquivides de vino, Babilonias de tocino, y entre ejércitos cobardes de aves, para que los lardes, el pollo y el palomino. Venga tan gran caballero a ser hoy en Dos Hermanas honra de estas nobles canas.

Belisa

Es hijo del camarero mayor.

Batricio

Todo es mal agüero para mí, pues le han de dar junto a mi esposa lugar. Aun no gozo, y ya los cielos me están condenando a celos. Amor, sufrir y callar.

Juan

Pasando acaso he sabido que hay bodas en el lugar, y de ellas quise gozar, pues tan venturoso he sido.

Gaseno

Vueseñoría ha venido a honrallas y engrandecellas.

Batricio

Yo que soy el dueño de ellas digo entre mí que vengáis en hora mala.

Gaseno

¿No dais lugar a este caballero?

Juan

Con vuestra licencia quiero sentarme aquí.

Patricio

Si os sentáis delante de mí, señor, seréis de aquesa manera el novio.

Juan

Cuando lo fuera no escogiera lo peor.

Gaseno

¡Que es el novio!

Juan

De mi error e ignorancia perdón pido.

Catalinon

¡Desventurado marido!

Juan

Corrido está.

Catalinon

No lo ignoro, mas, si tiene de ser toro, ¿qué mucho que esté corrido? No daré por su mujer, ni por su honor un cornado. ¡Desdichado tú, que has dado en manos de Lucifer!

Acto III

Sale BATRICIO pensativo

Batricio

Celos, reloj de cuidados, que a todas las horas dais tormentos con que matáis, aunque andéis desconcertados; celos, del vivir desprecios con que ignorancias hacéis, pues todo lo que tenéis de ricos, tenéis de necios. Dejadme de atormentar, pues es cosa tan sabida, que cuando amor me da vida, la muerte me queréis dar. ¿Qué me queréis, caballero, que me atormentáis ansí? Bien dije, cuando le vi en mis bodas: "Mal agüero." ¿No es bueno que se sentó a cenar con mi mujer, y a mí en el plato meter la mano no me dejó? Pues cada vez que quería metella, la desviaba, diciendo a cuanto tomaba: "Grosería, grosería." No se apartó de su lado hasta cenar, de manera que todos pensaban que era yo padrino, él desposado. Y si decirle quería algo a mi esposa, gruñendo me la apartaba, diciendo: "Grosería, grosería." Pues llegándome a quejar a algunos me respondían, y con risa me decían: "No tenéis de qué os quejar. Eso no es cosa que importe, no tenéis de qué temer, callad, que debe de ser uso de allá en la corte." Buen uso, trato extremado, más no se usara en Sodoma; que otro con la novia coma, y que ayune el desposado. Pues el otro bellacón, a cuanto comer quería, "¿Esto no coméis?," decía. "No tenéis, señor, razón." Y de delante, al momento me lo quitaba. Corrido estoy, pienso que esto ha sido culebra, y no casamiento. Ya no se puede sufrir ni entre cristianos pasar; y acabando de cenar con los dos, ¿mas que a dormir se ha de ir también, si porfía, con nosotros, y ha de ser el llegar yo a mi mujer "Grosería, grosería?" Ya viene, no me resisto, aquí me quiero esconder, pero ya no puede ser, que imagino que me ha visto.

Juan

Batricio.

Batricio

Su señoría, ¿qué manda?

Juan

Haceros saber...

Batricio

Mas que ha de venir a ser alguna desdicha mía.

Juan

Que ha muchos días, Batricio, que a Aminta el alma le di, y he gozado...

Batricio

¿Su honor?

Juan

Sí.

Batricio

Manifiesto y claro indicio de lo que he llegado a ver; que si bien no le quisiera, nunca a su casa viniera; al fin, al fin es mujer.

Juan

Al fin, Aminta celosa, o quizá desesperada de verse de mí olvidada, y de ajeno dueño esposa, esta carta me escribió enviándome a llamar, y yo prometí gozar lo que el alma prometió. Esto pasa de esta suerte, dad a vuestra vida un medio, que le daré sin remedio, a quien lo impida la muerte.

Batricio

Si tú en mi elección lo pones, tu gusto pretendo hacer, que el honor y la mujer son males en opiniones. La mujer en opinión, siempre más pierde que gana, que son como la campana que se estima por el son, Y ansí es cosa averiguada, que opinión viene a perder, cuando cualquiera mujer suena a campana quebrada. No quiero, pues me reduces el bien que mi amor ordena, mujer entre mala y buena, que es moneda entre dos luces. Gózala, señor, mil años, que yo quiero resistir, desengañar y morir, y no vivir con engaños.

Vase BATRICIO

Juan

Con el honor le vencí, porque siempre los villanos tienen su honor en las manos, y siempre miran por sí; que por tantas variedades, es bien que se entienda y crea, que el honor se fue al aldea huyendo de las ciudades. Pero antes de hacer el daño le pretendo reparar. A su padre voy a hablar, para autorizar mi engaño. Bien lo supe negociar; gozarla esta noche espero, la noche camina, y quiero su viejo padre llamar. Estrellas que me alumbráis, dadme en este engaño suerte, si el galardón en la muerte, tan largo me lo guardáis.

Vase don JUAN. Salen AMINTA y BELISA

Belisa

Mira que vendrá tu esposo. Entra a desnudarte, Aminta.

Aminta

De estas infelices bodas no sé qué siento, Belisa. Todo hoy mi Batricio ha estado bañando en melancolía, todo en confusión y celos. ¡Mira qué grande desdicha! Di, ¿qué caballero es éste que de mi esposo me priva? La desvergüenza en España se ha hecho caballería. Déjame, que estoy sin seso, déjame, que estoy perdida. ¡Mal hubiese el caballero que mis contentos me quita!

