LA OTRA · REVISTA DE POESÍA Y ARTES · DESDE 2008  

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Saúl Ibargoyen

12 de mayo de 2010

Urumex asumido, originario de Uruguay, pero sobre todo hombre que se concibe a sí mismo en la frontera. Con más de cien títulos publicados, Ibargoyen recibió homenaje en la Ciudad de México. Aquí sus poemas, una entrevista y una galería de imágenes de Pascual Borzelli.

 

 

 

 

TÁBATA

 

La añosa animala

con su oscura pelambrera

de estos últimos días:

la anciana virgen

como aquella reina apegada

a su único poder:

la añeja bicha

que no pudo ser persona

de falda volandera

o ajustado pantalón:

que no compró perfumes

ni cremas de marca

ni insultó a la torpe sirvienta

ni exigió calmantes

para un frívolo dolor:

la mamífera destetada

con sus temblantes patas

con sus orejas plenas

de sonidos ocultos

de aullares distantes:

la extraña gruñidora como una emanación

o un golpe de vida

que jamás comprenderemos:

la antiquísima sombra de todos los perros

que gritan mean babean huelen

fornican y pasan

por la neblina de las ciudades enfermas:

una perra nada más

llorándose lágrima adentro

en un sitio solo:

ladrándose en medio

de un silencio de cáscaras negras:

gimiéndose en este mes de mayo

porque cada mes es siempre

el mes más cruel.

 

 

OJOS QUE YA NO VEN

 

(a Mario Benedetti, in memoriam)

 

Es este el mar que tus ojos de ayer ya no contemplan

Y aquella es la luz que tus ojos no verán

Venir hacia ti con sus impalpables escamas

De oros populares y de lúcida sangre.

No es este el aire del Sur que transita tus pulmones

Cerrados a veces como una voz que no quería cantar.

Tampoco son las lluvias castigando con uña congelada

La esplendente madera de esa casa tan rígida

Que tu cuerpo inaugura.

Ni son las espumas barrosas del río cercano a tu infancia:

El oceánico río del que nunca pudiste separarte.

Ni el verde que tus ojos no podrán ver otra vez

El verde de una ciudad sin muros ni fronteras

Ni huesos de tranvías amarillos

Ni calles de barrios enquietecidos

Adonde fermenta el futuro

Con toda su sacra violencia y sus banderas.

No escucharás de nuevo tus palabras

Apegadas a aquellas melodías que son también palabras.

Porque el silencio no fue hecho para ti

Porque has sabido devorar tu propia sombra

Porque si hubo un dios

Ese dios fue tu conciencia de bicho social.

Porque verbo fuiste quizá desde siempre

Y en verbo de muchos

Con nosotros serás.

No conocimos todo de ti:

Lo más tuyo de vos y tu entretela

Pero es seguro que esa oscuridad

Nos traerá la luz que dejaste de ver.

 

México DF, mayo 2009

 

 

PREGUNTAR, NO MORE

 

Preguntemos a cualquier cantador

de qué materia o sombra

haremos líneas de sufridas palabras:

buscando quizás el acento central

que ordene los sonidos naturales

junto a la temblante saliva de la especie.

Preguntemos también en estos numerosos

momentos de astros azules y rojos

por qué existen pájaros en el inmundo aire

de cada ciudad y su anunciado naufragio.

Preguntemos por qué aún los perros ejercen

su líquido o sólido alivio en plazas

contagiadas de infortunios humanos.

Y por qué en el hediondo sistema

que funciona asfalto abajo

parece reiterarse el contenido

que hembras y machos sueltan

sin visible señal de acabamiento.

Preguntemos a quienes desean cantar

al ritmo de ofuscados mandatos

de sórdidos puñales

de agridulces venenos

de balas descompuestas.

