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PoetósferaLa BibliotecaGertrudis Gómez de Avellaneda

Gertrudis Gómez de Avellaneda · Romanticismo

El pescador (Avellaneda)

español

Reina la noche: mis ojos

Desde una estrecha ventana

Contemplan inmensidades

Que apenas la mente abarca.

La gran bóveda del cielo,

De estrellas mil recamada,

Matiza su azul oscuro

Con leves nubes de nácar.

La Osa brilla ante mi vista,

Y á mi derecha levanta

Con lentitud majestuosa

La Luna su frente pálida.

A sus tibios resplandores,

Que argentan del mar las aguas,

Miro elevarse al castillo,

De la ciudad noble guarda:

De la ciudad que dormida

Diviso allá en lontananza,

Do se dibujan sus torres

Como inmóviles fantasmas.

Se encumbra inmensa á mi izquierda

La cadena de montañas

Que de este hermoso país

Son gigantes atalayas,

Y en cuyas cumbres aun brillan

De nieve lucientes franjas;

Mientras cubren los castaños

De densa sombra sus faldas.

¡Todo es silencio en la tierra!

¡Todo es en el cielo calma,

Y frescura en el ambiente,

Y soledad por las playas!...

A quebrantarse en su arena,

—Que ciñen de orlas de plata,—

Con monótono ruido

Llegan las olas sin pausa;

Que solo ellas de la vida

Parece que impulsos guardan.

Cuando en reposo profundo

Naturaleza descansa.

Por todo el líquido llano

Solo distingo una barca,

Que recogidas las velas

Allá se mece á distancia.

Y á los cándidos albores

Que entre las brumas la alcanzan,

Parece cisne viajero

Que pliega al dormir sus alas,

¡Oh, nada más! —Ni un ser miro

Que mi vigilia comparta,

Para admirar de esta noche

La paz, cual solemne, grata.

Pero no: que brillar veo,

—Aunque pequeña y lejana,

Desde el blanco caserío

Que entre peñas se destaca,—

Una luz.... sí.... ya se aviva,

Y revela á mis miradas

Que el pescador laborioso

Velando su red prepara.

¡Compañero de mi insomnio,

Yo te saludo! —¡Que plazca

Al Señor darte una pesca

Cual no sueña tu esperanza!

¡Escucha! A la voz del mar

Su voz junta la campana,

Que anuncia que está la noche

Ya á la mitad de su marcha.

¡Al remo pronto! No pierdas

Las horas que vuelan rápidas,

Mientras de la brisa al soplo

Se encrespan las olas mansas.

¡Ah! me obedece: sus velas

Ya la barquilla desata,

Y con suspiro armonioso

Acude el viento á llenarlas.

Ya escucho el golpe del remo,

Ya surca la proa el agua,

Y hermoso rastro de espuma

La línea borda que traza.

De pronto al rumor distante,

Que va difundiendo el aura,

Se asocian tonos sencillos,

Mas de una dulzura extraña:

Son agrestes armonías

Del hijo del mar, que canta,

A la vez que el bote vuela

Por la llanura salada,

Buscando el sitio en que el cielo

Le tiene dispuesta carga,

Con que á una pobre familia

Sustento en la aurora traiga.

¡Rema, rema, pescador,

Mi bendición te acompaña,

La mar su imperio te entrega,

La luna tu senda aclara!

Dormido el mundo, ni un eco

De sus pasiones infaustas

Mi pensamiento conturba,

Ni tu trabajo embaraza;

Y vela —al par que nosotros—

El Señor de cuerpos y almas,

Que ve le sirven tus miembros

Mientras mi mente lo ensalza.

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Por su autor
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Expediente

Autor
Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814–1873) · Wikidata Q283353
Título
El pescador (Avellaneda)
Lengua
español
Época
Romanticismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-el-pescador-avellaneda--gertrudis-gomez-de-avellaned-62000f
Cita recomendada
Gertrudis Gómez de Avellaneda, «El pescador (Avellaneda)», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-el-pescador-avellaneda--gertrudis-gomez-de-avellaned-62000f.html

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