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PoetósferaLa BibliotecaGraciliano Afonso

Graciliano Afonso · Romanticismo

El rizo robado (1851) — Canto IV

español

Pero ansiosos cuidados oprimian,1

Con secretas pasiones,

El pecho da la ninfa pensativa.

Ni fué jamás la cólera tan viva

De un joven rey vencido y en prisiones;

Ni de burlada virgen, dó lucian

Juveniles encantos; ni mas fuerte

El dolor que sintió robado amante,

Cuando perdió su amor en un instante;

Ni el otro mas cruel, que fuera muerte

A dó brilla de cólera el exceso,

De vieja á quien se niega un tierno beso;

Ni Cyntia la coqueta,

Cuando mal se prendió la manteleta;

Nada ¡ó virgen! se acerca al cruel despecho

Que de tu rizo el robo abrasa el pecho.

En el momento mismo que Ariel deja

A Belinda la bella, Umbriel se aleja

Del centro de la tierra donde mora;

El Gnomo, á quien la luz jamas colora,

Triste, ceñudo, con la faz nublosa,

Sube á la cueva de la Esplin famosa.

Con sus alas de hollin el Gnomo vuela

En un vapor á aquel lugar sombrio,

Donde la brisa amable no consuela;

Solo el sud ruge con furioso brio:

Aqui del aire libre resguardada

Aborreciendo el sol y el claro dia,

De sombras rodeada,

Pensativa el Esplin está en su lecho;

Y la hacen compañia

Jaqueca á un lado, mas del otro Pena.

Doncellas dos la sirven junto al trono,

Iguales en destino, mas con plena

Diferencia en figura y en semblante;

Mala indole está muy semejante

A una antigua doncella de gran tono;

Tiene el rostro arrugado, blanco y negro,

Cargan las manos largas, y el celebro

Oraciones de tarde y de mañana,

Mas lengua y corazon satira insana.

Tambien la Afectacion alli se viera

Con el rostro enfermizo y con perfiles

De rojas flores de diez y ocho abriles;

Y cuando habla cecea, y en su cuello

De un higo muy maduro muestra el sello;

Entre olores fallece, y se desmaya

Con orgullo, y se tiende

En una colcha rica, y cuando haya

Medios de fingir mal, se cubre toda

Con una larga bata, por que es moda,

O parecer enferma, que estos males

Los padecen las bellas que son tales;

Y si el trage de noche fuere nuevo,

Asegurar me atrevo,

Por constante experiencia,

Que al nuevo trage sigue una dolencia

Vuelan sobre el palacio mil vapores,

Y entre nubes se miran las fantasmas

Exalando miasmas;

Terribles2 como sueños de hermitaño,

Se miran sombras de feroz tamaño;

Brillantes furias, sierpes enroscadas,

Espectros que reflejan mil colores,

Tumbas abiertas con fosfóreos fuegos,

De oro luciente fuentes liquidadas;

Escenas del Eliseo en dulces juegos,

Palacios de cristal, angeles bellos

Que brillan luminosos con destellos.

De formas varias, que el Esplin formara,

Un confuso tropel en torno gira;

Una tetera viva allí se mira,

Un brazo tiende, el otro lo encorvara

Con el mango y la boca regadora;

Un puchero está allí, que se pasea

Cual de Homero la trípode;3 y suspira

Un jarro; y necia y habladora

De ganzo4 una riquisima empanada;

Hombres que estar preñados se figuran;

Tambien piden allí muchas doucellas

El tapon de corchin por ser botellas.

Pasa el Gnomo la banda mal hadada;

Y en sus manos impuras

Un ramo lleva del Esplin muy dino;

Y asi saluda á aquel Poder divino:

Yo te saludo ¡ó reina caprichosa!

Que del quince al cincuenta el sexo riges;

Madre de negros flatos y vapores:

Tú eres la que discreta los diriges;

Por ti alcanza loores

El genio femenil con sus istéricos

Y sus vuelos poéticos.

Tú su temperamento

Sabes reglar con varios movimientos;

Ya médicos los tornas, ya poetas

Escribiendo comedias ó recetas;

Tú inspiras el orgullo, en que se mide

De la visita el tiempo, ó ya la impide,

Y la excusa un mimado favorito:

Hay una ninfa que tu esfuerzo invito

Y á otras mil ninfas à insultar lo enseña

Con las delicias de la alegre risa:

O si á tu Gnomo, ó reina, concedieras

Un hinchado tumor, barro asqueroso,

O darle del limon la agua amarilla

Que de la dueña inflama la megilla,

O el color dar de aquel que pierde un juego,

O pasando de prisa

Arrugar zagalejos, romper lechos,

O dar sospechas sin celosos hechos,

O atacar con la rabia de un patriota

El antiguo peinado á una devota,

o á un faldero enfermar siempre estriñido

Que el ojo hermoso en lloro ha consumido.

Escúchame; si tocas á Belinda

Y das mortal fastidio á aquesta linda,

Verás medio emisferio

Sujeto del Esplin al sumo imperio.

Mas la diosa, con aire descontento

Parece despreciable, pero el ruego

Agradece con fino cumplimiento.

Hace preparar luego

Un odre, semejante

A aquel dó Ulises guardara el raudo viento;

Y allí encerró con femenil aliento

Sollozos y suspiros y la guerra

De lengua, por quien tiemblan cielo y tierra:

Un pomo con desmayos y vapores,

Con tristeza, pesares y temores,

Y con llanto abundante

Que empieza y finaliza en un instante.

