Hiere la lista mano con energía
las resonantes cuerdas de la guitarra
y de su oscuro seno brota bizarra
como hirviente cascada la melodía.
El cendal que a la negra melancolía
con oprimido lazo mi pecho amarra,
a su soberbio empuje su tul desgarra,
al abrevarme hidrópico en su armonía.
Ya pianissimo rueda, cristal luciente,
ya en galantes allegros juega bullente,
ya en gallardo crescendo muge y restalla,
hasta que en el delirio del entusiasmo,
como un sonoro beso de ardiente espasmo
la tónica vibrante su voz acalla.