Ya del sañudo Bóreas el nevoso
soplo cesó, y el triste invierno helado,
dando paso al divino ardor templado,
huyó al profundo centro tenebroso;
y vuelve el verde honor al espacioso
seno vuestro, del hielo despojado,
sacros pobos, que ornáis el intrincado
curso del claro Guadiamar ondoso.
¡Felices vosl, que ufanos al suave
rayo de Febo coronáis la frente,
libres del yerto humor que os oprimía.
Mas, ¡triste yo!, que de importuno y grave
hielo siento oprimir la frente mía,
lejos de ver mi altiva luz ardiente.