LA OTRA · REVISTA DE POESÍA Y ARTES · DESDE 2008  

La Gaceta

Sabines a 10 años de su muerte

16 de marzo de 2010

El colombiano-chiapaneco Ricardo Cuéllar habla de su investigación sobre uno de los poetas mexicanos más leídos y más queridos por el pueblo y los universitarios. Es una transcripción de una entrevista en Radio XERA de Chiapas.

 

 

 

ENTREVISTA A RICARDO CUÉLLAR VALENCIA

 

En radio XERA desde los Altos

 

Fredy López Arévalo

 

 

Jaime Sabines - Rosario Castellanos

 

 

ricardo-cuellar
Ricardo Cuéllar
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar; no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando por no salvar al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Los amorosos saben que nunca han de encontrar.

 

–Hola, muy buenas tardes. Soy Fredy López Arévalo. Ésta es la media hora para el arte: la crítica literaria, la poesía y la música. Hoy está en el estudio el poeta, amigo, ensayista colombiano, Ricardo Cuéllar Valencia, catedrático de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Chiapas, para hablar del gran poeta chiapaneco Jaime Sabines, justo en este 2009 que se ha declarado su año en el décimo aniversario luctuoso. Estamos en la cabina de la XERA desde los Altos. El poeta se ha preparado durante muchos años estudiando la obra de Sabines y tiene un libro inédito que debe ser publicado. Hemos optado por hablar de Sabines este día para recordarle a nuestro auditorio algo de la creación literaria de nuestro poeta. Para eso estamos aquí. Bienvenido, Ricardo, muy buenas tardes.

 

–Buenas tardes, Fredy, muchas gracias por invitarme… En efecto, el fragmento del poema que has leído de  Los amorosos, es uno de los 18 poemas de su primer libro, Horal, que ya lo había escrito Jaime Sabines a los 22 años,  se ha convertido, señala la crítica, en un clásico que trata del amor en lengua española. Un muchacho que a los 22 años logra un poema como éste quiere decir varias cosas: principalmente que ya había alcanzado  madurez intelectual, porque la forma en la que está escrito poco tiene que ver con lo que habían publicado, sobre el amor,  Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Pablo Neruda, entre otros, lo mejor de la tradición en lengua española en la primera mitad del  siglo xx. Habla  una voz nueva, diferente, y en esa medida es posible que no sea simplemente un joven sino un poeta con voz propia el que toma la palabra. Eso de la juventud es un poco fetichista, pero hablemos  de Los amorosos. En cierto sentido Horal fractura  la poesía amorosa tradicional, incluso la vanguardista, donde ya no es el hombre que está admirado y encantado con la presencia de la  mujer amada, sino que revela verdades radicales. Los amorosos siempre habrán de estar solos. El amor de una pareja termina en un momento dado, el amor no es eterno, pese a las buenas intenciones de todo tipo. Esta concepción sabiniana del amor está cambiando por completo la idea  de la poesía amorosa en nuestra lengua; ya en las cartas que escribió a Chepita, editadas recientemente, varias de ellas contemporáneas de Horal, uno se da cuenta cómo Jaime está en una lucha permanente para tratar de decir las cosas de una manera distinta. Sabemos que en los primeros años de su vida en la Ciudad de México él asistía a los círculos literarios debatiendo con los poetas consagrados y, principiantes, enseñando lo que trataba de hacer: una poesía diferente. En el tercer poema de HoralAmargo animal… va a darnos el tono de su nueva poesía, intimando de otra forma, deseando encontrarse no él mismo solamente, sino con la condición humana. Y destaca que ese amargo animal es el de todos los tiempos, prenatal,  pre-sustancial. De tal suerte que la preocupación sabiniana no es una soledad individual, de tipo romántico tradicional, es exactamente existencialista, hedonista moderna, pero, además, está tratando de conectarse con la soledad esencial de la condición humana como lo anunció el alto romanticismo europeo. Yo creo que esos tonos son los que el joven ya está buscando. Lo más trascendental es: el encuentro con el hombre en su profunda naturaleza humana. De manera que serían  dos polos  sus iniciales búsquedas: la soledad esencial, pre-sustancial y la nueva idea del amor que va a recorrer  sus versos a lo largo de toda la obra. Obvio que existen antecedentes o, como se dice desde la crítica literaria, relaciones intertextuales.