Belisa

Calla, que pienso que viene que nadie en la casa pisa de un desposado, tan recio.

Aminta

Queda a Dios, Belisa mía.

Belisa

Desenójale en los brazos.

Aminta

Plega a los cielos que sirvan mis suspiros de requiebros, mis lágrimas de caricias.

Vanse AMINTA y BELISA. Salen don JUAN, CATALINON y GASENO

Juan

Gaseno, quedad con Dios.

Gaseno

Acompañaros querría, por dalle de esta ventura el parabién a mi hija.

Juan

Tiempo mañana nos queda.

Gaseno

Bien decís, el alma mía en la muchacha os ofrezco.

Juan

Mi esposa decid. Vase GASENO Tú, ensilla, Catalinón.

Catalinon

¿Para cuándo?

Juan

Para el alba que de risa muerte ha de salir mañana de este engaño.

Catalinon

Allá en Lebrija, señor, nos está aguardando otra boda. Por tu vida que despaches presto en ésta.

Juan

La burla más escogida de todas ha de ser ésta.

Catalinon

Que saliésemos querría de todas bien.

Juan

Si es mi padre el dueño de la justicia, y es la privanza del rey, ¿qué temes?

Catalinon

De los que privan suele Dios tomar venganza, si delitos no castigan, y se suelen en el juego perder también los que miran. Yo he sido mirón del tuyo y por mirón no querría que me cogiese algún rayo, y me trocase en cecina.

Juan

Vete, ensilla, que mañana he de dormir en Sevilla.

Catalinon

¿En Sevilla?

Juan

Sí.

Catalinon

¿Qué dices? Mira lo que has hecho, y mira que hasta la muerte, señor, es corta la mayor vida; y que hay tras la muerte imperio.

Juan

Si tan largo me lo fías, vengan engaños.

Catalinon

¡Señor!

Juan

Vete, que ya me amohinas con tus temores extraños.

Catalinon

Fuerza al turco, fuerza al scita, al persa, y al caramanto, al gallego, al troglodita, al alemán y al Japón, al sastre con la agujita de oro en mano, imitando continuo a la blanca niña.

Vase CATALINON

Juan

La noche en negro silencio se extiende, y ya las cabrillas entre racimos de estrellas el polo más alto pisan. Yo quiero poner mi engaño por obra, el amor me guía a mi inclinación, de quien no hay hombre que se resista. Quiero llegar a la cama. Aminta.

Sale AMINTA, como que está acostada

Aminta

¿Quién llama a Aminta? ¿Es mi Batricio?

Juan

No soy tu Batricio.

Aminta

Pues, ¿quién?

Juan

Mira de espacio, Aminta, quién soy.

Aminta

¡Ay de mí! Yo soy perdida. ¿En mi aposento a estas horas?

Juan

Éstas son las horas mías.

Aminta

Volvéos, que daré voces, no excedáis la cortesía que a mi Batricio se debe, ved que hay romanas Emilias en Dos Hermanas también, y hay Lucrecias vengativas.

Juan

Escúchame dos palabras, y esconde de las mejillas en el corazón la grana, por ti más preciosa y rica.

Aminta

Vete, que vendrá mi esposo.

Juan

Yo lo soy. ¿De qué te admiras?

Aminta

¿Desde cuándo?

Juan

Desde agora.

Aminta

¿Quién lo ha tratado?

Juan

Mi dicha.

Aminta

¿Y quién nos casó?

Juan

Tus ojos.

Aminta

¿Con qué poder?

Juan

Con la vista.

Aminta

¿Sábelo Batricio?

Juan

Sí, que te olvida.

Aminta

¿Que me olvida?

Juan

Sí, que yo te adoro.

Aminta

¿Cómo?

Juan

Con mis dos brazos.

Aminta

Desvía.

Juan

¿Cómo puedo, si es verdad que muero?

Aminta

¡Qué gran mentira!

Juan

Aminta, escucha y sabrás, si quieres que te la diga, la verdad, si las mujeres sois de verdades amigas. Yo soy noble caballero, cabeza de la familia de los Tenorios antiguos, ganadores de Sevilla. Mi padre, después del rey, se reverencia y se estima en la corte, y de sus labios penden las muertes y vidas. Torciendo el camino acaso, llegué a verte, que amor guía tal vez las cosas, de suerte que él mismo de ellas se admira. Víte, adoréte, abraséme, tanto que tu amor me obliga a que contigo me case. Mira qué acción tan precisa. Y aunque lo murmure el reino, y aunque el rey lo contradiga, y aunque mi padre enojado con amenazas lo impida, tu esposo tengo de ser, dando en tus ojos envidia a los que viere en su sangre la venganza que imagina. Ya Batricio ha desistido de su acción, y aquí me envía tu padre a darte la mano. ¿Qué dices?

Aminta

No sé qué diga, que se encubren tus verdades con retóricas mentiras. Porque si estoy desposada, como es cosa conocida, con Batricio, el matrimonio no se absuelve, aunque él desista.

Juan

En no siendo consumado, por engaño o por malicia, puede anularse.

Aminta

Es verdad; mas ¡ay Dios!, que no querría que me dejases burlada, cuando mi esposo me quitas.

Juan

Ahora bien, dame esa mano, y esta voluntad confirma con ella.

Aminta

¿Que no me engañas?

Juan

Mío el engaño sería.

Aminta

Pues jura que cumplirás la palabra prometida.

Juan

Juro a esta mano, señora, infierno de nieve fría, de cumplirte la palabra.

