Gloria, nombre, virtud, Patria argentina,
Todo perece dó tu pie se estampa
Todo hacen polvo, en tu ambición de ruina,
Bajo el casco, los potros de tu pampa.
Y bien, Rosas, ¿después? tal es — atiende —
La pregunta de Dios y de la historia:
Ese después que acusa ó qué defiende
En la ruina de un pueblo, ó en su gloria.
Ese después fatal á que te reta
Sobre el cadáver de la patria mía,
En mi voz inspirada de poeta,
La voz tremenda del que alumbre el día.
Dos hombres han cambiado la existencia
De este mundo en los siglos peregrino:
El labio de Jesús le dió otra esencia,
Y el genio de Colón otro destino.
Completaron de Dios la mente misma
Á inspiraciones de su amor profundo,
Uno del alma iluminando el prisma,
Otro haciendo de dos un solo mundo.
Ángel, genio, mortal, que no has logrado
Legar tu nombre al mundo de tu gloria;
Que ni ves en su suelo levantado
Un pobre monumento á tu memoria.
¡Ah! bendita la pila do tu frente
Se mojara en el agua del bautismo,
Y el ala de tu genio amaneciente
Se tocara en la unción del cristianismo!
Ángel, genio mortal, yo te saludo
Desde el seno de América mi madre;
De esta tierna beldad que el mar no pudo
Robarla siempre á su segundo padre.
La hallaste, y levantándola en tu mano
Radiante con sus gracias virginales,
Empinando en las ondas del Océano
Se la enseñaste ó Dios y á los mortales.
Después de Cristo, en el terráqueo asiento,
Siglo, generación ni raza alguna
Ha conmovido tanto su cimiento,
Como el golpe inmortal de tu fortuna.
Á su grandeza un siglo era pequeño;
Y en los futuros siglos difundida,
En el eterno Tiempo el solo dueño
De tu obra inmensa en su grandiosa vida.
Tú, como Dios al derramar fulgentes
Los mundos todos en la oscura nada,
Al más allá de las futuras gentes
Diste sin fin tu América soñada.
En cada siglo que á la tierra torna,
La tierra se columpia, y paso á paso,
Su destino la América trastorna,
Y muda el sol su Oriente en el Ocaso.
Obra es tuya; Colón; la hermosa perla,
Que sacaste del fondo de un océano,
Al través de los siglos puedes verla
Sobre la frente del destino humano.
El ángel del futuro rompió el lazo
Que á las columnas de Hércules le ataba,
Y saludo en la sien del Chimborazo
Los desiertos que América encerraba.
No de la Europa quebrará la frente
El rudo potro del sangriente Atila;
Pero ¡ay! el tiempo en su veloz corriente
Mina el cimiento en donde ya vacila!
El destino del mundo está dormido
Al pie del Andes sin soñar su suerte;
Falta una voz bendita que á su oído
Hable mágico acento y le despierte.
Un hombre que á esta tímida belleza
Le quite el azahar de sus cabellos,
Y ponga una diadema en su cabeza
Y el manto azul sobre sus hombros bellos.
Si no te han dado monumento humano,
Si no hay Colombia en tu brillante historia.
¿Qué importa? ¡eh! tu nombre es el Océano,
Y el Andes la columna de tu gloria.
¿Qué navegante tocará las olas
Donde se pierde la polar estrella,
Sin divisar en las llanuras solas
Tu navío, tus ojos, y tu huella?
¿Sin ver tu sombra, allí do misterioso
El imantado acero se desvía;
Y un rayo de tu genio poderoso
Que va y se quiebra donde muere el día?
¿Quién, al pisar la tierra de tu gloria,
No verá en sus montañas colosales
Monumentos de amor á tu memoria,
Como tú grandes, como tú inmortales?
¡Salve, genio feliz! mi mente humana
Ante tu idea de ángel se arrodilla,
Y do mi labio la expresión mundana
Ante tu santa inspiración se humilla.
Por un siglo tus alas todavía
Plegadas ten en los etéreos velos
De donde miras descender el día
Hasta el cristal de los andinos hielos.
Baja después de la alta Cordillera,
Los ámbitos de América divisa,
Y, como Dios al contemplar la esfera,
Sentirás de placer dulce sonrisa.
El ángel del futuro á quien sacara
De los pilares de Hércules tu mano,
Te mostrará, Colón, tu virgen cara,
Feliz y dueña del desierto humano.
Vuelve después á tu mansión de gloria
Á respirar la eternidad de tu alma,
Mientras queda en mundo á tu memoria
Sobre el Andes eterno, eterna palma.