CADA PIEZA VIVE EN UNA DIRECCIÓN · NADA VIVE EN UNA SOLA SALA  

PoetósferaLa BibliotecaGraciliano Afonso

Graciliano Afonso · Romanticismo

El rizo robado (1851) — Canto II

español

Ni en su triunfante carro mas glorioso

Febo se alzó sobre Nereo undoso,

De púrpura bañado, que saliera

La rival de su luz virtiendo plata

Del Támesis soberbio en la ribera,

Que anchuroso dilata:

Coro de apuestas ninfas la seguia,

Y ella sola los ojos atraia;

Sobre el nevado pecho está brillando

Radiante cruz divina

De hermosura tan rara y peregrina

Que el judio rebelde la besara,

Y el gentil, que no cree, la adorara.

Viva, como sus ojos, no se fija,

Como ellos mismos siempre derramando

El brillo de su alma, sin que elija

A quien hacer favor, pero acordando

Dulces sonrisas que discreta extiende,

Pero sin altivez, que a nadie ofende.

Brilla cual sol y hiere con sus rayos,

Y como el sol á todos ilumina,

Fácil, graciosa, suave sin ensayos

De orgullo fiero, con razon se inclina

Sus faltas á ocultar; ¡qué! á faltas tiene

Quien de belleza el esplendor mantiene?

Y si falta una hermosa ¿el que la mire

El perdon no le acuerda, aunque suspire?

Esta ninfa, formada para ruina

De nuestra humanidad, alimentaba

Dos rizos, que con gracia peregrina

Lindo adorno prestaban

A la nevada espalda en cercos bellos;

Y amor formaba en ellos

Red y cadena al corazon amante;

Y si ver acontece á cada instante

Con la delgada crin prender las aves;

Ni, tú, raza imperial del hombre alabes;

Que una dorada trenza le aprisiona,

Y una hermosa blasona,

Que es de su gran poder corto destello,

Al hombre conducir por un cabello.1

Los rizos el varon feliz admira,

Observa y calla, y à la presa aspira;

Y resuelto á vencer, la senda allana

Sin la astucia olvidar ó fraude insana:

Y muy antes que Febo al mundo dore,

Su corazon ordena que él implore

Al benéfico cielo, y muy piadoso

Al amor suplicaba respetuoso

Sobre un altar que alzara

Con doce libros de cuartel dorado

Que franceses romances han formado,

Y en trofeos de amor allí colgara

Dos ligas con un guante

Y billetes dulcisimos de amante,

Que se abrasaron luego

De suspiros ardientes en el fuego,

Y postrado pedia con los ojos,

Que del fuego de amor eran despojos,

La presa le conceda

Y larga posesion obtener pueda.

Medio ruego el amor escucha atento,

Pero la otra mitad la llevó el viento.

El luminoso vaso en raudo vuelo

Con sus rayos inunda el mar y el cielo:

La música sonora el aire llena,

Y la plácida fuente va serena:

La onda inquieta murmura en la ribera

Y en las hojas el zéfiro gimiera.

Mas Belinda sonrie y todo es gozo;

Menos el Sylpho que oprimido, ansioso

Pesa en su peche la prevista ruina,

Y de evitarla medios imagina.

Del aire los brillantes ciudadanos

Convoca al punto y en su torno giran

Sus aéreos ropages susurrando,

Como el zéfiro suave suspirando,

Los débiles arbustos y las flores

Exhalan sus finísimos olores.

Como insectos sus alas se desplegan,

La brisa sacudiendo, ó al sol llegan,

Y en nubes luminosas

Se mecen cual las tiernas mariposas;

Su delicada forma trasparente,

A los ojos mortales invisible,

Y sus fluidos cuerpos medio hundidos

Y en éter luminoso confundidos,

Con ágil movimiento irresistible

Al viento sueltan su ropage undoso,

De sutil y brillante entretegido,

Del rocío en membrana convertido:

Que los cielos sus lentes le prestaron

Y á la luz sus colores le robaron,

Y en sus alas los rayos reflejando

Van el arco celeste retratando.

Mas a todos excede Ariel divino,2

Cual un mástil dorado

Y en toda su cabeza mas alzado;

Y abriendo al sol sus esmaltadas alas

De purpurinas galas,

Se agitaba con ruido peregrino;

Y el azulado cetro enarbolado,

Con voz encantadora les ha hablado:

» Sylphos, Sylphidas, Genios, Brujas, Duendes,

Hadas, raza sagrada, que desciendes

De la luz inmortal; escucha atenta:

Bien sabeis que en la esfera teneis cuenta,

Y En virtud de mandato soberano

Del mundo dirigís el grande arcano:

Ya recorreis los campos de luz pnra,

Ya brillo y claridad prestais al dia,

Ya guiais orbes en la inmensa altura,

O rodais los planetas, que girando

Corren el ancho cielo en su porfia;

Otros, menos pulidos, vais siguiendo

Ocultos à la luz pálida y fria

De la modesta luna ó las estrellas,

Que sus rayos disparan á la noche

Con negro manto y nebuloso coche;

Otros chupan vapores, que groseros

En el aire se forman los primeros;

O en el Iris sus alas humedecen;

Y horribles tempestades enfurecen

El invernoso mar, ó destilando

La lluvia celestial que al globo alegra;

O ya la humana raza gobernando,

Impidiendo la negra

Envidia y las pasiones que aniquilan

La ventura del hombre en sus caminos

Y en todas sus acciones y destinos.