Aminta

Jura a Dios, que te maldiga si no la cumples.

Juan

Si acaso la palabra y la fe mía te faltare, ruego a Dios que a traición y a alevosía, me dé muerte un hombre muerto. (Que vivo, Dios no permita).

Aparte

Aminta

Pues con ese juramento soy tu esposa.

Juan

Al alma mía entre los brazos te ofrezco.

Aminta

Tuya es el alma y la vida.

Juan

¡Ay, Aminta de mis ojos!, mañana sobre virillas de tersa plata, estrelladas con clavos de oro de Tíbar, pondrás los hermosos pies, y en prisión de gargantillas la alabastrina garganta, y los dedos en sortijas en cuyo engaste parezcan estrellas las amatistas; y en tus orejas pondrás transparentes perlas finas.

Aminta

A tu voluntad, esposo, la mía desde hoy se inclina. Tuya soy.

Juan

(¡Qué mal conoces al burlador de Sevilla!)

Vanse don JUAN y AMINTA

[En Tarragona, camino a Sevilla]

Salen ISABELA y FABIO, de camino

Isabela

Que me robase el sueño la prenda que estimaba, y más quería... ¡Oh, riguroso empeño de la verdad! ¡Oh, máscara del día! ¡Noche al fin tenebrosa, antípoda del sol, del sueño esposa!

Fabio

¿De qué sirve, Isabela, la tristeza en el alma y en los ojos, si amor todo es cautela y en campos de desdenes causa enojos, y el que se ríe agora, en breve espacio desventuras llora? El mar está alterado, y en grave temporal, tiempo se corre; el abrigo han tomado las galeras, duquesa, de la torre que esta playa corona.

Isabela

¿Adónde estamos, Fabio?

Fabio

En Tarragona. Y de aquí a poco espacio daremos en Valencia, ciudad bella, del mismo sol palacio, divertiráse algunos días en ella; y después a Sevilla irás a ver la octava maravilla. Que si a Octavio perdiste más galán es don Juan, y de notorio solar. ¿De qué estás triste? Conde dicen que es ya don Juan Tenorio, el rey con él te casa, y el padre es la privanza de su casa.

Isabela

No nace mi tristeza de ser esposa de don Juan, que el mundo conoce su nobleza; en la esparcida voz, mi agravio fundo, que esta opinión perdida he de llorar mientras tuviere vida.

Fabio

Allí una pescadora tiernamente suspira, y se lamenta, y dulcemente llora. Acá viene sin duda, y verte intenta. Mientras llamo a tu gente, lamentaréis las dos más dulcemente.

Vase FABIO, y sale TISBEA

Tisbea

Robusto mar de España, ondas de fuego, fugitivas ondas, Troya de mi cabaña, que ya el fuego por mares y por ondas en sus abismos fragua y en el mar forma por las llamas de agua, ¡maldito el leño sea que a tu amargo cristal halló camino, y, antojo de Medea, tu cáñamo primero, o primer lino aspado de los vientos, para telas de engaños e instrumentos!

Isabela

¿Por qué del mar te quejas tan tiernamente, hermosa pescadora?

Tisbea

Al mar formo mil quejas. Dichosa vos, que en su tormento agora de él os estás riendo.

Isabela

También quejas del mar estoy haciendo. ¿De dónde sois?

Tisbea

De aquellas cabañas que miráis del viento heridas, tan victorioso entre ellas, cuyas pobres paredes, desparcidas, van el pedazos graves, dándole mil graznidos ya las aves. En sus pajas me dieron corazón de fortísimo diamante, mas las obras me hicieron de este monstruo que ves tan arrogante ablandarme, de suerte que al sol la cera es más robusta y fuerte. ¿Sois vos la Europa hermosa, que esos toros os llevan?

Isabela

A Sevilla llévanme a ser esposa contra mi voluntad.

Tisbea

Si mi mancilla a lástima os provoca, y si injurias del mar os tienen loca, en vuestra compañía para serviros como humilde esclava me llevad, que querría, si el dolor o la afrenta no me acaba, pedir al rey justicia de un engaño cruel, de una malicia. Del agua derrotado a esta tierra llegó un don Juan Tenorio difunto y anegado; amparéle, hospedéle en tan notorio peligro, y el vil huésped víbora fue a mi planta en tierno césped. Con palabra de esposo, la que de nuestra costa burla hacía, se rindió al engañoso. ¡Mal haya la mujer que en hombres fía! Fuése al fin y dejóme, mira si es justo que venganza tome.

Isabela

¡Calla, mujer maldita! ¡Vete de mi presencia, que me has muerto! Mas, si el dolor te incita no tienes culpa tú. Prosigue, ¿es cierto?

Tisbea

Tan claro es como el día.

Isabela

¡Mal haya la mujer que en hombres fía! Pero sin duda el cielo a ver estas cabañas me ha traído, y de ti mi consuelo en tan grave pasión ha renacido para venganza mía. ¡Mal haya la mujer que en hombres fía!

Tisbea

¡Que me llevéis os ruego con vos, señora, a mí y a un viejo padre, porque de aqueste fuego la venganza me dé que más me cuadre, y al rey pida justicia de este engaño y traición, de esta malicia! Anfriso, en cuyos brazos me pensé ver en tálamo dichoso, dándole eternos lazos, conmigo ha de ir, que quiere ser mi esposo.

Isabela

Ven en mi compañía.

Tisbea

¡Mal haya la mujer que en hombres fía!

Vanse ISABELA y TISBEA

[En la catedral de Sevilla]

Salen don JUAN y CATALINON

Catalinon

Todo en mal estado está.

