LA OTRA · REVISTA DE POESÍA Y ARTES · DESDE 2008  

La Gaceta

Desde Ecuador, María Helena Barrera-Agarwal

14 de febrero de 2009

Ma. Helena Barrera
Ma. Helena Barrera

estudiosa de la cultura y la literatura india o indú, nos envía esta colaboración sobre la escritora Mahadevi Varma, una poeta en Allahabad. Más allá de Rabindranath Tagore, hay una extensa nómima por conocer, sobre todo del reciente siglo XX.

 

 

Mahadevi Varma, Poeta en Allahabad

María Helena Barrera-Agarwal

mhbarrerab@gmail.com

La poesía india del siglo veinte no es un tema que se haya estudiado o difundido a fondo dentro de la esfera hispanoamericana. La variedad de sus estilos y escuelas líricas, la compleja e interesante historia de su desarrollo, las características que la tornan única entre las corrientes poéticas mundiales, son aspectos en su mayor parte fuera del alcance del lector de habla castellana. Las razones son muchas, incluyendo el difícil acceso a textos originalmente escritos en multitud de lenguas como el hindi, el bengalí o el punjabi.

El ejemplo de lo sucedido con el único gran poeta indio usualmente reconocido en nuestro medio, ilustra tal problema. Parte de la obra de Rabindranath Tagore se convirtió en referente esencial del acontecer literario en castellano por intermedio de las traducciones efectuadas por Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Sin embargo, ello solo fue posible gracias a que el mismo Tagore había traducido originalmente sus poemas del original bengalí al inglés. Fue de esa lengua que Jiménez y Camprubí lo vertieron al español.

Tal escenario, improbable y único, no se ha repetido en el caso de otros poetas indios. Notable es, por ejemplo, la casi total oscuridad en la que se mantiene la figura del también bengalí Jibanananda Das.  A pesar de ser autor de una obra tan remarcable como la de Tagore, el suyo es un nombre contrastantemente desconocido. Sucede lo mismo con Harivansh Rai Bachchan, alta cifra de las letras en hindi y creador de Madhushala (La Casa del Vino), cuya exquisita vena lírica evoca la de Omar Jayyam.  O con Faiz Ahmed Faiz, maestro de la versificación en urdu, celebrado por su admirable Naqsh-E-Faryadi (Impresiones).

Entre esos ausentes, y particularmente interesante por su eclecticismo creativo, se halla la escritora Mahadevi Varma (1907-1987). Varma es considerada la poeta más importante del siglo veinte en lengua hindi. Prosista de mérito, exploró la autobiografía, el ensayo y el artículo de costumbres. Pedagoga y filósofa de la educación, su actividad en tal campo impactó las vidas de incontables discípulos. Su contribución al feminismo de la India, expresada tanto en sus creaciones poéticas como en sus acciones desde el magisterio y la prensa, dejó una huella innegable. El explorar su vida y obra puede ser un punto de partida para profundizar en la historia de la literatura en hindi.

Orígenes y Estudios

Los nativos de Uttar Pradesh (UP), estado localizado al centro mismo de la India, usualmente se precian de hablar el hindi de mayor pureza sintáctica y estilística. Ese orgullo es aún mayor entre quienes nacieron en Allahabad,  uno de los mayores centros urbanos de UP. Tal ciudad ha sido desde siempre un centro religioso y político de importancia. Situada en la confluencia de los ríos Ganges y Yamuna con el mítico Sarasvati, cada diez años es escenario de la celebración del Kumbh Mela, ocasión en la que millones de personas celebran el río sagrado de la India.  Políticamente, Allahabad está estrechamente relacionada al movimiento de independencia indio, siendo cuna de la dinastía de los Nehru y de numerosos héroes de la resistencia anti británica.

Desde un punto de vista literario, el prestigio de Allahabad ha sido también sustancial. Su renombrada universidad ha sido vórtice de generaciones de intelectuales, que dieron impulso al renacimiento del hindi como lengua culta. A principios y mediados del siglo veinte, en tal ambiente, Allahabad fue el epicentro de un renacimiento esencial dentro de los anales de la literatura en hindi.

Mahadevi Varma nació en Farukhabad, UP, ciudad cercana a Allahabad. Varma pertenecía a la casta kayashta, la de los escribas.  La suya era una familia ortodoxa y, de acuerdo a sus creencias y a las costumbres de su tiempo, su abuelo ordenó su matrimonio cuando apenas contaba con nueve años de edad. También de acuerdo a la tradición, luego de la ceremonia, Varma regresó de inmediato a su hogar, donde viviría hasta alcanzar la pubertad. Se esperaba que entonces fuese enviada a casa de su esposo para iniciar su vida conyugal.

