Con la crédula fe de los infantes
la humanidad por las edades vino,
glorias soñando en su inmortal destino
y quimeras grandiosas y brillantes.
Pero al fin en sus manos anhelantes,
rasgado el velo del ideal divino,
vio al mundo innoble, sórdido y mezquino;
y riendo de dolor surgió Cervantes.
Noble y altiva y a la par grotesca,
amasando la vida con su llanto,
alzó su ambigua estatua quijotesca...
Y del Manco doliente de Lepanto
la acerba carcajada gigantesca
oyen los siglos con secreto espanto...