Juan

¿Cómo?

Catalinon

Que Octavio ha sabido la traición de Italia ya, y el de la Mota ofendido de ti justas quejas da, y dice que fue el recado de su prima le diste fingido y disimulado, y con su capa emprendiste la traición que la ha infamado. Dicen que viene Isabela a que seas su marido, y dicen...

Juan

Calla.

Catalinon

Una muela en la boca me has rompido.

Juan

Hablador, ¿quién te revela tanto disparate junto?

Catalinon

¿Disparate?

Juan

Disparate.

Catalinon

Verdades son.

Juan

No pregunto si lo son, cuando me mate Octavio, ¿estoy yo difunto? ¿No tengo manos también? ¿Dónde me tienes posada?

Catalinon

En calle oculta.

Juan

Está bien.

Catalinon

La iglesia es tierra sagrada.

Juan

Di que de día me den en ella la muerte. ¿Viste al novio de Dos Hermanas?

Catalinon

Allí le vi, ansiado y triste.

Juan

Aminta estas dos semanas no ha de caer en el chiste.

Catalinon

Tan bien engañada está que se llama doña Aminta.

Juan

Graciosa burla será.

Catalinon

Graciosa burla, y sucinta, mas ella la llorará.

Descúbrese un sepulcro de don GONZALO de Ulloa

Juan

¿Qué sepulcro es éste?

Catalinon

Aquí don Gonzalo está enterrado.

Juan

Éste es a quien muerte di. Gran sepulcro le han labrado.

Catalinon

Ordenólo el rey ansí. ¿Cómo dice este letrero?

Juan

"Aquí aguarda del Señor el más leal caballero la venganza de un traidor". Del mote reírme quiero. Y ¿habéisos vos de vengar, buen viejo, barbas de piedra?

Catalinon

No se las podrá pelar quien barbas tan fuertes medra.

Juan

Aquesta noche a cenar os aguardo en mi posada; allí el desafío haremos, si la venganza os agrada, aunque mal reñir podremos, si es de piedra vuestra espada.

Catalinon

Ya, señor, ha anochecido, vámonos a recoger.

Juan

Larga esta venganza ha sido; si es que vos la habéis de hacer, importa no estar dormido, que si a la muerte aguardáis la venganza, la esperanza agora es bien que perdáis, pues vuestro enojo, y venganza, tan largo me lo fiáis.

Vanse don JUAN y CATALINON

Ponen la mesa dos criados

[En un mesón de Sevilla]

Criado 1

Quiero apercibir la mesa que vendrá a cenar don Juan.

Criado 2

Puestas las mesas están. ¡Qué flema tiene si empieza! Ya tarda como solía mi señor, no me contenta; la bebida se calienta, y la comida se enfría. Mas quién a don Juan ordena esta desorden?

Entran don JUAN y CATALINON

Juan

¿Cerraste?

Catalinon

Ya cerré como mandaste.

Juan

¡Hola, tráiganme la cena!

Criado 2

Ya está aquí.

Juan

Catalinón, siéntate.

Catalinon

Yo soy amigo de cenar de espacio.

Juan

Digo que te sientes.

Catalinon

La razón haré.

Criado 1

También es camino éste, si cena con él.

Juan

Siéntate.

Un golpe dentro

Catalinon

Golpe es aquél.

Juan

Que llamaron imagino. Mira quién es.

Criado 1

Voy volando.

Catalinon

¿Si es la justicia, señor?

Juan

Sea, no tengas temor. Vuelve el CRIADO huyendo ¿Quién es? De qué estás temblando?

Catalinon

De algún mal da testimonio.

Juan

Mal mi cólera resisto. Habla, responde, qué has visto? ¿Asombróte algún demonio? Ve tú, y mira aquella puerta, presto, acaba.

Catalinon

¿Yo?

Juan

Tú, pues, acaba, menea los pies.

Catalinon

A mi abuela hallaron muerta, como racimo colgada, y desde entonces se suena que anda siempre su alma en pena, tanto golpe no me agrada.

Catalinon

¡Señor, si sabes que soy un Catalinón!

Catalinon

Fuerte ocasión.

Juan

¿No vas?

Catalinon

¿Quién tiene las llaves de la puerta?

Criado 2

Con la aldaba está cerrada no más.

Juan

¿Qué tienes? ¿Por qué no vas?

Catalinon

Hoy Catalinón acaba. Mas, ¿si las forzadas vienen a vengarse de los dos? Llega CATALINON a la puerta, y viene corriendo, cae y levántase

Juan

¿Qué es eso?

Catalinon

¡Válgame Dios, que me matan, que me tienen!

Juan

¿Quién te tiene? ¿Quién te mata? ¿Qué has visto?

Catalinon

Señor, yo allí vide, cuando luego fui, quién me ase, quién me arrebata. Llegué, cuando después ciego, cuando vile, juro a Dios, habló, y dijo, ¿quién sois vos? Respondió, respondí. Luego, Topé y vide...

Juan

¿A quién?

Catalinon

No sé.

Juan

¡Como el vino desatina! Dame la vela, gallina, y yo a quien llama veré.

Juan

¿Quién va?

Gonzalo

Yo soy.

Juan

¿Quién sois vos?

Gonzalo

Soy el caballero honrado que a cenar has convidado.

Juan

Cena habrá para los dos, y si vienen más contigo, para todos cena habrá, ya puesta la mesa está. Siéntate.

Catalinon

¡Dios sea conmigo, San Panuncio, San Antón! Pues ¿los muertos comen? Di. Por señas dice que sí.

Juan

Siéntate, Catalinón.

