Mas ¡hay! aquellos pensiles
No he pisado un solo día
Sin ver (¡sueños de mi mente!)
La sombra de la Padilla.
Ni en el aposento regio
El que tiene en la cornisa,
de los reyes los retratos
El que en columnas estriba.
Al que adornan azulejos
Abajo, y esmalte arriba,
El que muestra en cada muro
Un rico balcón, y encima
El hondo artesón dorado
Que lo corona y atrista,
Sin ver en tierra un cadáver;
Aun en las losas se mira
Una tenaz mancha oscura...
¡Ni las edades la limpian!...
¡Sangre! ¡Sangre!... ¡Oh, Cielos, cuántos
Sin saber que lo es la pisan!