LA OTRA · REVISTA DE POESÍA Y ARTES · DESDE 2008  

Ensayo

Las sinsombrero: Berta Lucía Estrada

7 de mayo de 2023

Berta Lucía Estrada nos ofrece un adelanto de su libro, Los avatares del poeta. En el ensayo que nos comparte escribe sobre las mujeres de la generación del 27, Las sinsombrero.

Las sinsombrero, llamadas así por un acto de extrema violencia -en realidad fueron apedreados como en los tiempos de Jesús- en contra de Maruja Mallo, Margarita Manso15, Salvador Dalí y Federico García Lorca cuando cruzaban La Puerta del Sol sin sombrero. Un gesto que fue tomado como transgresión por los transeúntes que en ese momento pasaban por la Plaza Mayor. En la España de la dictadura de Primo de Rivera salir sin sombrero a la calle, o quitárselo en público, equivalía a un acto de insubordinación social; ésto incluía a hombres y mujeres, y era visto como un gesto que violentaba las costumbres de la época. Y en palabras de Maruja Mallo era considerado como un signo de homosexualidad. En el fondo lo que Maruja Mallo y Margarita Manzo perseguían era que no vieran a las mujeres solo como amas de casa y madres de familia si no como personas que podían llevar una vida cultural bastante rica; como era el caso de estas mujeres libres y cultas. En otra ocasión Maruja Mallo y Margarita Manzo se disfrazaron de hombres para poder visitar el Monasterio de Santo Domingo de Silos que no aceptaba que las mujeres pisaran su interior porque consideraban que su presencia profanaría el lugar llamado “santo”. Esta misma idea de “profanación” persiste en nuestros días en los monasterios del Monte Athos (Grecia); donde la visita de las mujeres sigue siendo prohibida.

En sus inicios el nombre de Las sinsombrero era pronunciado de forma vejatoria y sinónimo de burla. Y recientemente Serrana Torres, Tània Balló y Manuel Jiménez Núñez recuperan esta hermosa denominación en el documental homónimo Las sinsombrero, presentado en el festival de Málaga de 2015; otorgándole de ese modo el valor que merece y que reivindica la forma de pensar y actuar de ese grupo de mujeres transgresoras que creía en la libertad, en la justicia social y en un mejor mundo para las mujeres.

Y transgresoras es el nombre adecuado para las escritoras, artistas y poetas que integraron La Generación del 27; así sus nombres hayan estado en la sombra por casi setenta años; tal vez por eso posteriormente se les dio el nombre de Las sinsombrero. El grupo estaba conformado por Ernestina de Champourcin16 María Teresa León17, Concha Méndez18, María Zambrano, Rosa Chacel19, Marga Gil Roësset 20, Luisa Carnés21, Ángeles Santos22, Rosario de Velasco23, Josefina de la
Roësset 24, Luisa Carnés25, Ángeles Santos26, Rosario de Velasco27, Josefina de la Torre28, Delhy Tejero29, Concha de Albornoz30, Pilar de Valderrama31, Maruja Mallo32, entre otras creadoras; o como María de Maeztu33, una activista por la emancipación de la mujer y su derecho a la educación. Estas mujeres, intelectuales y cultas en el sentido más amplio del término, habían gozado de ambientes familiares donde la educación era prioritaria, tenían bibliotecas en sus casas y muchas de ellas habían asistido a la universidad. Cabe recordar que desde 1911 las universidades españolas habían abierto sus puertas a las mujeres. Eran mujeres transgresoras, provocadoras. No solo se quitaron el sombrero, símbolo de la clase social a la que pertenecían sino que dejaron de usar corsé. O sea, toda una revolución vestimentaria que terminaría en los pantaloncitos calientes y en la minifalda de Twiggy en los años sesenta. No, no es un comportamiento para nada anodino ni banal; es una conducta pensada, estructurada y que dio frutos. Sin ellas las mujeres en bikini, o en topless, que invadieron las playas de los sesenta y setenta, a lo mejor nunca hubieran llegado. Hay que hacer énfasis en estudiar el pasado, sin su conocimiento no se puede comprender el presente ni se puede hacer una proyección al futuro. Las sinsombrero son las semillas de las mujeres occidentales de hoy en día. Y aunque las quisieron silenciar y las mantuvieron en el anonimato y en la oscuridad, las académicas, y algunos intelectuales, han estado detrás de sus huellas desde hace más o menos treinta años. Ahora salen a la luz, ¡y de qué forma! Y aunque en los textos escolares no se estudia su obra, a excepción de María Zambrano, su legado literario está a la misma altura que la obra de sus colegas masculinos; y en algunos casos incluso es superior. No obstante, en las Antologías de La Generación del 27 nunca fueron incluidas; una linea editorial que Concha Méndez denunció siempre.

