Cuando entre luz y púrpura aparece
la alba, y despierto, ¡ay triste!, y miro el día,
y no hallo la dulce Laida mía,
alba y púrpura y luz se me oscurece.
Lloro, y crece mi llanto cuanto crece
más la lumbre, y la sombra se desvía,
y un torpe hielo así me ata y resfría,
que aun la voz para alivio me fallece.
Y a un tiempo apura amor con alto fuego
en este ancho desterto el pecho mío,
donde el pesar lo aviva más y enciende.
Lloro pues y ardo; así mi amor se extiende
tanto, que a luz y a sombra y a rocío
muero en llamas, y en lágrimas me anego.