Proteja tu recuerdo el flébil canto
que exhalo en estas rimas suspiradas;
pálidas hojas de flexible acanto
a una rota columna entrelazadas.
Hoy que el silencio en mi efusión quebranto,
del Edén a las cumbres sonrosadas,
filial ofrenda que sublima el llanto,
lleven mi voz las auras perfumadas.
Alúmbreme un destello de tu gloria,
¡óptimo Padre! y desde el cielo riega
mi huerto porque dé frutos mejores.
Mas ¡ay! que sumergido en tu memoria,
mi vida ya en su otoño se repliega
como rústica tienda de pastores.