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PoetósferaLa Prosa BreveVicente Riva Palacio

Vicente Riva Palacio

Las gotas de agua

español

Era un día de los más calurosos en la mitad del verano. El sol derramaba torrentes de fuego y de luz sobre la tierra, cruzando por un cielo profundamente azul, y en el que no flotaba ni la más ligera nubecilla.

Dormían los vientos en las húmedas grutas de los bosques; se abrigaban los pájaros en lo más tupido de la selva; los insectos silbaban entre la hojarasca, y todo en la Naturaleza parecía desmayar de sed y de fatiga.

Las hojas lánguidas colgaban en sus tallos, y unas flores cerraban sus corolas y otras se inclinaban lanzando su perfume para pedir la lluvia, porque el perfume es la plegaria de las flores, como es también su canto de amor. Pero ninguna murmuraba en el bosque, y esperaban resignadas á la nube bienhechora que debía traerles la lluvia.

Sólo en uno de los valles, esas pequeñas florecillas que brotan entre la hierba, y que son como niños entre las otras flores, murmuraban y pedían agua con toda la irreflexión de la infancia.

Envuelta en transparentes cendales de color de rosa, cruzó entonces una Hada sobre aquellos campos: no hicieron las florecillas más que mirarla, y comenzó entre ellas una especie de sublevación para pedirla el agua.

En vano la Hada les hizo ver que sin la preparación de la sombra que llega con las nubes antes que la lluvia, y después con esa veladura que á la luz del sol le dan las últimas gasas que deja tras de sí la tempestad, el agua podría serles muy dañosa. Las florecillas no escucharon su razonamiento, y tanto insistieron, que la Hada se resolvió á darles lo que pedían.

Entonces hundió su regadera de oro en uno de los estanques vecinos; la tranquila superficie del agua se rompió con estrépito, formándose en todas direcciones movedizos círculos bordados por los rayos del sol de luces y colores, y que se ensanchaban, se multiplicaban, se cruzaban sin confundirse y seguían trémulos y caminando hasta morir entre las rosas que en los bordes se inclinaban para mirarse en las aguas del estanque.

La Hada retiró la regadera henchida, y arrojando pequeñas gotas que, heridas por los rayos del sol, parecían una cascada de estrellas, comenzó á derramar improvisada lluvia sobre las florecillas del prado.

Ávidas presentaban todas ellas su cáliz y se sacudían de placer sobre sus tallos, como hacen los pajaritos después de la lluvia, y todas quedaron ostentando, como una joya en sus corolas, menudas gotas de agua, que ya tomaban la forma de una esfera de cristal, ó ya la de un disco convexo.

Partió la Hada, y en los primeros momentos todo fué alegría entre aquellas florecillas; pero poco á poco comenzaron á sentir un calor desconocido y terrible. Los rayos del sol, concentrándose en aquellas gotas de agua, penetraban como dardos de fuego hasta el corazón de las flores; y antes de que esas gotas se hubieran evaporado, las flores doblaban la cabeza mustias y marchitas.

Cuando soplaron en la noche las auras, ninguna flor de aquéllas pudo ya sentir sus caricias.

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Expediente

Autor
Vicente Riva Palacio (1832–1896) · Wikidata Q978389
Título
Las gotas de agua
Lengua
español
Forma
Cuento breve
Colección
Cuentos del general, Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1896
Nota
OCR archive.org ed.1896 reparado por colación (Franky 30-ago). La pieza más limpia del lote. «una Hada» (mayúscula, femenino) se conserva: consistente tres veces en la edición 1896.
Sala
La Prosa Breve
Identificador
las-gotas-de-agua--palacio
Cita recomendada
Vicente Riva Palacio, «Las gotas de agua», Poetósfera, poetosfera.com/p/las-gotas-de-agua--palacio.html

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