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PoetósferaLa BibliotecaEvaristo Carriego

Evaristo Carriego · Modernismo

Visiones del crepúsculo

español

Ya la tarde libra el combate postrero,

en las flechas de oro que lanza el ocaso,

y se va — como un príncipe, caballero

en el rojo corcel del Ocaso. —

Se ahonda el misterio de las lejanías,

misterio sombreado de tinte mortuorio,

y el barrio se puebla de las letanías

que llegan del negro, cercano velorio.

Empieza a caer la nieve... Dulcemente,

un rumor de canciones resuena

en el patio del conventillo de enfrente,

que, en ritmos alegres, oculta una pena...

Las mozas, dicen sus ansias juveniles...

— la salud se hizo canto en sus bocas,

como en una lira de cuerdas viriles

que guarda un deseo de imágenes locas:

Rayo de sol sobre la escarcha: la mustia,

de inviolable sudario en el seno,

copa repleta del vino de la angustia

que infiltra en la sangre su sabio veneno. —

Finge en arabescos la nieve que baja

como lluvia de blancos pesares,

una viejecita que hila su mortaja,

o una novia que arroja azahäres.

Sobre una cabeza inquieta, entristecida,

yo la veo caer, como un beso

que absorviese los rencores de una herida

y quedase en los bordes impreso.

Se desconsuela el barrio... Todos los males

salvajes resurgen aullando impaciencias

como presagios, que en las noches mortales

florecen las llagas de sordas dolencias...

Asómate a la ventana, hermano. Mira,

tras la niebla, espejismos extraños

de fiebres. Desde una frente que delira,

soltó la tristeza sus buhos huraños...

Rondan sugestiones en el pensamiento,

a todas las luchas del Crimen resueltas,

y el ambiente es propicio al presentimiento

pues las bestias del mal andan sueltas.

...Me invade el miedo. Mi cerebro afiebrado

es un biógrafo horrible de cosas

fatídicas y raras de lo ignorado:

donde van a caer, silenciosas.

En la casa del tísico, que los fríos

llevaron al lecho, graznó una corneja:

la inspiradora de los cuentos sombríos

que junto a la lumbre musita la vieja...

La huerfanita, en el desván ha cesado

de gemir, y, aunque nadie la asiste,

en su glacial abandono se ha quedado

obsedada del sol, como triste

enferma que deseara un ardor eterno,

y, envuelta en su suave caliente pelliza,

tuviese en una noche cruda de invierno

un cálido sueño de tardes en Niza.

El mendicante se ha ido de la puerta..

Dice algo muy hosco su ceño fruncido,

como si algún dolor en su mano abierta

entre las limosnas hubiese caido.

El crónico del hospital, ya moribundo,

sospecha, insensible, la gran Triunfadora,

y como en neblinas ve pasar el mundo,

sonámbulo grave que aguarda la hora...

En su instante supremo la frente inclina,

como en su último adiós un bandido

que llorase al pie de la guillotina,

y se fuese después redimido.

...¿Será el miedo, hermano? ¿No oyes como brama

el viento en la calle, tan sola y oscura?...

¡Si supieses! Anoche, junto a mi cama,

con muecas burlonas pasó la Locura.

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Autor
Evaristo Carriego (1883–1912) · Wikidata Q188798
Título
Visiones del crepúsculo
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-visiones-del-crepusculo--evaristo-carriego-7f6ff8
Cita recomendada
Evaristo Carriego, «Visiones del crepúsculo», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-visiones-del-crepusculo--evaristo-carriego-7f6ff8.html

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