¡Ah! decía una lagartija miope, asomando entre las ruinas musgosas su cabeza triangular; ¡oh, qué feliz soy! he encontrado la realización de mis sueños, —y veía extasiada á lo lejos. ¡Cómo brilla ese diamante, perdido en la arena! parece una ascua. Yo amaba al sol por esplendente; pero ¡está tan lejos! y ahora me encuentro con algo que brilla más; esa piedra preciosa que chispea ardientemente. Voy á acercarme. —Y todos los días la tímida enamorada no se atrevía á emprender el camino de veinte varas, para estar junto á aquello que brillaba tanto y la tenía loca de pasión. —¡Me ve! decía casi llorando de placer, ¡y relampaguea! —Y el sol arrancaba dardos de luz á aquel diamante; dardos de luz que para la soñadora eran miradas... ¡Qué de sueños le inspiró á la pobre apasionada! ¡qué de proyectos! —Valor, se dijo un día; —y se acercó tanto, que llegó junto..... Era un vidrio de botella que al ser movido gruñó con voz aguardentosa..... La lagartija apenas pudo huir al hueco de la ruina, junto al viejo varejón carcomido por los gusanos; y les dijo antes de espirar presa de la tisis, esa consecuencia de los amores imposibles: —¡Ay, vecinos! si amáis alguna vez, amad de lejos; porque así parecen diamantes los vidrios de botella!