Reparto y preliminares
Imprenta De Repulles
Marzo de 184-3.
Actores
LUISA . Doña Matilde Diezi
MARCELINA . Doña Gerónirna Llórente.
DON CELESTINO. ..... Don Julián Romea.
DON DIEGO . . Don Florencio Romea.
DON MIGUEL . Don Pedro Niceto Sobrado.
DON JORGE . : Don Antonio de Guzman.
ANTONIO . Don Mariano Fernandez.
La acción pasa en Madrid. Sala en piso bajo. Puerta en
el foro y cerca de ella un biombo; otra lateral á la izquier¬
da del actor, y otra y una reja á la derecha.
Esta Comedia, que pertenece a la Galería Dramática,
es propiedad del Editor de los teatros moderno, antiguo
español y extranjero; quien perseguirá ante la ley
al que la reimprima ó represente en algún teatro del reino
y sin recibir para ello su autorización, según previene
la Real orden inserta en la Gaceta de 8 de Mayo de 1837,
y la de 16 de Abril de 1839, relativas a la propiedad
de las obras dramáticas.
Acto primero
ACTO PRIMERO.
ESCENA PRIMERA.
i MARCELINA.
¡MARCELINA.
i D. DIEGO.
Argelina,
Con que , ¿ salió tu señora ?
Sí ) señor.
¿ Adonde fue ?
A misa. No tardará,
que está cerca San Ginés.
Pues arrellanado en esta
butaca la esperaré. (Se sienfa.)
¿ Qué tal ? ¿Hizo usted progresos
en el concierto de ayer ?
Sin vanidad, me parece
que Luisa me quiere bien ;
y aunque tengo dos rivales...
Sí; don Jorge y don Miguel.
Espero que la guirnalda
de amor corone mi sien
si se pronuncia esa bella
por alguno de los tres.
A fé de Diego Santurce,
bien puedo, sin pretender
del otro lindo don Diego
representar el papel,
bien puedo yo competir
con los dos...
¡Toma! y con diezf
que ese grarbo y ese talle
y esa boquita de miel...
k
• MARCELINA,
¡Ba! Lisonja...
No es lisonja.
De el Barquillo á el Avapiés
no hay en Madrid un galaii
con mas gracia y mas aquel.
¡Oiga! ¿Seré tan dichoso
que haya conquistado...
¿ A quién ?
¿ A una pobre ama de llaves
con mas años que Noé?
¡Brava conquista sería
para el gallardo doncel
acostumbrado á trofeos
más ilustres y más...
¡Pché...:
Yo no lo atribuyo todo
á mi mérito. — Tal vez
mi buena estrella... Ello es cierto
que tengo yo un no sé qué...
y que ignoro todavía
lo que es llorar un desden.
Tál era cuando Dios quiso
mi difunto Bernabé.
¡Y qué majo! Fué barbero,
mas parecía un marques.
Usted le da un aire...
Sí, señor...
¿ Cómo... !
No puede ser.
(¡Parecerme yo á un barbero!)
El no tenia la tez
tan fina, ni esa elegancia,
pero las faldones...
Y hasta el caraiter del genio...
Bien ; sí. — - Dejemos...
También
las enamoraba á todas,
pero á ninguna era fiel.
Esa fué siempre mi máxima ,
que aunque soy hombre, y de prez,
tomo para mí el consejo
del poeta cordoves :
Guarda corderos, Zagala;
Zagala no guardes fé.
¿Sí? Eso hacia mi zagal
que descanse en paz , amén ;
pero ¿quién puede decir
de esta agua no beberé?
El que á tantas cautivó
cayó por fin en mi red ,
y paró todo su orgullo
apenas pasado un mes...
¿ En qué?
En que fué mi marido,
porque yo fui...
Su muger.
Y se morían de envidia
las.,.
¿Y después ?
Ya no guardaba corderos,
que el corderlllo era él.
Mas ¡ ay , qué poco dui'ó
mi buena dicha!
diego.
I'IARCELINA.
• DIEGO.
li Argelina.
diego.
¿ Por qué ?
¿ Probó mal á Marcelina
el nuevo estado?
Al reves.
En cuatro dias me puse
rolliza como un tonel,
que siempre be tenido yo
buen temperamiento y buen...
Pero mi hombre murió tísico
en el año diez y seis.
¡Ya ha llovido desde, entonces!
¡Tantos años de viudez!
Mas todo lo cura el tiempo...
No, que tuve mucha ley
al difunto.
Quizá mas
dé la que era menester. —
Y volviendo á mi negocio,
que ya me parece que es
mucha razón , á tu inílujo
#
rae recomiendo otra vez.
Crea usted, señor don Diego,
que haré todo lo que esté
de rai parte; pero mi ama
se acuerda de su primer
marido , con quien pasó
una vida muy cruel,
y tiembla la pobrecita
si la hablan de contraer ,
segundas nuncias. ¡ Es qué era
el tal don Cosme un Luzbel
encarnado! Por fortuna
salió pronto con los pies
por delante al cimenterio,
porque de la mesma hiel
de su alma en salvo la parte .
se le formó una pared,
y subiendo los vapores
del estómago á la nuez,
y de la nuez al celebro,
y del celebro...
Ya sé.
Murió.
La pobre muchacha
quedó entonces como el pez
en el agua; y como dice
el adagio...
Ya; sí.
El buey. .i
Sí.
El buey suelto bien.se lame
y el galo escaldado...
Pues.
Y tiene, amen de la escama ,
muebísma de la altivez,
no conviene por ahora
apretar mucho el cordel.
¿ Pero qué dice de mi ?
¿Me mira con interes?
Creo que sí; mas con todo
y no estante... Como usted
no la ha hablado todavía
de casaca..., ya se ve...
A eso vengo justamente. —
Dirán que hago una sandez,
mas tres mil duros de renta...
(Suena dentro una campanilla.')
¡Digo! No son de perder.
D, DIEGO.
(Levantándose Alguien entra... ¿Será Luisa?
No es ella, que es don Miguel.
ESCENA II.
j Oh Diego ! ¡Tú por aqui !
(A Marcelina.)
¿iMi señora dona Luisa...
Ha salido.
¿ Adonde ?
A misa.
Ya.
1). DIEGO.
(A don Diego.)
Tú la esperabas...
Sí.
Si traes negocio..., no trato
de estorbarte...
No, á fé mia.
Por hacer tiempo venia...
Y yo por pasar el rato.
¡ D. DIEGO.
Vamos ; yo sé que la viuda
¡ D. MIGUEL.
no te disgusta.
No tal ;
i
!D. DIEGO.
ni á tí te parece mal.
No; pero...
jD. MIGUEL.
Es claro...
:D. DIEGO.
No hay duda.
jD. MIGUEL.
Tú no me hablas como amigo.
¡D. DIEGO.
Tú no me hablas con íranqueza.
|D. MIGUEL.
Te cautiva su belleza.
f D. DIEGO.
Tú la amas.
Id. MIGUEL.
Digo...
Te digo...
La trato con amistad;
es discreta, amable, bella...;
¡pero renunciar por ella
á mi dulce libertad...
Yo no la miro con tedio,
pero nunca pretendí...
Ya se ve ; como creí
que estabas tú de por medio...
¿ Soy tan temible enemigo ?
¡Jesús! Dios nos libre, amén...
No te eches por tierra...
¿ Quién
competiría contigo?
D. DIEGO. ¡Ba ! no es tanto lo que valgo.
Favor que tú me concedes...
MARCELINA. Voy... Mis haciendas... Ustedes
llamarán , si quieren algo.
(Jase por la puerta de la izquierda.
ESCENA III.
DON DIEGO, DON MIGUEL.
Larga es la misa. •
En efecto.
Mucho tarda.
Mucho reza.
(¡ Ya' te entiendo, buena pieza!)
(Ya he calado tu proyecto.)
Al salir de la parroquia
habrá ido á ver á su tía.
Y no vuelve en todo el dia
si la coge dona Eustoquia.
Y estarnos aquí en el ocio
es bobada, á lo que entiendo.
Sobre todo , no teniendo
que tratar ningún negocio.
Cierto; ningún interes
á esperarla nos sujeta. —
Dejemos una targeta
y volveremos después.
(Saca una jr la pone sobre la mesa.')
(Sacando otra y haciendo lo mismo.')
Dices bien.
(Cayó en el lazo.
Diez minutos... y ya he vuelto.)
(¡ Perfectamente! Le suelto
al volver el esquinazo...
y aunque el menguado se forje
necia ilusión...) (Suena la campanilla.)
Vamos , pues.
Llaman...
Abren...
¡Ella es!
¡Ella !
(A la puerta.)
\ Oiga !
¡Calle!
¡Don Jorge!
ESCENA IV.
Don Diego. don miguel. don jorge
' D. JORGE.
i*
ÜD. DIEGO.
I D. MIGUEL,
í; D. DIEGO.
(í|). MIGUEL.
í í
*■
>1
. DIEGO.
El mismo que viste y calza.
¿ Es acaso algún asombro
que visite yo á una viuda?
No, señor , porque nosotros...
Ya se marchaba mi amigo...
(Sentándose en la butaca)
Ya be mudado de propósito.
El se retiraba...
(Reclinándose en un sofá.)
Cierto ;
mas no es razón dejar solo
á don Jorge.
Muchas gracias...
y un ladito.
(Haciéndole lado en el sofíi.)
No me opongo.
(Aqui me he de estar perenne
hasta que se vayan lodos.)
lO
(Aquí me clavo y veremos
cuál de los tres es mas plomo.)
(¡ Venir á ver á una hermosa,
y encararme con dos tontos!)
Es cómoda esta butaca.
Pues ¿ y el sofá ? Delicioso.
Señores , yo soy muy franco
y no gasto circunloquios.
Me parece , caballeros ,
que tres en la sala somos ,
y á cada cuál de los tres
hay dos que le hacen estorbo.
¿ Por qué ?
¿ Cómo... !
Porque yo
presumo , y no me equivoco ,
que ambos á tres , como dijo
un quidam que yo conozco,
venimos á ventilar
el mismísimo negocio.
Comprendo ; mas me parece
que yerra usted el pronóstico
por lo que hace á aquel amigo ,
porque me ba dicho hace poco
que no visita á la viuda
con pretensiones de novio.
Celebro...
y mi amigo caro
don Miguel , insigne zorro...
Servidor...
Muy señor mió.
Me ha asegurado lo propio.
Sea en buen hora mil veces ;
pues, aunque yo no me ahogo
en poca agua , no me pesa
de navegar sin escollos.
Señores, la linda viuda
me ha flechado con sus ojos , .
y vengo aqui decidido
á pedirla en matrimonio,
y pues ustedes aspiran
sin duda á mayor tesoro,
ó déjenme libre el campo
ó den á mi amor apoyo.
D. DIEGO. (Levantándose. Don Miguel y don Jori
cen lo mismo.)
Eso no, viven los cielos!
Eso no, con mil demonios!
Esta es otra ! Pues ¿por qué
SI.
¡Yo la amo !
I Yo la adoro!
Y... ni al lucero del alba...
Y mi rival no es mi prógimo.
¿Pues no dijo usted...
Entonces
queria hablar con rebozo.
Ahora digo lo que siento.
¿ Y usted...
Lo mismo respondo.
¿Pero viene usted con ánimo
de ofrecer mano de esposo
á la viuda , como yo ?
Sí.
Y como yo.
Pues con todos
no se ha de casar.
Es claro.
Es evidente.
Es notorio.
Y yo no cedo á ninguno
su mano.
Pues yo tampoco.
Yo no sufro ancas de nadie ;
y asi, resuelvan el plomo
ú el acero esta cuestión ,
y el que quede victorioso
de los tres, ese se lleve
la alhaja.
Bien; estoy pronto.
Alto, señores , que estamos
procediendo como locos.
Ella es quien debe lallar;
. no tú, ni yo , ni este socio.
1 1
e ha
¿ Qué sirve que de los Ircs
vayamos un par al hoyo
si el que venza y sobreviva
no se ha de. comer el bollo?
Aqui estamos disputando
ese vellocino de oro
sin haberle todavía
conquistado; pues supongo
que ninguno está seguro
de desbancar á los otros.
No , que ella me ha dado pruebas
en mas de un dulce coloquio...
Ella me distingue mucho »
y cuando se trate á fondo...
Sí ; castillos en el aire
haremos á nuestro antojo
los tres; pero ¿quién da crédito
á su rival ? Algún bobo.
El mejor medio será
hacer lo que yo propongo
para que nadie se llame
engañado.
, ¿ A ver ? Di...
¿ Cómo...
Que cada cual por su turno
se ofrezca al grato consorcio
y los otros dos escuchen
ocultos tras del biombo
lo que responda la viuda ,
y aunque les lleve el demonio
los que sufran calabazas
dejen en paz al dichoso.
(Me preferirá ; ¡ preciso ! »
porque soy el mejor mozo.)
(Mi victoria es infalible.
¿ Quiénes son esos piojosos
pare entrar en parangón
con mi pingüe patrimonio ?)
(En mi mágica elocuencia
fundo mi lauro y su oprobio.)
Ea , ¿ qué dicen ustedes?
Que apruebo.
Que me conformo.
¿ Y quién ha de hablar primero ?
La preferencia me apropio ,
que yo vine antes que ustedes.
¿ Y qué ? Yo no reconozco
privilegios esclusivos.
Pero si yo...
Todos somos
iguales ante... la viuda.
Pues hablar los tres en coro.
no puede ser.
Pues la suerte
lo decida.
Bien.
Apoyo.
Al año de la moneda.
(Sacando una y escondiéndola en el puño.)
Quede el último del corro
el primero que no acierte.
Corriente; y» del mismo modo,
los dos restantes serán
primero y segundo tomo.
(A don Jorge.)
Pida usted. ¿ Pares, ó nones ?
Yo no.-— Pida usted, pimpollo.
¿ Qué mas da...
¿Pares, ó...
Pares,
(Mostrando la moneda y leyendo.)
j Mil ochocientos diez y ocho!
Perdiste.
Del mal , el menos.
Dicen que el último mono
es el que se ahoga.
(Con otra moneda en el puño.)
¿ Pares ,
ó nones ?
¿ Qué diré... !
¡ Pronto !
Pues... j nones !
(Leyendo.) Mil setecientos
noventa.
D. J)IEGO.
'D. JORGE.
JORGE,
it). MIGUEL.
|l
0. JORGE,
á. MIGUEL.
*4
(Mirando la moneda
¿Y?
