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PoetósferaLa BibliotecaDiego Antonio Rejón de Silva

Diego Antonio Rejón de Silva · Ilustración

La Pintura: Poema didactico en tres cantos — 1

español

.mw-parser-output .wst-largeinitial{font-size:3em;line-height:0.5;vertical-align:baseline;margin:0em .05em 0em 0em;font-family:inherit}LAS bellezas y efectos prodigiosos

De aquel Arte feliz, que sombra obscura

Hermanando y colores luminosos,

Todo cuerpo visible nos figura,

Con mal templada Lira

Hoy á cantar mi ronca voz aspira.

Tú, pues, Arte divino, compañero

De la Naturaleza,

(Si ya no es que imitando su belleza,

Al reunirla siempre con esmero,

Se aventaje á sus obras tu destreza;)

Así como al pincél dár fuego ardiente

Puedes, para que diestro represente

De Gloria resplandores,

Sin que quiten la vista sus fulgores:

Bien podrás igualmente,

Con aquel atractivo soberano,

Que es de la vista mia tan suave

Y tan dulce tirano,

Infundir ardimiento

De mi tímida pluma al movimiento.

Solo á tí invocar sabe

Quien el quieto reposo apetecible

De las Artes anhela,

Y en ti cifra el recreo mas plausible.

Baxo tu amparo canta la voz mia

Tus maravillas; y aunque al pecho hiela

Conocer lo dificil y arriesgado

De la empresa que sigue mi osadia;

Las Gracias favorables,

(Puesto que son del Arte inseparables)

Harán que cause menos desagrado

El áspero sonido

De un instrumento por mi mano herido,

Facilmente podria,

Para ensalzar el Arte delicioso

Que canto, numerar las distinciones

Y magnificos dones,

Que en recompensa conceder solía

La sábia Antigüedad al mas famoso

Pintor: ni es necesario,

Para comprobacion de su nobleza,

Citar la Griega Ley, que no dexaba

(Precaviendo del Arte la baxeza)

Manejase pinceles mano esclava,

Mientras incompatible se creía

Con la sublimidad de la Pintura

Del siervo la opresion tirana y dura,

Que del ánimo abate la hidalguía:

Es la suya mas alta gerarquía,

Pues nace del humano entendimiento,

Que es al Sér increado semejante.

Allí tiene su asiento

La Pintura; ni pueden de otra suerte

Sus invenciones agradar bastante,

Si en ellas lo ingenioso no se advierte,

Lo científico, bello, y elegante.

Innata inclinacion tambien parece

Del hombre el dibujar, pues como nada

Con mas ansia apetece

Que verse en fiel imagen repetido,

Quedando su altivéz lisonjeada

Quando industrioso imita

Lo que el poder divino ha producido;

Aun antes que permita

La razon gobernar los movimientos

De un niño, yá con barro, ó yá en la arena,

Miembros humanos toscamente ordena,

Y sus obras mirando enagenado,

Las horas como rápidos momentos

Pasa, de inquietos juegos olvidado.

En tres partes dividen esenciales

La pictórica Ciencia; en el Diseño,

En la Composicion, y Colorido.

El Diseño es á todo preferido,

Por mas que los parciales

Del Colorido insistan con empeño

En dár la preferencia á aquel encanto,

Que á nuestra vista causa la alegria

Del Color, y su plácida harmonía.

Pues aunque halle hermosura

En esta parte un Profesor, en tanto

Que no haya al menos cierta medianía

En el Diseño, nunca á la pintura,

Por solo el Colorido,

Podrá dar un aplauso merecido.

Alma del gusto llaman al Dibujo,

Sin él ninguna cosa es agradable,

Pues extiende su influjo

A qualquier artefacto, cuya forma

Mas preciosa ser puede y estimable,

Si al buen gusto del Arte se conforma,

Que su misma materia, aun quando fuera

Rico parto de mina Americana,

Que ansiosa busca la codicia humana:

Arte igualmente grato, y necesario

Para el hombre opulento de alta esfera,

Con el qual no sería involuntario

Sequáz del gusto bárbaro y mezquino:

Para el particular, porque en su casa

Util le puede ser cada momento

Del Dibujo tener conocimiento;

Y para aquel, en fin, cuyo destino

A ganar le obligó, por dicha escasa,

El preciso sustento

En un tallér, pues siendo dibujante

Es preciso que á muchos se adelante.