Las sinsombrero eran conscientes de su papel como ciudadanas, conocen sus derechos y sus obligaciones; estuvieron del lado de las sufragistas; lucharon para que los hijos ilegítimos, a los que se les llamaba “bastardos”, tuvieran el reconocimiento y la filiación familiar y estatal, exigían el derecho a la educación de las mujeres y clamaban por su desarrollo pleno. Luchaban por poder regresar a casa solas después de un concierto o una obra de teatro sin ser agredidas verbal y sexualmente. Estaban al corriente de los movimientos feministas a los que de una forma u otra adherían; se manifestaron en contra de la pena de muerte y por ende se declararon respetuosas de los derechos humanos.

Las sinsombrero florecen en La 2a República (1931) y son calladas en el sentido literal de la palabra en 1939. Son lanzadas al ostracismo, al odio y al olvido. Muchas de ellas, así como sus homólogos masculinos, debieron partir al exilio y solo pudieron regresar después de la muerte de Franco. En el momento en que deben exiliarse todas ellas son reconocidas, valoradas y admiradas tanto en España como por fuera de sus fronteras; sin embargo, cuando regresan, partir de 1975, se encuentran con que sus nombres, sus obras y su legado literario, pictórico, musical y cultural ha sido borrado del mapa y de la memoria colectiva. Sus nombres y sus obras no figuraban en los textos escolares, algo que apenas está sucediendo en este momento. No hay que olvidar que todas ellas eran republicanas y muchas eran laicas; lo que suponía el peor de los crímenes en la época franquista34. En otras palabras sufrieron la discriminación de género en el sentido literal de la palabra; lo que hubo contra ellas fue violencia de género en un momento en que no se hablaba en esos términos. No solo eran republicanas sino que además eran mujeres; y las mujeres, para Franco, solo servían como reproductoras y para servirle al marido dentro del hogar, no por fuera de él. Así que cuando regresan del exilio sienten como si nunca hubiesen existido. La única que logra ser verdaderamente reconocida es María Zambrano; quien paradójicamente en 1936 se encontraba con su familia en Cuba, venía de Chile donde su marido había tenido un puesto diplomático, y en ese momento el grupo familiar decide regresar a España. Para ella y su cónyuge era una cuestión de ética estar en su país en el momento más duro de la historia del siglo XX en España. Me refiero a La Guerra Civil Española. Sin embargo, en 1939 parten definitivamente al exilio; México, Cuba, Puerto Rico serán sus anclas; si es que se pueden hablar de anclas cuando se es exiliado político y se siente como su país y su propio pueblo se ahogan en una guerra intestina, fratricida y como todos los valores por los que se había luchado desaparecen ineluctablemente. Ese sería solo el inicio de un largo, largo asilo político. María Zambrano regresa a España en 1984, casi medio siglo después de haberla dejado. Para entonces ya era una figura reconocida y admirada; e incluso en 1981 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y en 1988 el Premio Cervantes. María Zambrano es, posiblemente, la mejor filósofa española del siglo XX. Fue colaboradora de José Ortega y Gasset. Amiga de Antonio Machado y de José Lezama Lima, de Jorge Guillén y Sergio Pitol; entre muchos otros grandes intelectuales del siglo XX.

