¿A qué, si sabes que huye la hermosura,
la dejas de gozar en la dichosa
edad en que los sueños de oro y rosa
olas llevan al alma de ventura?
Cuando ya la vejez, con mano dura,
a la ayer tersa faz torne rugosa,
del tiempo que perdiste desdeñosa,
inútil es que llores la premura.
Árbol es la mujer; el tiempo alado
róbale sin piedad sus dulces flores,
a pesar del ingenio y del cuidado.
Mas nada son del tiempo los rigores,
¡oh, Leocadia! si en fruto delicado
se trueca el florecer de los amores.