Somos como un caliente paisaje al mediodía,
somos como una selva fatídica y oscura,
fríos como una noche de invierno y de amargura,
alegres, como un rayo de sol de Andalucía.
Somos diamantes negros que enciende en fantasía
de lumbre y de pasiones la juvenil locura:
besos de primavera si miran con ternura,
y trágicos puñales en la explosión bravía.
Hechos para las noches de amor bajo las parras
en una de esas cálidas huertas españolas
donde hablan los claveles y lloran las guitarras,
somos los ojos negros, los ojos fascinantes,
que Goya pinta en gráciles majas y manolas
y lucen las morenas gitanas de Cervantes.