El padre de Varma, maestro de inglés, era hombre distinto a aquellos de su medio. Al percatarse del ansia de su hija por aprender, le concedió la oportunidad de instruirse, inicialmente por medio de tutores y luego formalmente.  Varma asistiría a la escuela de niñas Crosthwaite, en Allahabad. Tal institución, establecida originalmente en Lucknow en 1895, ofrecía una educación moderna bajo condiciones aceptables a la mentalidad ortodoxa: todo su personal estaba conformado por mujeres. Fue tal vez en Crosthwaite que la extraordinaria personalidad de Varma empezó a formarse. Lo cierto es que, llegado el momento de reunirse con su esposo, se negó terminantemente a hacerlo.

Lo revolucionario de tal negativa bien puede imaginarse, yendo como iba en contra de todos los preceptos sociales y religiosos de su era. La determinación de Varma, sin embargo, prevaleció sobre los mismos. Con la continua ayuda de su progenitor se dedicó entonces de lleno a sus estudios, siendo aceptada en la Universidad de Allahabad. Allí, en 1933, obtendría una maestría. Luego de graduarse enseñaría en pequeñas escuelas rurales, en un paralelismo que recuerda a Gabriela Mistral al lector de habla hispana. Eventualmente sería nombrada maestra y luego directora de la escuela Prayag Mahila Vidyapith, en Allahabad, institución creada en 1915 en Bombay y dedicada desde sus inicios al fomento de la educación de la mujer.

Mahadevi Varma
Mahadevi Varma

Faceta Literaria

La leyenda cuenta que Mahadevi Varma escribió su primer poema, una sencilla estrofa, a los seis años de edad. Existe evidencia de que ya desde las aulas de la escuela Crosthwaite, demostró interés en la literatura y particularmente en la lírica. El mismo no hizo sino intensificarse con el tiempo. Publicaría poemas en revistas literarias desde los dieciséis años. Tomaría por costumbre asistir a los eventos literarios tradicionales en la vida intelectual de Allahabad y el norte de la India. Conocidos como kavi sammelans, eran recitales, charlas y diálogos a un tiempo. Esa asiduidad de parte de Varma se efectuaba en abierto desafío a quienes no veían con buenos ojos tal conducta en una joven mujer. Académicamente, sus estudios de maestría enfocarían la literatura budista y en el antiguo dialecto pali, originario de Maharashtra y utilizado en la composición de textos religiosos altamente venerados.

El ambiente que la rodeaba en Allahabad no podía ser más conducente a la reflexión poética: existía una ebullición intelectual causada en gran parte por el intenso impulso que durante algunas décadas había recibido uno de los dialectos del idioma hindi, el khari boli («dialecto estándar»). El mismo se había convertido en el lenguaje social y literario de mayor prestigio. Reemplazaba al braja brasha, que por centurias predominó como dialecto literario por excelencia, independientemente o en coexistencia con el también importante avhadi.

La preponderancia del khari boli trajo consigo una serie de redescubrimientos y de reinvenciones de la lírica. Originalmente la misma estaría marcada por un formalismo riguroso y por la sujeción a los paradigmas tradicionales de la poesía, tanto en tema como en expresión. Poetas como Sridhar Pathak, Nathuram Sharma y Lala Bhagwan Din, se servirían del khari boli para crear un corpus literario realista en su forma y un tanto didáctico en su intención.

Cierta anticipación de cambio podía percibirse, sin embargo, particularmente en la obra del innovador Phatak: traductor de Keats, Gray, Goldsmith y otros vates románticos ingleses, empezaría a desbrozar un cierto subjetivismo hasta entonces desconocido en la India. Ese subjetivismo tendría su mayor desarrollo dentro de la corriente bautizada como Chhayavad, de la que Mahadevi Varma sería pilar fundamental.

Chhayavad

En hindi, el término Chhayavad significa literalmente reflexión, imagen en un espejo (chhaya, sombra, reflejo). Fue originado en los críticos que reprochaban al movimiento su aparente egocentrismo.  La corriente Chhayavad estuvo marcada por un vívido subjetivismo centrado en un yo imaginario. Rica en imágenes y fiel a al uso de emociones como vehículos expresivos, se aleja de las formas preestablecidas y usa sin ambages el verso libre. Conserva al mismo tiempo un vínculo esencial con la historia india y con el hinduismo, utilizando sus elementos de una manera nueva e individualista.

