Feliz aquel que de su patrio suelo
contempló sólo el halagüeño cielo
y libre de pesares,
vivió seguro del cariño amante
de la beldad que idolatró constante
en sus paternos lares.
Nacen sus días sin cesar serenos
de gozo puro y de esperanza llenos,
dulcemente halagados,
y, como en valle arroyo cristalino,
corren sin agitarse a su destino
por entre bellos prados.
El borrascoso mar de las pasiones
su corazón no mueve, ni ilusiones
de bien frágil y vano
brindan a su serena fantasía
de fugaces deleites la ambrosía
con fementida mano.
De la ambición se ríe prepotente
que se engolfa contino en la corriente
de la varia fortuna;
ni acibaran funestos desengaños
la dulcífera copa de sus años
con su hiel importuna.
¡Quién me diera los días venturosos
que a mi anhelo ofrecían deliciosos
placeres sin mudanza,
cuando todo a mi vista era risueño
y mi existencia grata un largo sueño.
de gloriosa esperanza!
¡Quién diera a mi agitado pensamiento
la dulce calma y el feliz contento
que disfrutaba un día!
¡Quién por lo bello el entusiasmo ciego,
la pasión noble y el divino fuego,
en que mi pecho ardía!
¡Quién sentir cual sentí, o el llanto largo
que embalsamaba el sentimiento amargo
del corazón herido!
Quién a mi juventud su lozanía.
¡Marchita en flor sin esperanza y fría!
¡Quién el ser lo que he sido!
¡Si al menos a piedad movido el cielo
con la angustia voraz diese el consuelo
del olvido a la mente!
Mas por siempre la imagen ilusoria
vaga del bien perdido en la memoria,
cual si fuera presente.
El astro de mi vida se ha eclipsado
y muerto a la esperanza, desolado,
el porvenir oscuro
aparece a mi vista, cual desierto,
o borrascoso piélago sin puerto
donde arribar seguro.
Mi corazón un tiempo palpitaba
al mirar la hermosura y adoraba
su irresistible encanto,
amó también y en amorosos lazos
se gozó insano y apuró en sus brazos
deleite sacrosanto.
Mas disipose todo y la amargura,
el recuerdo fatal tan solo dura
y aviva el sentimiento
del triste corazón que aún inflamado
de amar, sentir o aborrecer privado
no halla, no halla alimento.
Todo he perdido; en mi insensata mano
las flores de la vida (soplo vano)
todas se han deshojado
Y confusos y atónitos mis ojos
sólo contemplan míseros despojos
del huracán pasado.
Ven a mis votos silenciosa muerte
y en reposo feliz la ansia convierte
con que me aqueja el tiempo y el destino,
ven me arrebata donde no se siente:
así cantaba de su patria ausente
por consolarse un triste peregrino.