Es indudable que el exilio, esa herida profunda que deja el desarraigo y la pérdida, influyó en su obra, en El Hombre y lo Divino escribe lo siguiente:

“El hombre concreto nunca lograba vivir desde ese saber entronizar perfectamente al espíritu en sí; ser ese espíritu sujeto y objeto a la vez. Y si cada vez se sentía perdido, náufrago, en una realidad extraña, irreductible, ante la cual quedaba desarmado, pues hay algo en la vida humana insobornable ante cualquier ensueño de la razón: ese fondo último del humano vivir que se llaman las entrañas y que son la sede del padecer. Al padecer sólo pasajeramente puede engañársele”. 35

Esa sensación de “naufragio” la explica María Zambrano muy bien en el prólogo que ella misma escribe para esta reedición de Lo Humano y lo Divino:

“El tiempo es el horizonte que presenta la muerte perdiéndose en ella” 36

Cabe recordar que María Zambrano tuvo un romance, para la época prohibido37, con su primo hermano Miguel Pizarro Zambrano, un romance que tuvo una duración de cuatro años; esta relación no prosperó, en parte por la oposición férrea de la familia, y poco tiempo después Pizarro partiría para el Japón. Miguel Pizarro era un gran amigo de Federico García Lorca, de Jorge Guillén y de Pedro Salinas. Incluso Lorca le dedicó varios poemas; y el que transcribo a continuación es el más conocido. Incluso fue Águeda Pizarro que lo rescató en el libro Miguel Pizarro, Flecha sin blanco, que le publicó la Diputación de Granada en el 2005:

Miguel Pizarro!
¡Flecha sin blanco!

¿Dónde está el agua
para su cisne blanco?

El Japón es un barco
de marineros antipáticos.
Una luna y mil faroles.
Sueño de papel pintado.

Entre la roca y la seda,
¡la roca!, Miguel Pizarro.
La seda reluce ausente
y a la roca vienen pájaros.

Olas de la mar pajiza
no detengan a tu barco.
Aires oblicuos te besen
en el siniestro costado.

Miguel Pizarro.
Flecha sin blanco.

(Revés de este biombo.)

Sin blanco
blanco.

(Crisantemos blancos.)

Sin blanco
blanco.

(Cerezos en los campos.)

Sin blanco
blanco.

(Ai-Ko desnuda y temblando.)

¡Ay!, sin blanco
blanco. (Federico García Lorca a Miguel Pizarro).38

Después de una larga estancia en Japón, Miguel Pizarro vivió en Rumania donde se casó con Gratiana Oniçiu; luego regresa a España; y en 1938, camino al exilio, pierde una maleta con gran parte de su producción literaria -en cierta forma su trabajó naufragó como había sucedido con el trabajo de José Asunción Silva y como pasaría luego con uno de los libros más importantes de Malcolm Lowry; aunque en su caso no fue propiamente un naufragio sino un incendio-. El destino final fue Nueva York. De esta relación nace Águeda Pizarro, la actual directora del Museo Rayo (Roldanillo-Colombia); esposa del artista plástico Omar Rayo. Águeda Pizarro es poeta, una gran poeta, y desde hace ya casi cuatro décadas convoca a las mujeres de Colombia cada año para un festín poético denominado Encuentro de Mujeres Poetas del Museo Rayo. No es un encuentro discriminatorio, en él cabemos todas, independientemente del valor estético de nuestros trabajos. La poeta Andrea Cote lo define como un lugar seguro para las mujeres; y yo agrego: -un sitio que arropa, que no discrimina y que a la vez sirve de plataforma para comenzar el oficio de escribir. El Museo Rayo también realiza un concurso anual de poesía con obra publicada, y las ediciones son verdaderos objetos de arte que fueron inicialmente concebidos por el Maestro Rayo y que siguen respetando y perpetuando su diseño original.