Punto redondo.
Es verdad. (Soy el segundo;
mas no temo á ese baboso.
Él la dirá mil lisonjas
pero el dinero es lo sólido.)
No sé si aplauda mi suerte
ó la mire de reojo ,
señores , pues el primero
á los desaires me espongo
de Luisa, y si me desaucia
será mayor mi sonrojo.
Aunque postrero en el número
mi esperanza no abandono.
Nunca llega tarde un hombre
como yo.
(¡Necio de á folio...!)
Todo será uno ; pedirla
su mano, y decir: otorgo.
¡Buen provecho al vencedor !
(Si no soy yo, como al tordo
los perdigones.) ¡Amén!
D. DiEjio. Ya se ha dicho, y es ocioso
repetirlo.
Ahora conviene
• D. DIEGO.
que prevengamos á Antonio
y á Marcelina...
Entendido. •
Para asegurar el logro
de la empresa es menester
que ignore Luisa...
Yo corro
á advertírselo al criado.
(Vasc por la derecha del foro j vuelve pocos momento
después.
T). DIEGO. Yo á la vieja.
ase por la puerta de la izquierda y tarda pocos ini
tanies en volver f
Varaos ; rompo
mis libros si la viudita
no me prefiere. Fenómeno
i5
sería, desconocido
en los anales del globo ,
si en la lid que se prepara
fuera menos poderoso
el fuego de mis talegas
que el humo de sus piropos.
1). DIEGO. No dirá esta boca es mia.
D. MIGUEL. Será ciego, mudo y sordo.—
Con que, en viniendo la viuda...
(Suena la campanilla.')
D. JORGE. Llaman...
D. DIEGO. ¡Es ella...!
D. MIGUEL. ¡ Al biombo I
(Don Diego y don Jorge se esconden en el biombo , que
estará colocado de modo que puedan ser vistos del
público y no de Luisa.)
ESCENA V.
DON MIGUEL. DON DIEGO. DON JORGE.
T- '
(¡Animo! Llegó la hora
de la prueba. Séme fiel ,
elocuencia seductora...)
(Entrando.)
¡ Aqui el señor don*Miguel !
Beso á usted los pies, señora.
¿ Há mucho (|ue usted me espera ?
Mucho para quien padece
cuando espera... y desespera ;
poco si amor considera
lo mucho que usted merece.
Ya empieza la adulación.
Si lo toma usted á agravio
la pido humilde perdón ;
mas ¿ no ha de decir el labio
lo que siente el corazón ?
Calan que tanto me alaba
más me alegra que me irrita ,
y antes viniera á la cita
á saber que me esperaba
tan agradable visita.
i6
LÜISA.
D. MIGUEL*
(Asomando por el biombo con don
(¡Mal!)
(¡Muy mal!)
(Sentándose.)
que decirme algo...
¿ Tenia usté
Jorge.)
Sí tal ,
que no sin causa esperé...
Pero ¿qué hace usted de pie?
Tome asiento. (Se sienta don Miguel.)
(¡Mal!)
• (¡Muy mal !)
Si es secreto, no hay aqui
persona que nos estorbe.
Eso es lo de menos.
¿Sí?
Gloria fuera para mí
que me oyese todo el orbe.
Pero si el asunto es serio...
Para quien goza el imperio
de tan divina beldad
es ventura la humildad,
es orgullo el cautiverio.
Solo temo tus enojos ;
no del mundo los sonrojos;
porque ¿qué labio blasfemo
me culpará si me quemo
en la lumbre de tus ojos?
Para mirarte con calma
y no ver en tu sonrisa
de amor el trono y la palma,
es fuerza ser ciego, Luisa,
ó tener de estuco el alma.
Y es preciso ser de palo
para mostrar ceño adusto
cuando el oído regalo
con flores de tanto gusto.
¡Oh Lu isa...!
(¡Malo!)
(¡ Muy malo !)
Dias há que el alma lidia
con el fuego en que me inflamas.
(¡Hura... me enfada!)
(¡Ilum..
Si lo oyesen otras damas '
se nioririan de envidia.
¿Envidia las damas? No.
Ni lo espero, ni las nombres.
No soy digno...
¡ Oh !
• mas dichoso fuera yo
con la envidia de los hombres.
Pero, señor don Miguel,
diga usted, por vida mia:
esas palabras de miel
¿ las dicta cariño fiel
ílD. MIGUEL.
f.UISA.
íil. DIEGO,
i). JORGE,
i). MIGUEL.
fUlSA.
S
)'• diego.
Ó cortés galantería?
Amor, bien lo sabe pios ;
mas si mi amor temerario
oíende á usted ; si los dos...
¿A mí ofenderme? Al contrario.
(¡ Voto á sanes...!)
(j Voto á brios...!)
j Oh palabra que me inunda
en un lago de delicias !
Mañana dulce coyunda
de mil placeres fecunda...
¡Albricias, amor, albricias!
¿Coyunda! ¿Habla usted formal?
Que usted rae quiera..., tal cual ;
ya he dicho que no me pesa ;
pero mi roano... Ya es esa
harina de otro costal.
(¡Bien !)
(¡ Bien!)
(¡ Respiro !)
é JORGE.
(¡Respiro!)
1 MIGUEL.
Con que ¿soñaba el Edén,
y á inesperado desden...
ya condenado me miro...
»SA.
Yo siento...
t lORGE.
(¡ Muy bien !)
(¡ Muy bien !)
D
i8
luisa.
Ame usted, que no es esclavo,
á quien valga mas que yo.
Un clavo saca otro clavo,
y si yo digo que no,
otra...
¡ Luisa... !
(¡ Bravo!)
(¡Bravo!)
¡Usted mi mano desprecia !
No señor; de ningún modo,
que sería yo muy necia...
¡ Usted me echa por el lodo!
(¡Qué golpe!)
(¡ Qué peripecia !)
Quéjese usted si después
por otro hombre me intereso.
No es esto desprecio ; esto es...
querer ser* viuda. (Doti Miguel se levantad)
(Aparte con don Jorge.') Dice eso
por decir algo.
¡ Pues !
¡ Pues !
¡Viuda, y con tal perfección
digna de corona y solio !
No, que esa resolución ,
si en otras resignación ,
fuera en usted... monopolio.
I Quién el mundo desampara
sin cumplir los veintidós ?
No sea usted tan avara...
Para algo ha criado Dios
los hechizos de esa cara.
Bien puede ser que algún día
cansada de mi manía
me case segunda vez.
Por ahora , todavía
no me cansa la viudez.
Como estaba poco ducho ,
mi primer amor fué loco;
mas ya á la prudencia escucho '
y si ayer lo pensé poco
:9A<
> 4
is
*9
hoy quiero pensarlo mucho ;
y pues — ¡con harto pesar
lo digo! — no es don Miguel
quien me llevará al altar,
ni he de ser dama de aquel
con quien- no me he de casar... —
Ruego á usted que me permita
no sacar la consecuencia ;
y si me hace otra visita ,
que no haya reincidencia...
(¡ Bendita seas!)
(¡ Bendita !)
Yo... (El despecho me devora.)
Por eso...
(¡Perdí el albur!)
No me prive usted ahora
de su amistad.
D. MIGUEL. No, señora...
A los pies de usted.
Ahur.
(Tasc don Miguel por la puerta del foro. Luisa se /c-
vantai)
Amoscado va. Sin duda
no esperaba errar el golpe,
pero...
|D. JORGE. (Saliendo del biombo j ocultándose don
Diego.')
A mí me toca ahora.
li.üiSA. ¿ es esto, señor don Jorge ?
YDon Miguel vuelve de puntillas y entra en el biombo
sin que Luisa le vea.)
p. JORGE. Esto es, señora, que yo..,
ruego á usted que me perdone,
como hoy es dia de audiencia ,
venia... Pero aquel joven
se adelantó, y recordando
lo de el onceno , no estorbes
no he querido interrumpirle,
y detras de ese armatoste
con la paciencia de un santo
le he dejado que desfogue.
jJiSA. Esta casa es muy de usted.
D. 'diego,
.LUISA.
mas no tanto que se tome
la libertad de ocultarse
• 1 .
para oír couversacioiics
que no le atañen.
(Asomando la cabeza.) (jBien!)
(Haciendo lo mismo.)' (j Bien !)
Señora, si usted me oye
con indiligencia , verá
que no me faltan ra20iies,..
En primer lugar , el otro
y yo estábamos acordes...
Con que ¿esto ha sido una especie
de conspiración ? Tan doble
proceder... .
El lo propuso. , -
Quedamos los dos conformes...
Bien ; basta.
Yo, q’ue me precio
de proceder como noble
hasta con mis enemigos ,
juré, por los doce, apósloles
retirarme resignado
sin decir osle ni mosle
si los que él llora desdenes
hubieran sido favores.
Si aun asi la agravia á usted
quien por modestia se esconde ,
sírvanme de penilencia
las angustias, los sudores
que pasé mientras .temí
la victoria de aquel drope.
¿De veras? Mucho agradezco
la inquietud...
(j Diaulre!)
• (j Demontre !)
j Oh! créalo usted ;
temblaba como el azogue ;
que si bien no es muy temible
adversario tan mediocre...
(Entre dientes.)
¡ Necio...
(Al oido.) j Calla !
I.UiSA.
1). JORGE.
luisa.
¡LUISA.
I). JORGE.
2 1
El ser usted ,
que foJos lo reconocen ,
graciosa como unas inialnias,
y linda como unas llores ,
y el tener una docena
de, galanes que la ronden ,
no impedia, — pues las damas
nunca aciertan cuando escogen , —
que se decidiera usted
por el peor de los doce.
¡ ílurn...
jCliist...!
¡Qué gracia! ¡Qué cliispa!
¡ Hurn...
I Chisl...
¡Es usted el liombrc
mas divertido... !
¿ Qué mucho
si me, inspiran esos soles...
No mas lisonjas, por Dios ,
que me salen los colores.
(¡ Em... malo...!)
¡ Ab divina...
* (¡ Em... malo !)
Por dicha, al cabo y al postre,
le dio usted su merecido. —
Recémosle un Pater noster.
(¡Brr...!)
Su merecido, no;
que don Miguel tiene dotes
apreciables...
(¡Ah...!)
Sí; usted,
que es dulce como el arrope,
disimula, satisíecha
con dejarle á buenas noches ,
sus defectos; mas yo digo
que tiene muchos y enormes.
¿ Cuáles?
En primer lugar,
no tiene un real , ni de dónde
le venga.
«
2 2
D. 'JORGE.
(¡ Aleve... !)
En segundo...
Pero con decir que es pobre
lo be dicho todo. — Ahora bien,
yo no sé hilvanar primores
retóricos , pero esquilmo
en mis viñas y en mis trojes
vino para toda Europa ,
trigo para todo el orbe.
Mi padre fue proveedor
del ejército del norte
y luego empleado en eso
de amortización... ¿ Eh? Conque...
¡ Digo, ¿ si tendrá el riñon
bien cubierto! Y no hay mas prole
que yo, que si no presumo
de ser helio como Adonis,
por donde otros se pasean... ,
á pie, rae paseo... ¡en coche!
Ea pues; ¿se hace negocio?
¿Quiere usled ser mi consorte?
Señor don Jorge, confieso
que á tales proposiciones
es difícil resistir , ■
que hay en los tiempos que corren
pocas Dafnes para Apolo,
muchas Dánaes para Jove.
(¡Él triunfa!)-
(¡ Él triunfa !)
(¡Yo triunfo!)
Pero...
(¡Hay pero!)
El mismo molde
no nos ha vaciado á todas.
Si otras, menguando su nombre,
como fincas nacionales '
convidan licitadores,
yo, sin pretender por eso
tener el alma de bronce ,
soy demasiado orgullosa
para sufrir que me compren.
(¡ Bien ! Ya no tengo rivales.)
D. JORGE,
%
D. JORGE. ,
B
(Eslo alivia mis dolores.)
\Ie he quedado , vive Dios ,
como quien mira visiones.
¡Despreciar á un millonario,
á un... ¡Como quien dice á un lióscJtild..
Mírelo usted bien , señora.
Mire usted que no se coge
tan fácilmente una ganga
como esta. Sea usted dócil...
¡ Qué porfía ! ¿Dará usted
lugar á que me incomode...
No , señora... Y yo tampoco.
(¡Me colgaria de un roble!)
De gustos no hay nada escrito.
Si usted me dice que nones ,
allá se las haya. Usted
pierde mas que yo. (Luisa se rie.)
(¡Alcornoque I)
(¡Bárbaro !)
¿ Rie usted ? ¡ Bueno !
Pues ¿qué quiere usted ? ¿Que llore ,
oyendo tantas lindezas ?
Entiendo. Soy yo muy torpe
para enamorar á damas
tan... ¡Abur! ¡Que usted la goce...
Pero si usted me desdeña,
otras mil habrá en la corte
que se darán con un canto...
(¡ Estoy echando los bofes!)
Y escogeré entre ellas como
entre peras ó melones...
Y si aqui no encuentro novia
mandaré por una á Londres.
(Yéndose.
(Si ahora prefiere á don Diego
va á haber camorra y desorden.)
(Don Jorge es un animal
algo parecido al hombre.)
(Saliendo del biombo.)
¡ Luisa... !
¿ Qué veo !
¡ Alma mia... !
¿4
I* Luisita...!
jOtra misa sale!
(Don Jorge vueloc de puntillas y entra de nuevo en el
biombo. )
D. DIEGO. No hay placer que al mío iguale...
¿También usted se escondía?
D. DIEGO. Sí, hermosa.
j Tanta tramoya...
Ese biombo..., diga usté,
¿ es el arca de Noé ?
¿Es el caballo de troya?
¡Es mucha ridiculez...
¿ A ver? Salgan de su centro
todos los que se hallen dentro
y acabemos de una vez.
(Abre el biombo y vuelven á la escena don Miguel y 'don
j Don Miguel... ¡ Don Jorge...
¡ Luisa... !
¿Qué impertinente y grosero
desacato es este*? — Pero
mejor es tomarlo a risa.
Filé convenio de los tres
para averiguar asi
quién era el dichoso...
Sí.
Si alguno ha de serlo.
Pues.
Yo espero el tercer naufragio,
no obstante mis arrechuchos ;
porque , al cabo, mal de muchos...
Ya sabe usted el adagio.
¡por la Virgen, señores! —
¿ es mi mano’ bancarrota ,
que contra mí se alborota
tal concurso de acreedores ? .
