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Esteban Echeverría · Romanticismo

Los consuelos — XXXIV

español

A fortuna me traz peregrinando,
novos travalhos vendo e novos danos.
Camoes

Ya llegó el momento
de pena y tormento
para el alma noble que sabe sentir;
llegó, dulce amiga,
que siempre enemiga
fortuna de nuevo me fuerza a partir.

Se fue mi ventura,
como sombra oscura,
quedome el recuerdo para más pesar:
se fue mi esperanza,
como la bonanza,
del triste nauclero que vaga en el mar.

Sin faro, ni puerto
quedé en un desierto,
en la edad risueña de sentir y amar;
la vida maldije,
y a mi pena dije
me voy a la tumba consuelo a buscar.

Mas, cándida y bella,
como ángel o estrella,
por acaso entonces, amiga, te vi;
te vi, y de la vida
la imagen florida
de nuevo hechicera se mostró ante mí.

Me distes el alma,
y la suave calma
descendió a mi pecho con el dulce amor;
y en tu seno amante
apuré constante,
de inefables dichas, el grato dulzor.

Mas quiere fortuna,
que gloria ninguna
feliz y tranquilo, yo pueda gozar;
pues ya mi ventura,
en tiniebla oscura
de enojosa ausencia, se vuelve a eclipsar.

Por nuevo camino
me lleva el destino,
sembrado de riesgos, tormentas y azar;
sin que el tierno llanto
de tu amor, un tanto
su rigor injusto, consiga aplacar.

A mi alma no abate
el fatal combate
de inciertos acasos que voy a sufrir.
la pena que siento,
es ver que me ausento
y te dejo sola llorar y gemir.

Yo aprendí temprano
del pesar tirano
con frente serena la saña a mirar;
pero tú su triste
furor no sufriste,
ni el tormento fiero de no ver y amar.

Al crudo despecho
no abrigo en tu pecho,
amoroso y tierno, dulce amiga, des:
acógete al ara
de la imagen cara,
que en tu seno siempre colocada ves.

«Él me ama» repite,
cuando airado agite
en tu triste pecho, su dardo el dolor;
«Él me ama, y suspira
como yo, y delira
de su dulce estrella buscando el fulgor».

«Duerme y sueña ahora,
que yo encantadora,
como ángel benigno, mirándole estoy;
ora que amorosa
la pena enojosa
a ahuyentar de su alma con halagos voy».

«Ora las estrellas,
contempla, y en ellas
risueña y hermosa mi imagen cree ver;
ora de las aves,
en los trinos suaves,
do quier halagüeña mi voz entender».

Mas ¡ay! que yo insano
me dilato, en vano,
buscando remedio para tanto mal:
adiós; ya mi dicha
se fue, y la desdicha
de nuevo me espera con ceño fatal.

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Expediente

Autor
Esteban Echeverría
Título
Los consuelos — XXXIV
Lengua
español
Época
Romanticismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-los-consuelos-xxxiv--esteban-echeverria-4581c9
Cita recomendada
Esteban Echeverría, «Los consuelos — XXXIV», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-los-consuelos-xxxiv--esteban-echeverria-4581c9.html

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