 

–¿Cuándo te encuentras con el poeta Jaime Sabines?  ¿Cuándo Ricardo Cuéllar Valencia se encuentra con la poesía Sabiniana?

 

–Mira. En Manizales un grupo de amigos editamos una revista que se llamaba Aire Roto, por allá en 1977 y ahí publicamos unos fragmentos de Autonecrología del poeta Jaime Sabines.  Alguna vez fui a Bogotá, por el año 75, y me encontré con una Feria del Libro. Caminaba con mi amigo Juan Manuel Roca y de repente vi dos libros que me llamaron  la atención por sus títulos, Yuria, de Jaime Sabines, y Vendimia del juglar, de Marco Antonio Montes de Oca. Antes de empezar a ojearlos me dice Juan Manuel: Ese libro de  Sabines es muy bueno. Compré los libros, los leí,  me encantaron por la novedad de sus metáforas, los ritmos y la belleza con que fueron escritos. Muy distintos cada uno: uno expresionista y el otro barroco. Poco tiempo después tuve a la mano Recuento de poemas y me fascinó. Es un libro de renovación del lenguaje poético de nuestra lengua, impresionante. No sólo es un nuevo respiro que logra para la poesía sino la búsqueda del cuerpo renovado, del nuevo cuerpo, que era una de las preocupaciones de mi escritura poética de esos días, de modo que encontrarme con la poesía de Sabines fue dar un salto muy grande hacia adelante en la escritura poética. Siempre me ha acompañado.
En una ocasión  estábamos en la Ciudad de México Rodrigo Núñez de León y yo, invitados a un homenaje a Joaquín Vásquez Aguilar en la Casa del Poeta Ramón López Velarde. Asistimos con David Huerta, Elba Macías, Adolfo Castañón y se me ocurrió decirle a Rodrigo, al salir del acto, que  me presentara a Jaime Sabines; le dije que yo lo quería entrevistar; ellos eran amigos desde Chiapas. Lo llamó y le dijo: Ricardo Cuéllar Valencia lo quiere entrevistar, es el autor del ensayo que salió en la revista La palabra y el hombre sobre su poesía: Aproximaciones a la poesía de Jaime Sabines. Le respondió el maestro: “Sí, lo he leído. Lo conozco. Tráigalo.” Así fue como llegué a la casa de Sabines al día siguiente. Nos saludamos. Ya estaba mal de sus piernas. Tuvo el noble gesto de parase apoyado en las  muletas y extenderme su mano. Me invitó a sentarme a su lado, en  una silla de mimbre. Pareció como si siempre nos hubiésemos conocido. Nos fuimos tratando, de inmediato, como dos viejos amigos, con gran empatía. Nos pusimos a  platicar de Colombia. Me dijo que recién casado se fue a pasar su luna de miel a Bogotá y que estuvo fascinado conociendo el Cerro de Monserrate y otros lugares; también que había un muchacho que tenía un programa de radio en Cali, quien leía su poesía. Le dije: Usted es bastante leído  en Colombia. Hay mucho lector de su obra en todas las ciudades. Yo traía la solicitud de los directores del Festival Internacional de Poesía de  Medellín para que Sabines fuera a leer allá, pero finalmente las quejas físicas no lo dejaran llegar al Festival,  para sus lectores colombianos y los poetas asistentes hubiese sido una maravilla. Él lo deseo pero no pudo. Así fue como nos conocimos.

 

La entrevista fue muy interesante porque yo le pregunté, principalmente sobre la poesía chiapaneca. Creo que es la única entrevista que se le hizo sobre los poetas chiapanecos, no conozco ninguna otra, y he leído por lo menos unas 25. Le pregunté por los poetas que lo anteceden  y algún respeto y admiración sentía por Rodulfo Figueroa y Duvalier; mas, sin embargo, no me dio mucho gusto su mención de Ramón Roserberg Mancilla, a quien leyó y se lo aprendió de memoria,   decía poemas de él en la cantina y exclamaba: esto sí es poesía, cuentan sus amigos, de esos días. Se me hizo muy extraño.  Su grado de admiración por Rosario Castellanos, su íntima amiga y compañera de generación, fue muy especial. Son los dos que logran romper con la tradición, con la escritura poética mexicana. A Rosario Castellanos no se le ha estudiado como poeta; se le ha reivindicado escasamente como  novelista sociopolítica, que es muy importante, pero para mí trasciende más la obra poética. No se le ha estudiado, de verdad.