Preguntemos a la sordera

de los más puros cantantes

si utilizan en sus versos

la designación que corresponde

a niñas descalzonadas

a infantes burdelescos

a las hambres cotidianas

a los sobacos de amarga pus

a las lenguas segadas

a los olores ventrales

a las guitarras partidas

a los libros emputecidos

a los condones resecos

a las arterias vaciadas

a las leyes desvanecidas

a los cheques corruptores

a los pantalones rendidos

a las cebollas podridas

al engaño interminable.

Preguntemos aunque todos sepan

el sucio tamaño de cada respuesta.

 

 

HUACH*

 

En todos los idiomas crecen

directas palabras que vienen de un gruñido

o se hinchan letradas salivas a causa

de un olor nada más que distinto

o se extienden sonidos de guerra

porque una frágil sombra sin cuerpo aparece.

Y las palabras nombran -siempre-

ciertos objetos anteriores a ellas mismas:

las cosas bautizadas como lanzas

hondas flechas bombas negras

escudos pistolas puñales cadenas

cañones guillotinas venenos segures

espadas cruces de fuego jabalinas garrote vil:

objetos inventados en el aire de la humana Historia

objetos de sutil materia y podrido silencio

objetos apoyados en exquisitos silabarios

y en ordenados sistemas de trazos y signos y letras

altas y bajas y comas y paréntesis y puntoycoma y comillas

y guiones y dos puntos erectos y tres puntos horizontales

y acentos y el esperado ineludible punto final.

Una neblina sin color distribuye sus millones

de núcleos de agua por los techos

y los patios y los pasillos y los sótanos

de tantas casas cuyos cimientos sólo pueden gritar

que los objetos chocan con sus nombres

y que ya no habrá nadie que conozca a nadie

en ningún sitio de este país y de la Tierra.

Extranjeros al fin y desde todo comienzo:

buena ocasión para dar inicio a lo que acaba

buena oportunidad para terminar lo que empezó.

 

* "Extranjero" en lengua maya.

 

 

VISIÓN SIN REALIDAD

 

No caminaremos entre esos huesos pálidos:

pálidos nosotros no tocaremos con suela invulnerable

la moribundia total de aquellos tiempos:

tiempos fermentando todavía

entre almanaques de dudoso cristal:

cristal fue el simple y alto aire

que un infante pudo tocar a plenos dedos:

dedos de lo interno en cada dedo

y sus pellejos y uñas como sólidas máscaras:

máscaras sin dimensiones de carne

ni fúlgidos gestos o muecas perdidas:

perdidas como esas o tales otras palabras

que trazan un hilo de vapor sin transparencia:

transparencia de pétalos carcomidos

por una llovizna que no encuentra

sus gotas ni su origen:

origen adonde nada empieza totalmente

ni se reitera ni crece ni termina:

termina en verdad este cúmulo

o despega raíces como partículas de odio

que suelen filtrar losas y ataúdes:

ataúdes inclinados sin decisión de naufragar

en espumas polvorientas o amargas:

amargas son las lunas que buscan

un sistema de energía originaria:

originaria de sueltos vocablos o estupores

es toda muchacha dispuesta al malolvido:

malolvido es el término que usamos

para ocultar un dolor agresivo

de la vieja infancia

o el grito propio bajo suplicio verdadero:

verdadero como la sombra de tus muertos

que quieren todavía respirar

a través de telas corrugadas y médulas

que se desplazan hacia el polvo:

polvo alzándose en las resecas vísceras

que ninguna lluvia puede quitar

de su interna decadencia:

decadencia es la del río que apenas

puede conducir sus flacas aguas:

aguas del más allá lejos

de cortezas de rocas

de arenas de apócrifo fuego:

fuego que nadie trajo hacia nosotros

que nadie inventó que nadie retuvo

en los sitios de su principal nacencia:

nacencia de bichos y figuras como incontables

y cambiantes personas que transitan

ámbitos de fulgor y de inmundicia:

inmundicia que excretan la pulsiones imperiales

mientras se pudren en el esmog las banderas

y se expanden más los chillidos

de tantos perros perturbados y profundos.

