Al altanero y encumbrado pino
díjole un día la rastrera grama:
—¿Por qué tan orgulloso alzas tu rama
cuando no alfombras como yo el camino?
Y él respondió: —Yo doy al peregrino
sombra, cuando su luz el sol derrama,
y cobijo las flores cuando brama
el ronco y desatado torbellino.
Así el vulgo al poeta gritó un día:
—¿Por qué miráis indiferente al suelo?
¿Qué hacéis? ¿Quién sois? —Y el bardo respondía:
—Soy más que tú, porque tal vez recelo
que sólo de mi canto a la armonía
comprendes que hay un Dios y que hay un cielo.