«Suyo, no mió, es el yerro
si mis rivales ahora
no saben hacer , señora ,
el silogismo del perro. —
El perro , animal tan fino
en cuanto á vista y nariz.
y de instinto tan feliz,
pierde á su amo en un camino.
Prosigue con interes
por dicho camino el viaje
hasta que llega á un parage
donde se divide en tres.
Huele con suma eficacia
su inteligencia perruna
de las tres sendas la una ;
la de en medio, verbi gracia.
No rastrea alli la pista
á corto ni á largo trecho,
y hacia el camino derecho
vuelve el olfato y la vista ;
y como en esta vereda
tampoco la huella asoma ,
sin ma» diligencia toma
el camino que le queda.
\ es que hace este raciocinio ,
con criterio nada escaso,
que no observaron acaso
ni Aristóteles ni Plinio:
'Ya mi oler no es oportuno.
De tres caminos que encuentro,
izquierda, derecha y centro,
tiró el amo por alguno.
No es posible que me pierda.
Si por este v el de en medio
no fue , tomó sin remedio
el camino de la izquierda.’
Ahora apliquemos el cuento.
Los tres que estamos presentes
somos aqui pretendientes
de ese divino portento.
No creo que á eterno ayuno
se resigne, y fuerza es
que, adorándola los tres ,
se decida al fin por uno.
Dos ha desechado; luego,
si no han logrado cuartel
don Jorge ni don Miguel ,
claro está que ama á don Diego.
Negó conseqncntiam.
¿ Pues ?
Porque si á todos segrego,
ni amo á Jorge, ni amo á Diego
ni á ninguno de los tres.
(¡ Bravo !)
(jDIvino!)
En efecto ;
pero yo... en este capítulo
creí tenai' mas de un título
para ser el predilecto.
Lo que valgo... ya se sabe,
y por eso no lo invoco,
porque, valga mucho ó poco,
no está bien que uno se alabe.
Quizá porque es mi destino
agradar á tanta dama, •
me perjudica la fama
de voltario y libertino;
mas tanto mejor si ves,
bella Luisa , que prescindo
de mis lauros y los rindo
por trofeos de tus pies.
No, que temo sus arrojos
siendo tantas y tan bellas ,
que si compilo con ellas
me van á sacar los ojos.>
¡Bien!
También sufre este peje
la suerte de sus rivales.
A todos los dejo iguales
para que nadie se queje; —
pero temo, lo confieso,
que, indispuestos ya conmigo,
ninguno sea mi amigo...
i Ba...!
Señora...
Nada de eso.
¿Sí? Cesa la pena mia,
que á fé de honrada muger
sintiera mucho perder
tres amigos en un dia.
No habléis de lazo importuno
que menos que halaga oprime.
Dejad que á los tres estime
sin preferir á ninguno. —
No se olvide usted de mí,
don Miguel, y verso ó prosa,
escríbame alguna* cosa
en el álbum que le di. — -
Don Jorge tiene un vergel
de que no en vano se engríe. —
Suplico á usted que me envíe
otro ramo como aquel. —
Mañana habrá reunión
casa del marques de Priego.
Cuento con usted, don Diego,
para el primer rigodón. —
Y á fuer de amiga sencilla
ahora, señores, me voy
sin ceremonia , que estoy
todavía de mantilla. —
(Viendo que los tres toman los sombreros
¿ A qué tomar los sombreros ?
Yo...
i DIEGO. Es tarde...
1 MIGUEL. Las doce dan...
jliSA. ¡Ah! bien; si ustedes se van...
Hasta mas ver, caballeros.
(Entra en el cuarto de la izquierda)
ESCENA VI.
DON DIEGO, DON MIGUEL. DON JORGE.
DrORGE.
0 aiGUEL.
ÍL'IEGO.
3¡iego.
don Diego tomándole la mano i)
¡Esa mano, camarada!
Nada tenemos ahora
que envidiarnos.
¡ Cómo dora
la píldora!
Es muy taimada.
Al fin, menos malo es esto.
Sí; tratarnos como amigos...
D, MIGUEL.
D. diego.
(Yo la hablaré sin lesligos.)
(Yo mudaré de bisie.sto.)
(Aun no pierdo la esperanza.)
(En m¡ ingenio tengo fé.)
(Con celos la rendiré.)
(El oro todo lo alcanza.)
(No ha de faltarme ocasión...)
(La escribiré mil primores.)
(Con achaque de las llores...)
(El álbum...)
(El rigodón...)
(A don Diego.)
¿ Se cavila ?
Yo... no. Cuando...
Pesarosos del reves
parece que lodos tres
estamos soliloquiando.
Lo que es yo, no es porque intento
importunar á una necia
semejante que no aprecia i
como debe mi talento.
Compasión me inspira, sí,
que el encono fuera injusto,
muger que tiene el mal gusto
de no prendarse de mí.
Ni á raí me importa un confite
su capricho estrafalario.
¡Ya ve usted si un millonario
hallará pronto desquite!
Si no la han de merecer
belleza, ingenio, caudal...,
¿qué se promete esa mal
aconsejada muger ?
¿ Será acaso su deseo...
¿ Que sea yo urt animal...
¿Que yo vaya al hospital...
¿O que yo me vuelva feo?
No la inquietará uii arrullo.
Su desden no me hace mella.
Mas si reñimos con ella
lisonjeamos su orgullo.
Ni reñir, ni hacer el tonto.
sino un cierto ten con ten...
D. JORGE. Y por tanto, será bien
irnos ahora...
D. MIGUE!..
Sí ; pronto.
Vamos, señores. Me aparto
de aqui sin gloria ni pena.
Vamos. Si á los tres condena
por favorecer á un cuarto...
Tomará por consecuencia
marido pobre...
D. MIGUEL. Menguado...
D. DIEGO. Feo...
D. JORGE. ¡Pues!
D. MIGUEL. Y en el pecado...
LOS TRES. Llevará la penitencia.
!,Al retirarse los tres por el foro asoma Marcelina
i la puerta de la izquierda.')
por
ESCENA VIL
MARCELINA.
¡lARCELINA.
i.UISA.
iarcelina.
, üisa'.
arcelina.
'JISA.
Ya se van.
(Saliendo.) ¡Gracias á Dios
que me dejan con sosiego!
Yo lo siento por don Diego,
que lo que es los otros dos...
¡Hola! ¿Le proteges tú?
No tal ; pero... ¡ si es un mozo
tan gallardo que da gozo!
¡Si aquello vale un Perú!
Sí; ¡bello busto!
¡ Hermosismo !
Yo le amaría quizá
si no hablase; ¡pero está
tan pagado de sí mismo!
¡ Ba ! Dejémonos de frases.
Ltsted...,
ya no tengo duda, —
no quiere salir de viuda
en jamas de los jamases.
¡Ah! no; que niugcr honrada,
3o
joven, no fea y sin madre,
. cuadre á su gusto ó no cuadre ,
no está bien sino rasada.
Solo haré callar al mundo
dando á otro esposo la mano ; —
mas ya he sufrido un tirano,
j Líbreme Dios del segundo!
Si á uno de los tres me rindo,
me hará vivir en un potro
este porque es rico, el otro
por discreto, aquel por lindo;
y no quiero esposo, no,
' ■ para que sea en mi agravio
ni mas rico, ni mas sabio
ni mas hermoso que yo;
f declaro en fin, si es preciso,
que ya á mi orgullo altanero
no basta un fiel compañero,
sino un vasallo sumiso.
1 \()jcse otra vez la campanilla.
MARCELiK.\. ¡Ilum... Todos tascan el freno
y lodos son de la piel
del diablo. — Sumiso y fiel...
¿ Dónde eslá ese fenómeno?
ESCENA VIH.
MARCELINA. ANTONIO.
ANTOKJO. (Con una carta t¡ue entrega á Luisa.')
Señora...
MARCELINA. (Mientras Luisa mira el sobrescrito y oh
la carta.)
( ¡ La niña esta... !
Como no entregue su dote
á un tonto de capirote...)
LUISA. (¿Quien será...)
ANTONIO. Esperan respuesta.
ESCENA IX.
i
MARCELINA.
(Después de haber ojeado la carta.
¡Otro amante! Soy feliz.
¿ Es posible... !
Asi lo infiero.
Veré la firma primero.
(Lee.) Pedro Celestino Ruiz.
Cero y van cuatro. ¡ Qué sarta !
¿Le conoces tú?
Yo no.
¿De dónde...
Tampoco yo. •—
Pero leamos la carta.
(Lee.) ''Mi señora doña Luisa
Razan , Laso de la Vega,
aunque tiemblo y no me llega
á las carnes la camisa
si con el bello poi'tento
de que rae llamo cautivo
comparo cuando os escribo
mi pobre merecimiento,
á mostraros me decido
la pasión con que batallo,
*que si mas tiempo la callo
voy á dar un estallido.
Con corta renta me ausilia
ini limitada fortuna;
no blasono de alta cuna
aunque honrada es mi familia;
pero apacible y tranquilo
os ofrezco , dueño hermoso,
con el amor de un esposo
la sumisión de un pupilo,
que esta es la senda mas llana
para ser digno de vos
y para vivir los dos
en una paz octaviana.
Si esta carta no os írrita,
permitid que lo que os digo
de palabra y sin testigo
á vuestras plantas repita,
y humillando la cerviz
en la actitud mas modesta
aguarda vuestra respuesta
Pedro Celestino Ruiz. —
¡Ah! no es 'justo que le prive
mi crueldad de esc placer.
Un ángel debe de ser
quien de esta manera escribe.
¡ Sí ; patudo !
No hay razón
para dudar...
Algún pillo.
No. Este lenguaje sencillo
procede del corazón.
Cierto será, pero á mí...
¡ Ba... ! Reniego de su nombre.
¿ Qué puede valer un hombre
que se echa en el surco asi ?
Será cuitado, enfermizo,
enclenque... ¡Quite usté allá...!
¿Qué sabemos...
No valdrá
lo que costó su bautizo.
¡Que se vaya el pisaverde
muy noramala!
¡Oh! no es justo...
Le veremos...
¡Qué. mal gusto!
¿Pero en eso qué se pierde?
El tiempo y la...
En fin , tal es
mi voluntad. Anda...
Pero...
Ya basta. — Di que le espero...
(¡Hum...!) Bien. ¿A qué hora?
A las tres
✓
ESCENA X.
¡Qué humildad y qué ternura!
Si en lo que dice no miente
y no es por desgracia un ente
de despreciable figura,
yo voy á volverme loca
de gozo. ¡ Yo seré el ama ,
y él... Vamos; esto se llama
un novio á pedir de boca.
(Entra en el cuarto de la iz(\u(erda.')
Acto segundo
ACTO SEGUNDO.
ESCENA PRIMERA.
Ya sé, ya sé... Doña Luisa
mi señora saldrá pronto.
Bien.
(¡ Em... qué facha de Ionio!)
Ahora...
Bien. No tengo prisa.
(Vamos; será un desatino...)
¿Puedo sentarme ?
Sí.
(Se sienta don Celestino.')
(jQué hombre
tan insulso! Bien que, el nombre
lo dice: ¡don Celestino! )
¡Oiga usted!
(En ademan de levantarse.)
¿Eh?
Es l ése quedo. —
Con que, ¿usted ama á la viuda ?
¡Ah...!
Y trata...
Si Dios me ayuda'..j
(A ver si le meto miedo.)
Cualquier galan se arregosta
al ver su rostro divino;
mas sepa don Celestino..*
%
¿ Q'H' ?
Que hay moros en la cosía.
jPues ya! Con tales encantos
no estrauo... Pero esa dama
no sentirá, pues me llama,
que yo sea uno de tantos.
Pero de eso á ser marido,
hay mil leguas.
Si no agrado...
Una cosa es ser llamado
y otra...
¿ ?
Ser escogido.
¿Luego usted rae anuncia...
Un nó.
Si falla asi mi proceso,
¡paciencia! mas no por eso
dejaré de amarla yo.
Es que, amén de ese percance,
podrá haber otros peores.
1 Cómo...!
1). CELESr.
Hay tres competidores
y con cada cuál un lance...
¿ Cómo... un lance ?
¡ Un desafio í
¿Yo desafio? ¡ Jamas !
El quinto, no matarás.
¡ Yo desafio , Dios inlo !
MARCELINA. ¿Enamorado, y con miedo?
¡Qué horror! Será usted la risa
de Madrid.
Si rae ama Luisa ,
lo demas me importa un bledo.
í D. CELEST.
MARCELINA-
I>. CELEST.
D- CELEST,
¿ Amarle á usted? ¡Buenas trazas
tiene ella de eso! Yo sé
de muy buena tinta...
¿ Qué ?
- Cuente usted con calabazas.
¡ Ah! Me hará un flaco servicio.
Pero esa sentencia dura
¿es que... usted se la figura,
ó me la dice... de oficio?
I). CELEST.
I). CELEST.
I). CELEST.
1). CELEST.
No, señor; pero mi roce
con el ama... Y cuando miro
y oservo... A'amos , -si á tiro
de ballesta se conoce...
Pero...
Son otras conquistas
las que ella...
Aquel papel i to...
Ver á un hombre por escrito
no es lo mesmo que á ojos vistas.
¿ Tan feo soy ijue los ojos
de las niugeres se asustan...
Feo no, mas no la gustan
los hombres asi..., tan flojos.
(Ay de mí...!
Dirá al momento:
vale ese hombre lo que pesa
para servir (¡Chúpale esa!)
de donado en un convento.
Pero, aunque sea tan loca
mi pasión como funesta
la suspirada respuesta ,
quiero oirla de su boca.
Pero ¡señor! Siendo usted
de corazón tan peijueño ,
¿qué senifica ese empeño
de poner pies en pared ?
(Levantándose.')
Es que la amo con delirio
y , sin ser batallador,
tengo yo acá mi valor...
¿ ()ué valor ?
El del martirio.
Si usted mesmo hace su elogio,
no será milagro...
¿ Qwé ?
Que en casándose entre usté..*
¿ Dónde ?
En el martlrulogio.
(Mirando liúda la puerta de la izqiiierd)
¡ Ay , ella sale ! I
(¡ Hum ! (Mal haya...) !
D. CELEST. (Saludando.'
St'ilora... Yo...
LUISA. (Saliendo.') Caballero...
(Hace una sería á Marcelina' para
MAiiCELiNA. (Simples los he visto, pero
este pasa de la raya.)
que se reí i re.')
ESCENA II,
DON CELESTINO.
