Imperial infanticida; rey Herodes;
ogro enorme de los párvulos de Bélgica,
a los cuales perseguiste por las calles,
por las plazas, por los campos,
por las cuevas y los montes-
tigre suelto,-
hasta el pie de los santuarios
y el regazo de sus madres;
angelitos intangibles,
querubines inviolables
en su vida, su candor y su belleza,
para Dios y para el Hombre;
a los cuales arrancaste las pupilas,
mutilaste las dos manos,
profanaste y degollaste,-
¡gran maldito!-
por envidia, por venganza, por bestial represalia;
padre triste,
padre lleno de vergüenza
del borracho incorregible, del imbécil incurable
que ha de ser, si Dios no media,
como el propio Carlos Quinto de Alemania,
majestad.