Símbolo del poder, no limitado,

De un Dios Eterno, á cuya voz creado

Fue el Orbe y Firmamento,

Es la del hombre máquina admirable,

Pues su voz inviolable

Para aquellos bastó; pero á este intento

Artífice Divino con su mano

La estructura formó del cuerpo humano.

Con sério estudio, y atencion prolija,

Debe enterarse el Joven diligente

De la medida fija

De aquellas partes sólidas, llamadas

Huesos, cuya armazon tan excelente

En estupendo, quanto horrible objeto,

Del cadaver ofrece el esqueleto.

Otras tiene carnosas, que alteradas

Sirven para exercer el movimiento,

Y de músculo el nombre

Las dá la Anatomía.

Con aquestos auxilios, puede el hombre

Variar cada momento

La actitud que tenía,

Siendo su voluntad el norte y guia,

Tal, que los miembros son por experiencia

Exemplo inimitable de obediencia.

Del contomo exterior las proporciones

Estúdie el Joven muy atentamente,

Hasta tanto, que pueda exáctamente

La mano, yá con pluma, ó con carbones,

Trazar la forma humana.

Los Dibujos de Autores eminentes

Son de la edad temprana.

Estudio laborioso;

Y quando en actitudes diferentes

Haya al papel el lapiz trasladado

Las figuras, trabajo no gustoso

A los principios, por dificultoso

Y luego diversion de dulce agrado;

Procuratá imitar la gentileza

De aquellas ingeniosas producciones,

Que en su mayor grandeza

De Atenas y de Roma los desvelos

Hicieron, siendo asombro su belleza

De todas las regiones,

Que ensalzarán su fama hasta los Cielos.

Del rostro de las Níobes aprenda *

Aquella morvidéz, aquella gracia:

Del fuerte Gladiator, que en la contienda

Halló, en vez de la palma, la desgracia,

La tendida figura

Dará regla segura

De noble proporcion, sencilla, y bella.

De cuerpo delicado, agil y finos

Semejante al de cándida doncella,

El hermoso Apolino

Le propone la imagen deleytable:

Aquel Fauno, que afable

Hace á un niño caricias, dá la idéa

De un anciano robusto, en quien campéa

El vigor de la edad madura y fuerte.

La Venus conservada,

Con no pequeña suerte,

Por el ilustre apoyo de las Artes

Médicis (cuya gloria eternizada *

Será por todas partes)

Como exemplar ostenta

Una Deydad, epílogo admirable

De la hermosura, de lunar exénta.

Aquella undulacion tan agradable

De su bello contorno

Prodigio será siempre, será hechizo

De todo el que la mire;

Y al contemplar despacio su dintorno

(Admiracion tal vez del que le hizo )

Forzoso es que desmaye y casi espire

El aliento de aquel que en retratarla

Se empeñe, á no ser guia de su mano

Las tres Gracias, que en torno de aquel bulto

Parece asisten prontas á obsequiarla.

El grupo de Laoconte, en quien se advierte

El dolor inhumano

De un Padre al ver con repentino insulto

La muerte de sus Hijos y su muerte

Por la furia infernal de unos Dragones,

No en una, en repetidas ocasiones

Sea estudio del Joven aplicado:

La robustéz de un Héroe, su pujanza

La hallará con perfecta semejanza

Del Hércules Farnesio en el traslado:

Y en fin para aprender la gallardía

De un Joven, y su altiva bizarría,

La gracia, la soltura, y esbelteza,

La proporcion hidalga, y la belleza,

Dibuje con solícito cuidado

Al Pitio Apolo con la sierpe al lado.

Mas si tan solamente los Pintores

Las estatuas copiáran,

Aunque luego en sus obras los primores

Del Arte se encontráran,

Todas de la verdad carecerían.

Por eso, como ser el Pintor debe

Imitador de la Naturaleza,

(De cuya inagotable fuente bebe

El que adquirir pretende la destreza)

En dibujar el Natural porfian

Con incansable anhelo

De la Pintura los alumnos fieles,

Pues solo en su modelo

Estudiando despacio y con desvelo,

Como hizo allá en la Grecia el diestro Apeles,

La razon hallarán y congruencia

De aquello que advirtieron

Copiando de la Estatua perfecciones;

Pues sin faltar á la verdad en nada

Pueden aquellos que el estudio unieron

De Estatua y Natural, hacer con arte

Que quede hermoseada

De la humana figura qualquier parte. *

Así, de España, Italia, y aun de Europa

Fueron, y son ahora maravilla

Del gran Diego Velazquez el talento,

*(Testigo el Crucifixo portentoso

Que á toda habilidad hoy dia humilla)

