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PoetósferaLa BibliotecaEstanislao del Campo

Estanislao del Campo · Modernismo

Fausto (Estanislao del Campo) — IV

español

Ya se me quiere cansar

El flete de mi relato ...

—Priendalé güasca otro rato:

Recien comienza á sudar.

—No se apure: aguardesé:

¿Como anda el frasco?

—Tuavía

Hay con que hacer medio dia:

Ahí lo tiene, priendalé.

—¿Sabe que este giñebron

No es para beberlo solo?

Si alvierto traigo un chicholo

O un cacho de salchichon.

—Vaya, no le ande aflojando

Dcle trago y domeló,

Que ti reiz de las carnes yó

Me lo estoy acomodando.

—¿Que tuavía no ha almorzao?

—Ando en ayunas Don Pollo;

Porque ¿á que contar un bollo

Y un cimarron aguachao?

Tenia hecha la intencion

De ir á la fonda de un gringo

Despues de bañar el pingo ....

—Pues vamonos del tiron.

—Aunque ando medio delgao

Don Pollo, no le permito

Que me merme ni un chiquito

Del cuento que ha comenzao

—Pues, entonces, allá vá:

Otra vez el lienzo alzaron

Y hasta mis ojos dudaron,

Lo que vi ...¡barbaridá!

¡Qué quinta! ¡Vírjen bendita!

¡Viera amigaso el jardin!

Allí se via el jazmin,

El clavel, la margarita.

El toronjil, la retama

hasta estuatas, compañero

Al lao de esa, era un chiquero

La quinta de Don Lezama.

Entre tanta maravilla

Que alli habia, y medio á un lao,

Habian edificao

Una preciosa casilla.

Allí la rubia vivía

Entre las flores como ella,

Alli brillaba esa estrella

Que el pobre Dotor seguia.

Y digo pobre Dotor,

Porque pienso, Don Laguna,

Que no hay desgracia ninguna

Como un desdichao amor.

—Puede ser; pero, amigaso,

Yo en las cuartas no me enriedo

Y en un lance, en que no puedo,

Hago de mi alma un cedaso.

Por hembras yo no me pierdo:

La que me empaca su amor,

Pasa por el cernidor

Y .... si te vi, no me acuerdo.

Lo demás, es calentarse

El mate al divino ñudo ........

—¡Feliz quien tenga ese escudo

Con que poder rejuardarse!

Pero usté habla, Don Laguna,

Como un hombre que ha vivido

Sin haber nunca querido

Con alma y vida á ninguna.

Cuando un verdadero amor

Se estrella en una alma ingrata,

Mas vale el fierro que mata

Que el fuego devorador.

Siempre ese amor lo persigue

A donde quiera que vá:

Es una fatalidá

Que á todas partes lo sigue.

Si usté en su rancho se queda,

Ó si sale para un viage,

Es de valde: no hay parage

Ande olvidarla usté pueda.

Cuando duerme todo el mundo,

Usté, sobre su recao,

Se dá güeltas, desvelao,

Pensando en su amor projundo.

Y si el viento hace sonar

Su pobre techo de paja,

Cree usté que es ella que baja

Sus lágrimas á secar.

Y si en alguna lomada

Tiene que dormir, al raso,

Pensando en ella, amigaso,

Lo hallará la madrugada.

Alli acostao sobre abrojos,

O entre cardos, Don Laguna,

Verá su cara en la luna,

Y en las estrellas, sus ojos.

¿Que habrá que no le recuerde

Al bien de su alma querido,

Si hasta cree ver su vestido

En la nube que se pierde?

Asina sufre en la ausieusia

Quien sin ser querido quiere:

Aura verá como muere

De su prenda en la presencia.

Si enfrente de esa deidá

En alguna parte se halla,

Es otra nueva batalla

Que el pobre corazon dá.

Si con la luz de sus oios

Le alumbra la triste frente,

Usté, Don Laguna, siente

El corazon entre abrojos.

Su sangre comienza á alzarse

A la cabeza en tropél,

Y cree que quiere esa cruél

En su amargura gozarse

Y si la ingrata le niega

Esa ligera mirada,

Queda su alma abandonada

Entre el dolor que la aniega.

Y usté firme en su pasion ....

Y van los tiempos pasando,

Un hondo surco dejando

En su infeliz corazon.

—Güeno amigo: asi sera,

Pero me ha sentao el cuento .....

—¡Que quiere! Es un sentimiento .....

Tiene razon: allá vá:—

Pues, señor, con gran misterio,

Traindo en la mano una cinta,

Se apareció entre la quinta

El sonso de Don Silverio.

Sin duda alguna saltó

Las dos zanjas de la güerta,

Pues esa noche su puerta

La mesma rúbia cerró.

Rastriándolo se vinieron

El Demonio y el Dolor,

Y tras del árbol mayor

A aguaitarlo se escondicron.

Con las flores de la güerta

Y la cinta, un ramo armó

Don Silverio, y lo dejó

Sobre el umbral de la puerta.

—¡Que no cairle una centella!

—¿A quién? Al sonso?

—¡Pues digo! ....

¡Venir á osequiarla, anmigo,

Con las mesmas flores de ella!

—Ni bien acomodó el guacho,

Ya rumbió ....

—¡Miren que hazaña!

Eso es ser mas que lagaña

Y hasta dá rabia, caracho!

—El Diablo entonces salió

Con el Dotor, y le dijo:

«Esta vez priende de fijo

La vacuna, crealó.»