Con la llegada de la dictadura franquista estas mujeres cultas, inteligentes, sensibles, libres, autónomas, que asistían a tertulias literarias y que no dudaban en ir a divertirse a los bajos fondos, las tabernas les estaban vedadas, van a ser lanzadas al sótano. El ostracismo y el puritanismo les llegó como un látigo dirigido por la larga y siniestra mano de Franco y por sus millones de tentáculos. En otras palabras, Franco las castigó por ser mujeres osadas y transgresoras en un tiempo en que la mujer tenía que quedarse en casa, en silencio, sin hacer estudios, sin leer y cuidando de los hijos. Su libertad sexual fue controlada en grado sumo; tanto la de las mujeres como la de los hombres. Durante la dictadura franquista ninguna pareja que no estuviese legalmente casada podía convivir bajo el mismo techo, los hoteles les estaban proscritos, y si la guardia los encontraba escondidos en el campo podían afrontar problemas de toda índole. Aunque cabe recordar que en la Unión Soviética sucedía algo parecido. Cuando una pareja decidía hospedarse en un hotel tenía que mostrar el certificado de matrimonio. La homosexualidad fue combatida y castigada por Franco, por Stalin, y por la Cuba de Fidel hasta hace poco más de 30 años. Hoy en día, en pleno siglo XXI, Putin la sigue persiguiendo como lo hace el gobierno fascista de Orbán en Hungría o como sucede en la Polonia actual; eso sin hablar de muchos países africanos y de credo musulmán. El control de las sociedades también se da con el control de sus cuerpos, de su sexualidad; y ese control, ejercido desde el poder magnánimo de un dictador, se da a través de la sociedad, de los transeúntes, de los empleadores, de las instituciones educativas y de la familia, que son usados a su vez para poder llevar a cabo la represión buscada desde lo más alto de la cúpula de un país o de una sociedad que le teme a la diversidad sexual, étnica y cultural; y sobre todo, le teme a la libertad. Y aunque en la gran mayoría de países la homofobia y la misoginia son consideradas crímenes de odio eso no impide que en la práctica se asesinen a diario a las mujeres y a los integrantes de la comunidad LGBTI. La religión -cualquiera que sea- es el pilar de la sociedad patriarcal; a ella acuden los gobernantes, la clase sacerdotal y los grupos sociales para reprimir y condenar la diferencia; y por supuesto, para tratar de controlar la sexualidad femenina y su desempeño en la sociedad.

 

 


Berta Lucía Estrada Estrada (Colombia-1955) es escritora, ensayista, poeta, dramaturga, crítica literaria y de arte. Integrante del PEN Internacional/Colombia. Es librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. Cuenta con catorce libros publicados y ha recibido seis premios de poesía. Tiene tres obras de teatro y una nouvelle al alimón con el poeta Floriano Martins. Algunos de sus artículos y poemas han sido difundidos en las revistas Triplov (Portugal), Agulha Revista de Cultura (Brasil) y en publicaciones de la Universidade Estadual do Oeste do Paraná – UNIOESTE (Brasil), Esteros (Uruguay), Revista Crear en Salamanca (España), Blanco Móvil (México), Nueva York Poetry y Aleph (Colombia).  En el 2022 y 2023 dos de sus poemas fueron escogidos para formar parte de una Antología de ONU MUJERES. En la Feria de Madrid 2022 se lanzó Vástagos del tiempo, con la Editorial Diwan Mayrit; y en el mes de julio se presentó Naufragios, la obra ganadora del XXXVII del Concurso de Mujeres Poetas del Museo Rayo 2021.  Ha sido traducida al francés, portugués, rumano, griego e inglés. Naufragios es un poemario sobre Alejandría e Hipatía, y puede escucharse en el siguiente vínculo (minuto 0.43): https://www.facebook.com/museorayo1981/videos/1377419932741996

Publicado originalmente en La Otra · © del texto y las imágenes: sus autores. Forma parte del archivo de La Otra (fundada en 2008, dirigida por José Ángel Leyva) dentro de esta casa.
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