Mahadevi Varma junto con tres otros liricistas de talento – Suryakant Tripathi, conocido con el nombre de Nirala («el extraño»),  Jayshankar Prasad y Sumitranandan Pant –  se convertirían en los creadores y paladines de Chhayavad. El período de su florecimiento sería corto – las décadas de los veinte y treinta del siglo pasado, hasta aproximadamente 1942. Durante ese tiempo, el movimiento no cesaría de crear controversia, acusado de difundir influencias extranjerizantes y de aislarse del esfuerzo patriótico que culminaría en la independencia. Al mismo tiempo, despertaría admiración y se abriría paso en la imaginación, tanto popular como de élite. Tal resonancia no sorprende al considerarse que, como ciertos comentadores han señalado, la aparente abstracción de la poesía Chhayavad es en verdad una profundización en el alma y la autoestima de la India, que voluntariamente descartó de su panorama la ocupación británica para mejor acercarse a sus raíces nacionales.

Varma sería la única mujer parte del movimiento y una de sus más ardientes defensoras. En cinco compilaciones de poemas exploraría a ultranza sus preceptos y los tornaría  ineludibles. Frecuentemente comparada con Mirabai, la afamada santa y poeta mística medieval,  no dudaría en emprender contemplaciones espirituales.

La Poética de Varma

La sensibilidad poética de Mahadevi Varma está caracterizada por multiplicidad de niveles de significado. Los mismos se encarnan en un lenguaje elegante, que se sirve del khari boli como de un instrumento al mismo tiempo estilizado y cercano a la usanza diaria. Buen ejemplo de ello es su famoso poema La Lámpara del Templo («Ya Mandir Ka Dip»), incluido en su colección de poemas Dipsika (La Cúspide de la Flama, 1942), del que siguen algunos extractos:

La lámpara del templo, ¡déjenla que arda sola!

Ayer mismo el sonido del caracol plateado,

De los címbalos, de la flauta dorada y de la vina,

llenaban el momento del aarti con sus notas

en medio de la multitud de voces que cantaban.

La pétrea oscuridad retoza hoy complacida,

aquel que es venerado está solo en su templo.

¡Dejen pues que la flama se consuma a si misma!

y aniquile con ella el vacío del patio! (…)

Desapareció el viento, perdido entre las vías

y la noche ha caído en un sopor profundo

dejen que este esplendente, mínimo centinela

por hoy oficie entonces, fulgurando con fe.

Mantendrá él cada momento despierto

hasta el retorno mismo del fragor mañanero.

Bien sé que es mensajero de la noche,

¡pero déjenlo que arda hasta el rezo del día!

Las imágenes incluidas en el poema son tomadas de la experiencia diaria de las ceremonias en un templo hindú. Están presentes los cantos rituales acompañados de instrumentos tradicionales como la vina y el caracol, y se indica específicamente su clímax en el momento del aarti, el más sacro y comparable con la elevación en el ritual católico. La «pétrea oscuridad» alude a la clásica arquitectura del templo hindú, que favorece la roca como materia prima. Incluso los íconos de las divinidades están hechos de ese material. La presencia de Dios, magnificada por la ausencia de la acostumbrada multitud y contrastada por la pequeña flama, sugiere sin embargo algo que va más allá de rituales y religión formal: es la simple perseverancia del devoto, frágil en su intención y a veces ciega en su empuje, buscando acercarse a lo divino.

La imagen de la lámpara es utilizada por Varma en otros poemas, con resultados intimistas:

Arde completamente, lámpara mía

a través de los siglos, cada día, cada minuto,

cada segundo;

ilumina el camino de mi amado. (…)

De éste reino de soledad

Soy la reina gozosa

Como una lámpara de aceite

Ofrezco mi vida por un divali sin fin

El uso de la palabra divali, el nombre del festival de las luces que constituye la fiesta religiosa más respetada de la India, sugiere tantas resonancias que es imposible no leer y releer la estrofa sin agotar sus posibles alcances. Lo mismo sucede cuando la dualidad trascendente entre devoto y divinidad es más obviamente tratada:

Tú eres el dibujo perfecto, yo un esbozo apenas

Tú la dulce melodía, yo tan solo unas pocas notas

Tú eres ilimitado, yo una ilusión de límites

En el secreto de la verdadera imagen-reflexión,

¡por qué decretar nuestra pasión!

Si eres parte de mí, no precisamos conocernos.

Las enseñanzas de la poética de Mahadevi Varma son de una magnitud que no puede ser considerada ni siquiera superficialmente en el presente artículo. Sea suficiente el esperar que ojalá y un día, al menos parte de su obra halle su camino a una popularización dentro del ámbito castellano. Hasta entonces, baste este atisbo sobre una obra y vida fascinantes.

Publicado originalmente en La Otra · © del texto y las imágenes: sus autores. Forma parte del archivo de La Otra (fundada en 2008, dirigida por José Ángel Leyva) dentro de esta casa.
← Volver a La Gaceta