Ya es tiempo de que pase más ligera
mi revista; veloz, casi fosfórica
puede tan sólo soportarla entera
la lectura al vapor de nuestra era.
Yo estoy loco; si abordo las cuestiones
de sentido común con pretensiones,
al mundo voy a convencer muy pronto
de que no soy un loco, sino un tonto;
así pues, abreviemos las razones.