Catalinon

No señor, yo lo recibo por cenado.

Juan

Es desconcierto. ¿Qué temor tienes a un muerto? ¿Qué hicieras estando vivo? Necio y villano temor.

Catalinon

Cena con tu convidado, que yo, señor, ya he cenado.

Juan

¿He de enojarme?

Catalinon

Señor, ¡vive Dios que huelo mal!

Juan

Llega, que aguardando estoy.

Catalinon

Yo pienso que muerto soy y está muerto mi arrabal.

Tiemblan los CRIADOS

Juan

Y vosotros, ¿qué decís y qué hacéis? Necio temblar.

Catalinon

Nunca quisiera cenar con gente de otro país. ¿Yo, señor, con convidado de piedra?

Juan

Necio temor. Si es piedra, ¿qué te ha de hacer?

Catalinon

Dejarme descalabrado.

Juan

Háblale con cortesía.

Catalinon

¿Está bueno? ¿Es buena tierra la otra vida? ¿Es llano os sierra? ¿Préciase allá la poesía?

Criado 1

A todo dice que sí con la cabeza.

Catalinon

¿Hay allá muchas tabernas? Sí habrá, si Noé reside allá.

Juan

¡Hola, dadnos de cenar!

Catalinon

Señor muerto, ¿allá se bebe con nieva? Baja la cabeza don GONZALO Así que allá hay nieve; buen país.

Juan

Si oír cantar queréis, cantarán.

Baja la cabeza don GONZALO

Criado 1

Sí, dijo.

Juan

Cantad.

Catalinon

Tiene el señor muerto buen gusto.

Criado 1

Es noble por cierto, y amigo de regocijo.

Cantan dentro

Musicos

"Si de mi amar aguardáis, señora, de aquesta suerte, el galardón a la muerte, ¡qué largo me lo fiáis!"

Catalinon

O es sin duda veraniego el seor muerto, o debe ser hombre de poco comer. Temblando al plato me llego. Bebe Poco beben por allá, yo beberé por los dos. Brindis de piedra, por Dios, menos temor tengo ya.

Musicos

"Si este plazo me convida para que serviros pueda, pues larga vida me queda, dejad que pase la vida. Si de mi amor aguardáis, señora, de aquesta suerte, el galardón a la muerte, ¡qué largo me lo fiáis!"

Catalinon

¿Con cuál de tantas mujeres como has burlado, señor, hablan?

Juan

De todas me río, amigo, en esta ocasión. En Nápoles a Isabela burlé.

Catalinon

Ésa ya no es hoy burlada, porque se casa contigo, como es razón. Burlaste a la pescadora que del mar te redimió, pagándole el hospedaje en moneda de rigor. Burlaste a doña Ana...

Juan

Calla, que hay parte aquí que lastó por ella, y vengarse aguarda.

Catalinon

Hombre es de mucho valor, que él es piedra, tú eres carne, no es buena resolución.

GONZALO hace señas, que se quite la mesa, y queden solos

Juan

Hola, quitad esa mesa, que hace señas que los dos nos quedemos, y se vayan los demás.

Catalinon

Malo, por Dios, no te quedes, porque hay muerto que mata de un mojicón a un gigante.

Juan

Salíos todos, a ser yo Catalinón. Vete. Vanse, y quedan los dos solos, y hace señas que cierre la puerta ¿Qué cierre la puerta? Ya está cerrada, y ya estoy aguardando lo que quieres, sombra, fantasma o visión. Si andas en pena, o si buscas alguna satisfacción, aquí estoy, dímelo a mí, que mi palabra te doy de hacer todo lo que ordenes. ¿Estás gozando de Dios? ¿Eres alma condenada o de la eterna región? ¿Díte la muerte en pecado? Habla, que aguardando estoy.

Paso, como cosa del otro mundo

Gonzalo

¿Cumplirásme una palabra como caballero?

Juan

Honor tengo, y las palabras cumplo, porque caballero soy.

Gonzalo

Dame esa mano, no temas.

Juan

¿Eso dices? ¿Yo temor? Si fueras el mismo infierno la mano te diera yo.

Dale la mano

Gonzalo

Bajo esa palabra y mano mañana a las diez, te estoy para cenar aguardando. ¿Irás?

Juan

Empresa mayor entendí que me pedías. Mañana tu huésped soy. ¿Dónde he de ir?

Gonzalo

A la capilla.

Juan

¿Iré solo?

Gonzalo

No, id los dos, y cúmpleme la palabra como la he cumplido yo.

Juan

Digo que la cumpliré, que soy Tenorio.

Gonzalo

Y yo soy Ulloa.

Juan

Yo iré sin falta.

Gonzalo

Yo lo creo. Adiós.

Juan

Adiós. Va a la puerta Aguarda, te alumbraré.

Gonzalo

No alumbres, que en gracia estoy.

Juan

¡Válgame Dios! Todo el cuerpo se ha bañado de un sudor helado, y en las entrañas se me ha helado el corazón. Un aliento respiraba, organizando la voz tan frío, que parecía infernal respiración. Cuando me tomó la mano de suerte me la abrasó, que un infierno parecía más que no vital calor. Pero todas son ideas que da a la imaginación el temor; y temer muertos es más villano temor. Si un cuerpo con alma noble, con potencias y razón, y con ira, no se teme, ¿quién cuerpos muertos temió? Iré mañana a la iglesia, donde convidado estoy, porque se admire y espante Sevilla de mi valor.

Vase don JUAN

[Sevilla, el palacio real]

Sale el REY, don DIEGO Tenorio, y acompañamiento

Rey

¿Llegó al fin Isabela?

Diego

Y disgustada.