Tambien son centinelas

Que guardan los imperios y naciones.

¿Y con cuantas cautelas

Su imperio no guardais á los Bretones?

Nuestra humilde incumbencia es à la hermosa

Asiduos asistir; si complacencia

Da nuestra ocupacion, no es gloriosa;

Los polvos guarecer del raudo viento,

Ni la esencia, en prision, pierda su aliento,

Y que nuevos colores

Oficiosas nos den vernales flores;

Robar al arco iris el rocio,

Antes que en lluvia descendiese al rio,

Y hacer un lavatorio; á sus cabellos

Ondeantes tornar en rizos bellos;

Asistir al pudor ó darle el tono;

Inspirar en el sueño un nuevo trage,

Y dar la preferencia, sin encono,

A un lindo farfala sobre un encage.

Negro dia amenaza a esta hermosura,

Que vigila mi espíritu celoso

De algun fiero accidente peligroso

Por violencia y descuido; mas, segura

Señal no diera el cielo cómo ó cuando

En tinieblas la suerte ha sepultado

Si la ninfa á Diana haya faltado,

Si alguna fragil china se ha quebrado,

Si su honor mancillara ó ricas telas,

Si el rezar olvidó ó encender velas,

Si la máscara puso, ó se aflojara

El estrecho corcet ó gargantilla,

Mientras bailaba viva la cuadrilla,

O si es que el cielo decretado hubiese

Que el faldero Relindo se muriese.

Espíritus, volad; cada cual llepe

El encargo que tiene.

Tú, Cefireta, el abanico agita;

Los pendientes, Brillante, solicita;

Momentilla, el relox es tu cuidado,

Crispa tú, cela el favorito rizo;

El mismo Ariel se encargará del lindo

Belloso cuerpo del feliz Relindo.

Cinco escogidos Sylphos tengan cuenta

Con vigilancia atenta

Y un encargo especial sobre el tontillo;

Que, aunque en arcos de fierro guarnecido

Y en barbas de ballena sostenido

Y en plata una ancha cinta lo rodea

Que la circunferencia señorea;

Siete dobles murallas se han rendido

A un lechuguino astuto, es bien sabido.

El sylpho, que se muestre negligente

Y su puesto abandone y á la hermosa,

Venganza desastrosa

Sentirá el delincuente;

O en un pomo será bien custodiado,

o de agudo alfiler la picadura

Sentirá traspasado,

o de amargosas aguas en un lago

Huudido quedará, ó bien metido

En un ojal de un borseguí pulido,

O en gomas y pomadas batallando,

Y en vano procurando

Con sus alas de seda alzar el vuelo,

O en estítico alumbre bien bañado

Como marchita flor quede arrugado,

Como Ixion á su rueda, con gran duelo.

Fijo siga las vueltas de un molino;

O en el vapor del chocolate humeante

Se abrase á cada instante;

O tiemble tiritando de contino

Sobre el mar, cuando helado

A prisiona feroz cuanto ha tocado.«

Asi hablara; y los sylphos descendian

Y de la ninfa cabe se ponian.

Los unos de su trenza estan pendientes,

Otros de sus zarcillos relucientes;

Y el corazon á todos les palpita,

Y ansiosos temen la ocasion maldita,

And though it be tow foot tront,

Tis with a single hair pull'd out.

Y al buen Juan, si en dos pies andar le vieres,

Por un pelo le llevan las mugeres.

Donde liba la abeja, alli yo libo;

Mi lecho es una flor de primorosa;

Cuando el buho gritara

Con su voz espantosa,

En alas de murciélago volara;

Y despues del otoño alegre vivo

Alegremente muy alegremente

Bajo del ramo de su flor pendiente.

Sigue explorando

Por su autor
Graciliano Afonso · 14 piezas más en la casa
Dónde vive
La Biblioteca

← El rizo robado (1851) — Canto IEl rizo robado (1851) — Canto III →

Expediente

Autor
Graciliano Afonso
Título
El rizo robado (1851) — Canto II
Lengua
español
Época
Romanticismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-el-rizo-robado-1851-canto-ii--graciliano-afonso-119238
Cita recomendada
Graciliano Afonso, «El rizo robado (1851) — Canto II», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-el-rizo-robado-1851-canto-ii--graciliano-afonso-119238.html

Las obras de dominio público se reproducen íntegras, con atribución y en la ortografía de su impreso. ¿Ves una errata o conoces una fuente mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.