Lo mismo que dos astros luminosos
que cruzan por el cielo vespertino,
sin poder confundir ni su camino
ni el chispear de sus haces temblorosos,
¡vamos tú y yo, cansados y tediosos,
a merced de los vientos del destino,
con la nostalgia de un amor divino
en nuestros corazones dolorosos!
Pero como entrecruzan sus destellos,
alguna vez, en la extensión serena,
los astros de flamígeros cabellos,
¡se entrecruzan también con la mirada,
alguna vez, mis penas y tu pena,
mi alma febril y tu alma desolada!