Me amabas, sí; pero con tal exceso
que, un día, al verme con Martín del brazo,
por darme a prisa un beso y un abrazo
cayó en los labios de Martín el beso.
Yo celoso, tú viva y él travieso,
le sorprendí dormido en tu regazo;
pero otro más feliz rompió ese lazo,
dándole a tu pasión nuevo embeleso.
Si así vive tu amor lo que un suspiro,
y tu ilusión se anuda o se desata
al soplo del capricho y la fortuna,
eres como el espejo en que me miro
que, si bien las imágenes retrata,
refleja todas —¡sin guardar ninguna!