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Esteban Echeverría · Romanticismo

Los consuelos — XIII

español

¡Ah! ya agostada
siento mi juventud, mi faz marchita,
y la profunda pena que me agita
ruga mi frente de dolor nublada.
Heredia

Feliz tú que de bellas ilusiones
sin cesar halagado, a las visiones
inefables del alma,
Librar puedes tu ardiente fantasía,
y de éxtasi embriagar y de armonía
tu corazón en calma.

Feliz tú que aspirando el aura pura
del majestuoso Plata, la hermosura
contemplas de la luna,
que asoma melancólica su frente,
como gentil beldad que de amor siente,
la congoja importuna.

Mecido allí por sueño delicioso,
oyes sólo el susurro misterioso
de las olas serenas,
que al rayo de la luna resplandecen,
y en cadencia armoniosa se adormecen
sobre muelles arenas.

Allí tu alma inflamada en su desvelo
hasta el trono de Dios levanta el vuelo,
y olvidada del mundo
escucha la armonía soberana
que de su eterna gloria eterna mana
cual venere fecundo.

Allí anhela calmar su sed ardiente
en esa viva, inagotable fuente,
que al universo anima,
y con alas de fuego divagando
el infinito abarca y remontando
más y más se sublima.

¡Quién como tu pudiera, el pecho lleno
de esperanza y de fe, por el ameno
camino de la vida
espaciar sus miradas halagüeñas,
y ver por todo imágenes risueñas,
como en la edad florida!

¡Quién en su lira modular sonora
dulce amor y amistad consoladora,
tesoros celestiales;
y al son de la hechicera melodía
derramar esperanza y alegría
en los pechos mortales!

¡Quién fuese como tú que atrás dejando
un pasado feliz y contemplando
el porvenir brillante,
un mundo de esperanzas y delicias
ante tus ojos ves y no codicias
nada al vulgo anhelante!

Mi juventud también tuvo visiones
de ambición y de gloria y mil pasiones
terribles la agitaron;
amor fue su delirio y su ventura,
y en brazos apuró de la hermosura
delicias que volaron.

Mas cual roble soberbio que derriba
el feroz huracán de cumbre altiva,
al impulso violento
de las fieras pasiones, abatida
cayó mi juventud que sólo vida
tiene para el tormento.

¡Oh si en himnos de excelsa poesía
yo pudiera el torrente de armonía
exhalar de mi pecho,
o en tristes tonos modular y suaves,
de mi fiero dolor las ansias graves,
las dudas y el despecho!

El canto entonces de la musa mía
al eco de la tuya se uniría
en soberano coro,
y esos pechos de bronce casi yertos
se animaran acaso a los conciertos
de nuestra lira de oro.

Pero vano delirio, mi destino
es batallar con el dolor contino
hasta que suene la hora;
y consumirme en agonía lenta,
como el ave inmortal que sí alimenta
fuego que la devora.

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Expediente

Autor
Esteban Echeverría
Título
Los consuelos — XIII
Lengua
español
Época
Romanticismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-los-consuelos-xiii--esteban-echeverria-e1ed5e
Cita recomendada
Esteban Echeverría, «Los consuelos — XIII», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-los-consuelos-xiii--esteban-echeverria-e1ed5e.html

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