D, CELEST.
Usted .será sin duda
don Celestino Riiiz...
El mismo; sí, señora,
muy servidor y muy...
Gracias. ( ¡Por vida mía
que es mozo rhny gentil ! )
(Sentándose.)
Siéntese usted.
». CELEST. Señora ,
i tanto favor...
I (Torna una silla j se sienta lejos de Luisa.)
i luisa. ¿ Alli ?
\ ¿ Por qué tan lejos...
ij D. CELEST. (/ cvuntándosc.) Temo...
il LUISA. ¡ Qué miedo tan pueril!
ÍD. CELEST. ■ (Sentándose junto á lAtisa.)
Yo... Si... Bien.
¡LUISA.
Por ventura ,
l
¿soy yo algún javalí?
No. ¡Ay Jesús! Al contrario:
una...
;LUISA.
¿ Q'ié?
D. CELEST,
Un serafín.
Mire usted que no gusto
15. CELEST.
yo de lisonjas, ni...
¿Qué... ¿ Cíhno... ¿Usted se ofend
¡Válgame San Dionís...
No volveré á decirlo
f.UlSA.
aunque lo sienta asi.
Si usted lo siente, vamos...
1). CELEST.
I). CELEST.
Ese ya es olro quid.
Yo no prohíbo á nadie
que diga su sentir.
I* Ah ! pues si yo dijera
(Con la mano en el pecho.)
Iodo lo que hay aquí...,
pero... ya me habré puesto
rojo como cd carmín.
Es cierto , y tembloroso
cual tímida perdiz
cuando de cerca mira
las garras del neblí. ~
Si es ataque de nervios
traerán un elixir...
Gracias ; no... Por ahora...
Se aplica á la nariz ..
No; ¡si lodo es vergüenza..»
No puedo reprimir..*.
Como es usted tan linda
y yo, al cabo y al liii,
soy... y estamos tan cerca...,
tengo el alma en un tris.
¡Ah...! me pondré mas lejos.
No quiero que por mí...
No ; ya estoy mas tranquilo ,
mas sereno... Es decir ,
tranquilo, no; que temo
no ser ¡ ay infeliz !
el dueíio de esa mano
que vale un Potosí.
Veremos... Por ahora,
bástele á usted oir
que aquel billcle.i.
¿ El inio ?
Con gusto lo leí.
¡ Ay Dios... !
En él no hay pruebas
de ingenio muy sutil,
pero es tan respetuoso
aquel estilo...
¡ Oh , sí!
De docto no presumo.
», CELEST.
Un poco de latin
que me enseñó mi tio
don Sebastian Ortiz,
presbítero...
Eso basta.
No puedo yo exigir
que tenga todo el mundo
la ciencia de Merlin.
INlas ¿ respetuoso... Sicmj)re
con las damas lo fui;
y el que no las respeta
es un chisgaravis ;
y mas siendo tan monas
de frente y de perfil
y teniendo esa gracia
que no sé definir.
(¡Qué interesante joven!)
Si mal no comprendí,
me ama usted...
Sí , señora ;
como al olmo la vid ,
como la...
¿Desde cuándo?
¡ Ay ! desde el raes de Abril.
¿ Y cómo lanío tiempo
callárselo y sulrir...
¡Mi cortedad , señora...
IVÍe pareció... Creí...
Para hablar á una dama,
que no es emperatriz,
y decirla: alraa mia,
muero de amor por tí,
¿ se necesita acaso
el corazón de un Cid?
Sí cuando ella es divina
y el hombre baladí j
sí cuando ella es discreta
y él no tiene un barniz
siquiera de ese... tono
que no hay en mi pais,
y él viste en ropería
y ella por figuriu.
4o
¡ Eli! yo... ( ¡ Pues no U* sienta
tan mal ese JJantzick \ )
Por eso yo no osaba
sino mirar, gemir,
y basta senlia un cierto
remordimiento...
¿Sí?
De aspirar á una dicha
que yo, gusano vil,
no debo...
( ¡Pobreclllo! ) .
I Por qué no... ? (Es aprendiz.)
En tanto, no comia
apenas, y el esplin
ya me iba aniquilando
en mi edad juvenil.
¿ De veras ? ( ¡ Todavía...
INIe hará llorar...!)
Al fm
fue tal esta mañana
mi ardiente frenesí,
íjue dije: no hay remedio;
yo la voy á escribir,
y puse aquella carta
que. no vale un tarín...,
pero aun vallan menos
las siete que rompí.
No, no es aquella carta
de ningún zarramplín.
l\sted es muy modesto...
(¡ Asi te quiero , asi !)
Si no hay en ella dores,
ni perlas, ni rubís,
el alma la ba dictado,
que yo no sé fingir.
Y la verdad sencilla
me gusta mas á raí
que música celeste
con frases de París ;
ni deslumbran mis ojos
carrozas de marfil ,
ni rancia ejecutoria
D, CELEST.
con forro carmes/,*
que de hombre generoso
suele nacer el ruin.
¡Qué oigo! ¿Usted me perdona
la osadía..., el desliz...
¿Desliz? Si asi le llamo
seré injusta , incivil... ,
y en vano , que mis ojos
me habrán de desmentir.
¡Cielos...! ¡Oh! mi alegría
no cabe en el confín
del pecho...
¡Eh! poco á poco.
No he dicho...
¡Ah...! Yo entendí
pensé...
Usted , por lo visto ,
no es hijo de Madrid.
No , señora ; serrano.
Mi pueblo... Yo nací
en una pobre aldea
cerca de Albarracin. •
Habrá unos siete meses
que vine... á consumir
mi tiempo pretendiendo •
siquiera un alfolí ,
hado en las promesas
de cierto zascandil
que me chupó los cuartos
y se marchó á Guadix.
Pues ¿ cómo... ¿Usted no tiene
fincas de que vivir?
Sí, señora j una tierra
que siembro de maiz,
y dos ó tres majuelos,
y casa con jardin... ,
chiquito, pero...
¿Y cuánto
podria producir...
Poco. Un año con otro ,
mi renta es de dos mil
v setecientos reales
», CELEST.
con diez maravedís.
Ya hay para no morirse...
de sed.
Vea lisié ahí
la causa de mi miedo,
pues sin fortuna y sin...
Mas lo poco que valgo
he querido advertir
antes que hacerme reo
de vergonzoso ardid.
(¡Si digo que es un ángel!)
Jamas avara fui ,
y aunque usted no cogiera
un solo celemin
de trigo ni tuviese
cama donde dormir,
diérale con mi hacienda ,
que no es grano de anís,
la mano que he negado
á mas de un paladín.
¡Oh dicha inesperada...!
¡Cómo siento latir
mi corazón...
Pero antes
quiero saber...
¡Sí, sí;
usted puede informarse..*
¡Oh! no soy alguacil...
El patrón..., los vecinos...
vivo cerca de aqui :
calle de la Montera,
enfrente de San Luis,
número treinta y ocho,
en un chiribitil...
No es menester... Ni es eso
lo que iba á prevenir.
¿ Pues qué ?
Si nos casamos.
¡Oh gloria! ¡Oh regoci...
¡Oiga usted , aturdido!
No vuelvo á interrumpir.
¿Promete usted ser dócil,
larnhicn
LUlSAí
i
I). CELEST.
como escrito lo vi ,
y obedecerme en todo
sin chistar , sin gruñir ?
jOh ! SI ; como si futra
la autoridad civil
á mi querida esposa
doblaré la cerviz.
¿ Lo hará usted de buen grado ?
¿ Pues no he de hacerlo asi ,
mi bien, si no merezco
besar ese escarpin ?
¿ Y cómo resistirse
á entrar por el carril
que quiera señalarle
tan bello qucrubin
quien solo ha visto el mundo
pintado en un tapiz?
Y luego, mi carácter
pacííito, infantil...
Jamas en las cuestiones
políticas metí
•mi cuezo ; mas si un dia
me fuerzan á inscribir
mi nombre en un partido ,
cáteme usted servil.
(Levantándose. Don Celestino se levanta
Bien ; quedo satisfecha.—
Ahora voy á salir. —
Vuelva usted y hablaremos...
Sí ; me voy... Pero...
j Chist...!
(En ademan de arrodillarse.
Callo y me postro...
(Con gravedad.' ¡ Arriba...!
No puedo permitir...
( Enderezándose con prontitud i)
Bien está.
(Mirándole con ternura.)
¡A Dios!
( ¡Qué hermosa ! )
¡A Dios...! (¡Ah, soy feliz!)
ESCENA líl.
LUISA. •
¡Escclenle marido! Ni de encargo
me le harian mejor. No tiene precio ;
;y habrá quien diga al verle, sin embargo,
que es un pedazo de alcornoque, un necio!
No, que si bien le turba la vergüenza,
como al fm j<Wen cándido y modesto ,
nada muestra en su bal)lar , nada en su gesto
que de sandio y de bobo le convenza.
El dice con lisura lo que siente ,
sino en estilo ameno y elocuente,
con recto jtiicio y singular gracejo
que señas son de natural despejo.
Podrá faltarle el cortesano adobo,
y nada importa aunque jamas le adquiera,
mas nunca el yerto corazón de un bobo
con tan activa llama se encendiera.
Su índole apacible por un lado ;
por otro la pobreza de su estado
unida á la pasión con que me adora,
todo prueba que fiel subortl inado «
bendecirá la ley de su señora.
No será la de un déspota verdugo,
que amor ya á mi bondad le recomienda
y mientras siga la trazada senda
ligero á su cerviz será mi yugo.
¡Y es bello mozo á fé ! Sin vano afeite,
cautiva el corazón su talle esbelto.
¡Cuántas le mirarian con deleite
á ser menos bisoño y mas resuelto!
Pues si , hermoso en el cuerpo y en el alma
y de carácter plácido y tranquilo, ♦
se entrega á discreción , ¿ por qué vacilo
y á tan humilde amor no doy la palma?
Sí ; pese á Diego y á Miguel y al hijo
del proveedor, que me enterraba' en oro,
á Celestino, á mi serrano elijo,
á mi serrano, á Celestino adoro.—
Pero será prudente... Sí; no quiero,
, AST.
fiada de su solo leslimonio,
darle... No procedamos de ligero.
(Tirando del cardón de la campanilla
líueno será indagar...
ESCENA ÍV.
MARCELINA. ANTONIO.
Escucha, An Ionio.
Mándeme usted , señora.
Señorita... •
¿Iba usted á salir?
Sí ; á una visita. —
Antonio, tú eres fiel á toda prueba;
fiel y sagaz.
Señora , aunque no deba
cantarme letanías á mí mismo,
mi honradez es notoria.
(¡Ilum! ¡Lagotero..!)
Lo sé.
Y la quiero á usted con fanatismo,
porque la vi nacer...
Bien está. Esporo
que sabrás ser discreto y diligente...
¡Oh... !
(¿Qué será...)
Pues rae interesa mucho
saber lo que deseo exaci ámenle.
No me importa el por qué. Vamos; y escucho.
Quiero, mi buen Antonio , que averigües
cuanto puedas de un joven que se llama
don Celestino Ruiz...
Bien está, mi ama.
I * ¿ Es aquel que...
Sí ; no te santigües.
¿ Se casa usted con él? ¡San Cayetano...!
Sí ; ¿ y qué tenemos...
¡Ah... !
¿ Será preciso
para que yo disponga de raí mano
que me dé Marcelina su permiso ?
No, señora; yo no, mas...
¡Punto en boca !
Cuando mandan las amas ó los amos ,
á nosotros...
Y á usted ¿quién le...
¡Chisl...! ¡Vamos..
Solo callar y obedecer nos toca. —
Con que, abriguar... ¿Y cuándo?
Ahora mismo.
Pues fie usté de mí, señora mia.
Sabré desde la pila de bautismo
la historia de ese Kuiz dia por dia.
Pues apuradamente soy yo el propio
para agente fisgón de policía.
¡Digo! Veo yo mas que un taliscopio
y á manera de espíritu ó de bruja
me meto por el ojo de una a bu ja.
¡Vaya...! No habrá rincón, no habrá guarida
que no vea y registre , aunque me balde.
Veré, al gele político, al alcalde
de barrio, al del cuartel... Y ¡por mi vieja*..
(Fr'/ií/osc.)
Don Celestino Ruiz : no se rae olvida.
¡Oye, hombre! ¡Si aun no sabes...
¡Está chocho!
¡Ah! Vive, ¿calle de..;
De la Montera.
¿ Número de la casa ?
Treinta y ocho.
Enfrente de San Luis.
Pasta. En la acera •
de la derecha.!. Basta. Ya no quiero
saber...
Casa de huéspedes...
' Lo infiero.
No mas. Yo sabré el cómo, el por qué , el cuándo.
Vóime corriendo y volveré volando.
ESCENA V.
MARCELINA»
Cuida tií de la casa.
; MARC.
> lüiSA.
‘ MAIIC.
. MAr.C.
f MARC.
? LUISA.
i
Bien, señora. —
¿Vuelve usted pronto?
Dentro de una hora.
¿ No come usted en casa de su tia ,
á lo que veo?
Hoy, no: cómo en la mía.-
Hasta luego. — ¡Ah! s¡ el joven que antes vino,
vuelve...
¿ Don Diego ?
¡No!; don Celestino;
recíbele con mucha cortesía...
¡Pues ya.,.! Casta que usted... (¡Estoy... que bramo!)
Porque probablemente... será tu amo.
ESCENA VI.
Vamos, como dijo el otro,
la entró por el ojo drecho.
Pero, señor, ¡si es un alma
del Limbo, un santo de yeso,
y un cuitado que no tiene
sobre qué caerse muerto !
¿ Cómo se habrá pergeñado
para conquistar su atculo?
El á decir la verdad
no tiene nada de leo,
pero su aire de novicio
y su aquel de lugareño...
¿ No es un cargo de conceiicia
dejar por aquel madero
á un mozo tan currutaco,
tan guapo como don Diego ,
tan... Vamos, la vera friges
de mi difunto barbero?
Ella... , ya se ve , su cárculo...
Cada uno tiene su genio
y se entiende y baila solo,
y cuando el marido es cero
se pone una los calzones
y campa por su rcspelo.
Por ese lado... lal cual ;
pero con lodo y con eso...
(Siicna dentro la campanilla
Mas parece que han llamado.
Vamos á ver... Ya han abierto.
ESCENA VII.
(Con un álbum!)
¡Hola, Marcelina! ¿Está
visible Luisila ? ¿Puedo...