*Y la selecta y numerosa Tropa

De Españoles Pintores, ornamento

De la Nacion, Murillo, el gran Rivera,

Sequaz de Carabagio en su manera,

Pantoja, Zurbarán, Alonso Cano,

Navarrete, Coello el Castellano,

Escalante, Morales el divino,

Ribalta, Juan de Joanes,

Y quantos en científicos afanes

Aplaude el laborioso Palomino,

Cuya pluma y pincél nunca tuvieron

El elógio que siempre merecieron.

No es posible llegar á la alta cumbre

De un elevado monte

Sin ir antes venciendo paso á paso

Su altiva pesadumbre:

Así es que el Dibujante

Si de estudio no escaso

Vence dificultades una á una,

Descubrir podrá al fin el horizonte

Inmenso, en que registre su cuidado

Tranquílo, sosegado,

Y sin hallar oposicion alguna

Del Arte las bellezas y primores,

Imposibles del todo al arrogante

Que espére conseguir sin los sudores

De un trabajo metódico, arreglado

Lo que al método solo es reservado.

¿Qué gusto puede dár una figura,

Aunque el claro y obscuro esté empleado

Con verdad y dulzura,

* Si al reparar un pié, ó alguna mano,

(Parte dificil en el cuerpo humano )

Se advierte lo incorrecto

Quando todo ha de ser alli perfecto?

Procure con esmero el Dibujante,

Si es de la gloria amante,

Que se halle exâctitud en sus diseños,

Conforme á la figura que ha copiado;

Y dexe los empeños

De dibujar con rápida presteza:

Pues quando haya logrado

Que señale su mano con certeza

La distancia, medida por la vista,

(Prolixa, no imposible es la conquista)

Dando la proporcion que mas conviene

A la delineacion que vá trazando;

Encontrará que conseguida tiene

La prontitud que ansioso iba buscando.

En cada edad el hombre es diferente,

Y en cada situacion en que se halle:

O yá pesar acerbo le atormente,

O yá gozoso esté, que aunque mas calle,

Lo demuestran sus ojos vivamente,

O yá lleno de enojo, ira, venganza,

Zelos, desconfianza,

O yá tranquilo el ánimo y sereno,

Recibe mutaciones muy sensibles,

Las quales un Pintor de ciencia lleno

Con el Dibujo hará mas perceptibles.

El niño tierno, que tal vez presente

El materno alimento

Tener suele, y con lágrimas le pide

Perdiendo con perderle su contento,

Si á lo largo se mide,

Se hallará cabalmente

En todo él cinco veces repartida

De su cabeza la total altura,

Dos en el tronco, dos en muslo y pierna:

Sus formas son redondas con medida

Sin que en el brazo, ni en la mano tierna

De músculo la forma decidida

Se encuentre; solo si la coyuntura

En oyuelos suaves y graciosos.

Distinta de los jóvenes briosos

Debe ser del mancebo la estructura,

Pues si de aquellos tiene la estatura

Ocho parles ó módulos iguales

A su cabeza, en éste es acertado

Acortar medio módulo su altura:

Sus formas ondeadas dán señales

De un mórbido contorno afeminado;

Mas del joven los miembros arrogantes

La fuerza varonil con gran franqueza

Soltura y ligereza

Demostrarán, y en ángulos entrantes,

Aunque muy levemente señalados

Músculos principales apuntados.

Del mismo modo distinguirse deben

La matrona gentil magestüosa,

Y la doncella hermosa:

En ésta de sus miembros el contorno

Mostrará que están hechos como á torno,

Sin que sus carnes lleven

De huesos ni de músculos la muestra,

Antes la undulacion de ellas demuestra

Morbidéz y blandura

Que aumentan atractivo á su hermosura.

Igualmente ha de estár de la matrona

La imagen con belleza,

Mas no tan delicada su persona,

Pues aunque pierda en su delicadeza

Tendrá grandiosidad y gentileza.

El robusto soldado valeroso,

Como el Héroe glorioso

De su cuerpo unirá la bizarría

Con el carácter de la fortaleza:

Los músculos hinchados

Darán á su figura valentía

Denotando unos miembros esforzados.