Contento con el don él alza el vuelo

De su ala negra al luminoso cielo.

Él encuentra la ninfa abandonada

En brazos de Thalestris, con los ojos

Hundidos del pesar y los cabellos

De su dorada trenza desatados;

El genio mal hechor rompió los sellos

De aquel infernal odre; y sus despojos

Como furias volaron,

Y de Belinda el pecho aprisionaron;

Y de rabiosa ira arde una hoguera,

Que la fiera Thalestris encendiera.

O sirviente infeliz, ella exclamaba,

Ambas manos al cielo levantando,

Y sus ecos en Hampton resonando:

Miserable doncella, replicaba;

¿Para que tomé yo tanto cuidado

De horquillas, peine y olorosa esencia?

¿Para qué aquel papel tan enrizado

Para dar a tu faz nueva excelencia?

¿Por qué ¡ ay triste ! ligar tu blanca frente

Y cargarla con plomo impertinente ?

¡0 dioses ! el ladron de tu cabello

Hará público alarde; el lechuguino

De envidia morirá; mas las señoras

Altivas mirarán torciendo el cuello:

No lo consiente honor; tú el arca fueras

Que del sexo las glorias contuvieras;

Virtud, placer, y haber fué tu destino:

Ni detendré tu llanto cuando lloras:

Escucha este lenguage horrible y fiero;

El que brinde por ti, cae en desprecio;

Sacrifica tu honor y anda en platillos:

Para te defender no hay caballero;

Confesar ser tu amigo es menosprecio.

¿Y será justo honor inestimable

El ver cerrado en un cristal brillante

Reluciendo tu rizo radiante

En cerco de diamantes, que irá en torno,

En manos del raptor para su adorno ?

¡0 desgraciada suerte miserable!

Antes en Hyde Park el heno crezea,

Y el talento en boardillas defallezca,

o el aire con la tierra al caos vuelvan,

Y hombres, loro y faldero se disuelvan."

Ella dice, y rabiosa se adelanta

De Sir Plume á la casa, y luego ordena

Que le mande á su bello

Que le vuelva al instante su cabello.

El con su caja de ambar que le encanta

Y con su caña, de mil manchas llena,

Justamente orgulloso, milord Plume

Ni mucho tiempo en responder consume;

Y con el ojo tieso y faz redonda,

Que no anunciara un solo pensamiento,

Abre su caja y dice: en el momento

Milord ... vaya. qué diablo ...¿y ese rizo ?

Sois un hombre civil • chanza redonda.

Voto á Dios... qué chuscada; si: es preciso

Quiere decir enfin . . . darle su pelo.

Dice y abre su caja y mira al cielo.

Mucho me pesa, el Par le respondiera,

Ver que tambien hablais y hablais en vano:

Pero yo os juro por el rizo bello,

(Que jamas debe unirse a su cabello,

Ni que tan grande honor alcanzar pueda

Ya separado de su frente leda )

Que mientras mi nariz el aire aspire,

Esta mi mano guardará el trofeo.

Asi hablara: y hablando, el devaneo

De su triunfo se ve que allí respira,

Y el honor y pereza,

Que de un Par se contiene en la cabeza.

Pero Umbriel, genio infame, no descansa,

Y al pomo de pesares se abalanza.

En gracioso desmayo ya aparece

Belinda, y desfallece

En lagrimas sus ojos inundados,

Y en suspiros ahogados;

Sobre el pecho la frente reclinando,

Se levanta y decia sollozando:

Para siempre maldito el negro dia,

En que perdí mi rizo y mi alegria:

¡Una y mil veces yo dichosa fuera

Si la corte de Hampton nunca viera!

No soy yo ciertamente la primera

Que de amor cortesano escarnio fuera.

10, si en tierras lejanas olvidada,

Quedara solitaria y desterrada,

Donde el dorado coche no sonara,

Ni el tresillo ó bohea se nombrara:

Y allí con mis encantos escondida,

Como rosa en desierto fuera hundida !

¡Quien con lores vagar me persuadiera!

En mi casa rezando mejor fuera.

Mil presagios mi suerte predecian;

De mi trémula mano se caian

Horquillas y lunares, y la china,

Si viento se agitaba resonando;

Y mi lorito Poll ni hablar atina;

Y Relindo, el faldero,

Adusto me miraba y muy severo.

Un Silpho me advertia

Que algun hado fatal me perseguia

En bien claras visiones;

Mas, tarde conocí sus intenciones.

¡Mira los pobres restos del cabello

Yo con mis manos desharé furiosa

Lo que dejó rapiña codiciosa.

Estos dos negros rizos, que algun dia

Le daban á porfia

Nuevo realce á mi nevado cuello,

Y este rizo, su hermano,

Ahora despreciado y solitario,

Desenrizado y suelto en giro vario,

Ya tentarán ¡o Lord! á esa tigera,

Que sacrilega quiera

Su destino igualar tu infernal mano.

O fueras ¡inhumano! azas contento

De robar mis cabellos con tus ojos,

Y que fueran los únicos despojos

De tu osado y glorioso atrevimiento."

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Expediente

Autor
Graciliano Afonso
Título
El rizo robado (1851) — Canto IV
Lengua
español
Época
Romanticismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-el-rizo-robado-1851-canto-iv--graciliano-afonso-5765e6
Cita recomendada
Graciliano Afonso, «El rizo robado (1851) — Canto IV», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-el-rizo-robado-1851-canto-iv--graciliano-afonso-5765e6.html

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