Rey

Pues ¿no ha tomado bien el casamiento?

Diego

Siente, señor, el nombre de infamada.

Rey

De otra causa precede su tormento, ¿dónde está?

Diego

En el convento está alojada de las Descalzas.

Rey

Salga del convento luego al punto, que quiero que en palacio asista con la reina, más de espacio.

Diego

Si ha de ser con don Juan el desposorio, manda, señor, que tu presencia vea.

Rey

Véame, y galán salga, que notorio quiero que este placer al mundo sea. Conde será desde hoy, don Juan Tenorio, de Lebrija, él la mande y la posea; que si Isabela a un duque corresponde, ya que ha perdido un duque, gane un conde.

Diego

Todos por la merced, tus pies besamos.

Rey

Merecéis mi favor tan dignamente, que si aquí los servicios ponderamos, me quedo atrás con el favor presente. Paréceme, don Diego, que hoy hagamos las bodas de doña Ana juntamente.

Diego

¿Con Octavio?

Rey

No es bien que el duque Octavio sea el restaurador de aqueste agravio. Doña Ana, con la reina, me ha pedido que perdone al marqués, porque doña Ana, ya que el padre murió, quiere marido, porque si le perdió, con él le gana. Iréis con poca gente, y sin ruido luego a hablalle, a la fuerza de Triana, por su satisfacción, y por su abono, de su agraviada prima, le perdono.

Diego

Ya he visto lo que tanto deseaba.

Rey

Que esta noche han de ser, podéis decille, los desposorios.

Diego

Todo en bien se acaba; fácil será el marqués el persuadille, que de su prima amartelado estaba.

Rey

También podéis a Octavio prevenille. Desdichado es el duque con mujeres, son todas opinión, y pareceres. Hanme dicho que está muy enojado con don Juan.

Diego

No me espanto, si ha sabido de don Juan el delito averiguado que la causa de tanto daño ha sido. El duque viene.

Rey

No dejéis mi lado, que en el delito sois comprehendido.

Sale el duque OCTAVIO

Octavio

Los pies, invicto rey, me dé tu alteza.

Rey

Alzad, duque, y cubrid vuestra cabeza. ¿Qué pedís?

Octavio

Vengo a pediros, postrado ante vuestras plantas, una merced, cosa justa, digan de serme otorgada.

Rey

Duque, como justa sea, digo que os doy mi palabra de otorgárosla. Pedid.

Octavio

Ya sabes, señor, por cartas de tu embajador, y el mundo por la lengua de la fama sabe, que don Juan Tenorio, con española arrogancia, en Nápoles, una noche, para mí noche tan mala, con mi nombre profanó el sagrado de una dama.

Rey

No pases más adelante, ya supe vuestra desgracia, en efecto. ¿Qué pedís?

Octavio

Licencia que en la campaña defienda cómo es traidor.

Diego

Eso no, su sangre clara es tan honrada.

Rey

Don Diego...

Diego

¿Señor?...

Octavio

¿Quién eres, que hablas en la presencia del rey de esta suerte?

Diego

Soy quien calla porque me lo manda el rey, que si no, con esta espada te respondiera.

Octavio

Eres viejo.

Diego

Yo he sido mozo en Italia, a vuestro pesar un tiempo. Ya conocieron mi espada en Nápoles y en Milán.

Octavio

Tienes ya la sangre helada, no vale fui, sino soy.

Empuña don DIEGO

Diego

Pues fui, y soy.

Rey

Tened, basta, bueno está. Callad don Diego, que a mi persona se guarda poco respeto, y vos, duque, después que las bodas se hagan, más de espacio me hablaréis. Gentilhombre de mi cámara es don Juan, y hechura mía, y de aqueste tronco rama. Mirad por él.

Octavio

Yo lo haré, gran señor, como lo mandas.

Rey

Venid conmigo, don Diego.

Diego

¡Ay hijo, qué mal me pagas el amor que te he tenido! Duque...

Octavio

Gran señor...

Rey

Mañana vuestras bodas han de hacer.

Octavio

Háganse, pues tú lo mandas.

Vase le REY y don DIEGO, y salen GASENO y AMINTA

Gaseno

Este señor nos dirá dónde está don Juan Tenorio. Señor, Si está por acá un don Juan, a quien notorio ya su apellido será?

Octavio

Don Juan Tenorio diréis.

Aminta

Sí, señor, ese don Juan.

Octavio

Aquí está. ¿Qué le queréis?

Aminta

Es mi esposo ese galán.

Octavio

¿Cómo?

Aminta

Pues, ¿no lo sabéis siendo del Alcázar vos?

Octavio

No me ha dicho don Juan nada.

Gaseno

¿Es posible?

Octavio

Sí, por Dios.

Gaseno

Doña Aminta es muy honrada cuando se casen los dos, que cristiana vieja es hasta lo huesos, y tiene de la hacienda el interés y a su virtud aun le aviene más bien que un conde, un marqués. Casóse don Juan con ella, y quitósela a Batricio.

Aminta

Decid cómo fui doncella a su poder.

Gaseno

No es juicio esto, ni aquesta querella.

Octavio

(Ésta es burla de don Juan, Aparte y para venganza mía éstos diciéndola están.) ¿Qué pedís al fin?

Gaseno

Querría, porque los días se van, que se hiciese el casamiento, o querellarme ante el rey.

Octavio

Digo que es justo ese intento.

Gaseno

Y razón, y justa ley.

Octavio

Medida y mi pensamiento ha venido la ocasión; en el Alcázar tenemos bodas.

Aminta

¿Si las mías son?