¿Pues no la ha encontrado usted ?
Ha salido hace un momento.
I). MIGUEL.
No; no la he visto. Sin duda
irá por camino opuesto...
(O'jcse otra vez la campanilla.)
Otra vez llaman. Parece
esta casa una.,.
ESCENA VIII.
(Con un hermoso ramo de flores.)
Laus Ueo.
n. MIGUEL.
¡Oh, seíior don Jorge!
Tanto
andamos como corremo.s. *
Ciertamente. Yo he venido...
Ya le he visto á usted de lejos.
n. MIGUEL.
Siguiendo el plan concertado...
I). JORGE.
¡Pues! Yo también, con arreglo...
Porque ella no se figure
que estoy desolado,' vengo...
I). JORGE.
Y yo porque no se diga
que rabio y me desespero...
¡Hola! ¡ Magnífico ramo!
Es de mi jardin.
j Soberbio!
D, JORGE,
D, MIGUEI.
Como ella me le pidió,
sería yo muy grosero
si. .i
Es claro.
Por lo demas,
crea usted que no pretendo...
jBa! Yo tampoco...
¿Y qué viene
á ser ese... mamotreto?
El albura. Como me dijo
Luisita...
Sí ; ya recuerdo.
Aquí be puesto... cualquier cosa.
Media docena de versos...
indiferentes.
Veamos..;
Sería perder el tiempo.
(Para el tonto que te crea.)
¡Cómo pesa...! Aquí le dejo.
(Deja el álbum sobre una silla.)
Según se esplican ustedes,
parece que en esos pechos
no queda ya ni una chispa
de aquel amoroso fuego.
En el mió... ni pavesas.
Aqui... nada.
Lo celebro ,
porque han de saber ustedes...
(Puclven d llamar.)
¡Ah! ¿qué ocurre...
¿ Qué hay de nuevo :
¿Ofra vez la campanilla?
¡ Vaya que boy...
Dinos...
Di presto...
ESCENA IX.
MARCELINA. DON MIGUEL. DON JORGE. DON DIEGO.
•t. • •
DIEGO. ( Ya están aqui. ¡Fuerte cosa...)
Señores'. ..
5o
¡ Diego í
¡ Don Diego!
¿Viene usted también curado
de su pasión...
Por supuesto.
Venia á decir á Luisa
que la marquesa de Priego
no da mañana soírée ,
y como soy que me alegro...
Ya; por aquel rigodón...
Amé á Luisa ; lo confieso,
j Caprichos...!
j Pues !
Pero ya
ni para bailar la quiero.
Pues una vez que los tres
no traen ustedes ojeplo
de amores ni de casorios
«
con mi ama , les aconsejo
que hacen bien en olvidarla,
porque ella ya tiene dueño.
¿Cómo! ¿Ella...
¿ Es posible... !
' ¿Quién?
Un pobre diablo, un don Pedro
Celestino Ruiz...
Jamas...
No conozco...
Es forastero.
Un serrano de la sierra
ele Albarracin , con el pelo
de la desa ; un desdichado
que apenas tenia aliento
para hablar ; un maricón
que se le antojan los dedos
huéspedes , y se le pone
la cara como un pimiento
á la menor..., y no tiene
con que hacer rezar á un ciego.
¡ Y á semejante avechucho
prefiere...
Y esto es tan cierto
ftlARCELIN.\.
n. JORGE,
3. DIEGO,
. MIGUEL.
• JORGE.
como llalli a ya de liodas
y anda en diligencias...
Pero
¿ cómo lia podido ganar
su corazón ?
¿Qué secreto...
Que quiere para ella sola
la encurnbencia del manejo
de la casa , y que el marido
sea un nadie un estafermo,
asi... , á manera de mueble...
¿ Están ustedes ? Aquello
de el rej reina y no gobierna
que dicen que dijo el Eeo.
Y él á todo dice amén ,
porque es..., vamos, un borrego
que ni siente ni padece...
Aquí tiene usté el misterio.
¿ Qué oigo!
¡ Medrados estamos!
Por el siglo de mi abuelo,
que si fuera permitido
tener malos pensamientos
diría yo que hay su intríngulis
tal vez en esa...
(Tal creo.)
Pero, yo... ¡Dios rae defienda!
Nada lie dicho: me arrepiento.
¿Con que es tan caco y tan nulo
ese hombre...
Pues le prometo...
Usted sin duda exagera...
¿bxagerar? Aun rae quedo
muy corla. Creausted...
(Yo
mudaré de plan , si es cierto.)
Pero en isual de sentirlo
ustedes, en mi concento,
deben alegrarse.
Em... Sí.
Porque es castigo del cielo...
Castigo para no.solros,
que nos mira con desprecio
y luego entrega su mano
á semejante muñeco.
¡Y yo no lo he de sufrir,
vive Dios! que la aborrezco
de muerte ; pero tener
á un hombre como yo en menos
que á un pelagatos... jPor vida...
Me oirán los sordos... '
(Suena la campanilla.')
MARCELINA. ¡Silencio,
que han llamado! El será... ¡El es!
Ahí está. Ahur, caballeros.
ESCENA X.
MARCELINA. DON MIGUEL. DON JORGE. DON DIEGO. DON
1). DIEGO.
D. JüRE.
D. CELESTi
Mi señora... (No está aqui.)
¡ Ah! vSeñores mios , soy...
¡ Bien venido...
¿ Cómo ! ¿ Usted
le saluda...
Señor don...
Pedro Celestino Ruiz
para lo que usted...
Me doy
la enhorabuena de haber
conociilo á usted...
Yo , no.
j Usted no! Lo siento mucho.
Yo...
( ¡ Desesperado estoy ! )
Dígame usted , seo pelele...
¡Vaya una... interpelación...
¡Pelele! Tráteme usted
con mas... ¿ Le he faltado yo
en algo...
¿ Fallarme á mí...!
Al contrario.
Si hasta hoy...
Me sobra usted.
No comprendo...
¡Don Jorge..., moderación!
¡Sobrar yo... á usted ! Pues... ¿acaso...
¡No levante usted la voz!
Usted es quien la levanta,
señor... No tengo el honor...
¿Cómo es la gracia de usted ?
¿Gracia? ¿Eli? ¿Gracia...? ¡ Voto á bríos... !
¡Para gracias está el niño!
Pero...
\A don Diego en voz baja.)
¡ Vaya un hombre atroz !
(Si gue hahlando aparte con don Diego.')
(Paseándose furioso.)
( ¡ La pérfida...! )
( ¡Postergarme
á semejante ababol...!
¡Y yo en el álbum maldito
vuelvo á jurarla mi amor... !
Por fortuna todavía
no le ha visto. )
(jE'/2 voz baja á don Diegoi)
¿ Sí ? ¿ Los dos
la querian... ?
( Pero acaso
Marcelina se engañó. )
(A don Celestino.)
¿La ama usted ?
i D. JORGE,
í D. CELEST.
i D. JORGE.
¿ A quién ?
A Luisa.
Con todo mi corazón.
¡Muy bien!
1 D. CELEST.
¿ Pues no la be de amar
sí es linda como una flor?
1 D. JORGE.
¡Muy bien! ¡Muy bien! Y metiendo,
como quien dice , la hoz
en mies agena , ¿ es verdad
que ha tenido usted valor
para aspirar á su mano ?
f D. CELEST.
Aunque indigno...
■ D. MIGUEL.
(Yo me voy,
•+
que es mucha alienta...)
¿Y
que Luisa condescendió...
No sé... Creo... Me parece...-
¿ Sí , ó no ?
Pues... sí, señor.
l). JOBGE.
Pues hizo una necedad.
¿Cómo?
Yo hablo en español
Una necedad de á lolio.
¿Sí?
(A don Jorge.)
n. JORGE.
I). MIC. (I EL.
(Sigue
Eslá usted en un error.
Yo creo que no pudiera
liacer mejor elección.
¿Eh...?
(Recojo el álbum.) (Le toma.
Sí, por cierto.
hablando en voz baja con don Jorge.')
( jY por el sol
que me alumbra...) Caballeros...
¿Te vas ?
Sí; ya da rubor
estar aquí.
(A don Celestino.)
¡Mire usted
lo que hace, santo varón í
jOlro! Pues...
Si usted se casa
hágale muy buena pro,
mas, si no mienten los síntomas,
le amanecerá precoz
allá por el Capitolio
aljiuna constelación...
INo entiendo... Esplíqueme osled
esa...
Es inútil. A Dios.
ESCENA XI.
DON CELESTINO. DON DIEGO. DON JQllGE.
D. JORGE. *
if
¿Pero qué quiere decir...
Que cada quisque nació
con su signo y el de usted
no es el signo de León ;
que sin duda la viudita
le prepara algún complot...
INlas no lema usted que ahora
se cumpla la predicción.
¿ Por qué ?
Porque Usted...,
lo juro
á fé de Jorge Muiioz ,
no se casará con ella.
¿ Ouién ha de estorbarlo?
(Amenazándole.) Yo.
¡ Cielos... !
(Inlerponiéndose.)
¡Yamos...!
¿Oné? ¿No hay mas
que entrarse de hoz y de coz
donde tiene su querencia
(Con la mano en el pecho.)
un hombre de este tenor?
Pues como usted no desista
de su loca pretensión ,
ha de morir á mis manos...
j Válga me el Dios de Jacob...
¡Socorro...!
No lema usted ,
que no será tan feroz.
¿Que no? Tenga usted el ramo...,
(Le toma don Diego.)
verá si soy ó no soy...
(Abre la reja.)
¡Caribe...
Es reja. Si eií vez
de reja fuera balcón...
(Suena la campanilla.)
Mas tengo puños y dientes
5G
y «jias... '
(a don jL/iego que le ase de itn b/'azo.)
¡Quite usted!
D. CELEST. ¡Favor...
I). DIEGO. Este lio es lugar...
luisa; (JKntrando.) ¿Qué es esto?
D. CELEST. ¡ Este hombre... ¡Jesús...! ¡Ay...! ¡Oh...!
(Se desjiiaja en los brazos de Luisa.')
ESCENA XII.
DON CELESTINO. DON DIEGO. DON JORGE.
¡En mi casa...
Ha sido un pronto...
¡Marcelina...! ¡Ines! ¡Volando!
¡ El máiidria , el...
(Pero, aunque tonto,
bien supo caer en blando.)
ESCENA XIII.
DON CELESTINO. DON DIEGO. DON JORGE. MARCELINA.
LUISA.’ ¡Agua! ¡Esencias...! No respira...
(f'anse los criados j vuelven luego ella con un pomilo
j él con agua.)
¡Don Jorge...!
MARCELINA. - ' (¿ Es hombre, ó muger ?)
¡Usted...
D. JORGE. Me cegó la ira :
no me pude contener.
Si no entra usted, le deslomo.
¡Traidor! ¡Malvado! Cruel...
(Ayudada de los criados colocan á don Celestino en un
sillón y todos procuran hacerle volver en si.)
Ayudadme. Aqui... Ese pomo...
D, JORGE. ¡Recréese usted en él!
¡Oh...! ¡Vayase usted!
D. JORGE. Sí tal ;
pero por vida de Poncio
Pilato... ¡ Bravo rival!
jDon Jorge.,.!
¡ Lindo soponcio !
Ya me voy ; pero protesto
que se ha de acordar de mí.
(Sin oiv á don Jorge.
No vuelve... j Ay triste !
D. JORGE,
Sí; que esto
no se ha de quedar asi.
ESCENA XIV.
DON CELESTINO. DON DIEGO. MARCELINA. CRIADOS.
¡Armar aqui un somaten
ese bárbaro , grosero...
Y usted, don Diego, también...
Por la fé de caballero...
¡ Eli... !
MARCELINA. (TIcso cslá como uii bolo.)
Yo no be pensado ni pienso...
¡ Dos hombres con Ira uno solo;
contra un ángel indefenso!
Y ¿ por qué? Porque no fue
víctima de mi desvío;
porque yo le amo... ¡Sí! ¡Qué! ,
¿ no mando yo en mi albedrío?
Irá diciendo aquel brulo,
¡ triunfé ! ¡ quedó por cobarde... !
¿ Pero cuál va á ser el fruto
de su belicoso alarde ?
Que cuanto mas perseguido
le tendré amor mas profundo
y que él será mi marido
¡pese á usted y á todo el mundo í
j diego.
Yo...
Ni cobardía es esa ,
sino que el pobre se ofusca...
¿ Quién no cede á la sorpresa
de acometida tan brusca ?
No temerá al gerifalte
mañana, si hoy le temió;
que, cuando valor le falle,
sabré inspirársele yo ;
y aunque de miedo cereal
proceda en fin , su desmayo,
yo le quiero y... Cada cual
hace de su capa un sayo.
D. DIEGO. Perdone usted si la advierto...
olvicndo á cuidar de don Celestino.)
j Mi bien !
D. DIEGO. fjne tales enojos...
luisa. ¡Celestino! ¿ Si habrá muerto ?
¡Pübrecilo de mis ojos!
D. DIEGO. Yo, créame usted , muy lejos
de atropellar al pacií'iite,
trataba con mis consejos
de aplacar al insurgente.
luisa. ¿Cierto? Eso ya es otra cosa.
D. DIEGO. Conozco que no soy digno
de tan adorable esposa... ,
y á mi suerte rae resigno.
No con la fuerza ni el dolo
vine á turbar sus amores ,
sino á saludarla solo...
(Presentando el ramo.)
con este ramo de flores.
(¡El del otro! ¡Qué embustero!)
Gracias. ¡Y el otro villano
que ofreció...
Por mi dinero
me le ba dado el valenciano.
Agradezco la fineza.
¡ Eli , señora...
Marcelina,
pónle...
Ya sé ; en la otra pieza...
Voy...
En el jarrón de china.
ESCENA XV.
LUISA. DON CELESTINO. DON DIEGO, CRIADOS.
D. DIEGO. Y abora... perdido el sosiego...
á Dios para siempre digo...
¿ Para siempre ? INo , don Diego,
que aun puede usted ser mi amigo.
¡Aíi! Mi veiilura bendigo.
¿ Posible es que tal escucho...!
('Aun puede usted ser mi amigo...
Esto significa mucho.)
¿ Por qué no...? Amistad sencilla...
(¿ No d igo?) Sí; entre los dos...
; ay ! ya... (Será su costilla,
pero...) |A Dios, señora, á Dios!
ESCENA XVI.
DON CELESTINO. CRIADOS.
.i.UIS.A.