Al triste peso de una edad cansada,

Abatidas las fuerzas, y arrugada

La ancha frente, la vista sin viveza,

Cano el cabello, barba muy crecida,

Cuerpo agoviado, pero con nobleza,

Las manos descarnadas,

Las piernas separadas,

Dará claros indicios el anciano

De que el plazo mortal está cercano.

De aqueste modo, pues, siendo adequada

La exterior forma del humano objeto

A la edad, situacion, sexô y estado,

Sin duda habrá Belleza verdadera;

Pues pintando el caracter de un sugeto,

Como es en sí, sin desmentirse en nada,

Con precision ha de causar agrado

Y habrá de ser por bello reputado.

¡Dificil circunstancia en gran manera

Que pocos alcanzaron!

Pues aun los que pretenden definirla

Por mas que en ella hablaron,

Apenas consiguieron distinguirla.

Bello será el infante,

Bello el mancebo, el joven, la matrona,

El héroe, la doncella y el anciano,

Si á todos representa el Dibujante

Con la actitud debida á su persona,

Con su caracter propio, y distintivo,

Sin que jamás se note incongruencia.

Mas si los lineamentos de la mano

No tienen cortexîon de positivo

Con la cabeza y pies, es evidencia

De poco esméro, ó poca inteligencia.

Jamás el lapiz forme

En las carnes del cuerpo ángulo agudo

Quando evitar procura lo deforme.

Tampoco en el desnudo

Ser podrá á la Belleza conducente

Lo recto de las lineas, como hacían,

Quando estaban las Artes en su oriente,

Los que del ancho Nilo á las orillas

En piedra cincelada toscamente

Imágenes humanas esculpían,

Juzgándose en aquella edad primera

*Aun las monstruosidades maravillas.

Así como del mar la azul campaña

Quando de aura ligera

Suave y blandamente conmovida

Todo el horror desmiente de su saña,

Y á gozar nos convida

De las plácidas ondas la hermosura;

Así mostrarse deben

Contornos bellos de figura humana;

Con lo qual se asegura

La variedad, de la Belleza hermana,

Y sencilléz de formas, que se lleven

La atencion del que mira;

Pues de un objeto hermoso

A su pesar la vista se retira.

Igualmente es forzoso,

Que tanto en la cabeza

Como en tronco y extremos,

Haya grandiosidad y gentileza

Sublíme, no afectada,

Igual á la que vemos,

Por el Griego cincél representada,

Dexando lo mezquino y apocado,

Lo seco y lo pesado

Para que así resulte la Belleza.

Finalmente, ó Alumnos estudiosos

De la bella Pintura,

Si exemplos quereis ver maravillosos

De quanto aquí mi voz cantar procura,

Id y mirad los quadros primorosos

Que dexó el gran Pintor de la Belleza,

El Filósofo Mengs, y en todos ellos

Vereis con variedad objetos bellos.

Vereis quan bien sabía su destreza

Figurar agradables á la vista

Aun de la misma muerte los horrores,

Por mas que á tal aspecto se resista:

O un pecho traspasado á los rigores

Del dolor mas agudo y penetrante

Que jamás sufrir pudo tierno amante.

*Tal es de Jesu-Christo la figura

Yá cadaver y yerta, y á su lado

De su Madre, compendio de amargura

El retrato mas tierno y angustiado.

*Mirad tambien el lienzo

que renueva

De la mas clara noche la memoria,

En que naciendo Dios pobre, abatido,

Espíritus angélicos la gloria

Cantan al Rey de Paz, sublíme prueba

Del pincél de aquel hombre esclarecido.

Volved la vista al otro en que se advierte

*La Virgen sin mancilla tan amable

A Gabriél escuchando conturbada

El venturoso anuncio de su suerte.

Mas no es facil ni dable

Que el ronco canto de la Musa mia,

A tanta elevacion no acostumbrada,

Cante de aquestas obras la harmonía.

Demudan de los hombres el semblante *

Afectos vehëmentes,

Y así es muy imporante

Estudiar las pasiones diferentes

Que al corazon combaten,

Y del rostro las partes alteradas

Que las dán á entender inmoderadas.

Los ojos que el dolor sumo retraten

A lo alto mirarán regularmente,

Las cejas hácia el medio han de elevarse.

Y el entrecejo así debe arrugarse.

La boca se abrirá lo suficiente

Baxando los extremos algun tanto,

Y los brazos caídos,

O las manos cruzadas el quebranto

Denotarán mas bien que los gemidos.