Octavio

Quiero, para que acertemos valerme de una invención. Venid donde os vestiréis, señora, a lo cortesano, y a un cuarto del rey saldréis conmigo.

Aminta

Vos de la mano a don Juan me llevaréis.

Octavio

(Que de esta suerte es cautela).

Aparte

Gaseno

El arbitrio me consuela.

Octavio

(Éstos venganza me dan Aparte de aqueste traidor don Juan y el agravio de Isabela.

Vanse todos

Salen don JUAN y CATALINON

[En la catedral de Sevilla]

Catalinon

¿Cómo el rey te recibió?

Juan

Con más amor que mi padre.

Catalinon

¿Viste a Isabela?

Juan

También.

Catalinon

¿Cómo viene?

Juan

Como un ángel.

Catalinon

¿Recibióte bien?

Juan

El rostro bañado de leche, y sangre, como la rosa que al alba revienta la verde cárcel.

Catalinon

¿Al fin esta noche son las bodas?

Juan

Sin falta.

Catalinon

Si antes hubieran sido, no hubieras engañado a tantas antes. Pero tú tomas esposa, señor, con cargas muy grandes.

Juan

Di, ¿comienzas a ser necio?

Catalinon

Y podrás muy bien casarte mañana, que hoy es mal día.

Juan

Pues ¿qué día es hoy?

Catalinon

Es martes.

Juan

Mil embusteros y locos dan en esos disparates. Sólo aquél llamo mal día, aciago y detestable, en que no tengo dineros, que los demás es donaire.

Catalinon

Vamos, si te has de vestir, que te aguardarán y es tarde.

Juan

Otro negocio tenemos que hacer, aunque nos aguarden.

Catalinon

¿Cuál es?

Juan

Cenar con el muerto.

Catalinon

Necedad de necedades.

Juan

¿No ves que di mi palabra?

Catalinon

¿Y cuando se la quebrantes, qué importa? ¿Habrá de pedirte una figura de jaspe la palabra?

Juan

Podrá el muerto llamarme a voces infame.

Catalinon

Ya está cerrada la iglesia.

Juan

Llama.

Catalinon

¿Qué importa que llame? ¿Quién tiene de abrir, que están durmiendo los sacristanes?

Juan

Llama a ese postigo.

Catalinon

Abierto está.

Juan

Pues entra.

Catalinon

¡Entre un fraile con hisopo y con estola!

Juan

Sígueme y calla.

Catalinon

¿Que calle?

Juan

Sí.

Catalinon

Ya callo. Dios en paz de estos convites me saque. Entran por una puerta y salen por otra ¡Qué oscura que está la iglesia, señor, para ser tan grande! ¡Ay de mí! ¡Tenme, señor, porque de la capa me asen!

Sale don GONZALO como de antes y encuéntrase con ellos

Juan

¿Quién es?

Gonzalo

Yo soy.

Catalinon

Muerto estoy.

Gonzalo

El muerto soy, no te espantes, no entendí que me cumplieras la palabra, según haces de todos burla.

Juan

¿Me tienes en opinión de cobarde?

Gonzalo

Sí, que aquella noche huíste de mí, cuando me mataste.

Juan

Huí de ser conocido, mas ya me tienes delante, di presto lo que me quieres.

Gonzalo

Quiero a cenar convidarte.

Catalinon

Aquí excusamos la cena, que toda ha de ser fiambre pues no parece cocina [si al convidado le mate].

Juan

Cenemos.

Gonzalo

Para cenar es menester que levantes esa tumba.

{{Pt
MUSICOS:| "Mientras en el mundo viva, no es justo que diga nadie qué largo me lo fiáis siendo tan breve el cobrarse."

Catalinon

¿De qué es este guisadillo?

Gonzalo

De uñas.

Catalinon

De uñas de sastre será, si es guisado de uñas.

Juan

Ya he cenado, haz que levanten la mesa.

Gonzalo

Dame esa mano. No temas, la mano dame.

Juan

¿Eso dices? ¿Yo temor? ¡Que me abraso! No me abrases con tu fuego.

Gonzalo

Aquéste es poco para el fuego que buscaste. Las maravillas de Dios son, don Juan, investigables, y así quiere que tus culpas a manos de un muerto pagues, y así pagas de esta suerte las doncellas que burlaste. Ésta es justicia de Dios, quien tal hace, que tal pague.

Juan

Que me abraso, no me aprietes, con la daga he de matarte, mas, ay, que me canso en vano de tirar golpes al aire! A tu hija no ofendí, que vio mis engaños antes.

Gonzalo

No importa, que ya pusiste tu intento.

Juan

Deja que llame quien me confiese y absuelva.

Gonzalo

No hay lugar, ya acuerdas tarde.

Juan

¡Que me quemo! ¡Que me abraso! Muerto soy.

Cae muerto don JUAN

Catalinon

No hay quien se escape, que aquí tengo de morir también por acompañarte.

Gonzalo

Ésta es justicia de Dios, quien tal hace, que tal pague.

Húndese el sepulcro con don JUAN, y don GONZALO,
con mucho ruido, y sale CATALINON arrastrando

Catalinon

¡Válgame Dios! ¿Qué es aquesto? Toda la capilla se arde, y con el muerto he quedado, para que le vele y guarde Arrastrando como pueda, iré a avisar a su padre, san Jorge, san Agnus Dei, sacadme en paz a la calle.

Vase CATALINON

[Sevilla, el palacio real]

Sale el REY, don DIEGO y acompañamiento

Diego

Ya el marqués, señor, espera besar vuestros pies reales.

Rey

Entre luego y avisad al conde, porque no aguarde.