Mal reprime su amargura.—
No creí que amase tanto...
(Contemplando d don Celestino.
Pe ro aqui está mi ventura ;
aqui está todo mi encanto.—
Y j no vuelve'! ¿Qué haré yo...
ESCENA XVII.
DON CELESTINO. ANTONIO. CRIADOS.
(TONIO.
(Lie ga apresurado.
j Albricias, señora mia...!
¿ Qué es esto ? ¿ Se desmayó ?
j Válgame Santa María !
Sí, Antonio; un bárbaro insulto
de don Jorge...
■roNio.
¿Aquel a va uto!
t SA.
¡Sí...!
A 'ONIO.
Pues no merece indulto
quien ha otendido á ese santo.
l !A.
¿ Qué hay ?
Virtud tiene... ¡por azumbres í —
Muy pobre...
Eso es lo de menos.
6o
I). CELEST.
Pero ¡ qué vida y costumbres!
Honesto como una monja ,
manso..., nada de fanfarria...
Es un ángel, sin lisonja,
si hay ángeles en la Alcarria.
Asi lo esperaba. A mí
no rae engaña el corazón.
Y lo aseguran asi
los vecinos, el patrón...
Basta.
Y el memorialista
del portal... ¡ Gh ! aquel no es lerdo,
que á todos sigue la pista...
¡ Ah...
Calla. Vuelve en su acuerdo.
¿Dónde estoy...!
¡Ruiz !
El esófago..í
Tengo una angustia... Una sed...
j Agua !
(Toma un vaso y se le da¡)
(Después de hcher.')
¿Y aquel antropófago?
Se marchó. No tema usted.
¡Bribón! ¿En qué le ofendí?
Yo... traté de defenderme,
pero... ¡eran tres contra mí!,
y como yo estaba inerme...
No hablemos ya de esa historia.
¿ Qué tal se halla usted ?
(Levantándose.') Me encuentro
mejor. Con usté ¡en la gloria!
Idos vosotros adentro.
ESCENA XVIII.
DON CELESTINO.
¿Quiere usted, don Celestino ,
tomar...
Gracias. No me atrevo...
Una copita de vino
generoso...
INo le pruebo.
(¡No bebe vino! ¡Qué alhaja!)
Los tengo en casa soberbios.
¿Vino? ¡Jamas! Desencaja
el sistema de los nervios.
Ahora bien , señor de Ruiz;
si cree usted que la mano
de Luisa le hará feliz>
aqui está.
(Tomándola con entusiasmo.')
¡ Dios soberano!
¡ Dios de... ¿ La puedo besar ?
(Besándola con ansia.)
¡Ilum... Mi dicha empieza...
¡ Basta !
(Soltando respetuosamente la mano
Bien.
(Solo por dar
á don Jorge en la cabeza...)
i LUISA.
1 D. CELEST.
1 LUISA.
¿Y cuándo tendré el placer...
Por mí , cuanto antes... Mañana.
Mas para eso es menester...
El oro todo lo allana.
i
D. CELEST.’
¿ Tiene usted lé de bautismo
y demas papeles...
Tengo.
Pues vaya usted ahora mismo...
Voy de un salto y de otro vengo.
Yo voy en tanto á buscar
los mios. Hasta después.
0. CELEST.
’.UISA.
¡A Dios, mi ángel tutelar!
¡A Dios! (Que rabien los tres.)
ESCENA XIX.
|il
Volare , no haga el demonio
que se vuelva...
(Cerca dcl foro le sale Antonio al encuentro
ANTONIO. ¿Qué hay de nuevo...
D. CELEST. ¡Mas baJo..i
media voz!)
' ¡Ay Antonio, Antonio!
Mas que la vida te debo.
ANTONIO. Con que, ¿es cosa hecha..i
D. CELEST. Sí.—
Mas si nos ve tu señora...
Vete. Hablaremos...
(Vase Antonio por la izquierda del foro!)
¡ Vencí!
(jCon alegría j entereza!
¡Vengan rivales ahora!
(Pasc por la derecha del foro!)
Acto tercero
ACTO TERCERO.
ESCENA PRIMERA.
(Leyendo una carta.)
Adorada Luisa mía ,
por mas que lo disimules,
no se ocultan á mis ojos
las amarguras que sufres.
No amor, que en mí le brindaba
con otro nudo mas dulce,
si no un despi((ue inseiisalo,
ó bien un capricho lulil,
te han arrastrado á casarte
con ese... alma de acebnche.
Aunque bien pudiera hacerlo,
no lemas que yo le. culpe.
jYa te has casado... ! y hablar
de lo pasado es inútil.
Pero si son de himeneo
los lazos indisolubles,
hay almas que no han nacido
para las leyes comunes.
El mundo qtie le escarnece
porque á tal ente sucumbes,
antes tolera deslices
que da crédito á virtudes.
Sea que en martes te pese
de lo que pensaste en lunes,
ó que en ese matrimonio
segunda intención ocultes,
ello es que grata sonríes
cuando te miro, y la lumbre
de tus luceros me anuncia
que á tu anior me restituyes.
Mas siempre á tu lado ese hombre,
por no decir ese yunque,
condenándome al silencio
me mortifica y rne aburre.
Emancípate una hora
del necio que le consume ,
y merezca yo, bien mió,
que sin testigos me escuches
Entonces... Mas si deseas
que el martirio te haga ilustre,
y de locas esperanzas
el alma mia se nutre ,
ruégote, adorada Luisa,
que. compadezcas y escuses
á tu desgraciado y fiel
amante. — Diego Santurce. —
¿Hay hombre mas imprudente?
¿Cuándo le he dado lugar
para atreverse á enviar
esta carta impertínenle?
¡Suponer en mí arrumacos
que anuncian viles antojos!
Si tal le han dicho mis ojos
mienten como unos bellacos.
Creí en su falsa humildad,
velo de infame proyecto,
y le prometí en efecto
casta y sencilla amistad j
mas veo en este papel
que para el tal señor mió
todo lo que no es desvío
es estar muerta por él.
¡ Y hablar coii ese desprecio
de quien es mi dulce encanto!'
No hay pasión que ciegue lanío
como el orgullo de un necio.
Otro menos temerario,
viéndome en brazos agenos ,
esperarla á lo menos
que pasase el novenario;
pero es tal su petulancia
y tanta su presunción ,
que aun si le doy un sofion
le convertirá en sustancia.
Mejor es no responder
al que , siendo yo quien soy,
piensa que me pesa hoy
de haberme casado ayer.
¡Pesarme! Si registrara
todo el mundo conocido,
¿dónde hallarla un marido
como el que Dios me depara ?
¡Tan humilde, tan bendito...
Quizá más de lo que debe,
que ni á respirar se atreve
si yo no se lo permito.
ESCENA II.
DON CELESTINO.
T-UISA.
(Saliendo de la habitación de la. derecha. y
¿ Aqui estás! ¡Oh maravilla
de la España y de la Europa! —
¿Qué tal me sienta la ropa
que me ha improvisado Utrilla ?
A tí todo te está bien.
Los ojos con que me miras...
Pero ¿ qué es esto ? ¡Suspiras!
¿ Por qué , mi vida..., ó por quién ?
Tu imagen nunca se aparta
de mi corazón.
¡Pichona... !
¿ Pues qué le allige? — Perdona
mi indiscreción.
Esta carta.
(Le da la de don Diego.')
D. CELEST. Si tal confianza, oh perla.
dispensas á lu marido, /
dime tú su contenido
y me escuso de leerla.
No; léela... para tí.
D. CELEST. Basta que tú me estimules...
(Leyendo entre dientes.)
Em... ¿ Cómo...! 'Ern... Um... disimules...
Em... ¿Qué dice este hombre aqui !
'*Em...’ ¡Calle! 'Em... Um... Em... ¡Qué audacia
Em... Um... Acehuchei.. ¡Toma!
*Em... Esto será una broma...
" Em... Tal ente... ¡ Vaya en gracia!
''Em... Um... Segunda intención...
¡Oiga...! "Um... ¡Oigo á usted que es flojo...
"Em... ¡.No es nada lo del ojo...!
"Emancípate... j Bribón !
" Em... Sin testigos... ¡Alabo...!
"Em... Em... ¿Está en su camisa
el tal... — "Adorada Luisa.
"Um... Diego Santurce. — ¡Bravo!
Lo que me pasa te digo,
aunque tú no me lo exijas.
1). CELEST. ¡ Malvado !
Mas no te aflijas.
Le aborrezco,
luisa.
¡Falso amigo !
Yo te juro por mi nombre
que nunca le he dado pié...
No lo jures ; ya lo sé.
Pero es un necio...
¡Un mal hombre!
Yo no soy ningún estuche. . ,
mas de buenas á primeras
llamarme... Luisa , de veras ,
¿ tengo yo alma de acebuche ?
Mas no me diera inquietud
la censura de ese... sabio,
si no te hiciera el agravio
de dudar de tu virtud.
Esto solo me fastidia. —
6;
D. CELEST,
;M!re usted qae es mucho afan...
Y es que él y el otro galan
se están muriendo de envidia.
¿El otro... !
¿ Quién lo creyera ! —
¡También me escriben á mí! — ,
(Dando á Luisa su carta y sacando otrai)
LUISA,
n, CELEST.
Esta es de don Jorge.
Sí ?
Y dice de esta manera;
iLcc.')
Pos Irado en cama
con fiebre y tos
desde, el momento
de maldición
en que una ingrata
me desaució,
Dios no ha querido —
¡vaya por Dios! —
que fuese víctima
de mi furor ,
antes de darle
la bendición,
mi aborrecido
competidor.
Ya fel izmcn te
curado estoy ,
que mi cora ge
prevaleció
contra los recipes
de mi doctor;
y no hay justicia
bajo del sol
para que humille
su pabellón
un ciudadano
tal como yo
á un hombrecillo
tal como vos.
Asi, es forzoso
nos demos hoy
la consiguiente
•Ai
satisfacción ;
á cayo efecto
hasta las dos
espero en casa
contestación,
fijos los ojos
en mi reloj j
bien entendido
que ¡voto á briós !
no ha de valeros
decir que no,
pues donde quiera
que os halle, ¡ pof !
os extermina
de un bofetón
vuestro enemigo —
Jorge Muñoz.
¡Dios mió, ese hombre es un oso!
¿Cuándo se ha visto...
Es tremendo.
A un rival..., ya lo comprendo;
pero ¡retar á un esposo!
De pensarlo me contristo ,
Luisa mia , pero yo...
¿Cómo ha de ser! Mas pasó
por nosotros Jesucristo.
Sí; pero tanta insolencia...
Es natural que te asombre;
pero á bien que yo soy hombre
de muchísima paciencia.
Por eso abusan asi...
(Sucna la campanilla.
¿Qué quieres! En esta vida...
Y eso y mucho mas , querida ,
sufriría yo por tí.
Ya ; pero es cosa cruel...
ESCENA III.
JjON CELESTINO. ANTONIO.
(Con el alhum!)
Señora...
¿ Qué hay ?
Un criado
ha Iraido este recado
de parte de don Miguel.
(Tomando el álbum.')
Si; se le mandé á pedir...
Este será mas hidalgo,
que el talento...
¿ Se ofrece algo ?
Ahora , no: te puedes ir.
ESCENA IV.
DON CELESTINO.
Ü. CELEST.
También sentirá el espolio...
Sí; pero su cortesía...
(Registrando el álbum.)
Alguna galantería...
n. CELEST.
(Como la de... el capitolio.)
Sus modales son diversos...
¿No encuentras...
Aquí detras
lal vez... Sí. Escucha y verás...
Hace muy bonitos versos.
(Lee.) ''¿Qué será ? ¿Qué no será?
¡Ya, ya...!
Dios lo sabe; Dios dirá.
Luisa se casa con Ruiz
y Ruiz se casa con Luisa...
Ella rica, él sin camisa ;
ella hermosa, él... Pero diz...
Son chismes; pero quizá...
Como él es... un infeliz...
¿ Qué será ? ¿ Qué no será ?
¡Ya , ya... !
Lo que fuere sonará.
(Tirando el álbum con despecho sobre una mesa.
r ' ¿ Se ha visto acción mas grosera?
¡El infame... ¡Ah Celestino...!
'■ CELEST, ¡Válgame Dios uno y trino!
7«
1). CELEST.
I). CELEST.
I). CELEST.
I). CELEST.
¿Quimil pensara... ¿Quién dijera...
¿Cuál ¡oh ciclo! es mi pecado,
que me das este castigo?
Que te has casado conmigo
¡y y® y desdichado!
¿Y hemos de sufrirlo? ¡Ah! no,
que esto pasa de la raya.
¿ Qué me aconsejas ?
¿ Yo ? ¡ Vaya... !
¿Qué he de aconsejarte yo?
Tú eres muger que lo bordas
para... Yo ¡pobre de mí!
lio sé... Y como soy asi...
Y nunca las vi tan gordas...
¿Eh ? ¡Pues alabo la calma!
Pero, hija...
Pero ¿ no ves '
que nos insultan los tres?
Sí; y ¡ yo lo siento en el alma!
Pero no basta sentirlo.
Pues ¿qué!, ¿quieres que me bata
con tres hombres? Bien, ingrata,
¡me van á rajar de un chirlo!
¡ Ay Dios... !
Me traerán en andas.
No es esa mi pretensión.
Pues, alma mia, dispon...
Tú eres aqui la que mandas.
Lo exigiste...
Lo exigí ;
pero ¡hombre de Beleebú... !
¡ Luisa.,.!
Si mandaras tú,
¿ qué barias ?
¿Qué haría...?
Di.
Por lo que hace al epigráma
que justamente te enoja,
arrancaria la hoja
y la echaria en la llama.
¡Bravo! ¿Y drjns sin castigo
á la mano fementida
LUISA,
D, CELEST.
¡
t
i
i LUISA.
* D. CELEST.
Iluisa.
|D. CELEST.
t
¡LUISA.
»
Í'I). CELEST.
ii
que le escribió ?
No, mi vida.
¿Pues qué haces?
¿Qué...? ¡La maldigo!
(¡Medrados estamos!)
¡ Pues ! —
Por lo que hace al... jesuita
que le ha pedido una cita...,
dásela..., ó no se la des.
¡Jesús, qué hombre! Merecías
que se la diese y...
¿ Por qué ,
Luisa mia ?
Yo lo sé.
¡No te enfades...!
( Luisa se sonríe con sarcasmo.
¡No le lias!
