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PoetósferaLa BibliotecaEvaristo Carriego

Evaristo Carriego · Modernismo

Imágenes del pecado

español

Enfermizas plenitudes

de emociones amatorias,

modernismo de lo Raro,

de embriagueces ilusorias,

que disfrazan las crudezas de sus credos materiales,

como fórmulas severas

de blasones impolutos,

que, discretos, disimulan

los salvajes atributos,

las paganas desnudeces de las fuerzas germinales.

Rosa-estigma que en los labios

han dejado los orfebres

de la Ardencia. Bestias malas

de lascivias y de fiebres,

que no doman los actuales filosóficos Orfeos,

acechando por las noches

los oficios sigilosos...

por las noches consteladas

de los besos milagrosos

que deshacen en las bocas el rubí de los deseos...

Predilecta medianoche

vagamente ensoñativa,

que ha exhumado un bello libro

de lectura sugestiva,

de encubiertas entrelíneas de extravíos irreäles...

¡Oh, curiosa, febriciente

cabecita conturbada,

que en los tibios abandonos

delatados en la almohada

se fecunda de las sabias poluciones cerebrales!

¡Oh, cuán negros los hastíos

de las púberes sensuales:

¡Oh, cuán largas las esperas

de los pálidos nupciales,

en los ratos aburridos de cloróticas visiones...

cuando creen que las abejas

evocadas vendrán, fieles,

a traerles, compasivas,

con sus vinos y sus mieles,

as cantáridas nocturnas de las fuertes obsesiones...

Voz fatal que en los gentiles

Evangelios de Afrodita,

al cenáculo vedado

de su roja mesa invita.

¡Oh, furtivas comuniones en los cultos que revelan

el peligro imaginable

de las hostias consagradas

donde, lívidas, se ocultan

las cabezas desmayadas

de los duendes cautelosos que en la extraña misa velan...

Neurasténica enclaustrada

cuyos lirios de pureza

ha violado sin esfuerzo

la triunfal Naturaleza:

Esa siempre parturienta, santamente dolorida.

— Fué la hora en que cayeron

deshojados los claveles,

que, al sangrar las castidades

en los tálamos crüeles,

los augurios se regaron con los filtros de la Vida.—

Virgen mística de celda,

brasa blonda de incensario,

fiel ritual de oscurantismo,

fría imagen de santuario,

por la fe de su Locura tonsurada contra el Vicio,

que ha sentido en los insomnios

conmover su paz austera

un satánico deseo

de su sangre de soltera,

de su palma que claudica del inútil sacrificio.

Delicada sensitiva

de los cálidos antojos,

que se burla de la ausencia

de la luz de los sonrojos...

Que exaltando sus caprichos — ¡los diabólicos, los

al Cantar de los Cantares, [tiernos!...

siempre nuevo en sus caricias,

sabe ungir de la gloriosa

caridad de sus delicias

a las vértebras que sufren el horror de los inviernos.

Favorita del Nirvana,

de los vinos superfinos,

espasmódica del etér,

que ilustró los pergaminos

de la nueva aristocracia del hatchis y la morfina:

Ofertorio inconfesable

de exquisita delincuencia,

generosa, sorprendente

bien gustada quintaesencia

de ilusión por el pecado de la copa clandestina...

Pubertad de conventillo

que, en su génesis, halaga

la teoría lamentable

del harapo y de la llaga,

silenciando la inconsciente repulsión a lo maldito..

Alentadas bizarrías

de muchacha sensiblera,

que presume ingénuamente

de Manon arrabalera,

suavemente flagelada por las sedas del Delito.

Cortesana de suburbio,

que se sabe mustia y vieja

y olvidar quiere los hondos

desconsuelos de su queja,

palpitante, en su derrota, por la última aventura,

que, al cruzar los barrios bajos

en la tarde de la cita,

va creyendo ser la triste,

la incurable Margarita

que abandona con la muerte su romántica locura.

Torturada visión breve

del amor de una heroína

del prostíbulo y la cárcel:

Roja flor de guillotina,

que ha soñado con un novio que la finge una azucena:

Con un blondo Nazareno

que la mueve a inevitable

santa senda arrepentida,

— de intuición insospechable —

a seguir su religiosa vocación de Magdalena.

Bella trágica historiada,

Salomé del histerismo,

portadora de extrañezas

del país del exotismo,

iniciada en el secreto de las cláusulas suicidas,

que, en sus largas devociones

por las fiestas misteriosas,

por las torpes confidencias

y las pautas tenebrosas,

comulgó con los maestros de las músicas prohibidas.

¡Oh, las pascuas de las carnes

bondadosas, que florecen

por aquellas que concluyen...

por aquellas que envejecen.

¡Oh, los siete ángeles malos ¡Oh, los ángeles pro-

al exvoto de las manos [picios

sabiamente extenuativas,

que degüellan las palomas

de las blancas rogativas,

en las vísperas sangrientas de los negros sacrificios

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Autor
Evaristo Carriego (1883–1912) · Wikidata Q188798
Título
Imágenes del pecado
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-imagenes-del-pecado--evaristo-carriego-88719a
Cita recomendada
Evaristo Carriego, «Imágenes del pecado», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-imagenes-del-pecado--evaristo-carriego-88719a.html

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