Salen BATRICIO y GASENO

Batricio

¿Dónde, señor, se permiten desenvolturas tan grandes? Que tus criados afrenten a los hombres miserables.

Rey

¿Qué dices?

Batricio

Don Juan Tenorio, alevoso y detestable, la noche del casamiento, antes que le consumase, a mi mujer me quitó, testigos tengo delante.

Salen TISBEA e ISABELA y acompañamiento

Tisbea

Si vuestra alteza, señor, de don Juan Tenorio no hace justicia, a Dios y a los hombres, mientras viva he de quejarme. Derrotado le echó el mar, díle vida y hospedaje, y pagóme esta amistad con mentirme y engañarme con nombre de mi marido.

Rey

¿Qué dices?

Isabela

Dice verdades.

Salen AMINTA y el duque OCTAVIO

Aminta

¿Adónde mi esposo está?

Rey

¿Quién es?

Aminta

Pues, ¿aún no lo sabe? El señor don Juan Tenorio, con quien vengo a desposarme, porque me debe el honor, y es noble, y no ha de negarme. Manda que nos desposemos.

Rey

¿Esto mis privados hacen? Prendedle y matadle luego. ¿Esto mis privados hacen?

Sale el marqués de la MOTA

Mota

Pues es tiempo, gran señor, que a luz verdades se saquen, sabrás que don Juan Tenorio la culpa que me imputaste cometió, que con mi capa pudo él cruel engañarme de que tengo dos testigos.

Rey

¿Hay desvergüenza tan grande?

Diego

En premio de mis servicios haz que le prendan, y pague sus culpas, porque del cielo rayos contra mí no bajen, siendo mi hijo tan malo.

Rey

¿Esto mis privados hacen?

Sale CATALINON

Catalinon

Escuchad, oíd, señores, el suceso más notable que en el mundo ha sucedido, y en oyéndolo matadme. Don Juan, del comendador haciendo burla una tarde, después de haberle quitado las dos prendas que más valen, tirando al bulto de piedra la barba por ultrajarle, a cenar le convidó. ¡Nunca fuera a convidarle! Fue el bulto, y le convidó y agora, porque no os canse, acabando de cenar entre mil presagios graves de la mano le tomó y le aprieta hasta quitalle la vida, diciendo "Dios me manda que así te mate, castigando tus delitos. ¡Quién tal hace, que tal pague!"

Rey

¿Qué dices?

Catalinon

Lo que es verdad, diciendo antes que acabase, que a doña Ana no debía honor, que lo oyeron antes del engaño.

Mota

Por las nuevas mil albricias quiero darte.

Rey

¡Justo castigo del cielo! Y agora es bien que se casen todos, pues la causa es muerta, vida de tantos desastres.

Octavio

Pues ha enviudado Isabela, quiero con ella casarme.

Mota

Yo con mi prima.

Batricio

Y nosotros con las nuestras, porque acabe "El convidado de piedra."

Rey

Y el sepulcro se traslade en San Francisco en Madrid para memoria más grande.

Elenco vivo 28 personajes · 919 versos

Pulsa un personaje: sus intervenciones quedan iluminadas y las demás en penumbra. Los versos se cuentan por línea del impreso; las coincidencias, por vecindad en el diálogo (la obra no marca escenas).

PersonajeVersosInterv.JornadasPrimera apariciónCoincide con
271260J2, J3, J4J2Catalinon, Mota, Aminta
143139J2, J3, J4J2Juan, Tisbea, Mota
6969J3, J4J3Juan, Catalinon, Diego
6464J2, J3, J4J2Diego, Octavio, Gonzalo
5348J2, J3, J4J2Rey, Pedro, Ripio
4442J2, J4J2Juan, Catalinon, Isabela
4238J2, J3, J4J2Juan, Catalinon, Rey
3535J3, J4J3Juan, Octavio, Gaseno
3131J3, J4J3Rey, Mota, Octavio
2929J2J2Juan, Octavio, Rey
2525J2, J4J2Juan, Rey, Tisbea
1616J3, J4J3Juan, Catalinon, Gaseno
1616J3, J4J3Octavio, Juan, Aminta
1010J2, J3J2Octavio, Rey, Pedro
99J2J2Tisbea, Juan, Anfriso
99J2, J3, J4J2Juan, Catalinon, Mota
88J2, J3, J4J2Juan, Batricio, Gaseno
77J2J2Coridon, Tisbea, Juan
77J3J3Rey, Octavio, Coridon
76J4J4Catalinon, Juan, Musicos
55J3J3Mota, Juan, Catalinon
44J3J3Juan, Gonzalo, Musico
43J4J4Juan, Catalinon, Criado 1
33J2, J3J2Pedro, Octavio, Juan
33J3J3Juan, Catalinon, Mota
33J4J4Isabela, Tisbea, Juan
11J3J3Mota, Diego, Juan
11J3J3Juan, Batricio, Gaseno

Expediente

Autor
Tirso de Molina · Wikidata Q295598
Obra
El burlador de Sevilla
Jornadas
3
Personajes
28
Versos
919
Fuente
es.wikisource «El burlador de Sevilla» (El burlador de Sevilla/Elenco)
Estructura
el-burlador-de-sevilla.json (jornada › escena › parlamento › verso; acotaciones aparte)
Cita recomendada
Tirso de Molina, El burlador de Sevilla, Poetósfera · Teatrósfera, poetosfera.com/teatro/el-burlador-de-sevilla.html

Texto de dominio público, levantado de su impreso y reproducido íntegro con atribución. El hablante se normaliza (la abreviatura del impreso se expande); el verso no se toca. ¿Ves una errata o conoces una edición mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.