Es triste mirar roto el pudibundo
sueño que al alma le prestaba encanto;
ver una madre que, anegada en llanto,
besa el labio del hijo moribundo;
sentir del corazón en lo profundo
de nuestra fe extinguirse el faro santo;
dudar de Dios y su piedad, en tanto
que por doquiera se oscurece el mundo.
Es muy triste morir apaleado;
tener el corazón de hierro o cobre;
ser manco, tuerto, tonto o jorobado;
no hallar mujer, aunque el amor nos sobre;
pero estar es más triste enamorado,
rico en proyectos, y en dineros pobre.