Así vivo: esta es mi historia;
mi postrera Rosa es ésta;
he aquí lo que me resta
de mis flores…, ¡ay de mí!
Si yo a exigir me atreviera
que el público me dijera
si aceptaba o no la Rosa
que vine a ofrecerle aquí,
¿en todo el salón no hubiera
ni un amante calavera,
ni una enamorada hermosa
que me dijera que sí?