Yo, ni mandar ni ser mandado quiero.
Ni a ser humilde ni soberbio aspiro;
y cuando llegue el último suspiro
más quiero ser poltrón que lisonjero.
Yo soy de mis afectos consejero,
y de nada me quejo ni me admiro,
y aunque es tan breve puesto mi retiro,
más que en las ondas la bonanza espero.
Y en quien el viento corre más en popa,
y en el que su ambición le va estrechando
en mar y tierra en término de Europa,
un gigantón veréis en lustre y mando;
llegad más cerca y levantad la ropa,
veréis debajo un ganapán sudando.