Rendido al sueño y al fatal delirio,
A una sombra siguiendo que me llama,
Descubro un lecho á la rojiza flama
Que espirante mantiene opaco cirio.
Marchito de su faz el blanco lirio,
Miro tendida en la funesta cama
A la muger, que el corazón me inflama,
Y crece y me sofoca mi martirio.
De rodillas me postro ante su lecho:
Abre sus tibios ojos y me mira:
Y balbuciente, y trémulo la estrecho:
Siento correr sus lágrimas, suspira,
Mi mano oprime, llévala á su pecho,
Pretende hablar alzándose y espira.