Tú llenaste mi vida de consuelo
Elevando hasta Dios mi inteligencia,
Mostrándome cual fin de la existencia
Á su divina ley la sumisión ;
Y grabando solícita en mi pecho
De Jesús la doctrina bienhechora,
Impediste á la duda destructora
Penetrar en mi joven corazón :
Tú infundiste en mi alma el entusiasmo
Por todo lo que es grande y generoso ;
Y amé cuanto encontré bueno y hermoso
Siguiendo tu sublime inspiración.
En tu vida tan llena de infortunio
Me mostraste un modelo de paciencia,
Sufriendo del destino la inclemencia
Sin lanzar una queja de dolor.
De virtudes austeras fiel dechado
De amor y caridad ejemplo santo,
Cumpliste tu misión... y yo entretanto
Me vi sola en el mundo sin tu amor.
Y seguí mi camino doloroso
Que subió con su noche el desamparo,
Sin más que la esperanza, débil faro,
Para guiar mi planta en la orfandad.
Mas al partir \ oh madre ! me dejaste
Un protector que vela desde el cielo
Por aquellos que sufren sin consuelo,
Cubriéndolos con manto de piedad.
En mi Dios cuyo nombre bendijeron
Mis labios infantiles á tu lado,
Y á quien por mí los tuyos han rogado
Al acercarse tu hora funeral.
Confiando en Él aguardo, madre mía,
El fin de esta existencia fatigosa,
Y espero en esa patria venturosa
Encontrar tu regazo maternal.
2Í>6 POETISAS AMERICANAS