Niña amada, tan hermosa
como esquiva y desdeñosa:
á tu reja,
en la noche á dar mi queja
llego, amante trovador;
porque en ella verme quiero
prisionero
en las redes de tu amor.
Codicioso de tu encanto,
sin tu amor me anego en llanto.
Yo, sin nido,
soy el pájaro perdido
que respira en libertad;
y el desden de la que adoro
canto y lloro
en mi triste soledad.
No atormentes con rigores
á los dos pobres cantores.
Ver su nido
deja al pájaro sentido
que suspira de dolor;
y en los mágicos hechizos
de tus rizos
prende fuego al trovador.
Y mando entre las delicias
del amor, y tus caricias,
dulce lazo,
me aprisiona en tu regazo
el imán de tu beldad,
no temas, no, que te implore
porque llore
mi perdida libertad.