¡Qué soledad!
(Adán, antes del sueño.)
Donde dejó las tripas
Curro Canela,
yo dejé la navaja
tras la pendencia:
lleva en el hierro
unas letras que dicen:
¡Viva mi dueño!
Cuando entendió el negocio
Pepa Respingo,
quiso a mí verme muerto
y a él verle vivo...
¡Es de mujeres
tomar para su gusto
gato por liebre!
El juez tiene al esbirro,
el fraile al lego,
el verdugo al que ahorcan
y al pregonero...
¡El juez, y el fraile,
y el verdugo, aborrecen
a sus compadres!
Los que busquen la muestra
de un desdichado,
siéntense en mi compaña
sobre este banco.
¡No vendrá uno!
Todos me dejan solo
con el verdugo.
El rigor de la hembra
que sale ingrata,
al corazón del hombre
quema las alas.
¡En mí se ha visto!
Ella de que me ahorquen
la causa ha sido.
No consoléis al triste
desde tan lejos...
Venid, venid más cerca...
Dejadme veros,
hasta que al cabo
no haya más que un cadáver
sobre este banco.