Porque no ves a Dios, ¿no crees, ateo?
Yo creo en él, porque doquier le veo.
Ciego nacer debiste,
puesto que dices que jamás le has visto;
yo, aunque jamás le viera, de que existe,
tendría convicción, porque yo existo,
y mi sola existencia
me revela su ser y omnipotencia.
Probarme que no le hay, te es imposible;
luego, que existe Dios, es infalible.
Esta alma oculta que mi cuerpo anima,
que le da movimiento, inteligencia,
palabra y voluntad, cuya existencia
siento cernerse de mi polvo encima,
debe ser una chispa de su esencia.
Mi alma tiende hacia Dios, Dios es su centro;
luego hay algo de Dios, de mi alma dentro.
Cuanto dentro de mí y en torno mío
suena con voz, con movimiento gira,
brota con germen o con ser respira,
en la tierra, en el mar o en el vacío,
desde el sol hasta el átomo más leve,
todo prueba que hay Dios, que haberle debe.
¿Tú no le ves? ¿No crees en él, ateo?
Te compadezco, porque soy tu amigo,
por ser tu hermano en Dios; mas ven conmigo,
ven el libro a leer, en que yo leo
la existencia de Dios; si no consigo
que tú le veas donde yo le veo,
y que creas en él como yo creo,
renunciaré a la fe que en él abrigo.