 

La poesía de  Jaime Sabines  empieza a estudiase, pero más se le ha difundido, que bueno; se le han hecho homenajes; en mi libro de investigación sobre su obra  recojo más de 100 textos donde se habla de su obra poética desde distintos puntos de vista: homenajes al amigo, textos afectuosos; hay ensayos bastante lúcidos. Por supuesto, los de las españolas son trabajos que lo reconocen con análisis  esclarecidos resultado de tesis doctorales; tuve acceso a varias de ellas.  Referente a los escritores mexicanos no hay poeta que no haya escrito sobre Sabines.
Las entrevistas son 16, ordenadas y clasificadas; armo también una poética tomada de poemas, entrevistas y  discursos donde Sabines habla sobre la poesía. Concibo una antología de poesía amorosa, erótica, mística; apenas algunos mencionan la poesía mística de Sabines. Hablo en el ensayo introductorio de la lucha feroz contra metafísica desde el primer libro y la subversión de la  mística de la poesía en  lengua española, en ciertos momentos de la obra poética de Jaime Sabines.

 

–Poeta, desde la perspectiva académica, ¿cómo se aborda la poesía de Sabines, en tus cursos académicos? ¿Esta educación es parte de la formación de los universitarios?

 

–En efecto. Imparto un curso  Literatura hispanoamericana actual.  La trampa es la palabra actual. La  cuestioné porque no se trata sólo de los jóvenes sino de lo que es actual y plenamente vigente. Para no ir muy lejos, empecé el curso con un análisis del primer libro de Sabines, Horal, y del primer poema de Rosario Castellanos, Trayectoria del polvo. Vimos otros poetas hispanoamericanos. Cerré el curso con la poesía de Juan Bañuelos y Joaquín Vásquez Aguilar.
Di un curso, el año 2008, sobre literatura chiapaneca y me  dediqué un poco a la obra literaria y retórica  de fray Matías de Córdoba, Rodulfo Figueroa y Armando Duvalier e hicimos homenajes públicos, en la Facultad,  a esos  escritores. De eso se trata, de profundizar, en mis cátedras, en las  obras de los escritores que más conozco, que más he estudiado, y desde la Facultad de Humanidades, desde Chiapas, espacio donde se deben impulsar los estudios sobre la poesía de Jaime Sabines, y otros.  Considero, con toda claridad, no seguir esperando que la UNAM,  el Colegio de México, la UAM nos enseñen los libros que ellos hacen sobre Sabines y Rosariio, sino que aquí, además, contamos con ventajas precisas e ineludibles: el privilegio y la cercanía de pensarlos con más verdad, con esa verdad que hace posible la territorialidad vivida, asumida, las amistades como testigos reales de la sobrevivencia y, por supuesto, todo lo que implica el ethos.

 

Desde Chiapas,  se entiende mejor la poesía de Sabines, más que desde cualquier otra parte. Hay un sabor, hay un aire chiapaneco en su obra, una forma de ser de la palabra, sin caer en chovinismos y menos en localismos, pero quien vive aquí entiende el tono de la voz del chiapaneco, y  Sabines lo hace poéticamente inconsciente, de manera magistral; allí está el calor de Tuxtla, esa parte tropical se encuentra en Tarumba, sin hablar de la subversión de la mística y la lucha feroz contra la metafísica, que es fundamental y decisiva para la nueva poesía escrita en la lengua española. Se trata de analizar e interpretar el texto, verso a verso, revelando las figuras literarias recurrentes, los ritmos y los sentidos profundos, humanos,  filosóficos y literarios, obviamente de la poética allí subyacente.