Y el capote haciendo á un lao,

Desenvainó allí un baulito,

Y jué v lo puso juntito

Al ramo del abombao.

—No me hable de ese mulita:

¡Qué apunte para una banca!

¿A que era májica blanca

Lo que trujo en la cajita?

—Era algo mas eficás

Para las hembras, cuñao,

Verá si las ha calao

De lo lindo Satanás!

Tras del árbol se escondieron

Ni bien cargaron la mina,

Y mas que nunca, divina,

Verir á la rubia vieron.

La pobre, sin alvertir,

En un banco se sentó,

Y un par de medias sacó

Y las comenzó á surcir.

Cinco minutos, por junto,

En las medias trabajó,

Por lo que carculo yó

Que tendrian solo un punto.

Dentró á espulgar á un rosal,

Por la hormiga consumido,

Y entonces jué cuando vido

Caja y ramo en el umbral.

Al ramo no le hizo caso,

Enderezó á la cajita,

Y sacó .... ¡Vírgen bendita!......

¡Viera que cosa, amigaso!

¡Qué anillo! ¡Qué prendedor!

¡Qué roselas soberanas!

¡Qué collar! ¡Qué carabanas!

—¡Vea al Diablo tentador!

—¿No le dije Don Laguna?

La rubia allí se colgó

Las prendas, y apareció

Mas platiada que la luna.

En la caja Lucifer

Habia puesto un espejo ....

—¿Sabe que el Diablo, canejo,

La conoce á la mujer?

—Cuando la rubia gastaba

Tanto mirarse, la luna,

Se apareció Don Laguna,

La vieja que la cuidaba.

¡Viera la cara, cuñao,

De la vieja, al ver brillar

Como reliquias de altar

Las prendas del condenao!

«¿Diaonde este lujo sacás?»

La vieja, fula, decia,

Cuando gritó:—« ¡Avemaria! »

En la puerta, Satanás.

—« ¡Sin pecao! ¡Dentre señor! »

—« ¿No hay perros?»— ¡Ya los ataron! »

Y ya tamien se colaron

El Demonio y el Dotor.

El Diablo allí comenzó

A enamorar á la vieja,

Y el Dotorcito á la oreja

De la rubia se pegó.

—¡Vea al Diablo haciendo gancho!

—El caso jué que logró

Reducirla, y la llevó

A que le amostrase un chancho.

¿Por supuesto, el Dotorcito

Se quedó allí mano á mano?

—Dejuro, y ya verá hermano

La liendre que era el mocito.

Corcobió la rubiecita

Pero al fin se sosegó,

Cuando el Dotor le contó

Que él era el de la cajita.

Asigun lo que presumo,

La rubia aflojaba laso,

Porque el Dotor, amigaso,

Se le queria ir al humo.

La rubia lo malició

Y por entre las macetas,

Le hizo unas cuantas gambetas

Y la casilla ganó.

El Diablo tras de un rosal,

Sin la vieja apareció....

¡A la cuenta la largó

Jediendo entre algun maizal!

—La rubia, en vez de acostarse,

Se lo pasó en la ventana,

Y allí aguardó la mañana

Sin pensar en desnudarse.

Ya la luna se escondia,

Y el lucero se apagaba,

Y ya tamien comenzaba

A venir clariando el dia.

¿No la visto usté de un yesquero

Loca una chispa salir,

Como dos varas seguir

Y de alií perderse, aparcero?

Pues de ese modo, cuñao.

Caminaban las estrellas

A morir, sin quedar de ellas

Ni un triste rastro borrao.

De los campos el aliento

Como sahumerio venia,

Y alegre ya se ponia

El ganao en movimiento.

En los verdes arbolitos

Gotas de cristal brillaban

Y al suelo se descolgaban

Cantando los pajaritos.

Y era, amigaso, un contento

Ver los junquillos doblarse,

Y los claveles cimbrarse

Al soplo del manso viento.

Y al tiempo de reventar

El boton de alguna rosa,

Venir una mariposa

Y comenzarlo á chupar.

Y si se pudiera al cielo

Con un pingo comparar,

Tamien podria afirmar

Que estaba mudando pelo.

—¡No sea bárbaro, canejo!

¡Que comparancia tan fiera!

—No hay tal: pues de saino que era

Se iba poniendo azulejo.

¿Cuando ha dao un madrugon

No ha visto usté, embelesao,

Ponerse blanco-azulao

El mas negro ñubarron?

—Dice bien, pero su caso

Se ha hecho medio empacador ....

Aura viene o mejor

Pare la oreja, amigaso.

El Diablo dentró á retar

Al Dotor, y entre el responso

Le dijo:—« ¿Sabe que es sonso?

¿Pa qué la dejó escapar?»

« Ahí la tiene en la ventana:

« Por suerte no tiene reja,

« Y antes que venga la vieja

« Aproveche la mañana. »

Don Fausto ya atropelló

Diciendo:—«¡basta de ardiles!»

La cazó de los cuadriles

Y ella .... tamien lo abrazó!

—¡Oiganlé á la dura!

—En esto ....

Bajaron el cortinao:

Alcance el frasco, cuñao,

—Agatas le queda un resto.

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Autor
Estanislao del Campo (1834–1880) · Wikidata Q559964
Título
Fausto (Estanislao del Campo) — IV
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-fausto-estanislao-del-campo-iv--estanislao-del-campo-540850
Cita recomendada
Estanislao del Campo, «Fausto (Estanislao del Campo) — IV», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-fausto-estanislao-del-campo-iv--estanislao-del-campo-540850.html

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