Dexemos que la Música eloqüente

Con sus varios sonídos

En cadencia doliente

De un pecho imite el ánsia y el tormento

Con la quexa y lamento,

Pues quando en la Pintura está exresado

Este afecto violento

Con arte y con cuidado,

De tal modo la vista allí se engaña,

Que parece que escuchan los oídos

De aquel triste los míseros quexidos.

La furibunda saña

Se deberá expresar del mismo modo,

Mas la pupíla en parte queda oculta

Del párpado inferior que la sepulta,

En vivo fuego ardiendo el ojo todo,

Las cejas muy delgadas

Y en círculo espantoso levantadas.

Entre la risa y llanto

En lo físico hay poca diferencia,

(Así como en la ira y el espanto),

Pues tal vez del pincél la suficiencia

En lloro amargo trueca de un infante

La alegre y dulce risa en breve instante,

Siendo el motivo que su gozo altéra

Solo una pincelada muy ligera.

Sin embargo el que en lágrimas bañado

Muestra su sentimiento inmoderado,

Pierde aquella viveza

Con que brillan los ojos en la risa,

Y por razon precisa,

Siendo del llanto causa la tristeza,

Se abaten los extremos de la boca,

Cuya imagen lástima proboca.

Así, pues, quien al Templo deseado

De la Fama llegar pretende en breve,

Con atencion no poca,

Y nunca de su ciencia confiado

En la Naturaleza estudiar debe;

Notando de los hombres el semblante,

Indice involuntario

Del corazon, y no menos constante;

Y verá el modo vario

Con que se altéra el rostro de un zeloso,

Del que queda espantado,

Del alegre y risueño, ó deseoso,

Del que está temeroso,

Del compasivo, triste, ó enojado.....

¡Mas en dónde se engolfa la voz mia!

Tú, Rafaël divino,

Gloria del Arte, claro honor de Urbino,

Pues que de tu pincél la valentía

En las obras que al mundo han asombrado

No tan solo del cuerpo la figura

Formar supo en bellísimo traslado,

Sino que el alma misma en las facciones

Del rostro demostró con sus pasiones,

Dá, dá, leccion segura

De esas alteraciones,

Que produce qualquiera movimiento

Del ánimo, al Alumno que aplicado

Estudie con cuidado

* Del Pásmo de Sicilia los primores,

Resumen breve de tu gran talento;

De la Virgen del Pez la expresion bella;

La Sagrada Familia, y los verdores

Del país que es alfombra á los pies de ella,

Y Apolo sus pictóricos sudores

Premie con aquel ímpetu sagrado

Que el Pintor necesita

Para ser de laureles coronado:

Pero mas bien se excita

A tal empeño el Joven ingenioso

Mirando al Soberano de la España

Que premia generoso

Las Artes, y fomenta

Su estudio, desterrando

De la ignorancia el contagioso bando,

Que al ingénio Español su lustre empaña:

Digna y heroyca hazaña

De quien Restaurador de la opulenta

Herculano y Pompeya se apellida.

CARLOS, y su hijo CARLOS, que imitando

De Padre tan Augusto las acciones,

No solo da acogida

Benigna al Profesor, sino que amante

De las encantadoras producciones

Del pincél, cifra en ellas su delicia,

Y tal vez manifiesta su pericia,

Con amor incesante

A la Pintura dan gloria constante,

Ensalzando á su hermana la Escultura,

Y la magestüosa Arquitectura:

Tanto, que á su Rëal Munificencia

Y al ilustre Mecenas, que hoy en dia

Protector de las Ciencias se declara,

Debe España la actual magnificencia

Con que las Nobles Artes á porfia

La fama resucitan, que tenia

Quando de Herrera la excelencia rara

La esquadra manejando sin segundo,

Becerra y Berruguete los cinceles,

Y Murillo y Velazquez los pinceles,

Daba en poder y ciencia envidia al Mundo.

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Autor
Diego Antonio Rejón de Silva
Título
La Pintura: Poema didactico en tres cantos — 1
Lengua
español
Época
Ilustración
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-la-pintura-poema-didactico-en-tres-cantos-1--diego-antonio-rejon-de-silva-c39d48
Cita recomendada
Diego Antonio Rejón de Silva, «La Pintura: Poema didactico en tres cantos — 1», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-la-pintura-poema-didactico-en-tres-cantos-1--diego-antonio-rejon-de-silva-c39d48.html

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