 

 

Siete preguntas a Saúl Ibargoyen
NO SOLO DE POESÍA VIVE EL POETA

 

Juan Carlos Castrillón

 

 

¿De qué manera renuevas tan constantemente la inspiración?

 

Si suponemos que la “inspiración” existe, casi no haría falta elaborar una respuesta, y no porque la pregunta sea obvia. Es una pregunta que sugiere una especie de introspección que apunta más a lo anímico que a lo estético. En mí, la escritura nace de la necesidad; ni los dioses escapan a ella, según los griegos de la época clásica. Más que la escritura, lo que aparece es una necesidad de expresión vinculada con una pulsión que empuja al ánima a comunicarse consigo misma. O sea a generar un intercambio de luces y sombras entre los yoes que nos habitan; y, claro, con los otros: la vapuleada Otredad. Allí está tal vez la raíz de los deseos, los primarios o esenciales, y los secundarios o desechables. La “inspiración” sería la puesta en acción del deseo, que en el poeta conduce, por mero fatalismo, a la escritura o la oralidad, mejor dicho, a la impermanencia verbal, metafórica, sonora, silenciosa y simbólica que, en su avatar, denominamos poesía.

 

 

¿Cómo se atrapa la imagen poética en una hoja en blanco?

 

La hoja en blanco señala una versión de un no-lugar, del vacío, de la nada. Atrae por eso mismo; pero antes, en el proceso que lleva a la manifestación escrita, esa imagen (o metáfora o símil o comparación o…) ya fue originada en el sistema sensorial, sensitivo e intelectivo. El cerebro reptílico y el cortex se entrelazan, pienso, para alcanzar un resultado que sólo los receptores podrán definir según su preparación, su entrenamiento poético, sus prejuicios, etcétera. Sin embargo, el suceso físico de la escritura (en mí el escribir significa escuchar lo que escribo)
puede modificar la pulsión originaria. Y si hay luego correcciones, no son para mí asunto meramente formal sino más bien el intento de recuperar o actualizar el o los instantes de la necesidad creativa. En esta veloz reflexión es seguro que haya contradicciones, pero ni modo.

 

 

¿Puede la poesía consolar a la mujer y al hombre de sus dolores, de sus miserias?

 

Quizá dependa del carácter de esos dolores y esas miserias, quizá dependa de cada persona o del momento en que una sociedad es agredida desde afuera y/o desde adentro. El alivio que se buscaba o se busca en la religión o en el Estado paternalista y protector o en la filantropía privada o en la diversión banal o en la alienación de diverso tipo o en el deporte de masas o en la autocompasión, parece que no funciona para las mayorías de la población mundial. “Vivir es peligroso” escribió Joao Guimaraes Rosa, y el actual capitalismo salvaje, aunque derrotado ideológicamente (v.g. sus grandes crisis), tiene capacidad para producir todavía más sufrimiento a miles de millones de personas. ¿Y la poesía? Es casi seguro, sí, que ayude, en casos individuales o grupales o en actos más o menos masivos y circunstanciales, a que el dolor personal y/o social se alivie. ¿Pero en qué medida y por cuánto tiempo? A saber… Habría que estudiar su posible función en estos tiempos revueltos.

 

 

Muchos de tus textos están llenos de una “rabia juvenil” que no termina, y a veces hasta puede llegar a asustar al receptor desprevenido. ¿Cómo se trasmuta ese duro sentimiento en algo artístico?

 