Mas yo, si tú nada vales,
basto á mirar por mi honor.
No volverá aquel traidor
á pisar estos umbrales.
Ya sé yo que estás resuella
á guardar tu honor sin manchas;
por eso estoy á mis anchas
y duermo...
¿Sí?
A pierna suelta.—
En cuanto al otro adalid,
ó denuncio su arrogancia
á un juez de primera instancia...,
ó me escapo de Madrid.
¡ Eh , calla !
Estaré eii Sigüenza
mientras pasa el aguacero...
¿ Eso dice un caballero!
¿No te mueres de vergüenza!
El espediente es grotesco;
¿verdad? Mas, ya que te quejas,
¿ por qué de mí le aconsejas
si no sé lo que me pesco?
A la verdad, no creía
que fueses tan...
D, CELEST.
I). CELEST.
¿Qué?
Tan memo.
Ya; poro...
Y qne á tal es tremo
llegase tu cobardía.
Yo siento que te arrepientas...
No digo tal.
Bien se ve ;
pero, bija mia , ¿ por qué
no echaste mejor tus cuentas?
¿Es culpa mia tu oprobio?
¿Acaso yo te he mentido?
La persona del marido
¿no es la persona del novio?
¿No te dije por escrito,
y de palabra después,
lo que sabes , lo que ves ;
esto es, que soy un bendito?
¿No fue bastante el ensayo
de mi valor cuando viste,
que en tu seno j ay de mí triste!
caí con aquel desmayo?
j Tienes razón! (¡Ay... ya es tarde
Pues entonces, hazte cargo...
¡ Ah I sí.
Y... mira ; sin embargo
de ser yo asi... tan cobarde,
aun soy capaz..., no te asombres,
si me ampara la fortuna,
de hacer..., ¿qué saI)emos... , una.,
hombrada con esos hombres ;
que es tu amor un aguijón
para mí de fino acero;
porque... ¡eso sí...! yo te quiero
con todo mi corazón. —
Pero temo un alboroto
si obro por mí y ante mí;
porque , ya ves , como aquí
no tengo yo voz ni voto...
Para volver ¡cielo santo!
por tu honor ¿ pides permiso ?
¡ Oh ! yo te quiero sumiso
pero ¡lio tanto, no tanto!
Pues déjame obrar , en nombre
de Dios ; f(ue, si me emancipas,
veremos... Yo haré de tripas
corazón ; ¡yo seré nn hombre!
Bien ; pero esponcr tu vida...
No hay cuidado: no la arriesgo.
Yo sabré tomar un sesgo...
(¿ Qué hará... ?)
Hasta después, querida.
¡ Ya verás qué matrimonio
tan feliz...
¿ Adonde vas ?
D. CELEST. Voy allí..., á escribir... Verás...
Envíame luego á Antonio.
(Entra en Ja habitación de la derecha.)
ESCENA V.
¿ Qué idea será la suya...
si en él cabe alguna idea ?
Pero mejor es dejarle ;
á ver por dónde resuella ,
que se volverá mas tonto
si abuso de la tutela.
Mucho temo que me salga
á la cara mi sistema
y por huir de un escollo
dar en un banco de arena.,—
Pero si bien lo medito,
no es estraño que él no sepa
lo que le pasa. Yo misma
al ver la obstinada guerra
de que soy víctima pierdo
el ánimo v la cabeza.
(Ti ra del cor don de la campanilla.)
Yo confio , sin embargo...
Acaso mi reprimenda
no sea. inútil...
( Entra
ESCENA VI.
ANTONIO.
Señora...
Entra allí. El amo le espera.
Antonio en el gabinete de la derecha.)
ESCENA VIL
MARCELINA.
Yo no le llamaba á tí.
Perdone usted. Cuando suena
la campanilla, no dice:
llamo á Juan ni llamo á Tecla,
y por no errar...
¡ Ea , calla ,
que hoy eslás muy bachillera !
j Válgame Dios, señorita!
Nunca con tal asperencia
me ha hablado usted. — Pero yo
no lo eslraño. Cuando hay penas...
¿ Cómo penas? ¿ Quién le ha dicho...
¡ Si eso se conoce á legua!
Vea usted lo que es casarse
una con quien no congenia
con una...
¡Esto nos fallaba
para coronar la fiesta !
Si uslfd me hubiera creido...
Sí; I escelenle consejera !
¡ Y mucho que sí ! — Otro gallo
nos cantarla...
I Oh... qué necia !
(Sí, que el que ahora tenemos
mas bien parece una llueca.)
¿ Eh ? ¿ Qué dices ?
Que... Don Diego...
¿Qué escucho! ¿Aun me recomiendas
al que ha tenido la audacia
de escribirme cien blasfemias
en esta carta indecente?
(Rompiéndola y tirando los pedazos.)
Mira lo que hago con ella.
MARCELINA. (¿ Qué habrá escrito aquel demonio?)
Otra vez no le suceda
lomar cartas ni recados
de ese hombre...
No creí que era...
¿Quién diantres...
Y si se atreve
á presentarse á mi puerta,
dile, por la ventanilla,
que se vaya y nunca vuelva.
Bien.
Si no lo haces asi ,
te despido.
MARCELINA. ¡ Sí; la cuerda
siempre ha de romperse...
¡Eh! basta.
MARCELINA. Por lo...
Calle y obedezca.
(Entra en la habitación de la izquierda.)
ESCENA VIH.
L
'ANTONIO.
ftlARCELINA.
i>.
¡Vaya, que tiene un humor
del diantre! ¿Qué mala yerba
ha pisado ?
ESCENA IX.
Marcelina. Antonio
(Saliendo.) En seis minutos
haré lo que usted rae ordena.
Marcelina.)
¡ Hola ! ¿ Qué hace usted de bueno
por aqui ?
A usted, so babieca ,
no le importa nada.
j Bruja !
MARCELINA. ¡Calle, avestruz...!
ANTONIO. ¡Mala pécora!
ESCENA X.
Recojamos los pedazos
(le la desgraciada esquela... (Zo hace.')
ESCENA XI.
Don Celestino. marcelina
D. CELEST. ¿ Qué es.lás rebuscando ahí ?
MARCELINA. Estos papeles que empuercan
el suelo...
D. CELEST. ¿ Quién los ha rolo ?
MARCELINA. La señora.
D. CELEST. Ella es muy dueña
de romper cuanto quisiere.
(Tomando un pedazo j examinándole.')
( ¡Hola! Es la carta discreta
de don Diego.)
( ¡Hum...! ¡Qué curioso!
(Sea muy enhorabuena.)
Toma ese. Cuenta sería
de modista ó lavandera...
( ¡ Cabalito! ) Yo no sé...
Dirás á mi esposa bella ,
si le pregunta por mí ,
que salgo á unas diligencias,
y que si tardo no esté
con cuidado. — Hasta la vuelta.
ESCENA XII.
; Miren el bobo de Coria!
Se las traga como ruedas
íle molino. ¡Figurarse
que dice naguas y medias
donde habi'á aquello de hechizo
y encanto de mis potencias
y sentidos, dueño amado,
me alegraré que estés buena:
Esta solo se dirige
á renegar de mi estrella
por la partida serrana
y asi..., de muía gallega
que me has jugado casándole
por delante de la iglesia
con quien besar no merece
el polvo de tus chinelas.
Mas de los arrepentidos,
como'decia mi suegra,
es el reino de los cielos ;
y asi yo espero... Y aqui entran
otra vez los perifollos
de sol y lucero y perla...
y asi, poco mas ó menos ;
que aunque yo no sé de letras
sé notar cartas de amante
como un maestro de escuela.
(Suena la campanilla.')
Han llamado. — santo Dios!
¿Si sera... ¡Pues él es! ¡Ea!
Pues ya la hemos...
ESCENA XIII.
Don Diego. marcelina
¡ Marcelina !
(Kn voz baja.)
Váyase usted. ¡Ay! me tiemblan
las carnes y...
¿ Que me vaya ?
¡ Por Dios, más bajo !
No temas.
Don Celestino salló.
Desde un portal de la acera
de enfrente lo he observado.
n. DIEGO.
1). DIEGO.
MAKCELIN A.*'
I) . DIEGO.
J) . DIEGO.
Salió ; lo sé ; pero es fuerza
que usted se vaya.
¿ Por qué ?
El marido no sospecha...
El marido es lo de menos.
Pues ¿quién prohíbe...
¿Quién? ¡Ella
¿Es posible...!
Está furiosa.
¿Contra mí?
I Pues ! A la cuenta ,
ha removido su bilis
la carta...
¡ Ba ! no lo creas.
Cuando digo...
Las mugeres
suelen usar de esas tretas
para darse mas valor.
¿ Qué , señor! ¡Si en mi presencia
ha roto la carta...
¡Bravo !
Véala usted hecha piezas.
¡ Soberbio !
Esto es que sin duda
la remuerde la conciencia.,.
Eres una pobre tonta ,
Marcelina. Esa tormenta
pasará. Tú la has de ver
tan blanda corno la cera
asi que yo la haya hablado...
¡al alma !
¡ Pues poco seria
dijo que si usted volvía
le diese con...
¡ Bagatela !
¡Con la puerta en los hocicos!
Pues bien ; venga lo que venga ,
ya estoy aquí , y he de hablarla.
¡Pues! Y luego habrá quimera ,
y me plantará en la calle.
Tú no me abriste la puerta.
Ya, pero...
t
\ MARCELINA.
■t
D. DIEGO,
i MARCELINA.
liD. DIEGO.
I'D. DIEGO.
fcüISA.
ARGELINA.
Y si te despide,
casas hay mejores que esta.
Yo te buscaré acomodo...
Gracias; pero... no quisiera...
¿ No quieres comprometerte?
Pues bien ; eso se remedia
fácilmente.
¿Si?
Figúrate
que he entrado yo de sorpresa,
y me regañas , y gritas ,
y yo porfío , y te emperras ,
y á las voces sale tu ama...
Ya, ya entiendo...
Pues empieza.
(Poceando.'
¡Váyase con viento fresco!
(Zo mismo.)
¡No me voy , maldita vieja !
(Picada y bajando la voz.)
¿ Vieja maldita ?
¡ Anda ! Lo hago
por dar color á la gresca.
(Gritando.)
¡ Que se vaya usted le digo!
¡Qué insulto! A mí no se me echa
á la calle.
Sí , señor ,
que me han dado orden espresa...
¡ Ba ! No es posible...
ESCENA XIV.
MARCELINA. DON DIEGO.
¿ Qué es esto ?
(Aparentando no ver á Luisa.)
¡ Y yo no soy alca... rreña!
Pero ¡ si digo...
(A Luisa.)
¡ Ah , señora... !
¡Largo de aqui , largo... !
j Bestia... !
LUIS.\.
(Acercándose,')
j Tanto gritar... í
(Corno sorprendida.)
¡ Ay... el ama !
Verá usted cómo ahora pega
conmigo... — Aqui se ha colado
de sopetón...
¡Calla! ¡Cesa!
Yo no podia dar crédito...
Pues bien claro...
¡Oh qué molestia
¿ No callarás ?
Es que yo...
Quítate de mi presencia.
ESCENA XV.
DON DIEGO,
Con que, ¿ya se me prohibe...
Ningún criado en mi casa
á suponer se propasa
órdenes que no recibe.
Yo creí que estaba loca,
ó que era solo un capricho...,
y mientras lo que ella ha dicho
no me repita esa boca...
Pues bien ; si en mi casa mando,
no vuelva yo á ver en ella
á quien atrevido huella
mi decoro.
Yo... Si... Cuando...
Mi delito..., si es delito...
Nada de escusas, don Diego,
que si las escucho, luego
creerá usted que las admito.
¿ Es virtud , ó es vanidad
el desden que asi rae hiere?
Crea usted lo que quisiere,
pero esta es mi voluntad.
¡ Ver despreciado mi ruego
por hombre tan baladí!
8i
Id. DIEGO.
!d. DIEGO.
ic-UISA.
p. DIEGO.
Cuando yo le preferí
ya conocía á don Diego.
¿ Valgo yo menos, cruel...
De gustos no hay nada escrito ;
pero yo rae felicito
de estar casada con él.
¿ Eso responde á mi queja...
¡Ah! Él es...
¿ Cómo...
Vamos ; ¡listo...
Váyase usted, que le he visto...
¿ Por dónde ?
Por esa reja.
Pero ¡ si él no sabe... '
¡Sí!
Todo se lo he revelado.
¿ Es posible...
Y le he jurado
no admitir á usted aqui.
Creerá que culpada soy...
¡ y no lo seré jamas !
Me habrá visto por detrás,
ó no me habrá visto. Voy...
Salgo al pasillo, y después...
(Suena la campanilla.')
¡No! Ya llama.. ¡Suerte fiera!
Van á abrir..,
¡Ah...!
¿ Dentro , ó fuera ?
¡ En el biombo...!
(Jínirando en el hiomboi)
Entro , pues. .
ESCENA XVI.
lUIÜA. DON CELESTINO. DON DIEGO.
I'. CELESr. ¡Oh Luisa! Estabas ya alerta...
Noticias interesantes
te traigo... '
iUlSA.
Cómo...
Pero antes
cerraremos esta puerta.
(JEcha la llave á la puerta del foro y la guarda,)
LUISA. (¡Cielos...!) ¿ Para qué encerrados?
D. CELEST. No temas ; yo estoy sereno,
mas por precaución... No es bueno
que nos oigan los criados.
D. DIEGO. (Asomando la cabeza por el biombo con
cautela
(Ha cerrado y no me deja
arbitrio para escapar.)
Ya me habrás visto al pasar...
Noj no he, mirado á la reja.
(¡Respiro!) ¿ De dónde vienes ?
De ver á don Jorge.
¡Ah!
Nada...
Se decidió con la espada
la cuestión... y aquí me tienes.
(¿Qué oigo!)
¿Te has batido al fin !
Era forzoso... ¡ Es tan bruto!
lia sido obra de un minuto.
Allá en su propio jardin...
¿Le has herido?
Sí; un pinchazo.. w
(¡Él...!)
¡Tú..,!
No es mortal la herida ;
pero hasta pascua florida
no podrá mover el brazo.
¿ Y aquel miedo...
Buena dcSsis
tenia de él ; mas tu amor ,
Luisa , me inspira valor.
(¡ Estraña metamorfosis!)
Mi hombre vomitaba peste.s
contra mí ; mas ya , testigos
tengo, somos tan amigos
como Pilades y Orestes.
(¿ Será cierto... ?)