 

 

II PARTE

 

 

Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosas, hambrientas, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de los que creen en el amor como a una lámpara de inagotable aceite.
– Poeta, es muy agradable hablar de Jaime Sabines aquí contigo… ¿Cómo valoras la actividad, la promoción, desde el Consejo para la Cultura y las Artes en Chiapas?

 

–Pues se hizo un evento grande, el segundo, en el año 2009, con invitación a distintos escritores destacados. Hubo presentaciones de videos que no se conocían antes en Chiapas. Vi varias de las entrevistas  con el ya maduro Sabines; recuerdo una que me impactó: tendido en una hamaca, con la camisa abierta; me puse a observar no tanto lo que decía sino lo que hacía con las manos, sobre su propio rostro y sobre su  pecho, disponiendo las manos con una sensualidad masculina exquisita. He estado tentado a escribir un ensayo sobre la sensualidad o sobre la auto sensualidad de Jaime Sabines. No era una pose. Él era así, me lo han señalado hombres y mujeres que lo trataron de cerca. Era un poeta esencialmente renovador en todo, hasta en la manera de acariciar su propio cuerpo. Los comentarios del hijo de Juan Rulfo sobre la voz de Sabines también fueron reveladores al destacar que su padre para la lectura de un guión de un cortometraje suyo escogió la voz de Sabines por la musicalidad de la palabra hablada del poeta. Hubo otros videos significativos de cómo él concibe la poesía; hubo conferencias brillantes, mesas redondas importantes.

 

Lo que me dejó desconcertado fue que no se publicara mi libro, ya que es un trabajo de investigación bastante completo,  académico, de muchos años de estudio y, lo digo con honestidad y la claridad que me acompaña,  es el homenaje más serio que se le ha realizado, desde la investigación, a Jaime Sabines en Hispanoamérica. Tengo confianza en que será valorado en su justa dimensión. En alguna ocasión Carlos Román me dijo que  se lo diera para editarlo. Espero que sea posible, más ahora que se encuentra Oscar Wong, mi amigo, en  la dirección editorial de Coneculta.

 

–Pero tú has tocado puertas. Yo te vi hablar con el gobernador Sabines y  vi instruir a su secretario particular para que se abrieran los canales para la publicación del extraordinario libro que has elaborado. ¿Hay obstáculos?

 

–En efecto, el gobernador dio instrucciones para que yo fuera a México a cotizar el libro. Fui. Al regreso me di cuenta de que se buscaba por distintas  formas  impedir la edición, simple y llanamente por cuestiones personales, con argumentos triviales y sobre todo falsos del funcionario de cultura en turno. De todas maneras, una investigación como la que yo hice trasciende a cualquier adversidad, de manera que eso a mí no me preocupa. Esos obstáculos hay que mirarlos con hidalguía y superarlos, son simplemente accidentales.

 

Te cuento algo más: le inserte al libro Homenaje Hispanoamericano y español a Jaime Sabines 32 encartes  con pinturas de grandes pintores chiapanecos, mexicanos y algunos hispanoamericanos que  dedican obras y, otros, que entablan, a su manera, una relación con ciertas materias poéticas del escritor, para festejarlo. Es un homenaje con pintores y poetas, aparte la serie de ensayos de especialistas,  desde el teatro, la danza, la música, en los cuales es celebrada la poesía Jaime Sabines. Es un trabajo muy completo.

 

 Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una u otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos y ellos caminan, lloran hasta la madrugada, en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

 

–Quiero agradecer nuevamente al poeta, ensayista y escritor Ricardo Cuéllar Valencia estar en el estudio con nosotros. Él es un escritor  con muchos años de vivir en Chiapas, naturalizado, por cierto, mexicano. ¿Qué perspectiva del poeta que no conocemos nos ofrece esta investigación que has realizado, esta recopilación de textos, este estudio de la poética de Jaime Sabines?

