38. Ok xepe chi[c]a chiri chu vi huyu [c]akba[c,]ulu, xutzak ka [c]hakap
Tol[c]om chupam choy: ok x[t]ahar can ri tzam tzakbal Tol[c]om. Ok xe
cha [c]a koy[c]o chupam ree choy, xa[c]a ahilam xi[c]o xquixibih qui
conohel ok xquituc rupam ree choy. Chiri xetzako vi quij pan pati payan
chocol ru bi, quetabal quinaual; chila xe el vi beleh tulul, ha ri pa
Chitulul. Ok xtiquer [c]a ri [c]ovic pa choy ronohel ahlabal, xavi
xambey chic xbe ri [t]a[t]avitz, hun [c]a rana Chetehauh ru bi. X[c]ohe
can chiri xetzako vi qui ha ri tzam [c]abouil Abah ru bi. Vacami tok xbe
xuhalibeh: cani[c]a x[t]ekumar ru vi ya, canix pa e ca[t]ik, cakcut cum
chuvi ya, x[c]iz [c]a ru tuc ru pam choy. [c]oh xraho, xukacah tah ru
apon chi ya, e[c]o vi xcha [c]a chire xeboco Ah[c,]iquinahayi: Mian
xkatuc rupam ka choy ka palouh, at ka nimal, hu[c]am a choy, hu[c]aam
Utzan, at nucha[t], [c]hakap a choy, [c]hakap [c]a a [t]uz[t]um, a
vokok, a tap, a car, [c]hakap [c]a a [c]hupup, a raxah tux, xa xere
mixa[t]aba vinak [c]oh ti camican chupam chachux, xcha Ah[c,]iquinahay
chire. Xepe chic, xepaxin chic qui, xavi tzolih chipe, xrah y[c]o ru
xelpe, mani chic tuna. Xcha: ba xcha vi vana, nak mix [c]amo? Kitzih ti
be nu canoh ti vil na xchax be labal chic ru[c]ux. Xe vikon, kitzih
tixibin ok xebe canoy rana: cani[c]a xuxibih ri ama[t] [c,]utuhile, xcha
chire ama[t] [c,]utuhile cooni [c,]ununaa. Cani[c]a ha x[c]hao ri
Ah[c,]iquinahay chirichin: At ahauh, at nucha[t], nu nimal, xa vave
tuban vi a vana, mixkahach ka choy, hu[c]aam a choy, hu[c]aam [c]a nu
choy tux, xcha, he pokon xe runa ri ahlabal, xa cha xelah ri
Ah[c,]iquinahay. Xcha chi [c]a ri ka mama [t]a[t]avitz: Nak ruma tiqui
va[c]axah atzih, at nucha[t], qui ru [c]hac pe ri ni[c]ah coon, [c]oh ta
xtinuban chire. Xcha chi xa e Ah[c,]iquinahayi. Quere[c]a ruhachic choy
ri quecha ka mama, quere navipe kacha[t] kanimal vi ki ri ru[c]in
nabey ka tata ka mama ri [t]a[t]avitz, Cactecauh [c]a chi [t]ekum [c]a
chi a[t]a ok: ok xquiban ree, mehaok ticaker, quecha, xa[c]a halachic
maticaker chiri. Xeapon chi[c]a chuvi huyu Pul[c]hi[c]h, chiri [c]a
xetak viel.
Traducción
38. Cuando estaban en el cerro Qakbatzulu, arrojaron al lago una parte del cuerpo de Tolgom. Así comenzó la fiesta de "arrojar la nariz de Tolgom." Entonces, se dice, se oyó un ruido en las aguas, y a su paso todos se aterraron cuando hubo esos movimientos en las aguas del lago. Muchos en esas ocasiones se reunían en el sitio llamado "los baños comunes" (Payanchocol). Practicaban muchas artes mágicas. Nueve zapotes se hallaron en el sitio llamado Chitulul. En aquel tiempo los guerreros comenzaron su paso por el lago. Gagavitz los siguió con su hermana, llamada Chetehauh. Se establecieron y se asentaron en la punta llamada así por el dios Abah. Poco después de la llegada de Gagavitz, en verdad ocurrió una cosa temible cuando él entró en el agua, habiéndose transformado en Zutzucumatz. De pronto oscureció sobre el agua, se levantó un viento, y una nube blanca se posó en la superficie, dando vuelta al agua del lago. Deseaban quedarse allí; pero primero era necesario someter el poder de los tzutuhiles. Todas las siete naciones miraron en torno y luego bajaron al agua. Los que allí estaban dijeron entonces a los hijos de los Ahtziquinahay: "Apenas hemos dado la vuelta a este lago nuestro, este mar, oh hermano mío. Pero sea tuya la mitad del lago, y la mitad de los frutos, de los gansos silvestres, de los cangrejos, de los peces." Así habló, y los otros tomaron consejo: "Está bien, hermano mío: que la mitad del lago sea nuestra, y la mitad de tus frutos, de tus gansos silvestres, de tus cangrejos, de tus peces, la mitad de tus bellotas y la mitad de tus plátanos sea nuestra, y de todo lo vivo que mates en las aguas o bajo ellas." Así respondieron los Ahtziquinahay. Entonces se separaron y se fueron, pero pronto volvieron, deseando obtener esposas, pues ninguno estaba casado, por la ausencia de mujeres; ni sus madres ni sus hermanas los habían acompañado. Decían: "¿Dónde habla mi muchacha? ¿A quién tomaré por esposa? En verdad, salgamos a buscar donde se dice que hay una guerra por corazones." Se pusieron sus armaduras, y eran de veras terribles cuando salieron en busca de mujeres. Los tzutuhiles se asustaron, y les dijeron los cakchiqueles: "¿A quién tomaré por mujer mía? ¿Quién ha declarado la guerra a mi corazón?" Así hablaron al pueblo tzutuhil, a las mujeres de Tzununa. Entonces les habló el Ahtziquinahay: "Señor mío, hermano mío, mayor mío, aquí en verdad está tu doncella. Habéis dividido con nosotros las aguas; la mitad del lago es tuya, la mitad es nuestra." Así habló, y sus guerreros se afligieron por sus palabras, cuando el Ahtziquinahay habló así para concluir. Entonces Gagavitz, nuestro antepasado, dijo: "¿Quién de vosotros viene a tomar esposas? Bien estaría que os quedarais con las partes de las mujeres. Pero oigo tus palabras, oh hermano mío; su victoria es por las partes de sus mujeres. Quedándome, esto haré." Así habló a los Ahtziquinahay. De esta manera, dicen nuestros mayores, fue dividido el lago, y de esta manera nuestro hermano y mayor se quedó con los tzutuhiles. Ningún otro de los nuestros se quedó. Nuestros primeros padres y antepasados, Gagavitz y Zactecauh, siguieron adelante, y volvieron a la oscuridad y la noche. En aquel tiempo su alba aún no había llegado; pero no mucho después de hacer esto comenzó a brillar. Subieron a la montaña Pulchich, y de allí partieron. Este es su amanecer.