Es probable que cierto sentido de la justicia social, de la negación de la desigualdad, del rechazo a todo tipo de discriminación, etcétera, forme parte orgánica de la personalidad. Es algo adquirido, por supuesto, pero está en mí desde los años de la infancia, aun desde antes del ingreso a la escuela primaria. La pobreza huele mal, y mi familia (procedente por un lado de la clase media provinciana y por otro de la pequeña burguesía rural vencida por la crisis de aquellos años), fue entrando en esos feos olores, aunque sin tocar fondo. La experiencia social con los de abajo, sin ser de los de abajo, generó en mi ánima infantil una total repugnancia por las incontables situaciones de injusticia que percibí y viví, como reflejo en cierta proporción del autoritarismo de arriba. Esto me llevó a no idealizar a ninguna clase social, por más que ideológica y anímicamente estaré siempre de parte de “la humanidad sufriente”, de los trabajadores: soy uno de ellos. Esta postura, salvo algunas breves etapas de “ablandamiento”, se volvió inseparable de mi concepción general de lo humano concreto. Es el motivo por el cual eso que llamas “rabia juvenil”, que es en verdad una convicción pasional y racional sedienta y buscadora de justicia, se añade pues de modo natural al discurso creativo, tanto en poesía como en narrativa. Y en ello no hay concesiones ni conciliaciones, más allá del resultado artístico; aunque este último debe apuntar, decidida y aun ambiciosamente, a la más alta calidad posible.

 

 

¿Qué hace gozar a un poeta como S.I.?

 

La felicidad o la alegría compartida, sin importar su origen. Y la presencia del padre Sol cuando la recibo en el jardín, pues me recuerda que todavía soy un hombre más cerca de la naturaleza que de la cultura posmoderna o como se llame. Y cuando las fuerzas democráticas, de izquierda, progresistas avanzan en algunos países de Nuestra América.
Y la relectura de la carta de Don Quijote a la Dulcísima Dulcinea del Tobosa, la primera musa de que tuve conciencia…

 

 

¿Y qué lo hace sufrir?

 

Los desgarrantes efectos sociales de la corrupción del sistema neoliberal, de la Iglesia Católica y de las “izquierdas cómodas”, de las guerras interminables, del dinero en sustitución de la política, del cambalache cultural e ideológico que vivimos, de la vanidad de las pasarelas, de las mafias culturales, de los fundamentalismos absurdos, del éxito de las ferias de banalidades, de la hipocresía en cuanto pretensión ideológica, del consumismo insultante, del tráfico ilegal de lo que sea como una mera rama del capitalismo, de la degradación de media humanidad alienada, explotada, prostituida…
Y asimismo, el sufrimiento que he causado a otros.

 

 

¿Cuál crees que puede ser la poesía del futuro?

 

El futuro ha sido negado desde la derecha (Fukuyama, Octavio Paz, el Consenso de Washington…) para que así el capitalismo se eternice. Si la poesía (los poetas) no advierte en el tiempo de hoy señales de un futuro, o sea de un cambio en sentido contrario al actual sistema predominante, una transformación en cuanto a construir -al costo que sea- un sistema económico y cultural alternativo; si la poesía (los poetas) no percibe esas señales, entonces probablemente se registre a la larga o a mediano plazo una parálisis, una fatiga, una oxidación, un desánimo metafórico. La poesía, como todo discurso liberador, si se vuelve paralela al discurso social, se disuelve en la pura retórica, una especie de lirismo vacuo, como dijo no sé quién. Además, la poesía (y la cultura creativa y libre) tiene aún muchos enemigos, aunque el sistema suele levantar o inventar a algún poeta o artista que otro como símbolo y adorno de su propio poder, pues como sabemos ningún verso ha derrumbado ningún sistema ni tumbado un dictador (Cardenal) ni apagado las hogueras de la Inquisición (Saramago). Pero, mientras haya palabras y resuenen en nosotros los primeros aullidos de la especie para movilizar las metáforas históricamente acumuladas (Marx), habrá chance para la poesía del futuro. El futuro, no olvidemos, está en la nuca, pues no lo hemos visto; y el pasado está delante nuestro, pues lo conocemos. En fin, la palabra originaria y la palabra más reciente habrán de unirse, musas mediante. No sólo de poesía vive el poeta.

 

México DF, mayo 2010

 

 

 

Erótica Mia de Saúl Ibargoyen

 

 

Galería Borzelli de Saúl Ibargoyen

 

 

 

Publicado originalmente en La Otra · © del texto y las imágenes: sus autores. Forma parte del archivo de La Otra (fundada en 2008, dirigida por José Ángel Leyva) dentro de esta casa.
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