No te asombre ,
li
p. CELEST.
Vv CELEST.
. DIEGO.
querida , mi iiilrepidez.
Todo es perder de una vez
el miedo. ¡Ya soy otro hombre! ;
Si, sí... Ya veo...
(¡Hola, hola...!)
Llevaba en la faltriquera
dos cachorillos, por si era '
el desafio á pistola.
¿ Cachorrillos?
(Sacando uno.) Mira.
‘ (¡Zape!)
¿ Está cargado ?
¡ Con bala !
¡Ay Dios...! Pero en esta sala..;
No temas que el tiro escape. —
Pero si otra lid entablo...
¡Ah! no...
Tengo tan buen ojo...
¿Sabes que me da... , asi..., antojo
de tirar al blanco...
(¡Diablo!)
¡ Por Dios... !
(¡Y será el zambombo
capaz...)
Voy á ver si atino
á la frente de aquel chino...
(¡ Cuerno... !)
(Amartillando la pistola.)
Aunque rompa el biombo.
¡Quita...! ¡Dios mió, qué escándalo... !
Déjame con mi manía.
Ya está hecha la puntería...
(Saliendo del biombo.)
¡Eh, que estoy yo aqui! (¡ Es un vándalo
¿Qué veo! ¡ Infame...!
¡ Ah! ¡Detente...
¡Y tú, traidora... Mi furia...
No merece tal injuria.
Yo juro que está inocente.
¿ Pues cómo asi se atropella
mi casa ?
(Turbado estoy.
84.
No sé qué decir...) No soy...
Yo no venia por ella.
Pues ¿ por quién ?
Ya se adivina...
¿No hay'aqui criadas...
¡Ya!
Por Marcelina quizá...
Cierto... Sí; por Marcelina.
(Salgamos' ahora del susto...)
Eso me vuelve el sosiego.—
Pero ¿sabe usted, don Diego,
que tiene usted muy mal gusto?.
(¡Yo no sé lo que me pasa !)
¿Qué quiere usted...! Un capricho...
¡ Y faltar por ese bicho
al respeto de mi casa !
Conozco... (Finge creerme...
Es de alabar su prudencia.)
Yo no debia... en conciencia...
Pero... el diablo, que no duerme...
Ahora bien ; usted verá,
aunque me ha dejado absorto
ese amor , cómo me porto...
(Abriendo la puerta del foro j llamando.)
¡Marcelina...! Ven acá.
D. DIEGO. (¿Qué va á hacer?)
LUISA. (Vamos ; no vuelvo
de mi sorpresa...)
ESCENA XVII.
DON CELESTINO. DON DIEGO. MAIiCELINA.
MARCELINA. Señor...
D. CELEST. Ya sé tu liviano error...
MARCELINA. ¿CómO... !
D. CELEST. Pero yo te absuelvo.—
Mira tu amante: abi le tienes.
El le sacará de penas,
MARCELINA. ¡ Don Diego... !
D. CELEST. ‘ Y si te condenas...
MARCELINA. Pcro...
I). CELES-’ií.
LUISA. -
(En voz baja.')
¡Chist... !
Que te condenes.
¿Será tan feliz rni estrella... ~
¡ Basta !
(Aparte á don Diego.) Con que, ¿ yo reemplazo...
(A don Diego.)
¡ Ea , déla usted el brazo,
y largo de aquí con ella !
(¡Yo del brazo á esta tarasca !)
Si resiste usted...
(¡Qué tedio...!
-9
Mas...)
(Don Celestino le apunta con la pistola.)
¡Quieto ! (No hay otro medio
de conjurar la borrasca.)
(A Marcelina.)
Venga el brazo.
MARCELINA. (Tomándole.) Koy pierdo el juicio.
¿ Yo de bracero — ¡ qué gozo ! —
con un arrogante mozo... ?
D. DIEGO. Vamos... Abur... (¡Qué suplicio!—*
Pero en el portal...)
D. CELESr.
Mió caro ,
yo he de ver desde la reja
la interesante pareja.
Si la suelta usted , ¡disparo!
No... (¡Oh rabia...!)
(A Marcelina.) Y tu, prenda mía,
no vuelvas mas por aquí ,
¡ó te acordarás de mí!
Pero...
¡ Largo!
¡ Ave María... ! '
ESCENA XVIIÍ.
DON CELESTINO.
¡Ah ja... ¿No has visto qué graves
LUISA*.
iban los dos ? ¡ Qué placer !
jEn lugar de mi muger
se lleva al ama de llaves!
(Mirando por la reja.)
Ya salen. ¡ Juslo castigo
de un necio ! Ella es una lapa.
No le suelta ; no se escapa...
(G rilando.)
¡Bravo! ¡Bien! ¡Ahur, amigo!
¿ Quieres esplicarme ahora
qué estraña mudanza es esta?
Poco trabajo me cuesta
complacer á mi señora;—
No hay mudanza alguna en mí.
Siempre he sido lo que soy.
¿ Luego has fingido hasta hoy...
Fuerza es confesarlo; sí.
Mi confidente..., ese Antonio...
¡ Ah tuno... !
¡ Para que veas... !
Me informó de tus ideas
acerca del matrimonio.
Querias novio inocente
que, cual figura de friso,
no respirara , sumiso
á tu trono omnipotente.
Mi astucia , aunque no rae toca
decirlo , fue. tan feliz
que hallaste en el pobre Ruiz
un novio á pedir de boca;
asi logré de tus labios
el dulce anhelado sí ,
y hoy vuelvo á ser lo que fui
para vengar mis agravios.
Asi, y no mándria , te quiero ;
mas me queda un escozor...
¿ Cuál ?
Tan entrañable amor
¿ era á mí, ó á mi dinero?
Justo es también que deshaga
ese error. Bien sabe Antonio,
si es rico tu patrimonio,
8;
¡ LUISA.
1 D. CELEST.
i
i; LUISA.
, D. CELEST.
que el mió no le va en zaga,
j* Ah! me confundes.
Y en prueba
de que ahora no miento, ven
á mi cuarto, dulce bien ,
verás una cosa nueva.
¿ Qué ?
Un aderezo de moda.
¿ De brillantes ?
Sí, alma ,mia.
No te be dado todavía
mi regalito de boda.
Mientras viene don Miguel...
¿ Le esperas ?
Sí, le prevengo...
También, ya lo sabes, tengo
que ajustar cuentas con él.
¡No, por Dios,..! ¿Vas á arriesgar
tu vida...
(Sucna la campanilla.')
¡Ay! llaman... El es...
Le hablaré de paz. Ya ves...,
le be convidado á almorzar.
ESCENA XÍX.
¡j|D. CELEST.
r ANTONIO.
■ I
>‘D. CELEST.
i- (JEntra
DON CELESTINO. ANTONIO.
Don Miguel pide licencia...
Que se espere y tome asiento.
Bien.
Salimos al momento.
con Luisa en el cuarto de la derecha.)
ESCENA XX.
'ANTONIO.
SD. ftlIGUKL.
Antonio. Don Miguel
¿Tendremos otra pendencia?
(A la puerta.)
Que pase usted adelante.
(Entrando.)
Antonio. Don Miguel
No está aquí...
Siéntese usté,
si no íüiere estar de pié:
el amo Saldrá al instante.
ESCENA XXI.
DON MIGUEL,
fEs mucho hombre! Le fulmino
un rehilete mortal ,
¡y en vez de desafiarme
rne ha convidado á almorzar!
Y aqui no hay doble intención, '
porque él es moro de paz
y la carta es un modelo
de seráfica humildad.
(Saca una carta y lee.')
migo mió y señor:
no puedo á usted ponderar
el disgusto que he tenido
leyendo aquel madrigal.
Ya se ve; usted pretendía
á mi adorada mitad,..,
¿ pero qué le hemos de hacer
si nos han casado ya ?
No soy, debo confesarlo,
hombre asi.,, de armas lomar,
ni pretendo con mis quejas
acudir á un tribunal ;
mas si usted da en perseguirme
con su sátira mordaz,
soy hombre al agua ; de fijo
me cuesta una enfermedad.
No es acción de caballero
ni de cristiano turbar
la quietud de un hombre honrado
que no le quiere á usted mal.
Por tanto, suplico á usted
me conceda su amistad,
y venga á almorzar conmigo,
y pelillos á la mar.’ —
¿Hay marido mas alhaja?
j Escribirme un memorial
para... ¡ Pobrecillo...! Casi
me dan ganas de llorar.—
Lo que yo estraño es que Luisa...
Pero ella es muger sagaz,
y como tiene un marido
que no la puede vengar ,
para desarmar mi cólera
se habrá propuesto ese plan.
¿ Y quién sabe si mañana...
Fácil me será inventar
disculpas... Diré que ha sido
un arrebato... Aqui están.
ESCENA XXII.
¡Don Miguel!
I). MIGUEL.
¡Señor de Ruiz! —
¿ Y... la señora?
Vendrá.
I). MIGUEL.
Como usted me ha convidado
con tanta... cordialidad,
no he podido prescindir...
¿ Hay apetito?
1 D. MIGUEL.
Tal cual.
; D. CELEST.
Disimule usted que me haya
i
j
tomado la libertad...
"d. MIGUEL.
¡Eh, señor...
El desayuno
preparado es tan frugal...
(Hojea el álbum sobre la mesa donde está.)
' I). MIGUEL.
Yo no soy de cumplimiento.
Se reduce...
1 n. MIGUEL.
¡Pues ya! A un par
de platos.
n. CELEST.
(Rasgando la hoja en que escribió don
guel.)
A este papel...
¡Calle! Mis versos...
ll). CELEST.
Este es el almuerzo. Ahora
t •
Mí
se los va usted á tragar.
¿Qué es esto? ¿Se burla usted. i.
No, señor; que hablo formal.
¡ Pero, hombre... (No es este el hombre
á quien yo vine á buscar.)
Ea, prepárese usted
á comérselos... sin pan.
¿Quién es capaz de obligarme
á colación tan bestial ?
Yo. Trague usted el papel...,
(jSacando la pistola poniéndola en el disparador y
apunldndolcé)
0 t * • 0
o a mis manos morirá.
(¡Demonio...!) Pero esta es una
traición...
¿Y ha sido leal
la conducta de usted...
No;
pero otros caminos hay
entre caballeros...
Bien ;
eso después se verá.
Ahora ¡tragar ó morir!
Pero... ¡qué diablo... ¡Un manjar
tan indigesto... Mi estómago...
(Era avanto el animal
pero se ha crecido al palo.)
¡Eh! vamos... Donde las dan
las loman.
Pero... ¿ no habria
medio de... capitular...
Sí señor; puede haber uno...
Veamos... Usted dirá...
». CELEST.
(Ya se ve; ¡estoy embrocado...)
Pues tensa usted la bondad
de leer ese papel.
(Le da uno.')
¿ El mió... ?
No; es otro.
Ya. ' ,
m»
iLce pava si.)
(¡El de la constelación...!
9*
Ahora me las va á pagar
todas juntas.) ¿Qné tal...?
X MIGUEL. ¡Cáspita!
Una diatriva infernal
contra mi propio individuo:
que soy necio, lenguaraz,
villano, mal caballero,
ruin, envidioso...
». CELEST. Cabal.
*. MIGUEL. Pero esto está exagerado...
'i. CELEST. No, que es la pura verdad.
||i. MIGUEL. ¡Oh! perdone usted...
i'. CELEST.
í,
¡I». MIGUEL. ¿Qué?
. CELEST.
. MIGUEL.
. CELEST.
Y ahora..
Lo va usted á firmar.
Yo!
Sí señor; ¡al instante...!
(JTuelvc á apuntarle
MIGUEL. ¡Pero hombre de Barrabás...
CELEST, (Poniendo el papel en la mesa , donde ha-
íi bj'd escribanía.)
O firma usted , ó disparo.
MIGUEL. ¡Quieto! (No puedo tomar
' el olivo...) ¡Firmaremos!
(Zo hace.)
)¡ CELEST. Norabuena.
MIGUEL. ( ¡Voto á San...! )
D. CELESTINO. (Echando polvos en la firma y tomando el
papel.)
e:elest.
Ahora , señor don Miguel,
aunque hombre que fué capaz
de calumniar á la dama
á quien no supo agradar,
no merece la indulgencia
de su ofendido rival,
juro á usted que no pretendo
de su papel abusar.
¡Oh!
Si usted me da palabra ,
y nO la rompe falaz,
de respetar como debe
mi ventura conyugal
y el nombre de la que nadie
osará impune ultrajar
esta firma vergonzosa
no verá la luz jamas.
Yo juro...
De lo contrario,
la palinodia fatal
saldrá en todos los periódicos...
No, no habrá necesidad.
¡ Si digo...
Y por esas calles
los ciegos la venderán.
Enterado. A Dios. ( ¡Qué tio!
Con este no hay que jugar.)
Ahur.
A los pies de...
Memorias á aquel galan...
¿ A don Diego ?
Sí.
Le haré
presente la urbanidad
de usted ; le diré que aquí
se da muy bien de almorzar.
ESCENA ÚLTIMA.
Don Celestino. luisa
(Saliendo alborozada.')
¡Ah mi bien ! ¡ Ah Celestino!
¿ Giste ?
Todo lo oí.
¿Y estás contenta de mí?
Sí. ¡Bien haya mi destino!
Pues ya cumplí tu venganza ,
volveré á tu yugo blando
y haré dimisión del mando
y el voto de confianza.
No, que á tí te pertenece,
y aunque tu amor lo permite,
no es razón que se le quite
á quien tanto le merece.
No te quiero envilecido.
La esperiencia me hizo ver
que no ensalza á la muger
el oprobio del marido.
A la que orgullosa y necia
hace escarnio de un esposo,
si la adula el licencioso
el honrado la desprecia.
Y es inútil que ella esté
de su virtud satisfecha ,
si autoriza la sospecha
lo dudoso de su fé.
Dios manda que entre los dos
el flaco ceda al robusto ;
y pues lo manda, no es justo
enmendar la plana á Dios;
que mi mano de manteca
no se hizo para el fusil,
ni la luya varonil
para la aguja y la rueca ;
ni esta es la ley del embudo
como algunas han creido ,
que si nos manda el marido
también nos sirve de escudo;
y pues tan buena lección
he recibido de tí ,
mando... que mandes en mí.
No admito la dimisión.
Yo seré , preso en los lazos
de tu suspirado amor ,
para el mundo tu señor ;
(Abrazándola.')
humilde siervo en tus brazos.