El sol a hundirse va: por la pradera
baja el pastor en pos de la majada,
con el gozo del alma en la mirada,
fija en su hogar, donde el amor le espera.
La tarde es dulce y bella; nada altera
la calma melancólica y sagrada:
parece que la tierra desolada
como el rayo de luz languideciera.
Pasa un instante más: ya el sol se ha hundido,
ya de formas informes se ha cubierto
esa hermosa pradera tan galana...
¡Triste es la soledad como un gemido!
¡Oh, sol, vuelve a poblar este desierto!
¡Vuelve a llenarlo de tu luz mañana!