¡Cuánto sufrí y qué solo! ni un amigo,
ni una mano leal, que se tendiera
en busca de la mía; ni siquiera
el placer de crearme un enemigo.
De mi angustia y dolor solo testigo,
de mi terrible vida compañera,
fue una pobre mujer, una... cualquiera
que hambre, pena y amor partió conmigo.
Y hoy, que mi triunfo asegurado se halla,
tú, amigo por el éxito ganado,
me dices que la arroje de mi lado,
que una mujer así denigra... ¡Calla!
Con ella he padecido y he triunfado.
El triunfo no autoriza a ser canalla.