 

–Mira, son doce capítulos con un prólogo bastante largo de setenta páginas donde contextualizo la poesía escrita en los años cincuenta en México y Chiapas. Se trata de una  información histórica y crítica de la literatura done se expone lo que se está buscando en el momento por parte de los poetas, lo que se está logrando en ese momento, y la presencia de ciertos poetas en la obra de Sabines. En el prólogo sostengo la tesis que ya te mencioné: la lucha feroz contra la metafísica que se inaugura desde el primer libro. Jaime pone en cuestión el pensamiento teológico. Comento que todo lo que ocurre aquí, en este infierno que es la vida, la mística en la palabra de Sabines la subvierte y no está a la manera de Santa Teresa, ni san Juan de la Cruz, creando figuras para adorar en el nicho, en el altar,  creando toda una trascendencia metafísica, sino que crea,  toca a la tía Chofi en carne y hueso, crea un ser humano en su dolor, en su sufrimiento real. Hay una terrenalización de lo místico y lo humano humanizado, y en esa medida, podemos afirmar, que desata una subversión; incluso él tiene un apartado de poemas místicos, allí y en otros textos, esta misticidad sabiniana  dan cuenta de ella, por ejemplo, cuando está sentado en la cama recordando la mujer que ha poseído una  o varias noches antes. Entonces el viaje hacia el recuerdo que trae la presencia de la amada, de la poseída, es una vivencia  mística, más allá de una simple nostalgia, de un recuerdo. Así lo veo yo: al poseerla deja latente, en el poema, entre el estar con ella y evocarla,  un espacio místico, ya que la está poseyendo desde el deseo deseando, en esas  alturas que van a partir del deseo realizado y   por realizarse en el deseo, en un estado de viva misticidad carnal. Nadie se ha dedicado a profundizar en ello.

 

Por la otra parte, se reúne la poética que tampoco se había congregado antes. Son textos muy valiosos porque  allí se concentra el pensamiento de lo que es la poseía para Jaime Sabines. Rastreé las entrevistas, sus discursos y poemas para preparar la poética. El libro trae ese  aporte.
Los estudios muy específicos que hacen las mujeres españolas en torno a la presencia española en la poesía de Jaime Sabines son de primera; por ejemplo, la presencia de León Felipe, de García Lorca y también de Neruda. Lo que hacen ellos es escudriñar la tradición, por una parte; por la otra hay ensayos muy buenos, por ejemplo, de Carlos Monsiváis profundizando sobre la muerte. Jaime sesga,  ahonda sobre el dolor y eso que no sólo es el dolor de la muerte del padre sino que lo indaga en la tradición poética. Monsiváis  estudia  la tradición de la lengua en torno a la muerte y entre ellos la obra poética  a Sabines. Se trata de ver todos los grandes poetas que han escrito sobre la muerte, como Manrique, pasando por Quevedo y Gorostiza, por ejemplo, para entender Algo sobre la muerte del Mayor Sabines.  Así que la herida  en la sensibilidad de Sabines pasó necesariamente por un gran trabajo de lecturas, de investigación para poder darle curso al dolor y al sufrimiento delante de la muerte del padre. Lo mismo podemos decir en torno a visión mística dedicada a la muerte de la  madre. Hay, por otro lado, un tratamiento del mito de Adán y Eva en los poemas dedicados al amor. Aquí actualiza el mito tradicional  pero lo pone en cuestión. Hay que aprender a leer las sutilezas, las analogías, las sugerencias, las formas que Jaime emplea. No es fácil, es muy difícil, inclusive uno de los poemas que se llama Toravich es un canto a la masturbación masculina y sin embargo nadie hace hincapié en esto. Con un compañero estuvimos analizando verso por verso. Sólo algunos se han dado cuenta del sentido subterráneo, hedonista de este poema, intensamente moderno. Como te digo, no es fácil, pues la interpretación incluye la estilística, la gramática, la semántica para abrir, digo, estas líneas  de investigación poética de la obra de nuestro poeta.

 

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios  una canción no aprendida y se van llorando, llorando, la hermosa vida.

 

–Poeta Ricardo Cuéllar Valencia, le agradezco su presencia aquí en el estudio.

 

–Muchas gracias, Fredy, por la invitación.

 

 

Publicado originalmente en La Otra · © del texto y las imágenes: sus autores. Forma parte del archivo de La Otra (fundada en 2008, dirigida por José Ángel Leyva) dentro de esta casa.
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