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PoetósferaLa Prosa BreveVicente Riva Palacio

Vicente Riva Palacio

La limosna

español

Quizá para muchos no tenga interés lo que voy á contar; pero como á mí me conmovió profundamente, por nada de este mundo se me queda esta narración en el buche, y de soltarla tengo, sea cual fuere la suerte que deba correr, y arrostrando el peligro de que algunos llamen sensibilidad á lo que los más califiquen de sensiblería.

Pero los hechos son como los acordes de la música; algunos los escuchamos sin conmovernos, y hay otros que tienen resonancia inexplicable en las más delicadas fibras del corazón ó del cerebro, y de los cuales decimos, ó pensamos sin decirlo: Esas notas son mías.

En una de las ciudades del Norte de la República mexicana vivía Julián. No sé cómo se apellidaba, pues por Julián no más le conocíamos, y era un hombre feliz. Un herrero honrado y laborioso, mocetón membrudo y sano, que en su oficio ganaba más que necesitar podía para vivir con su familia. Por supuesto que no era rico, ó mejor dicho, acaudalado. Tenía una pequeña casita en los suburbios de la ciudad, y allí, como en un nido de palomas, habitaban la madre, la esposa y el hijo de Julián. Allí todo el mundo se levantaba antes que el sol; allí se trabajaba, se cantaba y se comía el pan de la alegría y de la honradez. Julián volvía los sábados cargado con el producto de su trabajo semanal; íntegro lo ponía en manos de su mujer, y ella sabía distribuirlo con tanta economía y tanto acierto, que el dinero parecía multiplicarse entre sus manos. Era el constante milagro de los cinco panes repetido sin interrupción, y no se olvidaban ni faltaban nunca los cigarros para Julián, ni la copita de aguardiente, antes de la comida, para la suegra.

El chico se llamaba Juanito: fresco, limpio, alegre y con sus dos años encima, como si tuviera ochenta, vacilaba corriendo tras de las gallinas en los corrales ó arrancando las flores en el jardincito de la casa. Pero era tan cariñoso y tan zalamero, que cada una de esas travesurillas le valía un rosario de besos del padre, de la madre ó de la abuelita, que él recibía riéndose á carcajadas y mostrando su desigual y naciente dentadura.

Una tarde Julián esperaba en el taller el pago de sus trabajos de la semana. Repentinamente oyó la campana de su parroquia tocando á fuego, y sintió que el corazón le daba un vuelco. No había motivo de alarmarse; la parroquia tenía gran caserío, y, sin embargo, él sintió que su casa era la que ardía. Echó á correr precipitadamente, y era verdad: las llamas devoraban aquella habitación pocas horas antes tan dichosa.

Todos los esfuerzos habían sido inútiles: nadie pudo escapar del fuego. Julián no preguntó ni los detalles; en una hora lo había perdido todo en el mundo. Quedó sin sentido; alguna familia cariñosa lo arrancó de allí, y por más de seis meses no volvió á saberse de él.

Habían pasado cuatro años ya, y Julián, siempre triste, seguía asistiendo con su acostumbrada puntualidad al taller. Tomaba de su salario lo que estrictamente necesitaba para mantenerse, y repartía lo demás entre los pobres de su parroquia. Los sábados, sin embargo, tenía una extraña costumbre. Salía por las calles con una guitarra; entraba en las casas y cantaba con una voz muy dulce canciones tan melancólicas y tan desconocidas, que los hombres se conmovían y las mujeres lloraban; y después, cuando alguna de ellas, enternecida, le llamaba para darle algo de dinero, él decía con un acento profundamente triste: «No, señora, no quiero dinero; ya me han pagado ustedes, porque sólo vengo á pedir limosna de llanto.»

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Dónde vive
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Expediente

Autor
Vicente Riva Palacio (1832–1896) · Wikidata Q978389
Título
La limosna
Lengua
español
Forma
Cuento breve
Colección
Cuentos del general, Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1896
Nota
OCR archive.org ed.1896 reparado por colación (Franky 30-ago). El párrafo del herrero venía destrozado por el layout de columna; lecturas restituidas por testigo.
Sala
La Prosa Breve
Identificador
la-limosna--palacio
Cita recomendada
Vicente Riva Palacio, «La limosna», Poetósfera, poetosfera.com/p/la-limosna--palacio.html

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