Nada receles; con ligero vuelo
Alegres ninfas a esta roca llegan,
No sin vencer la voluntad de nuestro
Padre Oceano.
Nos condujeron las veloces auras,
Cuando el estruendo del herido bronce
De nuestros antros penetró el recinto,
Ronco gimiendo.
Luego vencimos virginal vergüenza,
Y por el éter, en alado carro,
Los pies descalzos, acudimos todas.
A consolarte.