¡Soy tuyo, todo tuyo! Ni un momento
lo que por ti, por otras he sentido,
y a tu solo recuerdo, el extinguido
calor del alma reanimado siento.
Tú infundes a mi espíritu su aliento
y cuando me hallo enfermo y abatido,
es tu cándido amor el dulce nido
donde va a descansar mi pensamiento.
Por ti vivo, por ti la ardiente idea
que en mi cerebro bulle y se elabora,
en mi frente y mis ojos centellea;
y hasta mi estrofa, rítmica y sonora,
cual raudal que entre flores serpentea,
besa tus plantas y tu sombra implora.